¿A qué se debe el pronunciado giro actual de la derecha en el espacio de la Unión Europea?
A estas
alturas de la globalización nadie duda de que quienes controlan el poder no
son los políticos, sino las grandes tecnológicas (crecidas por los algoritmos
de la Inteligencia Artificial), el capital industrial o productivo (crecido por
la gráfica de la carrera de armamentos) y el capital financiero o especulativo
(crecido por el exceso de liquidez de los bancos y el insaciable rendimiento de
las inversiones). La socialdemocracia, arcadia del centro izquierda, casi ha
desaparecido del mapa de la “Europa de los ciudadanos” y los únicos partidos
“que tienen credibilidad” para la mayoría son los que representan a la derecha conservadora,
a saber, los gestores de los poderes reales. Ciudadanos de todas las edades, sabedores
de lo que hay, votan a una derecha cada vez más escorada hacia sí misma para
que los que pueden hacer hagan lo que les proponen sus intermediarios y suministren a los mercados tecnologías del bienestar asequibles o gratuitas aunque el producto seas tú y
tu intimidad, puestos de trabajo sin importar las condiciones precarias y préstamos a bajos tipos
de interés blindados con letra pequeña y cláusulas de amortización. Pragmatismo puro y
duro: lo que importa es comer y después pensar. El lema de la agónica
socialdemocracia: “El individuo frente el Estado y el Estado frente al
mercado”. Una vez que el neoliberalismo elimina al Estado como factor
perturbador de las leyes del progreso social se restablece el orden natural de la
libre competencia entre individuos. Después de todo, el individualismo era el
fundamento antropológico del liberalismo clásico de Adam Smith y David Ricardo.
Pero también importa pensar para después comer. Gran parte del pueblo soberano ha interiorizado los dogmas del ideario neoliberal que, a su vez, ha mutado en un neodarwinismo social que comporta nuevos medios que justifican los fines de los más aptos sin concesiones a una mínima coherencia ética, lógica y ontológica. Se ha normalizado el populismo, la posverdad, las noticias falsas, los bulos, el insulto y el acoso. La polarización consiste en la conversión de la ideología en una concepción del mundo cerrada, sin ventanas al exterior como las mónadas de Leibniz. Desaparece el argumento cooperativo que critica pero reconoce de forma explícita o implícita la validez de ciertas aportaciones del adversario político. Se prescinde de la utilidad del punto de vista compartido o el acuerdo sobre un problema puntual y se impone la cultura de la cancelación. Como en la célebre novela de Orwell es posible reinventar la historia y se condena la discrepancia interna o externa por nefasta en sí misma. El disidente es vaporizado. Los hechos objetivos observables y verificables cuando contradicen la ideología dominante no se debaten, se niegan y desaparecen en el sumidero de un agujero negro; si cuestionan la versión oficial no existen. Se elige el camino parmenídeo del No Ser puesto que lo que se puede decir es innecesario. Un clima propicio para que la internacional antidemocrática fomente un nihilismo que anuncia la decadencia de occidente, de la Unión Europea y de la misma democracia representativa. El Estado social y democrático de derecho debe ser demolido. ¿Una nueva mutación en curso? Liberalismo clásico, neoliberalismo, darwinismo social y el resurgir del fascismo en Europa. “Corren malos tiempos, pero para la música siempre habrá un lugar" como anuncia la letra de la canción del artista andaluz Alejandro Astola.


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