jueves, 16 de abril de 2026

Inteligencia Artificial. Teoría de la Mente

 

La Teoría de la Mente data de 1978. Los psicólogos David Premack y Guy Woodruff la definieron como la capacidad de comprender los pensamientos, creencias e intenciones de los demás e intentaron probarla sin demasiado éxito en chimpancés. Casi medio siglo después vuelve a estar en el centro de atención de la comunidad científica por los avances de la inteligencia artificial.

La Teoría de la Mente (ToM) es una habilidad innata y esencial que se desarrolla por etapas durante la infancia. Consiste en entender, diferenciar y comparar los estados mentales de uno mismo con los de los demás. Se adquiere mediante las relaciones interpersonales y las interacciones sociales. Se completa en torno a los 4 a 5 años cuando el niño interioriza que otros pueden tener pensamientos, deseos y creencias distintas a las propias. A partir de entonces afina, probablemente durante toda la vida, la habilidad de captar ironías, sobrentendidos, malentendidos, mentiras, deslices o torpezas (ToM avanzada). La destreza de asumir perspectivas distintas y contrapuestas es la base del comportamiento en los innumerables contextos mundanos.

La IA Teoría de la Mente busca modelos que infieran las creencias, intenciones, sentimientos y usos contextuales de la mente humana para predecir respuestas apropiadas. El proyecto ha pasado de ser un desafío teórico a un terreno de avances incipientes. Por supuesto, sus logros no deben confundirse con la autoconciencia introspectiva de los procesos mentales ya que las respuestas predictivas de la IA son una simulación computacional mediante patrones estadísticos y datos entrenados que simulan los mecanismos del pensamiento. La inteligencia artificial no puede “comprender” nuestra experiencia interior porque la mente es (por el momento) un ámbito privado. Un algoritmo reconoce exclusivamente conductas observables, sean operantes, simbólicas (el lenguaje, entre otras) o gestuales para predecir respuestas empáticas probables.

Los grandes modelos de lenguaje (LLMs) han demostrado superar las pruebas clásicas de la Teoría de la Mente llegando a niveles comparables a los de un niño de 9 años. Las más utilizadas (que invitamos a consultar) son, por este orden, la teoría de la falsa creencia, la tarea de los contenidos inesperados, las historias de falsas intenciones, los problemas de la transferencia imprevista y los juegos simbólicos. Un análisis detallado revela que los avances hasta ahora son valiosos pero limitados. Estudios recientes indican que más del 70% de modelos de IA en interacción humano-máquina alcanzan resultados de inferencia social básica. En un futuro lejano la Teoría de la Mente trataría de perfeccionar la amplia gama de modelos de IA que interactúan con los humanos: robots de apoyo que anticipan necesidades emocionales, asistentes personalizados, programas de conversación o chatbots que detectan intenciones implícitas y asistentes de producción textual que captan los matices estilísticos y expresivos de la escritura. En resumen, la computación cuántica es la gran esperanza de una teoría que trata de mejorar la relación entre personas y máquinas. Obviamente entre sus usos, en los confines de la ética social, está la ingeniería de la conducta con fines predictivos, prescriptivos y adictivos. Esto conlleva el debate sobre el riesgo más que probable del control por las empresas de los mercados y por los gobiernos de la opinión pública.

Michal Kosinski, reconocido psicólogo de la Universidad de Stanford, uno de los impulsores actuales de la Teoría de la Mente en la IA, afirma que modelos de lenguaje como GPT-4 muestran un avance decisivo por su potencial futuro (y también por sus riesgos). Las máquinas interactúan con los humanos de una forma cada vez más comprensiva y empática. Aunque por el momento no se ha superado la barrera de los 9 años, Kosinski asegura que el horizonte de la IA Teoría de la Mente es inimaginable. De ahí sus augurios futuristas viralizados en las redes sociales y publicados en revistas de divulgación.

No olvidemos que estamos observando un progreso exponencial, ya que los modelos de IA duplican su rendimiento cada año. En otras palabras, si cree que ha habido muchos avances hasta hoy, recuerde que los próximos 12 meses traerán tanto progreso como el que observamos desde los primeros modelos de IA. Por lo tanto, si está sorprendido con el modelo GPT más reciente, tenga en cuenta que el próximo será dos veces mejor y así sucesivamente. Y el progreso traerá nuevas propiedades emergentes que desconocemos. Nos olvidamos de que es poco probable que las propiedades de la mente humana, como la conciencia o las emociones, sean lo máximo que un cerebro, compuesto de redes neuronales interconectadas, pueda lograr en el universo. Es probable que una mente tenga capacidades que nosotros no tenemos ni podemos anticipar. Y, con esa lógica, es probable que la IA pronto descubra propiedades mentales que ni siquiera hemos empezado a intuir.

Podemos prolongar en la dirección inversa las consecuencias de esta reflexión. No se trata de lo que las máquinas pueden aprender de la mente, sino de lo que podemos aprender de las máquinas sobre la mente. Es decir, considerar a la IA no sólo como una tecnología, sino como una herramienta para explorar el pensamiento humano. El objetivo de emular los procesos mentales sería comprender cómo surgen y se organizan en nosotros mismos. Mediante la construcción de modelos cibernéticos que reproducen los procesos cognitivos y emocionales pondríamos a prueba teorías sobre el funcionamiento de la mente; investigar la naturaleza de los procesos informativos (sensación, percepción, esquemas perceptivos) representativos (memoria, aprendizaje), intelectivos (inteligencia, pensamiento, lenguaje) y emotivos (sentimientos, emociones, pasiones). Desde esta nueva perspectiva la IA Teoría de la Mente no es sólo una ingeniería de sistemas informáticos, sino un saber interdisciplinar donde convergen la computación, la ciencia cognitiva, la lingüística, la lógica, la neurobiología y la filosofía.

¿Filosofía? Lo cierto es que no tenemos un conocimiento científico contrastado sobre conceptos como mente, conciencia e inteligencia.

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