martes, 26 de agosto de 2025

Darwinismo social

 

Pocos pensadores se tomaron tan en serio la teoría de la evolución de Charles Darwin como su coetáneo Herbert Spencer. Cinco años después de haber leído Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, Spencer publica Principles of Biology (1864), obra en la que fiel a los principios de la selección natural y la supervivencia de los más aptos pretende extender el evolucionismo a la sociología. Lo cierto es que su intento de introducir los principios darwinistas en el ámbito de las ciencias sociales no tuvo éxito. Se consideró, con razón, que se extrapolaban sin rigor científico las leyes de la evolución biológica a las sociedades humanas; además la teoría comportaba, sobre todo, consecuencias políticas y económicas. En conclusión, se trataba de otra mezcla fallida de naturaleza y cultura.

Sin embargo, es evidente que se ha producido un cambio de paradigma a escala planetaria. El mundo ha mutado, la globalización y el triunfo de las democracias liberales no es el final de la historia como anunció Fukuyama, sino historia. Las cenizas de Herbert Spencer, enterradas en el londinense Cementerio de Highgate frente a la tumba de Karl Marx, se removerían incrédulas tras constatar la vigencia de sus ideas, el darwinismo social.

Se agotaron los argumentos que el neoliberalismo apuró hasta sus últimas consecuencias mediante la desregulación de los mercados y la normalización de oscuras estrategias para la acumulación de capital sin otros fines. El nuevo paradigma supone la cancelación del contrato social propio de las democracias representativas. La ley de gravitación social que sustituye a la oferta y la demanda formula que los individuos y colectivos más aptos prosperen por todos los medios que hagan valer su superioridad, mientras que los menos aptos están condenados a la extinción. Las miserias del sistema son necesarias por cuanto responden a su funcionamiento natural.

Las democracias liberales se han derrumbado tras el vaciamiento de sus pilares ideológicos: la competencia responsable, el flujo reglado de capitales, la autoridad ética y política de la Organización de Naciones Unidas y las sucesivas declaraciones de los Derechos Humanos. El síntoma inequívoco del cambio de paradigma fue el hundimiento de la socialdemocracia y los ideales del Estado del bienestar.  

La primera consecuencia del nuevo paradigma es la “antipolítica”; la disonancia entre los textos constituyentes, el significado objetivo de las instituciones, la división de los poderes del Estado, y los acontecimientos nacionales e internacionales que nos abruman. La antipolítica no tiene una concepción ideológica estable al ser sus explicaciones meramente circunstanciales. Son ajenas a la razón práctica: no se rigen por las reglas de la lógica, el arte de la retórica o las normas de la ética. El populismo es la versión más baja (vulgar) de la antipolítica.

En la práctica, la antipolítica comporta la cancelación del contrato social y la subordinación de poder político al poder económico y ambos al poder militar. Algo que siempre ha estado presente como sustrato de la historia desde que los sapiens extinguieron a los neandertales hasta la actual carrera armamentística donde los bloques hegemónicos se retan por tierra mar y aire con artefactos cada vez más letales. El darwinismo social conduce sucesivamente a sistemas autoritarios, autocráticos y, finalmente, totalitarios. El fin de la historia, ahora sí, será la destrucción masiva de la especie humana, resultado de la supervivencia de los más aptos y la ley del más fuerte.

lunes, 25 de agosto de 2025

Sobre la vejez

 

La obra De senectute, literalmente acerca de la vejez, en versión libre El arte de envejecer, escrita por Cicerón en el 44 a.C. es un elogio de la vejez así como una invitación a un envejecimiento activo y fecundo. Un clásico de la ética personal. Lo primero que habría que hacer es definir el concepto de vejez: mientras que Cicerón (106-43 a.C.) moría con 63 años, una edad avanzada para entonces, hoy día la mayoría de la gente ni siquiera se ha jubilado. Sin entrar en números, es preferible considerar a la vejez como un “estado y disposición de ánimo”, saber a qué nos referimos con la tercera, incluso cuarta edad y no complicarnos la vida con disquisiciones geriátricas y tratamientos médicos (por lo demás inevitables). Siento curiosidad por saber qué es la vejez, dice el optimista jubilado. Bien dicho.

El envejecimiento resignado de sofá plano, un mal rollo, me trae recuerdos de las viñetas del inolvidable Forges: la plaza de un pueblo perdido en la llanura y tres ancianos desdentados bastón en mano, sentados en un banco, dos perros tirados en el suelo, el sol en un horizonte tardío y un elemento perturbador, desubicado, que rompe la monotonía de la jornada y dispara el humor del dibujante.

El “abuelo cebolleta” que da la murga a sus nietos con batallitas de la Edad Oscura es una especie en extinción. En cuanto avanza el relato (palabra estúpida cuando se usa en las tertulias radiofónicas) los nietos desconectan si son educados, cambian de tercio si son normales: abuelo cuéntanos cómo era tu novia en el cole. ¿Usabais preservativos? Resulta patética la visión del jubilado en el parque mañanero que mira con ternura a los niños y echa migas de pan a las palomas mientras medita sobre la vanitas y el memento mori. Actualmente ha quedado en desuso jugar al tute con la peña en las mesas de piedra del barrio porque terminan en bronca. Y la petanca es un juego tan pacífico y aburrido que es imposible cabrear al que pierde o hacer trampas divertidas. Los “hogares del jubilado” donde los viejos se hacen más viejos son demasiado provincianos; y demasiado pueblerinos los baretos de la España vaciada donde se pasan la tarde en formol jugando al dominó. Entretanto, en la mesa camilla con brasero la mujer hace ganchillo y en silencio reza el rosario. Su eterna acompañante, vecina y pariente, perpetra el enésimo solitario con la televisión encendida.

Si me apuran se ha quedado obsoleto el INSERSO: a los jubiletas cada vez les apetece menos que los lleven al trote detrás de una azafata de pies ligeros con bandera blanca por ¿dónde fue? o pasarse una semana de invierno encerrados en un hotel solitario de la costa. O el viaje organizado en autobús: fiu, fiu, ya hemos visto Florencia ¿O era Lisboa? La comida, rara, los del grupo, pelmazos. De las residencias de ancianos ni hablo. Un ejemplo: el cura en la visita de turno trata de convencer a la octogenaria delicada de salud de que pronto verá al Padre Celestial. Desengáñese padre, como en casita no se está en ninguna parte, contesta vivaz doña Asunción.

