miércoles, 16 de enero de 2019

Hercules Poirot


Para mí hay tres grandes detectives en el mundo de la literatura: Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, el Padre Brown de Gilbert Keith Chesterton y Hercules Poirot de Agatha Christie. No soy muy original, lo reconozco. A los dos primeros les he dedicado un artículo en este blog. Vamos con el tercero en  sabrosa compañía de sus ilustres colegas.
Es evidente que a Agatha Christie le interesó mucho marcar las diferencias entre su personaje más célebre, el detective belga afincado en Inglaterra (se exilia en Inglaterra tras la ocupación alemana de Bélgica durante la Primera Guerra Mundial), y el más grande de los sabuesos literarios. Todo son contrastes: Poirot es un hombre de mundo, bajo, rollizo, cabeza ovoide, pendiente de su forma impecable de vestir así como de su engominado mostacho, el más cuidado de su época según las crónicas. Lo más atractivo de su figura son sus ojos verdes de gato que brillan cuando vislumbra un hallazgo crucial. Al revés que Holmes, que utiliza una indumentaria convencional, abrigo y gorra incluidos (excepto cuando se disfraza) y está siempre apremiado por encontrar un caso a la medida de su talento (y si no chute de cocaína y violín lamentoso), Poirot ya no desea ejercer como detective porque a la altura en que nos lo presenta la escritora en sus aventuras más famosas tiene una abultada cuenta corriente debido a sus anteriores éxitos, la mayoría legendarios y muy bien pagados. Se sabe que entre las dos guerras mundiales, recorrió Europa y Oriente Medio, resolviendo problemas en los que estuvieron involucrados personajes de la alta sociedad e, incluso, de la realeza. Ahora (alrededor de 1935) sólo desea disfrutar de una vida viajera, gastronómica y de lujo. A Poirot los casos le caen encima en circunstancias imprevistas e inexcusables: por supuesto un misterioso asesinato cometido delante de sus engalanadas narices, que, le obligan, a pesar de sus sinceras protestas, a tomar cartas en el asunto. Al final, le puede el instinto del viejo cazador fascinado por las brumas del misterio y lo insólito del caso. Se trata, por tanto, de un detective retirado que, como el Padre Brown, se tropieza indefectiblemente con laberintos criminales de una gran complejidad intelectual que, como a Holmes, le permitan poner en funcionamiento la formidable maquinaria de sus células grises. El más simple en su vestimenta es el padre Brown, antítesis de Poirot, cubierto con su grasienta sotana, su papista sombrero de teja y un enorme paraguas. A su vez, Holmes es el más excéntrico, seguido de Poirot y el inefable Padre Brown (del que ignoramos los detalles de su vida privada).
Otra diferencia es el lugar donde viven. La casa del primero refleja su carácter ordenado, metódico, simétrico: un cuadro torcido, una mantelería mal puesta pueden privarle del sueño. Las habitación que Holmes comparte con Watson en la calle Baker es caótica, desordenada y usada para fines experimentales de todo tipo (química, balística, anatomía comparada, resistencia de materiales…). Nada conocemos, aunque nos lo imaginamos, de las celdas monacales de las parroquias dónde ejerció el Padre Brown: una cama sencilla a juego con una mesa y una silla, un montón de libros apilados en el suelo, en la cabecera un crucifijo de madera.   
Otra distancia notable es que mientras Holmes soluciona sus casos en Londres o en sus alrededores (como mucho toma un tílburi o un tren de cercanías en la Estación Victoria), Poirot es un detective cosmopolita, amante de los mullidos camarotes de primera clase o de las confortables cabinas de la Compañía Internacional de Coches Cama: muchos de sus crímenes más famosos ocurren incluso fuera de Europa, como recuerdan los amantes del género. Es cierto que Holmes también cuenta entre sus clientes con algunas de las testas coronadas más célebres del viejo continente, pero finalmente todas acaban llamando a la campanilla de la calle Baker. También el Padre Brown se relaciona en ocasiones con los embrollos de las capas más altas de la sociedad para hacerles comprender, cuando cae el telón, la necesidad del único camino y la vaciedad de la vanitas
Pero quizás la gran distancia entre los tres detectives está en sus métodos. Holmes es logicista, Poirot psicologista y Brown espiritualista. Holmes utiliza el método inductivo, no aventura hipótesis, lo que le interesa es la colección de datos, el filtrado de los hechos relevantes de los irrelevantes y su afán por construir una teoría que abarque todos los datos empíricos significativos. Los sospechosos encajan o no en los hechos lógicamente ordenados hasta que por destilación se descubre la secuencia completa del crimen y el culpable acaba entre rejas. Los actores del drama están, en cierto modo, “cosificados”.
Poirot se interesa, por supuesto, por los hechos pero sobre todo por la personalidad de cada uno de los personajes. Para avanzar con paso firme en la urdimbre del enigma les hace a cada uno las preguntas que, acordes con su forma de ser, resultarán productivas. En realidad, para Poirot no hay propiamente hechos objetivos sino perspectivas subjetivas desde las que los hechos afloran, salen a la luz y cobran sentido después de que cada actor enfoque o desenfoque su relato. La forma de interrogar es básica. Una pregunta aparentemente neutra dirigida incorrectamente puede diluir la semilla de un hecho como si la hubiéramos teletransportado, alejarnos de la verdad y hacernos perder un tiempo inestimable (¡El asesino no duerme!). Poirot exprime a los testigos con preguntas sorprendentes, incluso extravagantes, cuya intención pasa inadvertida incluso para los expertos policías. Esta es su manera de desvelar lo oculto aunque esencial. De ahí que la paradoja que nos engancha surja de la forma en que los distintos personajes explican lo que vieron o escucharon (o creyeron ver o escuchar). También se interesa por la interpretación que alguien hace de la interpretación de otro o de varios. De ahí la teatralidad, el estilo indirecto, retórico, grandilocuente de sus interrogatorios frente al carácter conciso, preciso y nada ampuloso de los de Holmes. Como el Padre Brown, el fundamento de sus éxitos (antes de exiliarse, Poirot fue uno de los miembros más famosos de la policía belga) es el análisis de la condición humana en sus múltiples facetas. Eso le permite convertir los detalles más nimios en pistas relevantes e inversamente, rechazar los hechos inmediatos, evidentes, como sendas perdidas. Lo que tiene vital importancia surge del mundo de la vida no de las huellas dactilares. Lo que cuenta no el puñal que se utilizó sino por qué ese y no otro y quién lo escogió.
El padre Brown va acaso más lejos al transformar lo sobrenatural en natural, lo milagroso en racional, lo trascendente en humano, demasiado humano. Todavía más que su admirado Tomás de Aquino, separa radicalmente razón y fe. Su método se basa en la empatía con la mente criminal. Por sus dotes introspectivas y su profunda comprensión espiritual de la naturaleza humana es capaz de ponerse en el lugar de la intención más perversa, penetrar en los motivos más impúdicos y en los planes más antinaturales… Su capacidad de adivinar los oscuros meandros del libre albedrío para apartarse de la ley moral (el demonio existe) le permite intuir primero, deducir después y por último simplificar lo acontecido. El tema central de los enigmas del curita católico es la magnitud del Mal en el mundo por lo que la resolución del caso es en primer lugar una invitación a la reflexión ética. El Padre Brown es más un filósofo que un psicólogo y más un psicólogo que un científico.
Poirot es el más vanidoso de los tres (se llega a considerar el detective más grande del mundo). Después Holmes, que se ruboriza como una jovencita cuando le alaban (y en el fondo piensa lo mismo) y por último, a años luz, el Padre Brown, humilde, sencillo y nada narcisista. El egocentrismo de Poirot se muestra en lo que podemos llamar la puesta en escena final del crimen. Una representación en la que todos, sospechosos, inocentes, culpable y lector asisten pasmados a la explicación de lo inexplicable. En realidad, los tres grandes, cada uno a su manera, deben rendir cuentas al lector.
Si quieren conocer más y mejores detalles les remito a esta estupenda entrada del blog Mis detectives favoritos creado por Santiago Rafael Roncagliolo.

