Telépolis

miércoles, 17 de junio de 2026

El veraneo

 

Es obvio que no son lo mismo las vacaciones que el veraneo. Sobre todo si tenemos en cuenta que aproximadamente uno de cada tres españoles (un 33,4%) carece de la capacidad adquisitiva suficiente para permitirse una semana al año.

No resulta exagerado afirmar que el veraneo es una institución. Hace tiempo, una reputada consejera de la Comunidad de Madrid afirmó que “tomarse las vacaciones anuales no era algo obligatorio sino voluntario”. Una evidencia plana, aunque una lectura más sutil apunta a una defensa velada de ciertas patologías profesionales como la adicción al trabajo o la ilusión de que formas parte de un destino compartido con la empresa, todo sazonado con reuniones continuas por si a algún recién llegado con hambre de movilidad se le escapa una ocurrencia aprovechable. En realidad quienes deciden son los socios del último piso. La tautología también apunta a un elogio de la productividad en tiempos de recortes, salarios cicateros y jornadas interminables (con horas no retribuidas) como valor supremo de la democracia liberal. En todo caso recuerda que no es legal que tu empresa te pague un dinero extra a cambio de que renuncies a tus vacaciones.

Pero volvamos al tema: puedes veranear en tu casa tan ricamente, con hamaca, ventilador y botijo. Cuando cae la tarde, planazo: terracita y helado de tres bolas, tertulia de madrugada con tus compadres, gin-tonic y a vivir que son dos días. O a la inversa: los que mienten, los que consideran que los miran (y se miran) por encima del hombro si se enteran de que se han quedado un mes en dique seco. El relato: me voy la segunda quincena de septiembre a Formentera; sí, hemos estado en Gandía una semana; tal día salimos para Italia… Después de todo vivimos en la civilización de la imagen, de la interacción narcisista (eres lo que aparentas), de la importancia de los roles dominantes y la división social del trabajo. Los veraneantes “pata negra” de las grandes ciudades inundan la carretera el día de la operación salida al volante de sus imponentes todoterrenos marcando estatus. Es posible que tengan un segundo coche utilitario o una moto para circular por la ciudad; si no es así, ya me contarán lo que pinta un cuatro por cuatro de más de cinco metros intentando aparcar en la calle madrileña de Tutor, pongo por caso.     

Obviamente hay diversas formas de veraneo. El veraneo en la segunda casa (sea un chalet con piscina y pádel o la casa del pueblo con gallinero y cuadra), el itinerante de hotel o parador, casa rural o guarida cutre. Dentro de este último hay que incluir a los que llevan la casa a cuestas, a la zíngara, del tipo autocaravana, azote de autovías, y los que plantan su tienda de campaña en un camping a orillas de un embalse rodeado de pinares, con pueblo cerca y club náutico si no ha sido año de sequía; los fines de semana la cola del embalse está llena de bañistas con tortilla, radio sonorosa, colillas por doquier, colchones enormes en el agua y bolsas de basura abandonadas. Otro prefieren un refugio de montaña con pozas transparentes y un río truchero de aguas gélidas donde te comen los tábanos y es heroico bañarse.

Hay muchas variantes de segunda casa: por ejemplo los cruceros masivos en ciudades trasatlánticos con fiestas, atracciones, piscinas, tenis, golf con bolas al mar, parada de una tarde en los puertos de interés en los que te encuentras a tu jefe de la mano de una señora que nos es la suya y sobre todo engullir y beber a bordo. Guerra sin cuartel al aburrimiento. Sexo y aventura con la parienta. Más de una crisis conyugal irreparable se ha cocido en estos viajes. En una semana puedes echarle más de cinco quilos a tu cuerpo pinturero. El precio de salida es razonable pero en alta mar todo son extras y finalmente te cuesta el doble de la tarifa acordada. También hay cruceros fluviales; el más conocido es el que remonta el Nilo desde Abu Simbel hasta la necrópolis de Giza cerca de El Cairo; es el favorito de los universitarios para su viaje de fin de carrera: barcos veteranos, disfraces nocturnos de momias, colitis general y monumentos anónimos envueltos en resaca. El desierto no es el mejor sitio para pasarla. Una amiga de posibles se embarca hoy en una travesía que recorre el Danubio desde Budapest hasta su desembocadura en el Mar Negro. Gentes y lugares. Precios prohibitivos. Lo bueno, si caro, dos veces bueno.

El veraneo, como todo en esta vida, decía Ortega, empieza a cobrar transparencia ante la razón histórica. Por ejemplo, las vacaciones de los años sesenta cuando a primeros de julio la señora de Robles partía rumbo a la casa de los abuelos maternos con sus cinco hijos. El marido, interventor de un conocido banco, los acompañaba hasta la estación del Norte y cuando el tren se convertía en una tenue columna de humo, él se transformaba en el consabido “Rodríguez”, mera leyenda urbana, tópico desgastado por el cine español del franquismo, salidas nocturnas a Chicote, cócteles exóticos y salones de bellezas; o los devaneos imaginarios del susodicho con la vecina del quinto, hasta que el homo solitarius se tomaba vacaciones en agosto con visitas obligadas de fin de semana a la aldea perdida con los suegros. El resto de la familia volvía a la capital a finales de Septiembre para preparar el comienzo del curso de sus retoños, desde el parvulario a la Facultad. Los universitarios, incluso los bachilleres actuales tienen planes propios.

Las vacaciones a la española quedaron reflejadas en las inolvidables viñetas de Forges, las del tímeme por favor en los restaurantes arroceros de la costa o las machistas del conocí a Purita, mi futura, en la verbena tras potarle encima dos litros de Jumilla cuando bailábamos el gato montés… Episodios nacionales con mucha intrahistoria.

Hoy las vacaciones no son sinónimo de veraneo. Se viaja en cualquier época del año. Los tres meses de la familia de los Robles se han convertido en unas vacaciones fragmentadas en períodos de tiempo menores, desde cuatro días en salidas a países europeos, una semana si cruzas el Atlántico y diez o doce días si se trata de “viajes mayores”, por ejemplo China, Japón o incluso Australia. Cualquier estación tiene sus encantos, muchos monumentos hay que verlos con bruma invernal o las calles nevadas; la luz primaveral es esencial para contemplar las vidrieras de la catedral de León, las mejores vistas del Gran Canal son otoñales y el solsticio de verano en junio es el momento propicio para las Noches Blancas de San Petersburgo; sin contar con que cuando en un hemisferio es invierno en el otro es verano o que en los países tropicales la temperatura es uniforme durante todo el año. Cuba, Varadero, Santo Domingo… en general, el Caribe (¡cuidado con los huracanes, el sida y los secuestros exprés!). Además los precios son más que asequibles en temporada baja. ¡Atentos a las ofertas turísticas en internet que no puedes rechazar, te pueden salir muy caras!

viernes, 12 de junio de 2026

El papado

El Vaticano no está en Roma sino al revés. Roma es uno de los vastos dominios pontificios y una extensión de la autoridad espiritual de la Santa Sede. Es el Vaticano quien ha concedido el derecho de extraterritorialidad a la Ciudad Eterna. Vamos del Vaticano a Roma. Es preciso recorrer en sentido inverso la Via della Conciliazione para entender donde estamos. Un ejemplo entre mil: El Coliseo se salvó de la demolición gracias a que el Papa Benedicto XIV lo declaró en 1749 lugar sagrado en memoria de los mártires cristianos ejecutados en la arena. Actualmente es parada tradicional del Papa en el Via Crucis del Viernes Santo (para que no se olvide lo que les pasó a los cristianos y al Coliseo). En Roma hay más de novecientas iglesias católicas: pequeñas capillas de barrio, oratorios privados y santuarios, sesenta y cuatro basílicas menores y cuatro grandes basílicas papales. Es la ciudad con mayor concentración de templos del mundo. 

