Telépolis

viernes, 26 de diciembre de 2025

Acoso sexual en el trabajo

 

La primera iniciativa del acosador comienza con una mirada insinuante en pasillos, despachos, reuniones o máquina expendedora. La víctima advierte a la primera el mensaje del ojo de halcón. Las contramedidas son sencillas pero no fáciles por su expresión teatral: evitar las miradas directas y procurar que la interacción visual sea lo más impersonal posible; el depredador debe captar que a tus ojos es la perfecta imagen del ligón desconocido y, si apuramos el gesto, que lo será para siempre. Despechado, no tardará en hacerte un aparte para preguntar si no le caes bien por algún motivo y demás monsergas envolventes. En absoluto, le contestarás, te considero un compañero más del trabajo y no acabo de entender la pregunta. Esta distancia bastaría para concluir el lance en un trato entre iguales… pero no en una relación de dependencia laboral.

La siguiente etapa es alguna forma de halago. El cumplido "creo que tus zapatos son geniales” o el consabido piropo sexista, "me encanta tu pelo lacio". A veces resulta difícil diferenciar el cumplido del piropo. Ambas son formas de tanteo cuya intención es ir más allá. La respuesta adecuada en ambos casos es el silencio mirando al tendido y la tranquila retirada neutral que no expresa incomodidad; lo que no has oído no te parece ni bien ni mal sino todo lo contrario.

Otra táctica es hacerse el encontradizo e invitarte a tomar un café a media mañana. Hay dos posibilidades: que sea fuera o dentro del trabajo. Si es fuera, rechaza la oferta con naturalidad, cualquier excusa es buena aunque de manera implícita debe parecerle una petición inconveniente. Si es dentro, acepta porque tratará de tirarte los tejos y es justo el momento de dejarle claro que no te gusta flirtear con los colegas de trabajo y que, en su caso le aconsejas seriamente que deje de intentarlo.

Pero no lo hará. Comenzarán a llegarte mensajes a tu WhatsApp con mensajes incómodos, fotos y videos provocativos y proposiciones explícitas. Si lo bloqueas el siguiente plan será dejar sobre tu escritorio sobres con notas secretas de amor al puro estilo francés del billet doux. No las rompas en mil pedazos ni las tires a la papelera. Más adelante podrán hacerte falta.  

Como es tu superior jerárquico, último recurso, se dejará de bromas y pasará a mayores. Te citará en su despacho de la sexta planta y te hará una oferta que, según su obsceno criterio, no podrás rechazar: ascenso profesional a cambio de favores sexuales. O lo que es más repugnante: en caso de no prestarte a sus lúbricos deseos, traslados de zona o ciudad, tareas desagradables y degradantes e incluso posible pérdida del puesto de trabajo. En otras palabras, amenaza con represalias laborales como medida de presión para mantener citas o encuentros no deseados. Es el momento de adoptar medidas proactivas sin ambigüedades ni escala de grises. Niégate firmemente en ese mismo instante a sus pretensiones. Lo más eficaz, dados los antecedentes, es haberte informado y asesorado con detalle de los protocolos de prevención y abordaje del acoso sexual en la empresa. Por ejemplo, haber acudido a la cita del jefe en la sexta, previsible por demás, con un dispositivo de grabación. El chantaje, la intimidación y humillación no cejarán. Convierte las llamadas telefónicas, los mensajes, las fotos y videos, las notas secretas, los encuentros forzados en pruebas. Si tienes testigos, mejor. La legislación está de tu parte, recuérdaselo: Ley Orgánica 3/2007 (Igualdad), Ley de Prevención de Riesgos Laborales (31/1995), Real Decreto 901/2020, Ley Orgánica 10/2022 (Libertad Sexual), Código Penal, Convenio 190 de la OIT. Ten la seguridad de que no se atreverá a despedirte y si lo hace le va a salir muy caro.

Sin embargo, el acoso sexual en el trabajo es una lacra moral que no desaparece pese a la eficacia y el sentido común de las contramedidas. Recuerdo la actualidad del caso Nevenka", la primera mujer en España en denunciar y ganar un juicio por acoso sexual contra un político. O la excelente película sobre un caso real, El escándalo (2019), basada en el testimonio de las mujeres de la cadena norteamericana Fox News que sufrieron el acoso sexual del consultor ejecutivo Roger Ailes y concluyeron con su destitución. Más cercanas e impactantes son las acusaciones por decenas de mujeres contra el poderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein que supuso la globalización del movimiento feminista Me Too. En España aún resuenan los ecos de la asunción de responsabilidades por el gran tenor Plácido Domingo por el acoso en los años ochenta a más de veinte mujeres. En tono menor enumeramos más de lo mismo: la condena a dos años de prisión de un guardia civil veterano por acoso a una compañera novata, el despido del jefe de barra de un hotel de Las Palmas por sus expresiones sexistas, bromas de mal gusto y tocamientos indebidos, la indemnización a una trabajadora por una carta firmada por el administrador de su empresa en Asturias en la que le requería de forma grosera sus propósitos libidinosos o el caso de un profesor universitario de León condenado por dirigirse a una alumna en los siguientes términos: A veces no hay necesidad de estudiar para aprobar, hay muchas maneras de aprobar.

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