martes, 1 de enero de 2019

El turismo de intercambio


En esta última entrega sobre los tipos de turismo vamos a olvidarnos de las denominaciones francesas y centrarnos en román paladino en la enumeración de los que restan (aun así muchos se quedarán en el tintero): turismo de intercambio, turismo multipropiedad, turismo gastronómico, turismo de riesgo, turismo solitario, turismo terapéutico, turismo de borrachera, turismo de masas, turismo organizado, turismo de jubilados, turismo sexual, etc.
En realidad tengo anécdotas para todos, pero esta vez vamos a ocuparnos del primero, es decir, del intercambio de la propia casa por la de otro interesado nacional o internacional. Normalmente la duración de la permuta es de un mes. Si son personas jubiladas pueden ser dos, Julio y Agosto. En principio, el sistema está bien pensado, pero tienes que estar seguro de a quien entregas las llaves de lo que más te importa después de tu familia y antes que el trabajo (tal y como están las cosas). Es preciso tener unas ciertas garantías si quieres irte tranquilo y disfrutar de tus vacaciones sin sobresaltos. Lo mejor es recurrir a una agencia de intercambio solvente; tal vez la agencia conozca al otro propietario y haya trabajado con él. Conviene hacer contratos legales con abogados especializados que incluyan minuciosos inventarios de continente y contenido. Recuerda: no basta con que firméis electrónicamente por e-mail unos papeles redactados por vosotros mismos dos días antes de salir. También es recomendable firmar una póliza de seguros sin letra pequeña confusa. Seguramente, la misma agencia puede ocuparse de todo… Dicho de otro modo: paga los servicios de gestión y no actúes a dos bandas por tu cuenta porque si lo haces es posible que al volver te encuentres con alguna sorpresa desagradable: electrodomésticos estropeados o inservibles por mal uso, el jardín asilvestrado, la terraza convertida en vertedero multiuso, objetos de valor desaparecidos, desperfectos más o menos graves en el mobiliario que pueden llegar a convertirse en estragos, realquiler de tu piso por agencias pirata (hasta por días)…
Salió en las páginas de sucesos: en uno de estos intercambios, incluso con sellos y membrete de agencia,  a los dos días de haberse ido el dueño, un turista malagueño, un camión de mudanzas aparcó delante de su casa y en una mañana la dejó como vino al mundo. Por supuesto, todos los datos del desvalijador eran falsos, hasta la matrícula del camión. ¡Es excesivo: para irte con el riñón cubierto no basta con un bufete de abogados, hay que contratar con un mes de antelación los servicios de una agencia de detectives!
Me contaba un amigo, residente en un chalet de Pozuelo (Madrid), partidario habitual de este tipo de turismo con residencias del mismo nivel (aunque sin la red protectora, como Pinito del Oro), que el año pasado en Agosto recibió la llamada telefónica de la policía municipal de Pozuelo cuando jugaba el hoyo doce de un soleado campo de golf junto al mar en Miami por una denuncia colectiva contra su chalet puesta por los vecinos de su zona residencial. Serían las doce y media en Miami y seis horas antes en Madrid. El oficial, pariente suyo, le informó de que a medianoche del sábado se lanzaron desde el interior de su chalet unos inusitados fuegos artificiales que duraron más de un cuarto de hora. Y estalló la fiesta. La música y el fragor de los invitados se oían en la Cuesta de las Perdices; estruendo de tamboril y trompetillas; el ruido de los chapuzones era constante y todas las luces de la casa estaban encendidas. La elevada tapia, contra la que se estrellaban botellas con una cadencia alarmante, impedía ver lo que ocurría detrás, tan solo se adivinaban las sombras chinescas de la caverna de Platón. Por las ventanas del dúplex asomaba o pasaba gente, como los componentes del coro en el escenario de una ópera. Volaban el confeti y las palomas que soltaron desde la terraza a las que algún desalmado disparó con una escopeta de caza con poco éxito porque con toda seguridad iba bebido. Algunas cayeron fulminadas en la calle. Grupos desafinados cantaban obscenidades. Cuando la policía intentó hablar con el inquilino a las cuatro de la madrugada abrieron la puerta dos odaliscas completamente desnudas que intentaron besar a los agentes. Una andanada de olor a mariguana casi los tumba. Dentro se veía más gente en pelotas. Luego aparecieron dos trajeados empleados (¿camareros, guardaespaldas?), serios y sobrios, que impidieron a la policía acceder a la vivienda si no traían una orden judicial. Según parece, también se escucharon cantos de aves exóticas y sonidos roncos parecidos a los que emiten los simios. Una señora mayor afirma que oyó los rugidos de un gran felino (la bola de nieve crecía). El inquilino ha sido detenido y puesto en libertad con fianza por cargos menores de escándalo público, destrozos y maltrato animal. Después de todo estaba en su casa, afirmó. Las odaliscas eran profesionales del ramo que, según confesaron, habían sido contratadas para “animar el aniversario de las bodas de plata”. Lo cierto es que la parte contratante de la segunda parte es un soltero profesional joven y rico. En su momento te daré más detalles. Hemos encontrado en la piscina dos gatos muertos (¿los rugidos del felino?) y en el centro del jardín los restos de una gran fogata. No sabemos qué rituales se realizaron, seguramente majaderías de borrachos. La única buena noticia es que no hemos constatado daños personales… Nadie se tiró a la piscina desde la terraza y si lo hizo cayó al agua. Eso sí, la casa ha quedado hecha un cuadro de posguerra. Los daños han sido evaluados por expertos de la jefatura en más de treinta mil euros. Mi consejo es que vuelva cuanto antes y te hagas cargo del estropicio en sus aspectos legales, seguros y restauración, o mejor dicho, reconstrucción. Lamento decirte que se han bebido hasta las goteras de tu flamante bodega.
Se sabe también por la prensa que otras viviendas de intercambio se han utilizado como lugares de turismo sexual, timbas clandestinas, despacho de minería de bitcoins (con el gasto de energía eléctrica por las nubes) o con fines todavía más perversos relacionados con el refugio temporal de grupos violentos que utilizan esta forma de turismo para operar en áreas calientes.          
No estoy muy puesto en el tema, pero me da la impresión por diversas fuentes de que esta modalidad de turismo está en franca decadencia. Demasiado riesgo, demasiados trámites, demasiadas precauciones, demasiada condición humana. Si buscas hacer bien las cosas, resulta más barato reservar en un buen hotel y evitarte disgustos.

martes, 25 de diciembre de 2018

El ecoturismo



L’écotourisme. Ecoturismo o turismo ecológico, turismo verde, turismo sostenible y turismo ético son términos con un cierto aire de familia.
Grandeur nature! Ahora bien, si usted es uno de esos que dicen (como mi padre): ¡El campo, ah sí, me han hablado muy bien de él!, lo mejor es que no se apunten a ninguna de las variedades del ecoturismo, por ejemplo a la marcha verde. Les voy a mostrar el relato (palabra puesta de moda estúpidamente por los tertulianos) de los agravios que le aguardan, incluso en verano, si no es usted un ecologista fogueado. Hay dos opciones: pernoctar en una cómoda casa rural cerca de un pueblo acogedor con plaza porticada, iglesia románica y taberna con comida casera. Y café de puchero. Y dos huevos duros, que diría Groucho Marx. Salir a media mañana, sin prisas y volver al atardecer después de un día delicioso buscando setas. Un ignorante como yo no sabe que un espeso pinar, por más sombra que tenga, es el lugar más caluroso del mundo. Además no hay setas en Agosto. La otra opción, la elegida por los tres (hay que probar de todo, me dije con aprensión cuando me arrastraron) es aparcar al amanecer el cuatro por cuatro amigos en la vieja cuadra de una aldea medio abandonada (previo acuerdo con el paisano y el guarda forestal). Me acuerdo de Deliverance, el excelente film de John Boorman. Espero que no me pase lo que al “cerdito”, ¿recuerdan?  Nos acompaña Tim, el setter de mi padre, divorciado hace años, que se larga con su novia al Parador de Nerja el fin de semana; un animal mimado, acostumbrado al sofá y al paseo por el parque (veremos: como concluyen los telegramas de Miguel Ángel Aguilar a los políticos).
Tras un desayuno bio de nueces, frutos secos y un zumo verde que sabe a pasto, toca la primera etapa de diez quilómetros por trochas polvorientas cargados a reventar. En casa la mochila no parecía pesar tanto, recuerdo sorprendido. Me dejé una pasta en Decathlon. ¿No pensarás ir en zapatillas me dijeron mis amigos? Estaremos algunos días (sin concretar cuantos para no espantarme).
Comienza la aventura. Paisajes teológicos nos rodean mientras se me escapa un juramento cuando una rama se estampa en mi cara  (¡cuidado! dice el que te precede cuando el varazo ya no tiene arreglo). Por suerte el perro, acostumbrado a la correa, se aleja poco, nos busca y vuelve a la senda del bien. No quiero imaginar los ladridos de mi padre si le digo que lo he perdido en la selva. Me acuerdo de su definición de los ecologistas: esos son como las sandías, verdes por fuera y rojos por dentro, mira en Europa, etc. A mis amigos, sobrino incluido, los llama “el clan del tábano”. Toda esa matraca de pasar calamidades en el campo se la ha metido a Juancho en la mollera el majadero de mi hermano que estuvo en los Boys Scouts hasta los treinta. Llegó a ser dirigente, “Siempre listos”, era su lema. Yo sólo estoy siempre listo para una cosa. Una tarde en mi jardín, después de dar cuenta en familia de una barbacoa de conejo con salsa de chimichurri, le dije cuál era la definición de Boy Scout: veinte niños vestidos de gilipollas y un gilipollas vestido de niño. Casi me pega. Estuvo sin hablarme un mes. Verás que risa cuando abráis la tartera y la tortilla y los filetes estén llenos de hormigas. Como son defensores del “medio” no te dejarán ni matarlas… 
Tras varios descansos a petición mía que disgustan a los demás (si paramos cada cinco minutos es cuando nos va a dar el solazo en el lomo) toca plantar la tienda en un claro del bosque cerca de un arroyo truchero. Menos mal que llevamos una jaima común: yo hago como que ayudo y los demás lo agradecen porque si no vamos a tardar el doble. No se habla: se mira, se escucha, se huele, se toca, se percibe (deduzco) la verdad del gran todo. ¡Pregúntale a lo desconocido! Como decía Mr. Natural, el personaje de Crumb, a los incautos que le seguían. Parece que de un momento a otro va a aparecer el dios Pan rodeado de ninfas juguetonas. El espacio-tiempo fluye idéntico a sí mismo como el concepto hegeliano. ¡Me aburro!, diría Homer Simpson. Propongo un mus pero resulta incompatible con la meditación trascendental. A mediodía, mis colegas deciden que nos demos un baño para quitarnos el polvo del camino. Tú también, cantan a coro, que luego dormimos y hueles a cabra. Nos despelotamos por proximidad ideológica con el nudismo y nos acercamos al arroyo. Ellos se meten y se revuelcan en las aguas claras. Yo meto un pie y vuelvo grupas. Me lo echan en cara:
- ¿Qué pensabas, que iba a estar caliente?
- No –respondo- pensaba que iba a estar… fría. 
Hasta la hora de comer todo es orden y concierto. La diversión consiste en poner cada cosa en su sitio. El objetivo, supervisar el campamento para cerciorarnos de que todo sucede según lo previsto, que nada perturbe la armonía prestablecida. ¿Las latas para perros también forman parte del Dios de Spinoza? Solo se puede ser panteísta al amor de la lumbre en la soledad del gueto.
Jaime, el alter ego de mi primo, vuelve del departamento de intendencia con cuatro melones. Sabía que habíamos prescindido de la parrilla y las chuletas, pero…
- Empezamos por el postre, pregunté desconcertado.
- La comida completa es este refrescante fruto pepónide de temporada.  Está en su punto.  Solo te falta la navaja de campaña porque la cáscara no se come. Sus propiedades nutricias son flipantes. Te cuento
Acabé abriendo una lata de sardinas y me hice un bocata con pan de cereales procedentes de la agricultura ecológica. Una mezcla intolerable según Ramón, otro aguerrido defensor de la madre naturaleza. El perro se metió con reparos su lata de bazofia y juntos nos fuimos a echar un trago al arroyo.
La siesta es el reino de la moscarda. Imposible dormir. El interior de la tienda es una sauna. A las cinco en punto de la tarde, comienza la segunda parte. Nos dirigimos a una laguna rebosante de vida a cinco quilómetros del campamento en la que se remansa el cauce de varios arroyos de montaña, entre otros el nuestro. Nos detenemos cada veinte metros (ahora el que se queja de los plantones soy yo) para admirar los ejemplares de los reinos animal, vegetal y mineral. Cuaderno de notas con apuntes y dibujos detallados, fotografías y videos para el blog Natura de Alberto, biólogo de profesión. Ramas y pedruscos a las mochilas. Me pongo el último de la fila pero no me atrevo a soltar lastre porque estoy seguro que saben lo que llevo. En la cabaña de observación de la laguna, perdón, humedal, estamos más de una hora para ver a dos patos, muchas garcillas, tres somormujos y una polla de agua (¿se comerá me pregunto?). Prismáticos y cámara con zoom.
Volvemos al campamento. Cena macrobiótica con arroz integral (algo es algo), salsa de soja, algas y una habichuelas enanas, todo regado con agua fresca. Aunque estemos en plena canícula por las noches refresca de lo lindo. En el fuego de campamento se habla de ética ecológica y mis intentos por traer el atleti a la hoguera resultan vanos. Se empieza por el cambio climático y el efecto invernadero; se sigue con los derechos de los animales, las ventajas y los riesgos de la ingeniería genética en agricultura, la sobreexplotación de los recursos y el derecho a una economía sostenible (¡cuéntaselo a los bancos!, comento con dudoso éxito), las energías renovables, la necesidad de las piscifactorías. Meto baza para decirles que cuando mi abuela hace trucha a la Navarra me como el jamón y tiro la trucha a la basura. A nadie le hace gracia. El pescado, conferencia Ramón, forma parte esencial de la paleodieta, un retorno saludable  a los alimentos que nutrían a nuestros ancentros hace dos millones de años. Más natural imposible: semillas, raíces, frutas y verduras del camino, carne, pescado, tubérculos, leche, huevos del nido, frutos secos. Al amanecer trataremos de pescar alguna. Mañana comeremos lo mismo que el Homo erectus, una experiencia fascinante. Al revés, la macrobiótica, basada en los cereales, es la dieta de Neolítico. Otro día probaremos la moderna filosofía vegana: no toman carne, pescado, lácteos, huevos ni derivados. Triple conclusión: Primera, me fastidian todas las iglesias. No podré sacar de mi mochila las bolsitas de Kellogs. ¡Me encantan! Segunda, voy a pasar más hambre que un caracol pegado a un cristal. Tercera (¡tenemos señal 3G de Internet, Aleluya!): los nutricionistas científicos, médicos, consideran que todas estas dietas son incompletas, arbitrarias e incluso peligrosas.
Por fin nos metemos en la jaima tras contemplar con arrobo las constelaciones. La Estrella Polar es esa, me dicen. Vale. Advierten mi desinterés por la infinitud del cosmos. Además estoy agotado. Cambiamos las camisetas y las bermudas por los chándales y nos acoplamos en los sacos. El perro rasca y ladra sin parar porque no se quiere quedar al raso por muy normal que sea para ellos. Se acopla a mi lado muerto de miedo. Hasta que no has dormido en medio de la sierra bravía es imposible que te hagas una idea de los infinitos ruidos que se oyen por la noche. Llévate tapones para los oídos y de paso te evitarás los ronquidos vegetarianos. El arroyo no se calla ni por un instante. Cuando me quejo del estruendo circundante, mi primo Juancho me corta en seco: aquí los únicos que sobramos somos nosotros. Cerramos la cremallera de la tienda. Cuando todo está en sitio y, por fin, el mundo está bien hecho, en versos del poeta, un olor insoportable y fétido nos envuelve. ¡Tim se ha tirado un pedo! Abrir, salir de los sacos, ventilar, reiniciar el protocolo… ¿Qué carajo le habéis dado de cenar, lo defiendo sin esperanza? No vuelves es la unánime respuesta (desde luego que no, pensamos Tim y yo).

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Las paradojas de Jules Ferry



¿Por qué el sistema educativo francés es el mejor del mundo?
Una de las respuestas es la figura de Jules Ferry (1832-1893), político francés de casta y estadista de altos vuelos, no como los de ahora (en especial, los españoles): oportunistas, adictos al postureo, al narcisismo mediático, al populismo tóxico, al insulto y a las noticias falsas si valen votos. Definición de demagogo: el político que larga rollos sectarios que sabe que son mentira a un público que sabe que es idiota. ¿En quién están pensando? El parlamento que debería ser un lugar para resolver problemas con la eficacia del señor Lobo se ha convertido en un corralito de apuestas con gallos de afilados espolones y diputados lenguaraces. Gritos y murmullos. En el caso de nuestro país es evidente que no hemos superado los efectos fratricidas de la Guerra Civil. Decía con razón un conocido tertuliano: los españoles nos odiamos demasiado. Los franceses estallan periódicamente en convulsas revoluciones, pero al final salen juntos bandera en mano cantando la Marsellesa por los Campos Elíseos.  
Jules Ferry, Ministro de Instrucción Pública y Presidente del Consejo de Ministros, estableció en Francia, con las Leyes que llevan su nombre, un sistema de enseñanza público, laico, obligatorio y gratuito. Esta es la parte luminosa del gran político republicano. Hay, por el contrario, otra más oscura a la que también nos vamos a referir. A pesar de movernos por los vastos horizontes y las grandes síntesis de los políticos europeos de la segunda mitad del XIX, me resulta asombroso encontrarme con un fenómeno ideológico tan contradictorio. Es lo que Ortega llamaría los argumentos de la razón histórica, inescrutables para las generaciones futuras. Son auténticos tsunamis de la historia social y política del pensamiento occidental. Hay en Jules Ferry una mezcla incandescente de ideas progresistas ilustradas (se contaba entre los republicanos de izquierdas) con otras procedentes de la tradición romántica más retrógrada. Una memorable muestra de lo primero es el siguiente extracto de la carta que Jules Perry dirigió a los maestros de enseñanza primaria (instituteurs) en la fecha que consta. Traduzco del original.

Señor Maestro:
El curso escolar que se acaba de abrir será el segundo año de aplicación de la ley del 28 de Marzo de 1882. No quiero dejar que comience sin dirigiros personalmente algunas recomendaciones que sin duda os van a parecer superfluas tras la primera experiencia que acabáis de tener en el nuevo régimen educativo. […] La ley del 28 de Marzo se caracteriza por dos disposiciones que se complementan sin contradecirse: por una parte, descarta de la programación escolar obligatoria la enseñanza de cualquier clase de dogma particular; por otra parte, sitúa en primera fila la enseñanza moral y cívica. La instrucción religiosa pertenece a las familias y a la Iglesia, la instrucción moral a la escuela. El legislador no ha pretendido, pues, llevar a cabo una labor puramente negativa. Lo que sin duda ha tenido como objetivo prioritario ha sido separar la escuela de la Iglesia, de asegurar la libertad de conciencia tanto de los maestros como de los alumnos, de distinguir finalmente dos ámbitos confundidos desde hace demasiado tiempo: el de las creencias, que son personales, libres y diferentes, y el de los conocimiento, que son comunes e indispensables para todos, es decir, del reconocimiento de todos. Pero hay otra cosa en la ley del 28 de Marzo: tal ley afirma la voluntad de fundar entre nosotros una educación nacional, y fundarla sobre las nociones del deber y del derecho que el legislador no ha dudado en inscribir en el número de las verdades fundamentales que nadie puede ignorar. Para esta parte capital de la educación es con usted, señor, con quien los poderes públicos han contado. Así, al eximiros de la enseñanza religiosa, no se ha pensado en libraros de la enseñanza moral: eso hubiera sido privaros de lo que constituye la dignidad de vuestra profesión. Al contrario, resulta totalmente natural que el maestro, a la vez que enseña a los niños a leer y escribir, les enseñe también esas reglas elementales de la vida moral que no están menos universalmente aceptadas que las del lenguaje o del cálculo.
-----------------

Simultáneamente, Jules Ferry defendió con ardor parlamentario el patriotismo extremo, el colonialismo, el imperialismo y el racismo. Veamos algunos ejemplos.

La política de expansión colonial es un sistema económico y político que puede ser relacionado con tres tipos de ideas: económicas, ideas de mayor alcance relacionadas con la civilización e ideas de tipo político y patriótico. Señores, es preciso hablar alto y claro: Hay que decir abiertamente que, en efecto, las razas superiores tienen derechos sobre las razas inferiores. Repito las razas superiores tienen derechos porque tienen deberes. Tienen el deber de civilizar a las razas inferiores.  Estos deberes han sido con frecuencia ignorados en la historia de los siglos precedentes; ciertamente, cuando los soldados españoles y los exploradores españoles introdujeron la esclavitud en América central, en ningún caso cumplían con sus deberes de hombres de una raza superior. Pero en la actualidad, sostengo que las naciones europeas cumplen con generosidad, grandeza y esplendor estos deberes superiores de la civilización.
Discurso en la Cámara de Diputados francesa el 28 de Marzo de 1884

Yo afirmo que la política colonial de Francia, la política de expansión colonial, la que nos ha obligado a ir, durante el Imperio, a Saigón, a la Cochinchina, la que nos ha llevado a Túnez, la que nos ha arrastrado a Madagascar, insisto en que esta política de expansión colonial se ha inspirado en una verdad sobre la que, sin embargo, es necesario suscitar por un instante vuestra atención: a saber, que una marina como la nuestra no puede prescindir, en la extensión de los océanos, de sólidos refugios, de defensas, de centros de avituallamiento [ … ].
Discurso en la Cámara de Diputados francesa el  10 de Julio de 1885

El siglo XIX dio para todo: en las artes, las letras, las ciencias, la filosofía (¡Hegel filósofo romántico!) y la política.

martes, 11 de diciembre de 2018

Tres tipos de turismo



Repasaba la perezosa mañana del día de la Constitución en mi sofá favorito uno de los libro de texto que estudié en la Alliance Française de Madrid. Se titula Le nouvel édit y leído a retazos, incluso en el excusado, me está resultando mucho más interesante que en el aula. Suele ocurrir. La profesora nos hacía sudar la gota gorda para resolver los distintos ejercicios y competencias. Y bien que nos vino. Sin ese esfuerzo no serían posibles mis goces y mis sombras actuales. Las unidades son las de siempre, neutras aunque abiertas a interpretaciones, opiniones, discusiones y críticas. Como debe ser: los medios de comunicación, Internet, las tendencias culturales, el mundo del arte, el trabajo, los viajes, la naturaleza, la gastronomía, la historia de Francia, etc. ¡Qué diferente a la forma chapucera en que “nos enseñaron” la maravillosa lengua francesa en el bachillerato y a la que dediqué la entrada El francés de entonces!
Uno de los apartados de la unidad dedicada a los viajes  (Les nouveaux voyagers) trata de las distintas formas de hacer turismo. La tipología y el vocabulario es extenso, a veces poco claro para un hispanohablante, pero merece la pena ponerse a ello, lo cual me obliga a poner a prueba mis recursos gramaticales en ambas lenguas. El resultado es un diccionario del término tourisme con las variantes que vienen en el manual, traducido y comentado por mi parte con más o menos fortuna.
Para no fatigar al sufrido lector lo dividiremos en varias entradas, con tres clases de turismo en cada una. O dicho de un modo: ahora que están de moda, se trata de “la primera temporada” de una serie bloguera, titulada “Avatares del turismo”.

- Chez l’habitant. Literalmente “en casa del habitante”. Se refiere a quien pasa las vacaciones en su hogar dulce hogar. Si son estivales con ventilador, botijo, camiseta y calzoncillos. No hay nada, dicen sus partidarios (aunque suena a justificación), como una gran ciudad vacía en Agosto: toda para ti… excepto que los sitios más interesantes están cerrados, tus amigos fuera y tu suegra dentro. La televisión y la radio están en manos de segundones quejumbrosos, la prensa parece la hoja parroquial y para colmo ni siquiera hay fútbol. La solución es apretarse el cinturón durante el año o pedir un crédito al banco. Luego viene el llanto y el crujir de dientes. Y si no a la piscina municipal o vuelta por enésima vez a los pueblos de la provincia. Más vale malo conocido que bueno por conocer, dice el abuelo que no está para muchos trotes y pretende consolarnos sin éxito. Además al volver al trabajo en Septiembre tienes que aguantar el narcisismo estúpido de tus compañeros bronceados y tu patética imagen de pobre de solemnidad.  

- Circuit. Circuito, es decir, recorrido o itinerario predefinido por lugares de interés turístico en una zona más o menos amplia. Se escoge el punto de inicio, el final, los sitios de paso y lo que quieres dedicarle a cada cual. Las agencias de viaje te ofrecen múltiples circuitos por tierra, mar y aire. Obviamente son viajes en grupo. La parte positiva es que te dan todo hecho. Se acabó acabar en medio de la nada por culpa del GPS, broncas con la parienta por ver dónde vamos primero o las reservas que según el hotel no constan y acabas durmiendo en el coche. Por ejemplo, un recorrido por Egipto desde Aswan hasta el Cairo por el Nilo, o una travesía por el Danubio con parada en las principales ciudades, se prestan a ser visitados en modo circuito. Aunque tiene algunos inconvenientes: el primero es que durante unos días tienes que compartir un espacio-tiempo con desconocidos. Es inevitable que se te anexe algún descolgado que te da la murga en comedores, iglesias y parajes y no se da por aludido a no ser que le plantees directamente tu necesidad (y la de tu pareja) de soledad e intimidades porque (truco efectivo) estáis pasando unos momentos difíciles en vuestra relación. Al fin se esfuma, pero la excusa te condena a mirar con aprensión si está cerca cuando por fin has encontrado otros colegas de viaje sanotes y enrollados. El pelmazo, mientras, se ha pegado a otras víctimas tras contarle a todo el mundo que sois unos bichos siniestros. También el solitario puede transmutarse en un matrimonio excesivamente amable que intenta compartir contigo su vida desde la primera comunión hasta su último nieto. Son inmunes a su molienda. Si insistes en el truco de los momentos difíciles, la pifias a lo grande porque te ofrecerán su hombro para que llores y largues junto con su manual de consejos para salir del trance. O tomas medidas drásticas o te los comes con patatas. La única salida digna (y efectiva) es decirles con cierta firmeza que habéis venido a reconciliaros (y le enseñas una caja de cincuenta condones) y no a tiraros los trastos a la cabeza con recuerdos funestos y menos delante de desconocidos. Normalmente se van con la música a otra parte. Por su parte, los viajeros insociables no suelen presentar problemas porque la mutua ignorancia, cortés en general, deja a todos felices y contentos. Quedan lejos del área de influencia de las malas vibraciones los protestones crónicos y los tardones recalcitrantes a los que siempre hay que esperar lloviendo. Otro inconveniente son los recorridos relámpago por ciudades normalmente grandes, por ejemplo Budapest, que ves a toda prisa desde el autobús. La azafata se limita a nombrar en tres idiomas (sólo vamos españoles) los monumentos más importantes mientras las cabezas del pasaje del autobús parecen la de los espectadores de un partido de tenis. Otra cuestión es la horterada organizada: en España suelen llevar a los guiris a un tablao de tres al cuarto. En Venecia (lo recuerdo) la gracia fue una procesión de góndolas amenizada con canciones italianas de todos los tiempos, desde el festival de San Remo a lo mejor de los tres tenores… mientras los turistas acompañaban las melodías con albricias desafinadas y tiraban al canal botes de cerveza y cáscaras de pipas. Los restaurantes típicos (me recuerdan al genial Asterix en los juegos Olímpicos) también pueden ser fuente de sorpresas desagradables. Platos raros que echan humo del picante o insípidas ensaladas, músicos que te rascan el violín en la oreja o la florista que no te quitas de encima ni con un spray de pimienta.

Le croissière. El crucero. En el fondo es una variante del circuito de turismo por la mar salada con fondeo en los puertos más conocidos. Salida a tu aire y vuelta a dormir al camarote. Al que le guste que lo compre. Abstenerse claustrofóbicos y adictos a la biodramina. El barco, sobre todo si se trata de un moderno trasatlántico, es como vulgarmente se dice una ciudad flotante con más de seis mil pasajeros a bordo y dos mil tripulantes. El Symphony of the Seas de la compañía Royal Caribbean es el crucero más grande del mundo por tonelaje bruto. Tiene más instalaciones de recreo, cultura, restauración, esparcimiento y deportivas que la mayoría de las capitales de provincia. Por ejemplo, teatro, parque acuático, pista de patinaje sobre hielo, piscina climatizada con spa, paredes de escalar, casinos con ruleta, camarotes con jacuzzi, campo de prácticas de golf (con red  claro) y profesores con tecnología para mejorar tu swing… Los grandes trasatlánticos tienen en mi opinión dos inconvenientes: el precio básico del crucero, por ejemplo de una semana, parece asequible para un despliegue de tales dimensiones. Lo que no te cuentan los folletos es que la mayoría de las instalaciones “de lujo” hay que pagarlas aparte. Puedes comer en el restaurante común si no eres muy exigente; pero si quieres afinar, la cuenta del restaurante francés, pongo por caso, te sube un pico. La noche del capitán o cena de gala (lo mismo la fiesta de despedida) me parecen el paraíso perdido de la pequeña burguesía con pretensiones. El segundo inconveniente es que además del restaurante común hay un montón de buffets libres, servicio de catering con camareros que pasan a todas horas con bandejas surtidas de pinchos y canapés, rincones regionales, máquinas que despachan tentadores snacks… Si me obligaran a ir solo me pasaría la mayor parte de la travesía leyendo a Conrad en sillones confortables. Te pasas el día papeando. Cuando vuelves a casa no cabes por la puerta. Ya puedes comprarte ropa nueva o perder quilos a base de incontables miserias y privaciones. Nunca lo lograrás.  

jueves, 6 de diciembre de 2018

Los nuevos viajeros



Decía Claude Zidi director cinematográfico y guionista de sus compatriotas: “Ah! Los franceses, son pésimos viajeros, les ocurre lo mismo que al camembert”. Las airadas protestas de dos turistas galos, marido y mujer, delante de los restos esparcidos de un templo griego ilustran la opinión de Zidi.

- Nos podrían haber dicho en la agencia de viajes que la mayoría de los monumentos estaban en ruinas.
- No hubiéramos hecho un camino tan largo para ver esto.

En mayor o menor grado, según la antigüedad y conservación de los monumentos, a todos no ocurre algo similar. Por supuesto, no es lo mismo visitar los templos egipcios de Karnak y Luxor, las pirámides mayas, Persépolis, Santa Sofía, el Palacio de Versalles, el Taj Mahal, la cripta de una catedral románica, los bosques de piedra de una catedral gótica o el acueducto de Segovia. Los ejemplos son interminables. Lo cierto es que no podemos contemplar estas obras con los ojos de los hombres de su época. Me refiero exclusivamente a la percepción puesto que tenían los mismos sentidos que nosotros. Otro tema sería lo que pensaban al mirarlos. Los historiadores tratan de reconstruir el significado preciso de una conciencia colectiva que en muchos casos es irrecuperable.
Somos viajeros perdidos en la galaxia monumental, aunque lo compensemos sobradamente con el placer de la buena compañía, las fantasías del pasado aunque sean un disparate ¿y qué?, o la perspectiva de una buena pitanza regional al terminar la visita. En el fondo, las quejas del matrimonio francés van por ahí. Y tienen su parte de  razón. No todos los que visitan, Egipto, Grecia, Irán o Italia son expertos en arte o urbanismo y por mucho que nos informemos en Wikipedia nos gustaría ver esos tesoros tal y como eran originalmente. Además, muchas veces el caudal enciclopédico nos desborda. Cuando empezamos a leerlo en voz alta delante del mihrab de la mezquita, nuestros amigos salen pitando. Algunos se preparan resúmenes antes del viaje con el mismo resultado.
Una parte de la legión de turistas que fotografían compulsivamente los monumentos, además de la sana intención de tener un recuerdo personal (el libro que venden en la tienda a la salida tiene mejores imágenes y además explicadas), utilizan la cámara como contrapartida de lo que no tenemos interés en comprender a fondo. ¡Un viaje de fin de semana no es un máster sobre románico! Además hay que amortizar la entrada. La mayoría nos contentamos con un recuerdo agradable y un cierto barniz cultural (por demás muy personal). De ahí que las video guías puedan resultar soporíferas por su exceso de erudición o bien distraídas por ir al grano de forma inteligente. Lo mismo les ocurre a los cicerones en las visitas guiadas. He visitado dos veces el claustro del Monasterio de Silos, en la hora de vísperas con Gregoriano incluido. La primera vez, un monje sesentón, bajito y barrigudo nos abrumó con todos los detalles artísticos del claustro. Al cabo de un rato empezaron a verse pinganillos y gente que se abría con disimulo. Otros interrumpían el fárrago (y alargaban la visita) con preguntas anodinas. Los niños exasperaban al fraile corriendo y chillando como demonios. Al contrario, la segunda vez un monje joven, andaluz y con cierta veta mística se detuvo en los aspectos centrales del claustro y el resto fue una detallada descripción de la vida monástica y sus ideales religiosos, una auténtica gozada. Nadie se movió. Algunos le felicitamos por su exposición a lo que nos respondía uno tras otro: les ruego que recen por mí para que no se malogre mi vocación. 
Tampoco me convence el viajero incansable del “duermo una noche y me piro”, macho alfa del grupo, que tras pedir en la recepción del hotel un mapa de los lugares más señalados de la ciudad nos impone poner la chincheta a todos. Al final, acabas agotado, mal comido y con un batiburrillo de iglesias en la cabeza que al coger la cama parece que llevas un mes fuera de casa. Pero volvamos al tema central: la frustración del matrimonio francés. Estoy de acuerdo con la propuesta de que cerca de los monumentos, también en los museos, se habiliten cómodos espacios cerrados en las que se muestren, con sucintas explicaciones, imágenes y videos, cómo fueron originalmente esos monumentos, cómo los vieron los ojos de la gente de su época. Tales imágenes y videos tendrán que ser preparados minuciosamente por equipos de estudiosos y especialistas para conseguir, por supuesto, ser lo más fieles posibles al original. Existen en Internet innumerables reconstrucciones virtuales de muchas obras de arte, desde miniaturas, esculturas, pirámides, templos, catedrales e incluso ciudades. Parece razonable institucionalizar esas reconstrucciones sin caer en el kistch ni en el fraude estético. Los actuales programas informáticos diseñados para crear películas y animaciones en tres dimensiones, así como las nuevas tecnologías informáticas que permiten imprimir en 3D (por ejemplo maquetas a escala del interior y exterior de un templo budista) serían instrumentos de un valor incalculable. Algunos han criticado este proyecto institucional con el argumento que si aceptamos el tópico de que "el medio es el mensaje", los visitantes harían cola en el salón de la exposición virtual y se olvidarían del monumento real. En mi opinión, se trataría de una simbiosis provechosa. Nadie se desplaza hasta la ciudad de Petra en Jordania o a la Muralla china para ver una película en 3D por muy buena que sea. Resumiendo, se trata, dos ejemplos, de disfrutar y comprender mejor los restos megalíticos del conjunto de Stonehenge o el templo dórico del Partenón cuando se construyó entre los años 447 y 432 a. C. en la Acrópolis de Atenas.  

sábado, 1 de diciembre de 2018

Hegel: el pensamiento de Dios


El concepto es el espíritu mismo y su vida.
La vida del concepto es proceso y realización como pensamiento infinito. Su imagen es la espiral que crece produciéndose dialécticamente a sí misma mediante nuevas síntesis  o totalidades concretas.
La dialéctica es el pensamiento mismo que conoce la unidad de los opuestos, desde la cual se resuelve siempre en síntesis o totalidades superiores en la cuales se suprime, se conserva y se supera.
La dialéctica es pensamiento infinito desde el cual se puede contemplar la infinitud de todas las posibles totalidades concretas, cuya resolución o identidad final (el absoluto como verdad) el pensamiento finito tan solo se atreve a presentir.
La dialéctica tiene su principio en la negación allí donde el pensamiento empírico acaba anunciando el final. La ciencia experimental es un momento del desarrollo del espíritu, a saber, la conciencia como entendimiento o conocimiento fundado de lo inmediato existente en tanto que leyes o relaciones constantes.
El concepto es la potencia creadora del espíritu como infinitud pensante que se determina a sí misma realizando en el proceso su contenido y sus determinaciones.
Las determinaciones del pensamiento reflexivo están en la Ciencia de la Lógica, cuyo apartado último se ocupa, precisamente, de su culminación en la lógica del concepto.
El concepto como producción constituyente, efectividad cumplida, proceso realizado, relación reflexiva de “todo con todo”, es decir, como totalidad agotada, aspira al saber absoluto. En esto consiste la infinitud de la reflexión determinante sobre la realidad y su relación mutua fundamentada.
La verdad, en términos lógicos, es el juicio infinito, la pura identidad mediada como juicio en el cual no sólo queda superado el juicio de existencia singular, al negarse la inmediatez del concepto que subsume, sino que la razón misma en su infinitud queda concluida en la idea absoluta.

Puesto que se ha hablado de la idea absoluta, se podría pensar que es ahora cuando viene lo bueno, que es aquí donde se va a encontrar todo. Se puede desde luego declamar insustancialmente a todo lo largo y lo ancho acerca de la idea absoluta; sin embargo, el verdadero contenido no es otro que todo el sistema, cuyo desarrollo hemos contemplado hasta aquí.
Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas  

La dialéctica de la razón es una infinita espiral en la cual lo mismo que se dice se va agrandando (la verdad de un juicio es un proceso infinito de determinaciones mediadoras).
El juicio es la realización del concepto en la reflexión determinante.
La verdad del juicio es el propio concepto determinándose, produciéndose reflexivamente hasta el infinito.
El razonamiento es el concepto mismo en su absoluta necesidad.
El pensar del razonamiento necesario es la objetividad.
La tarea de la filosofía a través de la infinita contradicción mediadora del concepto y de su desenvolvimiento hasta la idea es hacer reductible lo que para el pensamiento absoluto (Dios) es absoluta unidad o identidad acabada: se podría decir que el pensamiento divino es actualidad existente y verdadera en su totalidad infinita.
La primera implicación teológica de la filosofía de la filosofía hegeliana es que “Dios no ha muerto”.
La Lógica no es un libro que sugiera cómo hay que pensar para hacerlo correctamente (reflexión extrínseca), ni siquiera para realizar el pensamiento (reflexión determinante), sino que es el reflejo mismo de la eternidad, de cómo era la mente de Dios antes de la creación.
La Lógica es la realización de la igualdad formal entre el pensamiento humano y divino.
La Lógica de Hegel es un gigantesco silogismo cuyo contenido es Dios, es el pensamiento de Dios en su absoluta necesidad y en su libertad infinita.
La auténtica verdad es la necesidad y también la libertad misma (esto es lo que tiene de sorprendente y paradójico la verdad hegeliana).
La Lógica hegeliana sugiere y expone la infinita omnisciencia y omnipotencia del pensamiento absoluto de Dios.
La filosofía hegeliana es la teología suprema, la cual comporta la muerte del cristianismo (fe, individuo, gracia conciencia, subjetividad). En esto consiste la hipocresía de la fe, en su efectividad presupuesta pero no fundada: sólo el pensamiento hace al hombre verdadero.
Todo el pensamiento de Hegel se basa en la necesidad de la infinitud misma, del pensamiento infinito, de Dios. La necesidad de Dios surge de la infinitud del pensamiento y de la realidad, como en el tercer postulado kantiano de la razón práctica: Dios es la síntesis absoluta de la totalidad de lo real.
Lo más parecido al espíritu absoluto hegeliano “a esta altura determinada de los tiempos” es Google o, en general, los motores de búsqueda en Internet. A través de Google se puede acceder a la totalidad del saber humano como producción colectiva siempre aumentada y cada vez más elevada en la espiral del conocimiento. Los enlaces o hipervínculos semejan la función mediadora de la dialéctica al poner en relación todo con todo en cantidad y cualidad. La principal diferencia es que Google es un reflejo de la totalidad de la historia, no de la eternidad, es decir, del pensamiento absoluto realizado y concluido de Dios.