La fila para entrar a la Basílica de San Pedro, el mayor templo de la cristiandad, es tolerable. Su pórtico está siempre abierto a los millares de almas que acuden a diario. Sin esa generosidad (la entrada es gratuita) sería imposible traspasar las cinco puertas de bronce. Antes o después tendrán que limitar el acceso por razones de conservación. Lo primero que te encuentras dentro es una abigarrada marea humana que tiene don de lenguas. Sólo cuando te acercas al altar mayor te mueves con menos agobios. En el transepto derecho, junto al altar papal y el baldaquino hay numerosos confesionarios donde puedes redimir tus pecados en quince idiomas. Cada confesionario pertenece a una orden religiosa. Curas y monjas de todas las órdenes y profesiones deambulan como Pedro por su casa. Expresión del pluralismo doctrinal de la Iglesia Católica.

Su interior es inabarcable; evoca la teocracia y el poder absoluto del papado. La escala grandiosa del edificio, el horror al vacío del Barroco, la cúpula, el baldaquino de bronce, las estatuas con mitra y báculo, la cripta con las tumbas de 91 pontífices, un tercio de los Papas de la historia, los tesoros de la cámara, las reliquias, todo concluye en una verdad intramuros: primero el Papa, después la Curia Romana, luego el Espíritu Santo, la Virgen, los santos y la cristiandad. La tradición, la jerarquía y las encíclicas sustituyen a los Evangelios.

Durante mi visita, una parte de la nave central permanecía cerrada con vallas de separación y alfombra roja; al rato la recorrieron a paso ligero y mirada al frente cuatro cardenales y su séquito de clero subalterno. Comprendí a quiénes esperaban los mercedes negros aparcados ante la escalinata de la Basílica con chófer y bandera de la Ciudad del Vaticano. Aproveché la desbandada de curiosos para contemplar sin empujones la incomparable Pietà. Las conocidas inscripciones grabadas en la base de la cúpula pueden resumirse en un mensaje: lo que sea atado en la tierra no sea desatado en el cielo.

El propio Nietzsche en El anticristo reconoce su admiración por la iglesia de Roma: su ostentación, su exterioridad, su gusto por el lujo y el ornamento, su sentido aristocrático, su amor por el gran arte. Las invectivas van contra el luteranismo, una religión de la oscura experiencia interior, del evangelio y la predestinación, de los valores contrarios a la vida, de la decadencia espiritual y el triunfo del nihilismo. Un ateo podría decir con fervor al levantar la vista a la cúpula de San Pedro: no creo en la religión verdadera y aún menos en las falsas.

Los museos vaticanos. Casi dos horas de cola. Si no has reservado la entrada o no vas con un grupo organizado te toca bordear la parte norte de las murallas hasta la única puerta de entrada en Viale Vaticano 165, Roma. Lucía un sol picante de primavera: una legión multirracial intenta venderte gorras y sombreros. De pronto llueve, un chubasco pasajero: los mismos ahora cargados de paraguas. Compré uno por tres euros (me pedía seis) y no llegó sano a la entrada. Manteros con recuerdos, quincalla y otras menudencias. Cuando aparecen los carabinieri los mercaderes del templo se esfuman como por ensalmo.

Al acceder a las estancias recordé una cita de Chateaubriand: Me pierdo por los museos de este Vaticano con once mil cámaras y dieciocho mil ventanas. ¡Qué soledad la de estas obras de arte! Se convierten en objetos sin vida para ser fotografiados. El peregrino se transforma en alguien que observa el mundo a través de un móvil, en parte por los recuerdos y mensajes, aunque hay mejores imágenes en los libros de la tienda oficial (excelentes). En la mayoría de los casos son un remedio contra el tedio errante y el exceso de información.

La arquitectura de los palacios te invita a recorrer todas las salas. Una visión completa del museo llevaría semanas. Estuvimos una mañana entera. Tres maravillas: Fortuna detenida por el amor de Guido Reni (Sala XII de la Pinacoteca), Apolo de Belvedere (Patio Octógono) y la Galería de los mapas. Pero sobre todo la Capilla Sixtina, la obra de arte más hermosa que han contemplado los siglos. Su belleza trascendente es el mejor prueba de la existencia de Dios. Como es sabido allí se encierran con llave los miembros del Colegio Cardenalicio para elegir al nuevo Papa. Extra omnes, la fórmula solemne pronunciada por el Maestro de las Celebraciones Pontificias antes de que comiencen las consultas y votaciones que culminarán con la fumata blanca inspirada por el Espíritu Santo. Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam.

P.D. Acaso estas líneas ayuden a comprender mejor el significado de los fastos de la visita apostólica del Papa León XIV a España. 

jueves, 4 de junio de 2026

Pueblos sin historia. Segunda parte

 

(Continuación del guion de la conferencia prevista del Doctor Carlos Abengoa).

El ejemplo más notable del racionalismo en antropología cultural es Lévi-Strauss. Mientras que las principales corrientes (evolucionismo, difusionismo, funcionalismo) se han ocupado de estudiar las manifestaciones particulares de las distintas sociedades, de señalar sus semejanzas y diferencias, lo que pretende la antropología estructural (título de la obra donde expone el método) es descubrir las estructuras profundas e invariables de las instituciones de cualquier cultura. El principal supuesto del estructuralismo es la oposición entre hechos sociales (cultura) y sistemas subyacentes (estructura). Más allá de las normas culturales y de las formas de organización social que varían de unos pueblos a otros hay unas estructuras comunes que tienen su origen en la organización psicológica, lógica y epistemológica de la mente humana. Levi Strauss investigó las estructuras elementales del parentesco, los sistemas de clasificación del pensamiento salvaje y las reglas inmutables de los mitos. 

Lo contrario de las especulaciones racionalistas del estructuralismo es el denominado “empirismo antropológico” cuya referencia más controvertida es el clásico de Nigel Barley –doctor por la Universidad de Oxford- titulado El antropólogo inocente. Notas desde una choza de barro (1989). El libro fue mal visto por sus expertos colegas, quizás porque lo consideraron demasiado ligero y chispeante, por su proximidad excesiva a los libros de viajes (en mi opinión, su mayor encanto) y también por la acumulación de materiales etnográficos dispersos sobre el pueblo dowayo (o namchi), una comunidad de unas 18.000 personas que vive en las montañas alrededor de la ciudad de Poli, en el norte de Camerún. El libro de Barley es divertido y ameno; desde la narración inicial de la odisea burocrática del autor para obtener el visado de entrada hasta el laberinto interminable que tuvo que superar para volver a Inglaterra, enfermo y en los huesos, pero encendido por la fascinación de África y el deseo, convertido en destino, de reanudar sus inaplazables trabajos (algo que realizó y publicó en un segundo libro). A lo largo de sus páginas no aparecen por ninguna parte estructuras subyacentes, esquemas inextricables o hipótesis sobre un inconsciente colectivo. Al contrario, están pobladas de individualidades, de variopintos personajes cuyos hilos se mueven con una vida propia imposible de sistematizar. Destacan convertidos en personajes de novela el estrafalario jefe Zuuldibo, un hombre pragmático, astuto y con gran sentido del humor; o el viejo brujo Kpau, el atrabiliario “jefe de la lluvia” representante de la magia, el animismo, las tradiciones ancestrales y la resistencia de las creencias locales a la cultural occidental; o el misionero Herbert Brown, afectado por el sol de los trópicos, sin identidad cultural y dotado de un curioso don de lenguas. Asimismo, el subprefecto camerunés, funcionario de una compleja maquinaria burocrática a menudo corrupta o cómica que crea problemas donde no los hay. O el ayudante-traductor dowayo, imprescindible para el trabajo de campo de Barley, aunque las barreras del idioma generan constantes y sabrosos malentendidos. La obra es un recorrido completo por todos los aspectos de la comunidad dowaya, la comida, la sexualidad, la vivienda, el trabajo, la ciudad, la lluvia, las fiestas estacionales… No me resisto a reproducir un jugoso fragmento en el que se describe un episodio de la vida política. 

Varios viajeros me dijeron que el mijo de mi “verdadero cultivador” no estaba listo todavía para ser cortado, de modo que pude dedicarme a contemplar la última distracción, unas elecciones. El sous-préfect, representante del gobierno camerunés, había convocado a todos los aldeanos en un lugar a una hora determinada para hablarles de ese tema y del importante problema de la jefatura de las tribus. Cuando llegó el momento no se presentó y los dejó a todos plantados debajo de los árboles durante dos días, transcurridos los cuales regresaron a los campos y cultivos. Varios días después apareció por la aldea dowaya un goumier. Estos desagradables personajes son exsoldados utilizados por el gobierno central para cerciorarse de la obediencia de las aldeas perdidas que no pueden ser vigiladas por los gendarmes. Se instalan en ellas durante largos períodos y viven a costa de sus anfitriones, a quienes además obligan a hacer lo que les apetece mediante amenazas. En las zonas en que la gente ignora cuáles son sus derechos, o donde saben lo poco que pueden fiarse de ellos, ejercen una considerable tiranía. La tarea de ese individuo en concreto era asegurarse de que se prepararan las cabinas para las votaciones. Hasta el momento los dowayos no habían mostrado ningún interés por la política nacional y era necesario estimular su entusiasmo.

Todos los dowayos, hombres y mujeres, debían votar el día señalado. El jefe tiene que responsabilizarse de que la asistencia sea masiva y Mayo, el lugarteniente, aceptó humildemente la tarea mientras Zuuldibo (el jefe de la tribu) permanecía sentado a la sombra dando instrucciones a los que hacían el trabajo.

La democracia brillaba con todo su esplendor en las cabinas de votación. A un hombre le estaban regañando por no llevar a todas sus esposas. “No querían venir”. “Debías haberles pegado”. Les pregunté a varios dowayos qué era lo que estaban votando. Se me quedaron mirando sin saber qué decir. “Coges el carnet de identidad –explicaron por fin- y se lo das a ese funcionario, que te lo sella y toma nota de tu voto”. Sí, pero ¿qué era lo que estaban votando? Más miradas de incomprensión. Ya me lo habían explicado, cogías el carnet… Nadie sabía para qué era la votación. Además no se aceptaban votos negativos. Finalizada la jornada, los funcionarios consideraron que no se habían recogido las papeletas suficientes, de modo que les hicieron votar a todos otra vez. La semana en que se hicieron públicos los resultados yo me encontraba en un cine de Poli, la ciudad. Un noventa y nueve por ciento de los votantes habían elegido al único candidato que se había presentado por el único partido. Sin embargo me pareció una agradable señal que el público, bien preservado su anonimato en la oscuridad, prorrumpiera en burlones abucheos. En cambio, en la aldea todo el mundo se tomó la votación muy en serio y se siguieron las normas al pie de la letra. Se examinaron meticulosamente los documentos de identidad, se puso especial cuidado en colocar los sellos en los lugares destinados a tal fin, se calculó con precisión el porcentaje de lugareños que votaron y las actas pasaron de un funcionario a otro con las correspondientes firmas de acuse de recibo. Nadie parecía percibir la contradicción existente entre la concienzuda observancia de tales minucias y la flagrante violación de los principios básicos de la democracia…

miércoles, 27 de mayo de 2026

Pueblos sin historia

 

Me reuní en la cafetería del Ateneo de Madrid con el Coronel Carlos Abengoa, Doctor en Historia y hasta su jubilación profesor asociado de la UNED. Hacía casi un año que no compartíamos mesa y sillón. Nos conocimos en Guinea Ecuatorial cuando colaboramos en un equipo interdisciplinar del Ministerio de Educación como asesores de los expertos ecuatoguineanos en la elaboración de materiales didácticos para sus planes de estudios. Recuerdo nuestras largas conversaciones regadas con ron añejo de caña en la Casa de España de Malabo. Desde entonces hemos mantenido una intermitente pero cordial amistad.

- Cómo está el mundo, le dije, una vez que dimos buena cuenta del café con leche en taza grande, unas napolitanas y las típica tostadas de aceite, tomate y jamón.

- ¿A usted que le parece?, me preguntó, cual Inteligencia Artificial ávida de alimentar su máquina de aprendizaje con mis opiniones.

- Me parece que las democracias liberales se escoran sin remedio hacia el neodarwinismo social, el militarismo como razón de Estado y el nacionalismo autoritario que excluye cualquier reconocimiento de una legalidad internacional basada en los derechos humanos. (Todo muy manido, lo reconozco).

- Le invito, cambió de tercio Abengoa, a que eche un vistazo al guion de una conferencia-coloquio que tengo que dar en la Universidad Autónoma de Madrid. Y puso una carpeta encima de la mesa. Cito de pasada el título de un libro de su bisabuelo.

- Haré todo lo posible por asistir, dije, tras darle las gracias por su confianza.

Después nos dedicamos a charlar de los viejos tiempos y los nuevos, de los hijos y los nietos, de los achaques de la edad, de los que se han ido con los más, de religión, política y gimnasio. El coronel detesta el fútbol. Por la tarde abrí la carpeta… 

Me resulta muy sugerente la hipótesis de El número de Dunbar del antropólogo Robin Dunbar que estableció en 150 aproximadamente el límite biológico de relaciones interpersonales estables que puede mantener una persona. De lo cual se sigue que sólo en grupos reducidos con un sistema de acción compartido y único no se quiebra la cohesión ni surge el conflicto social. La proliferación de subculturas y contraculturas en las civilizaciones avanzadas, algunas sin un mínimo común con la cultura dominante, otras discrepantes, incluso enfrentadas con el ethos, el eidos y las instituciones, determina sin solución el desastre nacional y sus causas.

La antropología cultural, una vez depurados los residuos de un etnocentrismo anacrónico, demuestra que el hombre primitivo no tiene una mente inferior al hombre actual, sino una cultura distinta y compensada. Para unos fines será más inteligente el hombre actual, para otros el hombre primitivo. Cierto es que no disponen del lenguaje matemático, la más alta realización de la razón y el único vínculo objetivo que permite vislumbrar los misterios del dios infinito de Spinoza. Aunque construir sofisticadas tecnologías que pueden acabar con la especie humana, por ejemplo la IA, no parece más inteligente que vivir pacíficamente al margen del progreso a orillas de un lago africano, fértiles praderas y la montaña sagrada, morada de los dioses tutelares.

Lévi-Strauss demuestra en El pensamiento salvaje que no es cierto que las sociedades primitivas tengan un pensamiento menos complejo que el de las sociedades con historia. La investigaciones de campo muestran que tienen las mismas preocupaciones abstractas. Su léxico está dotado de una extensa terminología naturalista y de prolijas clasificaciones que les permiten distinguir miles de especies de la flora y de la fauna. Lejos de tener un significado meramente empírico o utilitario, como se daba por supuesto, tienen más bien la función de organizar el entorno y conocer el orden lógico y cosmológico del mundo. El propósito de los cuatro volúmenes de la investigación etnológica y etnográfica más ambiciosa de la antropología cultural, Mitológicas, es probar que las cualidades sensibles están dotadas de leyes, categorías y símbolos tan válidos como los que rigen el funcionamiento de la ciencia.

Hay muchos ejemplos a favor del pensamiento salvaje. Nuestra sociedad carece de estatus de edad claramente definidos: los ritos de tránsito de la pubertad a la adolescencia, de la adolescencia a la juventud y de esta a la mayoría de edad comportan estatus difusos que no permiten salvar con éxito las discontinuidades en el sistema de interacción y sólo crean ruido en la vida comunitaria. Esto supone que los padres, educadores, amigos y conocidos (entre otros) desconocen las nuevas expectativas de acción social; tampoco el implicado sabe exactamente a qué atenerse, mientras que en las sociedades primitivas nunca se producen vacilaciones, pues los cambios de estatus suele ir acompañadas de ciertos ritos de tránsito que redefinen la nueva posición de manera precisa.

En una tribu perdida del África ecuatorial el paso de la pubertad a la adolescencia se produce cuando ambos sexos alcanzan la madurez biológica o capacidad reproductora. El cambio de estatus de los adolescentes, que ya están en condiciones de perpetuar su etnia, se reconoce y se celebra a comienzos de la primavera con las fiestas conmemorativas de la fecundidad y la abundancia. Durante dos noches seguidas, una en honor de cada sexo, arden las hogueras, suenan los tamtanes y se consumen plantas alucinógenas hasta la apoteosis de una danza propiciatoria para que los espíritus protectores de la tribu se muestren generosos un año más. Cuando concluyen los fastos, los habitantes del poblado tienen unas expectativas ciertas sobre el sistema de acción de los neófitos.

El paso de los adolescentes a la mayoría de edad en la aldea centroafricana es tan claro como un día de verano en la sabana. El aspirante al estatus de guerrero recibe del brujo el escudo labrado del clan, el arco y las flechas de sus mayores, las pinturas de combate, los adornos corporales y el tótem tribal. El ceremonial de iniciación, al que sólo asisten los guerreros del poblado, termina con la fórmula tradicional de despedida: retorna a tu casa cuando los espíritus te sean favorables o piérdete para siempre en la oscuridad de la noche. El joven dispone de tres jornadas para superar el desafío de la jungla y volver con una presa sobre los hombros. Si retorna vencedor a la tierra de sus padres, cuanto más peligroso haya sido el lance, mayor será el homenaje que reciba de sus pares. A partir de ese momento será considerado un guerrero valeroso, un custodio de las tradiciones ancestrales con todas las obligaciones, pero también con todos los privilegios de su nueva posición”.

Dejé para la noche la segunda parte del guion.

viernes, 15 de mayo de 2026

Los viajes en crucero

 

Uno de los acontecimientos históricos más reseñables del siglo XXI es ese movimiento intergeneracional que ha sido denominado, como no, por los franceses, Les nouveaux voyageurs. Jóvenes de veinte o menos, matrimonios treintañeros, jubilados añejos y ancianos del último viaje, se lanzan y relanzan a hollar con sus pies los lugares más bellos, célebres o recónditos del mundo. Las causas hay que buscarlas en las facilidades de información y contratación desde internet que permiten ir al faro del fin del mundo desde tu móvil, a la proliferación de vuelos de bajo coste o a la dura competencia entre las agencias para tentarnos (sobre todo en temporada baja), con hoteles, casas rurales, campings, pisos turísticos o madrigueras en los escondrijos más insólitos. Asistimos, afirman, al resurgir de una nueva forma de vitalismo colectivo, al impulso de ensanchar geográficamente el horizonte existencial, un retorno al espíritu del Renacimiento y una nueva concepción del hombre dignos de ser estudiados por la psicología social. Sin duda, concluyen, es la cara más amable de la globalización y de las secuelas antropológicas de la pandemia del coronavirus. En román paladino: nadie quiere ser el muerto más rico del cementerio.

Podemos enumerar una lista interminable de formas de hacer turismo: de intercambio, multipropiedad, ecológico, gastronómico, solitario, de autocaravana, mochilero, de camping, de rutas radiales, de la tercera edad, de borrachera, sexual… Y me dejo muchas variantes. Entre otras el turismo de crucero, a propósito de las inquietantes noticias de los contagios a bordo del MV Hondius de varios pasajeros y algún tripulante por un brote de Hantavirus Andes, una variante altamente peligrosa que puede trasmitirse por contacto entre personas infectadas. Un patógeno letal olvidado por las grandes farmacéuticas al ser infrecuente su eclosión y, por tanto, un mal negocio para los laboratorios.  

Hay tres tipos básicos de turismo de crucero: de lujo, megacruceros y de expedición.  El crucero de lujo, a bordo de yates exclusivos o “barcos íntimos” con pocos pasajeros y mucha tripulación, ofrece un servicio personalizado, suites amplias, alta cocina, fondeos en solitarias calas y excursiones improvisadas.  

Un megacrucero es una variante del circuito de turismo por el mar con paradas en los puertos más señalados, salida del barco a tu aire o en visita organizada y vuelta a dormir al camarote. Abstenerse claustrofóbicos, misántropos y adictos a la biodramina. Un moderno trasatlántico es una ciudad flotante con más de cuatro mil pasajeros y mil quinientos tripulantes. Tiene más instalaciones de recreo, cultura, restauración, esparcimiento y deportivas que la mayoría de las capitales de provincia. Por ejemplo, cine, pista de patinaje, discoteca, piscina climatizada, gimnasio, casinos, salas de jacuzzi o centro de golf con tecnología biomecánica… Conviene informarse sobre qué servicios son gratuitos y cuáles no. El precio básico es asequible para una oferta tan épatante. Lo que no te cuentan los folletos (o sólo en letra pequeña) es que muchos servicios hay que pagarlos aparte. Puedes comer en el restaurante principal si no eres muy exigente; pero si te sientas en los restaurantes de especialidad o en los pabellones de gastronomía internacional la cuenta te sube un pico. Otro inconveniente es que hay camareros que pasan a todas horas con bandejas de pinchos, frituras y canapés… Y barra libre a jornada completa. A partir de la segunda semana se dispara al alza la curva de las desavenencias matrimoniales, la mala educación de los hijos y el consumo de copas y combinados. Al final cada cual va a su aire. La cena semanal de Gala con el capitán es un remedio latente para rebajar las tensiones y restablecer la cohesión social. Cuando vuelves al dulce hogar no cabes por la puerta. Es preferible comprarte ropa nueva a perder peso mediante duras privaciones y promesas imposibles de cumplir. Si eres de los que les gusta viajar tranquilo e inventar sobre la marcha, lo mejor es que te lo pienses antes de reservar el pasaje. Las escalas suelen ser cortas, lo que supone visitas apresuradas a los sitios de interés. Si vas en grupo organizado (factura aparte) tienes que ajustarte a un horario rígido con madrugón incluido para ir a marchas forzadas detrás de la bandera de un guía que te lleva por museos, galerías y monumentos largando rutinarias explicaciones. O desconectas o acabas con la cabeza como un bombo. La saturación turística devalúa el patrimonio histórico y cultural hasta convertirlo en un parque temático intransitable.

Otra variante de los recorridos relámpago en las grandes ciudades es el autobús panorámico. La azafata se limita a nombrar los monumentos más importantes que miras a toda prisa sin enterarte de nada mientras el televisor del autobús proyecta un documental en 4K sobre la ciudad con música étnica. Muchos prefieren mirar la pantalla. Al acabar la jornada eres una víctima más del abuso de la cantidad del estímulo. El tiempo se alarga como en la teoría de la relatividad. Al tercer día parece que llevas un mes fuera de casa. Si me obligaran a embarcarme pasaría la mayor parte de la travesía leyendo a Lord Jim o Muerte en el Nilo en sillones confortables y la noche de la cena del capitán en mi camarote viendo en la pantalla del ordenador Tormenta perfecta.

El objetivo del turismo de expedición, el caso del MV Hondius, es la exploración de destinos remotos, islas exóticas, selvas vírgenes, desiertos o altas montañas. Sitios de riesgo. El MV Hondius zarpó de Ushuaia en el sur de Argentina con 149 pasajeros de 23 nacionalidades a bordo, entre ellos 14 españoles, y 57 tripulantes, 13 guías y un médico. Navegaría por el Atlántico Sur con paradas en las islas Sandwich, Georgias del Sur, Tristán de Acuña, Santa Elena, Ascensión y arribada en las Canarias. La pareja holandesa, los primeros fallecidos, considerada el caso índice del brote, llevaba cuarenta días y cuarenta noches viajando por lugares endémicos del virus Andes en el Cono Sur americano (Argentina, Chile y Uruguay). En mi opinión es imposible que una cultura comprenda realmente a otra, pero esto nos distrae del tema. Otras hipótesis apuntan a que el primer foco de contagio estaría relacionado con excursiones de observación de las aves en zonas cercanas a residuos con presencia de roedores. El MV Hondius tampoco tenía un pasaje cerrado. Al menos 30 pasajeros desembarcaron en Santa Elena el 24 de abril. Las autoridades sanitarias los andan buscando por el ancho mundo.

P.D. Rememoremos el descubrimiento de América por Cristobal Colón, proseguido por los conquistadores Hernán Cortés, Francisco Pizarro y tantos otros. Los nativos indígenas al carecer de inmunidad contrajeron enfermedades mortales traídas por los españoles lo que provocó una catástrofe demográfica devastadora por enfermedades como la viruela, el sarampión, la gripe o el tifus. Es curioso que los partidarios de la “Leyenda negra” no insistan en esta plaga. Las hazañas belicosas de Hernán Cortés en México y el desembarco y evacuación en Tenerife de los pasajeros del MV Hondius han dado pie a enjundiosas declaraciones de reputados personajes del páramo político; por cierto, dislates parecidos a las teorías de la conspiración de Florentino (¡deje en paz al atleti, por favor!).  

jueves, 7 de mayo de 2026

Atlético de Madrid. Balance de la temporada

El título del libro del poeta inglés William Blake, “El matrimonio del cielo y el infierno” es una metáfora acertada de la esencia del fútbol. De la alegría irrefrenable por el triunfo a la depresión profunda por la derrota. Una y otra se desbordan o se agudizan según lo que está en juego sobre el césped. Es un deporte donde resulta imposible alcanzar el justo medio aristotélico: saber ganar y saber perder. El juego limpio es una máscara veneciana del negocio planetario que los organismos oficiales y el periodismo deportivo intentan convertir en una exigencia moral que nadie respeta y a todos engorda. Sin bronca no hay paraíso. Traté de explicarlo en una de mis antiguas entradas del blog que aún, creo, tienen vigencia: ¿Por qué nos gusta el fútbol? Los incondicionales del Atlético de Madrid somos un ejemplo del matrimonio de Blake. Todavía me acuerdo del cartel publicitario de un “añito en el infierno” (que fueron dos) tras descender a Segunda División hace veinticinco años.  

Esta vez quiero referirme al equipo desde una crítica de la razón futbolera. En principio, hay dos maneras de valorar los resultados de una temporada prácticamente acabada. Desde una perspectiva optimista el año que viene volvemos a estar en las bolas calientes de la Champions, hemos llegado a la final de la Copa del Rey y a las semifinales de la máxima competición europea, lo que supone estar entre los “cuatro mejores” y un río de oro para las arcas. Desde una perspectiva realista nos hemos descolgado de la lucha por la Liga en la segunda vuelta tras demostrar una irregularidad impropia de un aspirante al título frente a los equipos menores. Hemos cometido errores de bulto, regalos inadmisibles en la Copa del Rey (penaltis incluidos) y nos ha faltado ambición y contundencia en la semifinal europea. Tres decepciones en cualquier caso.

No le faltan argumentos a Conor Gallagher, exjugador rojiblanco recién traspasado en Enero al Tottenham Hotspur, cuando afirma en una entrevista que el Atlético no está a la altura del Real Madrid, del Barcelona o de los grandes expresos europeos porque en los momentos decisivos contra equipos serios con intensidad y movimiento se queda corto. De lo cual surge una nueva antinomia. Tesis. El Cholo debe mantenerse fiel al estilo secular del Atlético: defensa rocosa, centro agresivo y contrataque letal. Nosotros somos quien somos. La solución no es cambiar al entrenador sino proporcionarle jugadores de más calidad. No es de recibo que veteranos como Koke o Griezmann sean titulares imprescindibles y partido a partido los pilares del conjunto. Dicho de otro modo, el atleti es un buen equipo, pero no un gran equipo. El nuevo accionista mayoritario, el fondo de inversión estadounidense Apollo Sports Capital, tendrá que reforzar con una lluvia de millones todas las líneas si quiere ascender los peldaños que todavía faltan. Y contar con Simeone.

Antítesis. El Cholo sigue manteniendo los mismos esquemas tácticos de hace diez años obsoletos para el fútbol moderno: desplazamientos veloces, presión en todo el campo, alarde físico y definición. Rodri Hernández, ex atlético, uno de los mejores centrocampistas del mundo y último balón de oro para agravio y espantada de Florentino, planteó a Simeone sin cortarse un pelo que no estaba dispuesto a jugar noventa minutos en bloque bajo como un central más a la espera del fallo del contrario y salir a la carrera. Lo suyo era acariciar el cuero y ponerlo en el sitio. Simeone le suplicó de rodillas que se quedara, pero finalmente fichó por el Manchester City en 2019 por setenta millones de euros. Un pésimo negocio. Me temo que Julián Álvarez tiene también malos pensamientos. Esperemos que no sean de palabra y obra. El Barça de las palancas y los milmillonarios de la Premier League están al acecho. Se impone un golpe de timón en la dirección técnica.

La mejor afición del mundo, la que llenaba el Calderón incluso en el infierno, empieza a tener serias dudas y cabreos. Nadie cuestiona, al contrario, lo que el Cholo, una leyenda, ha hecho por un club que antes de su llegada era un barco al garete. ¿Pero saca a esta altura determinada de los tiempos el mejor partido de los jugadores que pasan por sus manos o más bien los acorta con sus poco ambiciosas pizarras? La inversión 2025/26 ha sido de 230 millones de euros. Fichajes contrastados no han respondido a las expectativas. Demasiadas lesiones de largo alcance y un fondo de armario amplio pero poco solvente. Siempre nos quedará la cantera. En fin, dejo un enlace de entradas y salidas de jugadores para los que quieran sacar sus propias conclusiones. Las mías me las guardo por respeto a los colores. ¡Aúpa Atleti!

miércoles, 29 de abril de 2026

¿Sabemos qué es la inteligencia?

 

Utilizamos con frecuencia el término “inteligencia”. ¿Pero conocemos su significado preciso? Wittgenstein propone en las Investigaciones filosóficas que el significado de un término consiste en su uso en el contexto lingüístico apropiado. Un hablante con una competencia comunicativa normal lo entenderá sin dificultad. En realidad, no podemos asignar un sentido fijo a un término ya que varía según el contexto. Y puesto que el lenguaje natural está bien hecho no debemos violentar el uso correcto que la gramática establece para cada entorno o situación. Se trata de un criterio de significado de carácter pragmático. Podemos dedicar un par de horas de una tarde lluviosa a jugar con los amigos a ver quién es capaz de decir más frases con el término inteligencia y luego explicarlas. El que vence es el más inteligente.  "Lo que más valoro en un hombre es la honestidad, la inteligencia y el sentido del humor", toma la palabra la más joven...

Pero si aceptamos tal criterio la pregunta es: ¿Cómo debemos usar el término inteligencia en un contexto científico? En tal caso la gramática contextual sirve de poco porque hay que definir desde la nada el significado. El contexto es el marco teórico donde se funda el término. Una ardua historia de dualismos, potencias del alma y entendimientos agentes y pacientes que pasamos por alto hasta la edad contemporánea.

A finales del siglo XIX, Francis Galton en su obra El genio heredado (1869) consideró a la inteligencia una capacidad innata o “potencia mental” de origen biológico resultado de la herencia genética o resultado único de la recombinación de genes. Suponía además que uno era listo o tonto durante toda la vida; su caletre no empeoraría por más que se dedicara a perder el tiempo en minucias ni mejoraría aunque se entrenara a diario en abstrusos laberintos. Finalmente, Galton daba por hecho que la inteligencia era una facultad unitaria, es decir, se manifestaba siempre en cualquier conducta o situación. Cuesta no ser escéptico: todos demostramos en ocasiones oficio y maneras, pero en otras, ¡ay! por qué negarlo, bordeamos o estamos fuera de la normalidad. Podría citar a numerosos políticos cuya inteligencia social es equivalente a la de la horda de homínidos enfrentados por la hegemonía territorial.

La escuela multifactorialista norteamericana, encabezada por Louis L. Thurstone, criticó la concepción unitaria de la inteligencia. Negó la existencia de un factor general (el controvertido factor G) al que se supeditan el resto de las capacidades intelectuales. Fragmentó la inteligencia en un conjunto de habilidades o factores primarios y secundarios relacionados con las actividades mentales (percepción, memoria, aprendizaje, lenguaje, razonamiento), lo cual transforma el concepto en un excesivo despliegue de aptitudes relacionadas con la totalidad del psiquismo. El que mucho abarca poco aprieta. En los sesenta, J.P. Guilford, afinador de la teoría multifactorialista, propone un inextricable modelo que incluye ciento veinte aptitudes distintas que operan de forma específica. Un desparrame imposible de controlar experimentalmente.

La psicología diferencial, exigente con el rigor matemático, define la inteligencia “como la escala numérica que miden los test”. Actualmente hay más de cincuenta test de inteligencia que se utilizan para determinar el denominado Cociente Intelectual (CI). Se utilizan en los sectores más diversos: orientación pedagógica, selección de personal, aptitudes para el deporte, diagnósticos clínicos... El problema es si los test psicométricos miden sólo la inteligencia o más bien otras variables asociadas: la clase social del sujeto, los medios de que ha dispuesto para su formación, la socialización que ha interiorizado, el sistema de interacción que desempeña o las oportunidades que ha tenido durante su vida… En resumen, los instrumentos que se utilizan para medir la inteligencia están contaminados por el estatus y la cultura.

La psicología cognitiva, propensa al fárrago, complica también el problema y define la inteligencia, a imagen y semejanza de las computadoras, como “procesamiento simbólico de la información”. La inteligencia está conformada según este modelo por la interacción (término que evoca la noche en que todos los gatos son pardos) de elementos componenciales (recursos intelectuales), experienciales (pensamiento divergente), contextuales (adaptación y modificación de entorno) y emocionales (control, motivación y autoconocimiento). ¡Que los zurzan por pelmazos y envolvernos con tediosos malabarismos verbales!

Terminamos el recorrido con la "teoría de las inteligencias múltiples" del insigne psicólogo de Harvard Howard Gardner. Enumera ocho tipos de inteligencia independientes: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, psicomotriz, intrapersonal, interpersonal y naturalista. Sin entrar en más detalles sobre este notable proyecto, se me ocurren otros ocho tipos tan dignos de ser tenidos en cuenta como los anteriores: lectora, erótica, humorística, pecuniaria, estética, filantrópica, deportiva y ociosa.

Este aluvión de especulaciones teóricas complican más que clarifican lo que entendemos por inteligencia. Lo cierto es que no hay una distancia epistemológica apreciable entre las humanidades y las ciencias humanas por más que estas últimas traten de convencernos con espesos argumentos metodológicos de su condición de tales. Es más, sus conjeturas están más cerca del plomizo ensayo filosófico que de la investigación científica.

Si preguntamos a la inteligencia artificial qué es la inteligencia natural compone un refrito de las teorías anteriores (se alimenta de internet) y finaliza: En resumen, la inteligencia es una capacidad integral que nos permite sobrevivir, interactuar y prosperar en el entorno. Muchos personajes del ancho mundo se permiten las tres características y no los calificamos de inteligentes sino de… y aquí caben otros adjetivos más gruesos.

Les propongo visitar este inabarcable sitio web donde escritores, filósofos, artistas y científicos, entre otros, ofrecen su particular e ingeniosa definición de la inteligencia. 

Para mí son inteligentes por este orden Sherlock Holmes, el Padre  Brown y Hércules Poirot.

jueves, 23 de abril de 2026

Las conjeturas de la mente

No tenemos un conocimiento contrastado empíricamente sobre los dos conceptos centrales de la psicología: conciencia y mente. También lo son para la inteligencia artificial (IA Teoría de la mente). La relación entre la mente y el cerebro es la conjetura más antigua de la antropología filosófica aún sin resolver desde los Presocráticos. La teoría más aceptada sobre la conciencia y los estados mentales es el emergentismo. Su principal supuesto es que el cerebro es un biosistema cuántico compuesto de neuronas, conexiones sinápticas, lóbulos y áreas especializadas con dos tipos de propiedades: las resultantes, neurofisiológicas, que poseen por separado algunos o todos los componentes del biosistema y las emergentes que sólo las posee el cerebro como totalidad integrada o unidad funcional. Las propiedades emergentes dependen de las resultantes, pero las superan hasta constituir una nueva propiedad: el psiquismo. Una neurona, una red de neuronas, incluso un área neuronal no tienen en sí mismas propiedades mentales, pero los ochenta y seis mil millones de neuronas del cerebro (cada neurona puede conectarse con otras, formando una red de hasta un cuatrillón o mil billones de sinapsis) interactuando en un sistema único y cooperativo han conseguido finalmente producirlas: el conocido pienso, luego existo. La base cuántica del biosistema consiste en que las propiedades emergentes no pueden explicarse causalmente ni predecirse de forma determinista a partir de las resultantes. La actividad mental se rige conjuntamente por el principio necesitario de causalidad y el principio probabilístico de indeterminación (segunda conjetura). Algo evidente si observamos la conducta humana individual y colectiva así como el fracaso de las ciencias sociales cuando intentan formular leyes. Un ejemplo sencillo son las encuestas preelectorales. Su margen de error es considerable. Además la observación del fenómeno altera el resultado.

Si la inteligencia artificial en un futuro todavía lejano implementara una máquina capaz de emular las propiedades emergentes del cerebro tendría conciencia y estados mentales equivalentes a los humanos. El problema es que con la tecnología actual no podemos tener un conocimiento científico del órgano que lo produce. La relación entre el cuerpo y la mente es un enigma que todavía no hemos convertido en un problema porque donde hay un problema real hay una solución científica. El cerebro es incapaz de conocer al cerebro.

El paradigma mayoritario sobre la mente es la Psicología Cognitiva. Hay teorías alternativas: el neoconductismo, el psicoanálisis, el conexionismo… La Psicología Cognitiva concibe la actividad mental como procesamiento de la información. Se basa en la denominada metáfora del ordenador. Los desarrollos actuales de la inteligencia artificial se siguen de esta analogía. El funcionamiento de la mente es semejante al de una computadora de propósito universal, es decir, un mecanismo válido para procesar cualquier tipo de datos. El cerebro es el hardware o soporte físico que hace posible tal procesamiento. Ahora bien, el hardware precisa de un software para gestionarlo, a saber, un sistema operativo y unas aplicaciones.

El cerebro está dotado de un doble sistema operativo lógico-lingüístico que constituye el software básico de la mente: incluye los principios de la lógica formal impresos neurológicamente y la gramática profunda o universales lingüísticos innatos (tercera conjetura). A su vez, los procesos cognitivos constituyen el software funcional de la mente. Está formada por un conjunto de módulos independientes aunque comunicados e interrelacionados. Son los programas que se ejecutan sobre el sistema operativo: procesos informativos (sensación, percepción, esquemas perceptivos), representativos (memoria, aprendizaje), intelectivos (inteligencia, creatividad, lenguaje) y emotivos (sentimientos, emociones, pasiones). El lenguaje forma parte del software básico como gramática profunda (innata) y del software funcional como gramática superficial (aprendida) que incluye los sistemas fonológico, morfológico, sintáctico, semántico y pragmático de una lengua.

La existencia de teorías alternativas sobre la conciencia y la mente revela que no podemos hablar en sentido estricto de psicología científica sino de un saber no demostrado que aspira a convertirse en ciencia cognitiva. Sólo del progreso indefinido de la IA Teoría de la Mente podemos esperar una repuesta acabada y completa a las conjeturas de la relación mente-cerebro. Mientras tanto lo más aconsejable es seguir leyendo los Episodios Nacionales.

jueves, 16 de abril de 2026

Inteligencia Artificial. Teoría de la Mente

 

La Teoría de la Mente data de 1978. Los psicólogos David Premack y Guy Woodruff la definieron como la capacidad de comprender los pensamientos, creencias e intenciones de los demás e intentaron probarla sin demasiado éxito en chimpancés. Casi medio siglo después vuelve a estar en el centro de atención de la comunidad científica por los avances de la inteligencia artificial.

La Teoría de la Mente (ToM) es una habilidad innata y esencial que se desarrolla por etapas durante la infancia. Consiste en entender, diferenciar y comparar los estados mentales de uno mismo con los de los demás. Se adquiere mediante las relaciones interpersonales y las interacciones sociales. Se completa en torno a los 4 a 5 años cuando el niño interioriza que otros pueden tener pensamientos, deseos y creencias distintas a las propias. A partir de entonces afina, probablemente durante toda la vida, la habilidad de captar ironías, sobrentendidos, malentendidos, mentiras, deslices o torpezas (ToM avanzada). La destreza de asumir perspectivas distintas y contrapuestas es la base del comportamiento en los innumerables contextos mundanos.

La IA Teoría de la Mente busca modelos que infieran las creencias, intenciones, sentimientos y usos contextuales de la mente humana para predecir respuestas apropiadas. El proyecto ha pasado de ser un desafío teórico a un terreno de avances incipientes. Por supuesto, sus logros no deben confundirse con la autoconciencia introspectiva de los procesos mentales ya que las respuestas predictivas de la IA son una simulación computacional mediante patrones estadísticos y datos entrenados que simulan los mecanismos del pensamiento. La inteligencia artificial no puede “comprender” nuestra experiencia interior porque la mente es (por el momento) un ámbito privado. Un algoritmo reconoce exclusivamente conductas observables, sean operantes, simbólicas (el lenguaje, entre otras) o gestuales para predecir respuestas empáticas probables.

Los grandes modelos de lenguaje (LLMs) han demostrado superar las pruebas clásicas de la Teoría de la Mente llegando a niveles comparables a los de un niño de 9 años. Las más utilizadas (que invitamos a consultar) son, por este orden, la teoría de la falsa creencia, la tarea de los contenidos inesperados, las historias de falsas intenciones, los problemas de la transferencia imprevista y los juegos simbólicos. Un análisis detallado revela que los avances hasta ahora son valiosos pero limitados. Estudios recientes indican que más del 70% de modelos de IA en interacción humano-máquina alcanzan resultados de inferencia social básica. En un futuro lejano la Teoría de la Mente trataría de perfeccionar la amplia gama de modelos de IA que interactúan con los humanos: robots de apoyo que anticipan necesidades emocionales, asistentes personalizados, programas de conversación o chatbots que detectan intenciones implícitas y asistentes de producción textual que captan los matices estilísticos y expresivos de la escritura. En resumen, la computación cuántica es la gran esperanza de una teoría que trata de mejorar la relación entre personas y máquinas. Obviamente entre sus usos, en los confines de la ética social, está la ingeniería de la conducta con fines predictivos, prescriptivos y adictivos. Esto conlleva el debate sobre el riesgo más que probable del control por las empresas de los mercados y por los gobiernos de la opinión pública.

Michal Kosinski, reconocido psicólogo de la Universidad de Stanford, uno de los impulsores actuales de la Teoría de la Mente en la IA, afirma que modelos de lenguaje como GPT-4 muestran un avance decisivo por su potencial futuro (y también por sus riesgos). Las máquinas interactúan con los humanos de una forma cada vez más comprensiva y empática. Aunque por el momento no se ha superado la barrera de los 9 años, Kosinski asegura que el horizonte de la IA Teoría de la Mente es inimaginable. De ahí sus augurios futuristas viralizados en las redes sociales y publicados en revistas de divulgación.

No olvidemos que estamos observando un progreso exponencial, ya que los modelos de IA duplican su rendimiento cada año. En otras palabras, si cree que ha habido muchos avances hasta hoy, recuerde que los próximos 12 meses traerán tanto progreso como el que observamos desde los primeros modelos de IA. Por lo tanto, si está sorprendido con el modelo GPT más reciente, tenga en cuenta que el próximo será dos veces mejor y así sucesivamente. Y el progreso traerá nuevas propiedades emergentes que desconocemos. Nos olvidamos de que es poco probable que las propiedades de la mente humana, como la conciencia o las emociones, sean lo máximo que un cerebro, compuesto de redes neuronales interconectadas, pueda lograr en el universo. Es probable que una mente tenga capacidades que nosotros no tenemos ni podemos anticipar. Y, con esa lógica, es probable que la IA pronto descubra propiedades mentales que ni siquiera hemos empezado a intuir.

Podemos prolongar en la dirección inversa las consecuencias de esta reflexión. No se trata de lo que las máquinas pueden aprender de la mente, sino de lo que podemos aprender de las máquinas sobre la mente. Es decir, considerar a la IA no sólo como una tecnología, sino como una herramienta para explorar el pensamiento humano. El objetivo de emular los procesos mentales sería comprender cómo surgen y se organizan en nosotros mismos. Mediante la construcción de modelos cibernéticos que reproducen los procesos cognitivos y emocionales pondríamos a prueba teorías sobre el funcionamiento de la mente; investigar la naturaleza de los procesos informativos (sensación, percepción, esquemas perceptivos) representativos (memoria, aprendizaje), intelectivos (inteligencia, creatividad, lenguaje) y emotivos (sentimientos, emociones, pasiones). Desde esta nueva perspectiva la IA Teoría de la Mente no es sólo una ingeniería de sistemas informáticos, sino un saber interdisciplinar donde convergen la computación, la ciencia cognitiva, la lingüística, la lógica, la neurobiología y la filosofía.

¿Filosofía? Lo cierto es que no tenemos un conocimiento científico contrastado sobre conceptos como conciencia, mente o inteligencia.

martes, 7 de abril de 2026

Inteligencia artificial generativa

 

Los especialistas distinguen dos modelos reales de Inteligencia Artificial según sus capacidades operativas y desarrollo tecnológico: las máquinas reactivas y la IA de memoria limitada. Y tres posibles en un horizonte lejano e incierto de las que nos ocuparemos en otro momento: IA Teoría de la mente, Inteligencia Artificial General y Superinteligencia Artificial. En todo caso, no debemos obsesionarnos con las profecías utópicas o distópicas sobre el advenimiento determinista de una Arcadia digital o sobre el reino de las máquinas y la extinción o sumisión de la especie humana. Su lugar natural son los guiones de películas futuristas (algunas excelentes), las historietas del género y la literatura de ciencia ficción. 

Las Máquinas Reactivas son los modelos más simples de IA. Algunos expertos ni siquiera la consideran tal. Son código programado de entrada y salida. Están diseñadas para realizar funciones específicas mediante reglas predefinidas. Son algoritmos eficientes para tareas automatizadas, pero no tienen capacidad de autoaprendizaje. Precisan de un agente externo, los desarrolladores de software, para aumentar sus conocimientos. Procesan la información para decidir en tiempo real las soluciones correctas. El ejemplo más conocido es la vieja supercomputadora Deep Blue de IBM que derrotó al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov en 1997, capaz de procesar hasta 200 millones de posiciones por segundo. Nada que ver con las actuales. O los desesperantes operadores telefónicos de atención al cliente, meros árboles de decisión que gestionan las consultas de los usuarios mediante comandos de texto o audio. 

La Inteligencia Artificial de memoria limitada funciona también con reglas programadas o patrones aprendidos. A diferencia de las máquinas reactivas almacena datos de un pasado reciente por un corto periodo de tiempo para optimizar sus decisiones puntuales. Aprende por sí misma de datos anteriores, aunque no los almacena de forma permanente. Sólo tiene memoria a corto plazo. Los asistentes virtuales (Siri, Alexa), recuerdan lo que se les dice al inicio de una interacción a fin de dar una respuesta coherente, pero olvidan estos datos una vez que se cierra la sesión. O el software de los automóviles en los sistemas de asistencia a la conducción y en los vehículos autónomos: los sistemas críticos de seguridad (el control de estabilidad, el frenado automático de emergencia o el asistente de mantenimiento de carril) actúan instantáneamente en función de los datos actuales de los sensores (velocidad, distancia, ángulo de giro), pero no "recuerdan" el coche que pasó hace 5 minutosTambién la robótica avanzada, una ingeniería dedicada al diseño de máquinas capaces de desempeñar tareas humanas, utilizan programas, redes neuronales y sensores para procesar datos de los últimos segundos o minutos y tomar decisiones inmediatas. 

La Inteligencia Artificial generativa es un subconjunto mejorado de la IA de memoria limitada. Ofrece una amplia gama de medios para los creadores de contenido. Se basa en la combinación de grandes volúmenes de datos (procedentes de internet) y la capacidad de computación para simular procesos de inteligencia humana. Utiliza el aprendizaje automático (machine learning) y profundo (deep learning) para identificar patrones estadísticos, razonar, aprender y tomar decisiones autónomas. Tiene, por tanto, la capacidad de ser alimentada por los programadores y de alimentarse de las ilimitadas interacciones que tiene con los usuarios. Es la más popular (Google la integra en su navegador). Según el contenido se divide en modelos especializados de lenguaje capaces de buscar información mediante motores diversificados (Deep search) con enlaces, citas y bibliografía; de procesar y generar texto; mantener conversaciones fluidas (chatbot) o traducir la mayoría de los lenguajes naturales. Las más utilizados son ChatGPT, Gemini, Claude, o Copilot. También hay modelos de imágenes y video, modelos de audio que incluyen voz y música, modelos de código capaces de generar fragmentos de programación y asistir a los desarrolladores de software. Los más avanzados son los modelos multimodales que integran varios formatos (texto, imagen, sonido) para ofrecer aplicaciones más completas y flexibles. Nos centramos en los modelos textuales (los multimodales requieren un capítulo aparte).

La IA generativa, aunque rápida y eficiente, tiene limitaciones. La búsqueda de información, como reconocen los propios creadores de modelos, no es totalmente fiable. Según los expertos podemos cuantificarla con una certeza del 75%. Esta limitación puede deberse a varios factores: la alucinación o invención de información falsa o no contrastada, errores en el filtrado de datos con las consiguientes respuestas disonantes, la falta de actualización o malinterpretación de la información, el sobreaprendizaje por exceso de datos sintéticos (creados por ella misma) que colapsa el modelo y le impide generar resultados de calidad, los documentos sesgados o manipulados y la variabilidad o respuestas erráticas, incluso inconsistentes, en función de la interpretación aleatoria del contexto de búsqueda.

El procesamiento y generación de textos resulta útil en lenguajes normalizados, entre otros de primer orden los diagnósticos clínicos, resoluciones judiciales, documentos administrativos e incluso textos científicos. Pero no funciona en las múltiples variantes de escritura creativa. Se pierde el estilo, iguala, no capta matices ni intenciones, se pierde con la expresión de emociones, aunque si insistes es capaz de aprender, corregirse e imitarte (lo cual es un juego de mesa absurdo).  

En las conversaciones trata de evitar un feedback equilibrado o reciprocidad en el intercambio de información. Siempre trata de aprovecharse de la que le puedas proporcionar para su entrenamiento mediante el efecto rebote (¿Primero dime tú que piensas o por qué te parece interesante?) o la derivación del retorno hacia cuestiones colaterales para implicarte otra vez sin aportar a su vez resultados sustantivos. Si insistes en esquivar su estrategia te contesta con extensas descripciones y clasificaciones sacadas de la web.

Las traducciones (sobre todo del inglés por razones acumulativas) son correctas. Ni siquiera los miembros del Cuerpo de Traductores e Intérpretes oficiales detectan errores gramaticales significativos en textos de escritura creativa. El problema es la traducción inversa: intenta ahora que el resultado sea devuelto a su texto original. Te llevarás una desagradable sorpresa. Se ha perdido el sentido y la enjundia de la entrada inicial. ¿Qué es lo que falla? Simplemente que carece de habilidades cognitivas que le permitan comprender, anticipar, manejar las intenciones, emociones y usos contextuales de la autoconciencia. Justo aquí comienzan las teorías de las inteligencias artificiales del futuro.