Algunos llevan perplejos la transición de la segunda a la tercera edad. El paso de la madurez a la vejez recuerda ciertas paradojas de la cantidad: ¿Qué número exacto de pelos, como mínimo, ha de tener una persona para que no se lo considere calvo? Aplíquese a la edad y el problema de cuándo somos viejos es el mismo. Muchos no se resignan. Recuerdo que la suegra de un primo hermano vivía marcha atrás, hasta el punto de que su hija le llegó a decir en uno de sus “cumpleaños”: madre dentro de poco vas a tener menos que yo… Otro pariente mío se cabrea cuanto sus nietos le llaman abuelo. ¡Os he dicho que no me llaméis abuelo, me llamo Jaime! Pobres chavales.

Pasamos página. Vamos a cocinar una versión potente de la vejez recuperada. Lorenzo Aguado es un jubilado de 65 años. Está divorciado pero es amigo con derecho a roce de una viuda cincuentona que trabaja de administrativa en la Seguridad Social. Cada uno en su casa y Dios en la de todos. Hacen el amor, siempre en casa de Lorenzo (por el fantasma del marido quizás). Corre la viagra y el lubricante para conjurar el fantasma del gatillazo. Lorenzo se levanta a las nueve. Oye las noticias en la radio mientras desayuna su café con leche, tostada regada con aceite virgen extra y tomate, copos de avena y zumo de naranja. Se sienta después en el salón y enciende la tablet donde sin prisas ojea la prensaSiempre los mismos gilipollas. Luego pone un mensaje a su amiga con flores y emoticones y lee la cadena de chorradas y videos que le llegan de sus no amigos digitales. La salud es lo primero: martes y jueves pilates. Se refiere a la cincuentona jamona como a “su chica”. El monitor del fitness creía que hablaba de su hija, hasta que un día su chica vino a buscarlo con falda corta, escote generoso y medias de malla. La picarona miraba al joven macizo y tatuado con ojos golositos que a su vez miraba al vacío. Viajan mucho. Nada de Londres, Roma o París; ya estuvieron cuando no se conocían, además acabas empachado de museos, de cuadros de santos, iglesias y palacios iguales y antiguallas que no entiendes. Lo que interesa es Tailandia, Japón, Colombia, El Tíbet o El Varadero… Ya irán del ramal a alguna exposición estrella en el Prado o la Thyssen cuando vuelvan de las doradas playas del Caribe; más que nada porque sus hijos han reservado mesa en tal o cual sitio donde te dan un sushi exquisito o un rabo de toro digno de un rey. Leen con avidez a Jöel Dicker y a Pérez-Reverte y les chiflan las series de Netflix. Los conciertos y la ópera les aburren. Van al cine cuando sus amigos les recomiendan una película por mayoría simple. Al teatro por mayoría absoluta. Algún sábado van a una discoteca. Lorenzo, tras despachar el segundo gin-tonic y sacar fuerzas de las reservas del gimnasio baila como un poseso. Cuando vuelve sudoroso y exánime a la mesa, le dice a su chica: ¡Estoy hecho un chaval! Ella, haciendo gala de perspicacia femenina, le advierte divertida: ninguno de los jóvenes que ves por aquí diría semejante chorrada

domingo, 3 de agosto de 2025

Sobre la corrupción

 

En el convite nupcial de una sobrina política nos asignaron por amistad y familia la mesa número 12, Balcón de Europa, a cuatro matrimonios jubilados. Boomers. A mi derecha se sentaba Jaime, primo segundo y profesor universitario de economía financiera, al que solo trataba de boda en boda. Durante la parte inevitable de la cena me había dedicado a esquivar con diplomacia vaticana las tajantes opiniones políticas del resto de los comensales, gente de orden, mediante términos como “diálogo”, “respeto”, “colaboración”, “acuerdos”, todos sospechosos de sanchismo disfrazado. Imposible con esa gente, primero que se vayan y después hablaremos fue la respuesta general. Como no me gusta discutir sin argumentos y menos que me sacudan como a una estera vieja, el resto es silencio, la última frase que pronuncia Hamlet antes de morir. Cada vez es más difícil ser un viejo y entrañable liberal en esta España nuestra.  

Me había fijado en que durante la cena el profesor había empinado el codo con prudente mutismo sin entrar al trapo de respuestas sobradas y disputas vanas. Al levantarnos de la mesa después del reparto de puros me acerqué curioso a mi primo para pedirle su opinión sobre el problema crónico de la corrupción que nos envuelve. Mero tanteo posicional en medio de las albricias alcohólicas, servilletas al viento y cantos regionales de los amigos de los novios. Tras llevarnos sendos gin-tonic lejos de la pista de baile me contestó con sincera ironía que en una economía de mercado es necesaria una cantidad aceptable de corrupción para lubricar los engranajes del sistema. Los mercados deben constatar que existe un margen establecido de estrategias no declaradas, de atajos no aceptables pero aceptados que faciliten abrir y cerrar con éxito un número rentable de inversiones, operaciones y contratos. Es más, añadió, los derechos y libertades de una Constitución son el soporte ideológico del capitalismo industrial y financiero. Aunque políticamente incorrectas, estoy convencido de que los comensales de la mesa 12 hubieran sonreído tolerantes ante ambas afirmaciones. 

Eran tan imprevisibles que le rogué explicarse un poco más. En el fondo son lo mismo, dijo. La ley de la oferta y la demanda, dogma del capitalismo desde Adam Smith, propone que la libre competencia entre privados establece las condiciones óptimas del mercado y la máxima utilidad social. La famosa mano invisible según la cual la búsqueda de los legítimos intereses individuales determina el máximo beneficio colectivo sin la intervención del Estado, mero garante de las reglas del juego. Asimismo, el liberalismo económico necesita el soporte constitucional del liberalismo político de las democracias representativas inspirado literalmente en La Declaración Universal de Derechos Humanos. Aunque sería más exacto decir de algunos derechos humanos. Todo esto es muy conocido, no le aburro concluyó.

El problema es que la ley natural de la oferta y la demanda es falsa. La única ley que rige los mercados es la acumulación de capital, no la libre competencia. El capital industrial y financiero sabe que la propuesta fundacional del librecambio dejar hacer, dejar pasar, el mundo va por sí mismo no sirve para aumentar los beneficios, mejorar la balanza de pagos y alcanzar una posición dominante. Al revés, para lograr tales objetivos es preciso utilizar estrategias de adjudicación irregulares con la complicidad de la clase política, es decir, del Estado. Del rey abajo todos valen. Luego añadió pensativo: el mundo ha cambiado, la globalización neoliberal no es el final de la historia como anunció Fukuyama, sino historia. Quizás en la siguiente boda podamos retomar el tema.

Hablemos, pues, de la corrupción de los políticos, prosiguió Jaime tras darle un tiento a la copa. La prevaricación, la malversación, los sobres, los sobornos, el tráfico de influencias, el uso de información privilegiada, las puertas giratorias. También muy conocido. Lo que me interesa es el proceso que lleva a un político a dejarse corromper. Primer paso: la corporación, la empresa o la entidad bancaria tientan al representante electo que podría ocuparse de lo suyo con maletines, cuentas en Suiza o jugosas canonjías. Una vez que el implicado está presto al intercambio se suceden tres figuras jurídicas de la conciencia corrupta: la legal, la alegal y la ilegal. En todas, el político se rodea de una corte de abogados de confianza que le asesoran. Es decir, le dicen lo que quiere oír a cambio de un buen precio o de una participación en el premio gordo. Si la cosa se tuerce abandonarán discretamente el barco.    

En la legal le aseguran que sus componendas caben dentro de dos líneas paralelas que delimitan lo que el código penal considera permisible. Adelante con los faroles. Lo cierto es que mientras sean paralelas el embrollo funciona, pero en la primera curva pronunciada descarrila con estruendo y acaba en las portadas y las pantallas.

En la alegal lo persuaden, tras largas deliberaciones en restaurantes de moda, llaves de apartamentos y encuentros exclusivos que el tejemaneje que se trae entre manos permanece en un limbo legal. No hay, según ellos, legislación vigente que lo prohíba y lo que no está prohibido está permitido. Brillante sofisma que no tarda mucho en esfumarse. Las tertulias del bando contrario se frotan las manos por las mañanas temprano.     

En la ilegal, le sugieren que el momio no es del todo transparente y podría haber tropiezos legales. Aunque no hay que preocuparse. El desliz es tan leve que el juicio sería de primero de derecho. Además, al tratarse de alguien tan influyente, es prácticamente intocable. Error de lesa codicia. En la época del periodismo de investigación y la omnisciencia digital el tropiezo se convierte en caída desde un sexto piso y el escándalo promete una serie de varias temporadas.    

Los tres casos suelen acabar del mismo modo: un desfile interminable de imputados, investigados, encausados y procesados. En un sistema jurídico garantista, como el nuestro, desenredar la madeja puede durar años. Eso sin contar con la colaboración activa del poder judicial dependiente… Jaime volvió la mirada hacia los recién casados que bailaban felices. La pregunta que nos quema la lengua, dijo, es cuantos corruptos se salen con la suya y cuantos acaban en los juzgados, lo cual no implica que sean condenados y mucho menos que devuelvan el botín.

lunes, 14 de julio de 2025

14 Juillet, Vive la France !

 

MIROIR DE LA FRANCE

Je veux raconter les souvenirs de mon apprentissage du français au baccalauréat, il y a plus de quarante ans. Je jure que les événements insolites qui suivent, et qui seront détaillés par la suite, sont en toute rigueurs véridiques.

À cette époque, le français était la langue principale enseignée dans les classes. Contrairement à aujourd’hui, l’anglais avait disparu des programmes scolaires, et l’on ignore les raisons pédagogiques ou politiques derrière cette décision. Quoi qu'il en soit, le régime franquiste était aussi mal vu par la France que par l’Angleterre. Mais bon, les intentions des dictatures militaires restent souvent très obscures… J’ai passé mon baccalauréat au Lycée public Alfonso VIII (du nom d’un roi du Moyen Âge) de Cuenca, un établissement sérieux et exclusivement masculin (ça va de soi) : le lycée des filles était situé dans une autre partie de la ville. Il s’agissait d’une séparation ontologique, essentielle et dictée par la nature, selon le proviseur, l’évêque et l’élite intellectuelle de la ville. Je suis allé à Cuenca parce que mes parents, tous deux fonctionnaires de l’enseignement, avaient été mutés de Madrid vers cette petite ville de province. J'y ai vécu jusqu'à mes dix-huit ans. Je ne l’oublierai jamais.

La professeure de français s’appelait Doña Teresa. C’était une veuve d’un âge indéfini, petite, brune, un peu dure d’oreille, qui exigeait des élèves un respect strict, mais sans forcément leur rendre la pareille. Elle adorait le cognac, d’après certaines mauvaises langues. On racontait qu’avant le cours, elle prenait deux ou trois bonbons dans les toilettes pour masquer la senteur de la bouteille de SoberanoNous utilisions un livre intitulé « Miroir de la France », une anthologie de textes littéraires, principalement d’auteurs classiques comme Racine, Corneille ou Molière (mais pas Voltaire, interdit par l’Église). Le miroir montrait aussi quelques passages de Sartre (incompréhensibles) ou de Camus (déprimants). C’était un miroir de la France des XVIIe et XVIIIe siècles, car la France contemporaine était une démocratie, et l’on pouvait y poser certaines questions… Le livre comportait également des textes « sur l’actualité de notre pays », ajoutés évidemment, dont les sujets, je me souviens, étaient sportifs (La gloire du Real Madrid), héroïques (L’Espagne, en tête), homophobes (La maladie de notre siècle) ou machistes (La femme au volant). C’était, en somme, la fameuse éducation aux valeurs !

À cette époque, l'enseignement du français se concentrait sur quelques compétences clés. Tout d'abord : la version (français-espagnol) et la version indirecte (espagnol-français) des textes classiques. Après tout, c’est ainsi que les dictionnaires sont présentés. Il est facile d’imaginer la qualité de nos traductions du Cid de Corneille, de Phèdre de Racine ou de Tartuffe de Molière. Pour « corriger les nuances et saisir le sens », Doña Teresa lisait à voix forte les traductions des livres de poche de la collection Austral… que personne n’écoutait. Peu importait. Heureusement, aux examens, nous avions à résoudre des phrases comme : « ma mère m’aime », c’est-à-dire « je suis aimé par ma mère ». Parfois, la justice existe dans le monde. Cependant, la moitié de la classe échouait toujours à l’examen. Pour la partie « thème », elle nous apportait des copies de textes du Don Quijote, du Lazarillo ou de La Celestina… Glorieux et mémorable fut notre début du Quijote ou les lamentations de Calixte pour la mort de Mélibée… Heureusement, le « thème » ne faisait pas partie de l’examen. Quel soulagement, mon Dieu ! Comme le dit le dicton : « Le bon Dieu serre la corde autour du cou, il serre, il serre, mais ne va pas jusqu’au bout».

Il faut remarquer que nous ne parlions jamais en français ; seulement certaines expressions que le serveur du bar au coin connaissait. C’est le français touristique, le registre Benidorm ! Le but, c’était le vocabulaire. Doña Teresa nous obligeait à préparer un tas de fiches « par ordre d’importance lexicale ». La professeure était une défenseuse acharnée d’une devise qui commençait à monter dans la liste des succès : « apprendre le français en mille mots ». La bêtise, c’était ça.

Elle faisait l’appel et puis, par hasard :

- Rodolfo (en espagnol, évidemment), est-ce que tu as apporté les fiches de vocabulaire ? Donne-les-moi. [Alors, elle mélangeait les fiches et en prenait une].

- Voyons, Roberto ou Rodrigo ? Qu’est-ce que signifie le mot pourtant ?

Por tanto, Madame…

Por tanto, mon petit, tu es stupide… je vous ai répété deux mille fois que... Tu es sourd, donc. La classe en général est une nullité. Qu’est-ce que tu préfères, un zéro ou être exécuté au lever du jour ?

- Être exécuté, madame.

- Pourtant, je vous mettrai un zéro. Et disparais de ma vue.

Souvent, la classe chantait en chœur et par cœur. On apprenait la conjugaison verbale de cette manière. Elle écrivait sur le tableau les temps verbaux du verbe parler, l’unique que nous connaissions, et nous hurlions à tue-tête… Au fond, on écoutait le rythme monotone des quelques propos obscènes, licencieux, qui rimaient avec la conjugaison. Heureusement, la surdité la sauvait du mauvais goût de mes camarades. Nous chantions aussi des chansons célèbres, comme Sous le pont d’AvignonDans le jardin de FranceFrère Jacques... et, quand Doña Teresa avait dépassé les niveaux d’alcool dans le sang, nous chantions La Marseillaise.

C’était la guerre. Don Miguel, le professeur de philosophie de la classe d’à côté, frappait à notre porte et entrait très pâle : Ça fait peur Teresa, je l’annonce, un jour tu seras guillotinée !  

viernes, 11 de julio de 2025

Libertad de cátedra

 

Los derechos a la libertad de pensamiento y expresión sin imposiciones ideológicas ni limitaciones filisteas son los dos principios constituyentes de una democracia representativa. Todos los demás derechos y libertades fundamentales son su desarrollo implícito y consecuente. Una garantía del ejercicio de ambos derechos es el reconocimiento a la libertad de cátedra recogido en el artículo 20 1.c de la Constitución española que permite a los docentes ejercer su profesión basándose en sus conocimientos, procedimientos y convicciones. Hasta aquí el intachable significado ético de la letra.

Es sabido que Aristóteles en la Ética a Nicómaco define la virtud como un justo punto medio entre dos extremos igualmente viciados, uno por defecto y otro por exceso. Puso ejemplos referidos a la valentía, la generosidad, la templanza, la prudencia o la veracidad. Un ejemplo actual de la sinrazón de ambos extremos sería el uso de la libertad de cátedra en los centros de enseñanza secundaria.

Por defecto. La Inspección reduce al mínimo los trámites de supervisión del funcionamiento académico de los centros privados y concertados al comenzar, durante y al acabar el curso. Especialmente los de titularidad eclesiástica, sobre todo católicos, que combinan la enseñanza con la formación en valores religiosos. El inspector de zona se limita a recibir por email desde hace años los mismos archivos (no más de quince páginas) de la programación inicial y la memoria final en los que sólo cambia la fecha de la portada. Todas las rutinas y pequeños conflictos se resuelven por teléfono. Las visitas obligatorias de los inspectores confirman que todo está en orden. Sólo se presentan con urgencia en los despachos del último piso si la prensa se hace eco de algún problema con repercusión política. Comienzan entonces los informes previos que terminarán en un conciliador juicio salomónico. No conviene crear problemas donde no los hay o, más bien, donde no es posible resolverlos. 

Antes de iniciarse las clases el director reúne a la plantilla de profesores para informarles del ideario de la casa con temple firme pero flexible, como el acero toledano. Que nadie se llame a engaño. Hay asignaturas especialmente sensibles a la divergencia, la historia, la literatura, la filosofía, el idioma (no todo es gramática). Los veteranos saben a qué atenerse, conocen de sobra el alcance y límites de la “libertad de cátedra”. Si algún veinteañero novato o algún treintañero demasiado consciente de sus derechos los reivindica en el aula recibe una suave pero clara advertencia del jefe de estudios para enderezar el rumbo; si insiste en la heterodoxia doctrinal, al terminar el curso recibe una carta de la dirección donde le agradecen los servicios prestados y le desean suerte en su próximo destino.

Por exceso. En los centros de titularidad pública ocurre lo contrario. Las exigencias burocráticas de control académico son exhaustivas. Los inspectores de zona con nombre y apellidos envían una circular a los directores de los institutos que a su vez la remiten a los jefes de departamento donde se detallan los apartados que deben ser abordados en la programación didáctica: Justificación, Contexto, Competencias clave, Objetivos Didácticos, Contenidos, Temporización, Metodología, Evaluación, Atención a la diversidad, Situaciones de Aprendizaje, Recursos, Bibliografía… Otro tanto ocurre con la memoria final de curso: Introducción, Organización y funcionamiento del departamento, Cumplimiento de la programación didáctica, Actividades extraescolares y complementarias, Resultados académicos, Valoración general, Relaciones con otros departamentos e instituciones, Anexos.

La realidad. Los profesores del departamento de la asignatura de… que se conocen desde hace años se reúnen en el bar de siempre cerca del instituto, se cuentan cómo están, la familia qué tal y dónde han pasado las vacaciones. Después se reparten los grupos que les han asignado este curso. Invita el jefe según la tradición y se despiden hasta el día de reiniciar el ciclo del eterno retorno de lo idéntico. Cada cual sabe lo que tiene que hacer en clase, se coordina consigo mismo y nadie le pide explicaciones ni se mete en lo que no le importa. Enseñanza personalizada. Libertad de cátedra. 

martes, 24 de junio de 2025

Los recursos del método

 

La Inteligencia Artificial tiene un impacto crucial en todos los niveles del sistema educativo. Imaginemos una de las pruebas de acceso a la Universidad: por ejemplo el examen de Matemáticas II en la modalidad del Bachillerato de Ciencias y Tecnología; uno de los alumnos incorpora en sus gruesas gafas de carey un dispositivo indetectable capaz de leer y resolver las preguntas de cada uno de los bloque propuestos. Nos hemos cargado la Selectividad y, en general, los exámenes escritos. Según parece hay sospechas fundadas de que algo así ha ocurrido con las primeras plazas del examen MIR 2025. Por ahora puedan evitarse estos fraudes mediante inhibidores que bloquean las frecuencias de radio incluidas las WIFI de internet. Lo cierto es que la carrera para burlar las contramedidas es imparable. Como afirma el refrán, quien hace la ley hace la trampa y lo que el hombre une, el hombre lo separa. Piensen en los avances de la medicina deportiva para eludir el dopaje, la eficacia de los piratas informáticos para explotar vulnerabilidades en redes y sistemas o las estrategias de la ingeniería contable para sortear las regulaciones financieras.

En realidad la IA afecta a todas las instituciones sociales. Acabo de enterarme por un programa futbolero de almohada que a partir del año que viene será un algoritmo quien ascienda o descienda de categoría a los árbitros de primera y segunda división. Pues bien, pues bueno, pues vale. Siempre es más presentable que untar al estamento arbitral durante años sin que los organismos oficiales se den por aludidos o presionar y denigrar a los colegiados una semana tras otra desde la televisión privada de un club.

Ya puestos por qué no imaginar una solución cibernética al desastre nacional e internacional que nos envuelve. La ocurrencia es en el fondo una variante sucinta del Estado ideal platónico y sus procedimientos para seleccionar a los futuros gobernantes. Consiste en desarrollar un programa de inteligencia artificial capaz de predecir con un alto grado de certeza que aspirantes a formar parte de la clase dirigente son proclives a la incompetencia, el populismo y el cohecho. Una fundación estatal para la regeneración democrática, independiente y rigurosamente científica, decidiría mediante variables genéticas, biográficas, psicológicas, educacionales y profesionales si el candidato propuesto por un partido debe ser admitido, rechazado o puesto en cuarentena como futuro representante electo. No nos engañemos, se trata de una detestable distopía totalitaria, similar al gobierno de los filósofos de la República platónica... Existe bastante esperanza, infinita esperanza, pero no para nosotros.  

Al final el espíritu absoluto hegeliano, la totalidad del saber en sí y para sí, el cierre reflexivo en el que se reconoce a sí mismo en todas las cosas, es un algoritmo omnisciente pero sin espíritu. La IA como saber absoluto ha reducido la consciencia individual, el espíritu subjetivo, a la mínima expresión (en sentido literal). Demasiado abstracto. Volvamos como ejemplo al impacto de la IA en la educación. Los libros de texto para bachillerato que he publicado están orientados a la utilización conjunta profesor-alumno de una metodología constructiva. Es una didáctica intermedia entre la clase magistral del profesor irrepetible que ha nos ha marcado con su talento (mi preferida) y el caos que se oculta tras la libertad de cátedra en la que todos los gatos son pardos y cada profesor dice y hace lo que le da la gana. Se trata de reformular o rehacer cada unidad del programa mediante un conjunto de recursos didácticos que permitan al alumno comprender su contenido objetivo. Tras las interactivas explicaciones teóricas, el alumno tiene que elaborar en sesiones sucesivas (los “deberes de casa”) un esquema conceptual de la unidad, un glosario de los principales términos, la resolución de un conjunto de cuestiones de comprensión, relación, actualización y repaso, la verificación de unas pruebas objetivas de alternativa múltiple o test de discriminación, ejercicios de “verdadero o falso” para fomentar la adquisición de destrezas de decisión sobre una secuencia temática para establecer si su enunciación es verdadera o falsa (y en este último caso aclarar por qué), comentarios de texto con cuestiones significativas sobre problemas directamente relacionados con los contenidos de la unidad, lecturas dirigidas y, por fin, trabajos específicos sobre aspectos temáticos relevantes. En todo caso, se trata de un repertorio de código abierto donde cada profesor puede aumentar o reducir los recursos según su criterio. Mediante un sistema de refuerzos positivos (el que se esfuerza, lo haga bien o mal, mejora proporcionalmente su nota de evaluación), el método funciona con turbulencias en un tercio de los alumnos de la enseñanza pública. El resto, a falta de la amenaza de cero si no lo has hecho, se limita a copiar las soluciones o a mirar al inmenso vacío del universo profundo y esperar a que suene el timbre. Un colega mío y en su momento alumno aventajado, partidario del método, me comenta que el invento se ha ido al traste con la IA. La curiosidad por el uso del chat GPT y la ley del máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo se han impuesto. Mediante un programa de texto de voz le dictas a la IA la Unidad y los apuntes y lo demás es coser y cantar. Más fácil todavía: con un software avanzado de reconocimiento óptico de caracteres (son gratuitos) puede hacer lo mismo en la mitad de tiempo. El porcentaje de alumnos que hacen perfectos los deberes se dispara al sesenta por cierto en busca de la recompensa, aunque al profesor le resulta bastante fácil reconocer quien se ha limitado a copiar las soluciones y seguir con el videojuego y quien tras conocerlas al menos se las ha repensado con inteligencia natural. El drama se produce en las pruebas de evaluación preparadas a imagen y semejanza de los recursos del método. El número justificado de suspensos resulta inaceptable para un sistema educativo donde tal calificación es una ofensa y está poco menos que prohibida. En fin, tras siete recuperaciones con un mismo examen de mínimos de los mínimos las aguas vuelven a su cauce, te evitas el asedio de la comunidad educativa, desde la Inspección a la Asociación de Padres y Alumnos, y se asiente con pesar a la sentencia de un acreditado profesor de universidad: con las generaciones educadas a partir de la LOGSE es imposible hacer absolutamente nada.

domingo, 25 de mayo de 2025

Tres visiones del arte

 

El juicio estético más simple y común es el consabido “Me gusta”. Determina que lo propio de la experiencia estética es un sentimiento de agrado o desagrado, de placer o rechazo hacia el objeto. Se trata de la idea central del emotivismo de Hume. “Me gusta” tiene un corto recorrido al haber sustituido las mediaciones discursivas del concepto por las afecciones inmediatas del gusto. Insiste en los elementos anecdóticos de la obra y suprime los esenciales. Las expresiones de muchos jóvenes como ¡Guay!, ¡Mola!, ¡Superbién! reflejan está visión del arte como diversión del fin de semana. En ocasiones la inmediatez del gusto propicia formas de consumo aberrantes: el escuchar desatento, el griterío en el concierto, la lectura malograda o la contemplación epidérmica de un cuadro. “Me gusta” condena la experiencia al reino de la introspección impredecible y muestra la dificultad de ponerla a salvo de los ídolos personales. O considera que el objeto del arte es una belleza abstracta que nunca muestra sus cartas credenciales y apunta más bien a la omisión de su contenido de verdad. Es más, cuando trata de explicar la relación entre el gusto, la belleza y la felicidad (sus temas preferidos) surge la divulgación periodística o a la superstición de segunda mano. Esta visión deformada del espíritu subjetivo se prolonga en los productos que la industria cultural lanza al mercado mediante patrones estadísticos de ingeniería social. Lo que vende son nuestros gustos prefabricados por algoritmos que se dedican a la recolección de datos. Y puesto que en el gusto a la medida hay poco que pensar, la cultura de masas lo vende pensado. Recuerdo a un alumno de un COU de letras que me persiguió más de lo tolerable para que leyera un cuaderno con sus versos más tristes titulado El despertar del rocío. Para poner fin al acoso consentí en echarle una ojeada. Una muestra de una serie titulada Momentos:

¡Mar, amor, amigo!

En veloz torbellino me arrastras y

elevas mi ser a más altas esferas;

en amores de un “algo” me inflamas

sin saber ese “algo” que sea.

Y a tu orilla mi alma se llena

de un “no sé” que Dios quiera que sepa.

Se lo devolví ante su mirada expectante y esbocé un gesto de rechazo emotivista. ¿Pensó en serio que los poemas iban a ser buenos? me dijo abatido. No, le contesté con ironía, ¡pensé que iban a ser… malos! Tras un instante de desconcierto nos partimos de risa y chocamos las manos con deportividad. 

Kant, insatisfecho con la penuria de la afirmación “Me gusta”, sostiene que el juicio estético es en última instancia subjetivo, pero mantiene una intención manifiesta e irrenunciable (aunque nunca realizada) de intersubjetividad, de compartir la apreciación, de aspirar, como los juicios de la ciencia a ser universales y necesarios, lo cual es imposible pues el entendimiento no puede aplicar con validez las categorías fuera de los hechos. Cuando salimos del cine Ana y yo tras la incomparable Pulp Fiction de Tarantino le pregunté por lo visto, tras una corta reflexión me contestó escuetamente: es brutal y efectista, un espejo inconsciente de las fantasías innatas, a menudo insufribles, del eterno masculino

Inversamente, para Hegel la universalidad del arte acontece cuando el hombre supera la conciencia individual en busca de su libertad y autonomía para convertirla en conciencia colectiva a través del objeto creado. Del yo al nosotros. El arte es historia del arte. En el arte, como en la ciencia, la religión y la filosofía, se producen y resuelven los problemas esenciales que se ha planteado el pensamiento desde los albores de las civilizaciones. La historia del arte no es simplemente un catálogo erudito de obras y artistas, sino parte de la espiral ascendente de la sabiduría. La belleza no es un concepto abstracto o aislado sino un elemento constitutivo de la verdad que se desenvuelve desde la intimidad de la proposición “me gusta” hasta la plenitud del espíritu absoluto. Una visita con mi hijo a la sala del cuadro más frecuentado del Museo del Prado, El Jardín de las delicias. Un universo inquietante que apela a las fantasías más oscuras del espectador que intuye el significado del mundo actual y el de siempre. Un mundo de miseria, ignorancia y maldad. Ni siquiera en el panel central del tríptico es posible vislumbrar una felicidad bienaventurada sin mezcla de mal alguno. La sensualidad resulta culpable, filtrada siempre con absoluta genialidad a través del cristal de la impureza. El tránsito de las procesiones de jóvenes danzantes al panel del infierno es solo cuestión de tiempo. El universo del Bosco es complejo, enigmático, indescifrable en su delirio pero a la vez directo en su mensaje moral y religioso. Una expresión de lo universal y necesario. 

viernes, 16 de mayo de 2025

Los tres votos

 

Como es sabido, los tres votos fundacionales de los clérigos de la Iglesia Católica, desde el diácono hasta el cargo supremo del Papa, son obediencia, pobreza y castidad. El primero supone la renuncia humilde a la iniciativa individual de interpretar la doctrina de la fe y la sumisión de abajo arriba a la autoridad eclesiástica. El segundo, la renuncia a los bienes materiales, al lujo y a la riqueza, contrarios a la sencillez de la vida de Jesús y el mensaje evangélico. El tercero, la renuncia a la unión conyugal y a la sexualidad, a la aceptación del celibato como pacto de entrega y dedicación plena a la misión universal de la Iglesia. En fin…

Hace quince años participé en un proyecto del Ministerio de Educación y la Agencia de Cooperación Internacional para elaborar los programas de Bachillerato de un país centroafricano. Dirigía el equipo interdisciplinar un representante de la Alta Inspección. El obispo de la diócesis de la capital, hombre culto según parece, al tener noticias de nuestro proyecto invitó al inspector a una cena en el palacio episcopal. Parte de la crónica del atónito huésped fue literalmente la siguiente: Mientras unas camareras con delantal y guante blanco servían los entrantes en bandeja de plata irrumpieron en el comedor tres ruidosos churumbeles seguidos de dos mujeres que se los llevaron de las orejas para que no molestaran.

- ¿Quiénes son, pregunté intrigado por la inesperada visita?

- Son mis hijos y sus madres.

Guardé un pasmado silencio, pero cuando pasamos al salón a tomar café no pude reprimir la pregunta obligada.

-  Con todo respeto Monseñor y disculpe mi indiscreción, ¿es acorde con la doctrina católica que un obispo tenga esposas e hijos?

- Un Pastor auténtico, respondió con naturalidad, debe compartir las costumbres ancestrales de su fieles. Sólo así podrá ejercer su sagrado magisterio y llevar la palabra de Dios a las familias.

- ¿Nadie de sus superiores le recrimina su forma de vida ni le llama la atención? Y decidí no hacer más averiguaciones.

-  Claro que no. Si lo hicieran pediría mi inmediato traslado de sede. Por supuesto, lo saben pero también lo comprenden. Esto es África, el lugar del mundo más olvidado por la divina providencia.

Salíamos de la Basílica de San Pedro en nuestro tercer viaje a Roma para dirigirnos a las estancias y galerías de los Museos Vaticanos. Al llegar a la puerta escuchamos el murmullo de los visitantes y unas voces firmes que rogaban abrir paso a una solemne comitiva. Prego, lasciate passare le eminenze. Nos detuvimos. Una doble fila de diáconos (me enteré luego del cargo) ocupaba el centro de la Basílica escoltando a tres purpurados que descendieron a la Plaza donde les esperaba un Mercedes 600 negro con chófer uniformado y bandera papal. Almuerzo en Scarpetta, supuse, uno de los restaurantes más exclusivos de la Via Veneto. Durante el paseo (esta vez saqué entradas con antelación) hasta la entrada de los Museos en territorio italiano me acordé de lo que había escrito hacía diez años en mi segunda visita: El Vaticano no está en Roma sino al revés. Roma es uno de los vastos dominios pontificios y una extensión de la autoridad espiritual de la Santa Sede. Es el Vaticano quien ha concedido el derecho de extraterritorialidad a la Ciudad Eterna. Vamos del Vaticano a Roma: hay que recorrer en sentido inverso la Via della Conciliazione para comprender donde estamos.

Estudié primero y segundo de Bachillerato en un colegio salesiano de Cuenca. Después mis padres me sacaron porque no les convencía el bajo nivel académico, el ambiente sobrecargado de religiosidad y los rumores morbosos que circulaban por la ciudad. Nunca pertenecí a la JUSAVI o Juventudes de Domingo Savio, un grupo de alumnos elegidos por su compromiso personal y naciente vocación. La clase de tropa los evitaba porque eran los oídos de los curas. Un JUSAVI de alto rango (había varios escalones), llamó a capítulo a varios descarriados, entre los que me contaba, porque Don Vicente consideraba negativa nuestra actitud ausente en la arenga matutina antes de empezar las clases, los bostezos crónicos en la misa diaria y el desinterés manifiesto por los ejercicios espirituales. Lo cierto es que si mis padres no me hubieran sacado del colegio me habrían echado. Un colega de la JUSAVI, que entró más por peloteo que por convicción religiosa, huyó despavorido en cuanto se dio cuenta de los tocamientos y desórdenes que se producían en las reuniones semanales. Los mayores hablaban y todos escuchábamos. Se sabía lo que pasaba. Una de las víctimas de los abusos sexuales fue el hijo de un coronel del ejército de tierra que al enterarse de lo que ocurría puso el grito en el cielo, se plantó sin cita previa en el despacho del director y le faltó poco para sacar la pistola. Lo cierto es que su hijo era un alma cándida, aspirante a víctima, que no distinguía el amor al prójimo con dejar que te soben. Sólo se lo contó a su padre cuando las cosas fueron a mayores. El escándalo le costó el traslado forzoso al director, al jefe de estudio, al coadjutor que dirigía la JUSAVI y algún cura libidinoso. Después el obispo activó el cortafuegos. Para entonces yo estudiaba tercero de Bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media Alfonso VIII, a salvo de la quema.  

domingo, 4 de mayo de 2025

La Semana Santa. Lo sagrado y lo profano.

 

Los precursores de las procesiones de la Semana Santa en España son los Autos de la Pasión medievales, obras litúrgicas de teatro que se representaban en las iglesias y los pórticos con intención didáctica y ejemplarizante. En la Baja Edad Media cobraron auge las procesiones penitenciales de nazarenos (seguidores de Jesús de Nazaret) que desfilaban por las calles para mostrar arrepentimiento público aunque anónimo. La vestimenta consistía en una túnica de color morado, el color de la Pasión, un cíngulo o cinturón que se usaba para sujetar la túnica y un capirote o capuz puntiagudo como el que llevaban los condenados por el Tribunal de la Inquisición hasta donde se consumaba el auto de fe. Un símbolo de escarnio y arrepentimiento. Muchas tradiciones penitenciales siguen vigentes: los portadores de la cruz a cuestas, los nazarenos descalzos con el cilicio bajo la túnica, Los Picaos de San Vicente de la Sonsierra, disciplinantes de la Cofradía de la Santa Vera Cruz que se flagelan la espalda, incluso La Rompida de la Hora en Calanda donde después de 26 horas de tamborrada se suceden los desmayos, el histerismo místico y las manos ensangrentadas.

Las primeras cofradías de Semana Santa surgieron en España a partir del siglo XV. Se organizaban como gremios de creyentes que se asociaban para exaltar la fe y celebrar la Pasión de Cristo mediante desfiles procesionales. El culto a las imágenes se fortaleció tras El Concilio de Trento entre 1545 y 1563 y La  Contrarreforma. La Iglesia Católica, preocupada por la expansión del luteranismo, pidió a los creyentes manifestar públicamente su fe en las calles. Es una verdad a medias considerar a la Semana Santa una expresión de la religiosidad cristiana. Sería más riguroso decir “religiosidad católica”. Para el cristianismo reformado, protestante, la justificación mediante la fe y la lectura literal de la Biblia excluye el culto a los santos y todo tipo de signos externos: imágenes, lujo y ostentación en los templos, desfiles procesionales, peregrinaciones, liturgia. Quizás el desbordamiento de la fe en determinadas fechas, no sólo en Semana Santa, se deba a que la mayoría de los católicos son creyentes a tiempo parcial, mientras que los protestantes lo son todo el tiempo. En realidad, los textos revelados de las grandes religiones monoteístas (el Judaísmo, el Cristianismo, el Islam) prohíben la sacralización, adoración e incluso la representación figurativa de las imágenes.

Las procesiones de Semana Santa en las ciudades, pueblos y aldeas españolas conforman una variada y variopinta cultura religiosa. La Iglesia católica permite el culto a las imágenes para honrar el mensaje evangélico, pero prohíbe la idolatría. Sin embargo, la línea entre ambos conceptos es en ocasiones muy tenue. Por ejemplo, los paisanos que alardean de no asistir a la misa dominical pero son capaces de partirse la cara con sus vecinos del pueblo colindante por la excelencia comparada de sus Vírgenes patronas. O la madrugá de Sevilla; o la procesión malagueña del Cristo de la Buena Muerte escoltado por La Legión; o El Encuentro en la Calle de la Amargura de Valladolid; o la solemne procesión de la Virgen de las Angustias en Cuenca. Hace tiempo publiqué una entrada en tono menor, irónica pero sin pasarme, pensé, sobre mi visión de la Semana Santa conquense que me valió una andanada de insultos y las críticas beligerantes de algunos cofrades ofendidos. Yo mismo fui hermano de la cofradía conquense del Santo Entierro. Túnica negra, capa y guantes blancos, capirote blanco con la cruz de Santiago en el pecho, cíngulo blanco con borlas. Tres pasos. Abría la procesión el yacente, seguido de la Cruz Desnuda y Nuestra Señora de la Soledad y la Cruz. Cuando desfilaba en mi época universitaria en las filas del yacente y cuando lo contemplo ahora en la bajada de la Plaza Mayor acompañado del canto del miserere siento el mismo estremecimiento y se me escapan las mismas lágrimas.  

Lo cierto es que la Semana Santa presenta aspectos no religiosos, el turismo vacacional, las especialidades gastronómicas (las torrijas, los huevos de Pascua, los pestiños, el resoli, el potaje de vigilia) y ciertas costumbres en declive: en los años sesenta se cerraban los cines, los bares y las salas de baile, sólo se escuchaba música religiosa en la radio, se recomendaba ayuno y abstinencia, no tener relaciones sexuales, usar ropa oscura o de luto (nunca roja), no jugar a los naipes, no decir groserías ni palabrotas, no clavar clavos el Viernes Santo y acudir a los oficios (en las ciudades de provincias se conoce todo el mundo). 

En fin, debemos a la teología protestante la música de Bach, las Pasiones, las Cantatas, la Misa en sí menor, los Himnos y Corales.  A la católica el resto del gran arte sacro. Las tallas de muchos pasos de Semana Santa tienen un gran valor histórico y artístico. Destacan, sobre todo, la escuela castellana y la escuela andaluza. La primera tiene su centro en Valladolid y sus máximos representantes son Gregorio Fernández y su sucesor Andrés Solanes, Francisco del Rincón, Juan de Ávila y su hijo Pedro. La segunda repartida entre las ciudades de Sevilla, Granada y Málaga, incluye artistas como Martínez Montañés, Alonso Cano, Pedro de Mena, Pedro Roldán y su hija Luisa o Juan de Mesa.

viernes, 18 de abril de 2025

Fake art

 

Hace una década un grupo de niños de entre dos y tres años pintaron un cuadro en su guardería bajo la atenta mirada de la reportera Fany Estévez (hoy sería una famosa influencer) para exponerlo de matute en ARCO Madrid, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo que se celebra anualmente en primavera. Puso a disposición de los párvulos, que se lo pasaron en grande, un lienzo, pinceles (pronto desechados) y botes de pintura para que se pusieran manos a la obra según los principios más libertarios del action painting. El resultado fue un espeso emplasto vagamente policromado. Cuando las madres recogieron a sus hijos pusieron el grito en el cielo. Sus caras eran una representación antropomorfa del cuadro. La reportera que diseñó el experimento consiguió colarlo y colgarlo en Arco. Las opiniones de los espectadores son tronchantes: refleja angustia, tristeza, según dos chicas jóvenes; para otra representan un mar de flores, una tercera cree que irradia ciertas sutilezas; un hombre de mediana edad dice que se trata de un cuadro complejo, mucha meditación detrás, mucha experiencia, un señor mayor asegura que la obra encierra una enorme carga erótica reprimida, y, finalmente, varios aseguran que quince mil euros de los de entonces es un precio más que razonable para esta obra de arte. No descarto que todo fuera un montaje de principio a fin. Después de todo, los comisarios de la exposición no son responsables de las fantasías de los visitantes.

Este año tuve el dudoso gusto de ver colgado en Arco sobre un fondo blanco siete bragas cada cual de un color rematadas por un consolador idéntico en todas y diez minutos de explicaciones de la artista. Había obras aún más triviales, como una vieja manguera de jardín enchufada a un grifo de la pared (¿recuerdos infantiles del jardín del abuelo?) o un torso de la Estatua de la Libertad mutilada… Decepción en general. No se puede considerar arte a todas las tendencias de última hora ni a ciertas vanguardias de lo nunca visto. A diferencia de la pintura de Tapies, Zóbel o Millares, por ejemplo, el autor del arte falso primero perpetra la ocurrencia y luego la justifica con un montón de manifiestos fundacionales, oscuros metalenguajes y teorías varias. Picasso decía que no buscaba sino encontraba, pero posteriormente evitaba escribir tratados sobre sus hallazgos, algo que detestaba. Al contrario, es conocida la incontinencia verbal de Dalí sobre la verdad sublime de sus cuadros, aunque en general no habla del cuadro sino de sí mismo, un pretexto para airear sus delirios narcisistas que por lo demás tampoco se tomaba demasiado en serio.

La farsa consiste en aceptar que es arte todo lo que está dentro de un contexto que lo legitima: sea el engrudo de los niños, las bragas con estrambote o un chicle pegado a la suela de un zapato como metáfora de la degradación de la vida urbana y tal y cual; o sea, escribir post evento un fárrago y pasarlo por arte conceptual.

Otro caso de experiencia estética fallida. Durante mi último viaje a Berlín una importante galería habilitó una habitación de 15x10 metros de paredes lisas color "blanco-humo" acristalada por el frente. Una suave música incidental propiciaba una atmósfera de duelo, silencio y actitud reverencial. En una pantalla colgante se proyectaban imágenes mudas de la barbarie nazi. Por una puerta lateral se accedía a una habitación que había sido rellenada por tierra y “materiales naturales” extraídos, según el cartel informativo, del Campo de Concentración de Mauthausen. Una luz muy tenue alumbraba los rincones de la estancia. No había objetos alusivos al holocausto que “desviaran la atención hacia una intuición más arcaica y espiritual de la historia”. Se invitaba a los espectadores a que entrasen en el espacio escénico, "pisaran el mismo suelo y tocaran la misma tierra", que compartieran sus ideas y sentimientos en una especie de cambiante dinámica de grupo. En los tres muros habían colocado unos paneles donde podías escribir tus impresiones o bien acordar, discrepar o completar otros fragmentos. Recordaban a las antiguas mesas funerarias del portal del finado para recoger firmas. Se trata de una falsa experiencia interactiva en la que se busca el contenido fácil, establecido de antemano, fijado por una dramaturgia evidente que forma parte del consumo efectista del que abusan ciertas galerías. Populismo estético. Una dialéctica invertida, desgastada, que niega la negación original. Acaso sea esta la única frase que alguien tendría que haber escrito (Adorno in memoriam): "Desmontad la habitación, no se puede escribir poesía después de Auschwitz".

P.D. Existe una distinción entre el arte falso y el arte falsificado, aunque el principio que los legitima es el mismo. Elmyr de Hory, uno de los más conocidos falsificadores de cuadros, a quien Orson Welles dedicó parte del documental Fraude (F for Fake), afirmó que muchas imitaciones suyas se exhiben como obras auténticas en las pinacotecas y museos del ancho mundo. Según los marchantes, vendió más de mil falsificaciones. Orson Welles se pregunta cuál es la diferencia entre una imitación de Modigliani y una pintura auténtica cuando los expertos no han podido certificar cuál es cuál. Esta cuestión plantea problemas difíciles de abordar como qué es arte, los límites del arte y los criterios para definir esos límites. Quizás en otro momento.

domingo, 6 de abril de 2025

Curso para ejecutivos. Los sofistas

Tengo la impresión de que la filosofía ha experimentado un moderado repunte social. Se publican con frecuencia artículos sobre la felicidad, el ocaso de occidente o el cambio climático escritos por filósofos más o menos conocidos. