miércoles, 8 de julio de 2026

Soledad

 

El arte puede ser entendido como diferencia o unidad. En el primer caso nos encontramos con la división formal de las artes en visuales, auditivas, textuales y mixtas… Su exposición especializada se da en la historia del arte.

En el segundo, nos encontramos con la estética como expresión de la continuidad de las artes por su carácter discursivo, sus recursos polivalentes, su capacidad de interpretar todas las manifestaciones creativas. Lo esencial de tal continuidad es su posibilidad de convertirse en escritura, incluida la música. La filosofía del arte apunta precisamente a esta búsqueda permanente de la unidad metacognitiva de los géneros. En palabras de Adorno:

El espíritu de las obras de arte es lo que las convierte, en cuanto manifestaciones, en más de lo que son. De forma negativa, esto quiere decir que, literalmente, el espíritu no es nada en las obras, fuera de sus palabras; es su éter, lo que habla por medio de ellas o más estrictamente, lo que las convierte en escritura.

De ahí la preeminencia en las artes textuales de la novela. En la novela la escritura ya está escrita sin otras mediaciones y lo que añade la reflexión estética, prosa sobre prosa, son iluminaciones sobre la sustancia narrativa. Para Heidegger, el lenguaje primordial de las artes textuales es la poesía. Sus visiones de la poesía de Hölderlin, Rilke o Trakl recurren a la prosa poética para desvelar, es decir, penetrar y poner de manifiesto su contenido de verdad.

Un ejemplo de la función de la escritura es la interpretación del óleo de Paul Delvaux titulado “Soledad” (1955).

Una muchacha en una estación desierta en una noche de luna llena que proyecta una luz irreal, semejante a "El imperio de las luces" de Magritte, de espaldas, vestida con su mejor traje para no recibir a nadie, sigue con la mirada a un tren de mercancías que se aleja a toda velocidad… ¿Tiene la pintura un mero significado plástico (un escenario apropiado para ser representado) o hay una escritura más compleja detrás de la composición?

Estaciones, trenes y figuras femeninas forman parte esencial del mundo metafísico, arcano, surrealista de Delvaux. Las estaciones ferroviarias son el sitio ideal para la meditación. La joven ha ido a la estación a pensar. Un varón estaría fuera de lugar porque la intención de Delvaux es dejar latente el amplio horizonte de misterio de la ensoñación femenina, algo demasiado previsible si se tratara de un joven melancólico. El autor evita que la atención se desvíe hacia una historia personal.  Intuimos que la joven ha venido más veces a la misma estación, a la misma hora y con el mismo vestido. La idea de la soledad, motivo central del cuadro, es posible que se refiera en primer lugar no tanto a ella sino al tren: la imagen de la soledad perfecta es la de un tren de mercancías lanzado en la inmensidad nocturna del paisaje vacío. ¿Pero en qué piensa la joven? Quizás en la imposibilidad de comparar la perfección de la soledad del tren con la imperfección de la soledad humana. Un mismo término designa dos realidades incompatibles, enfatizadas por el contraste entre la quietud de la mujer y el movimiento inalcanzable del tren. Es curioso que sea el silencio lo que se impone en la contemplación del cuadro. 

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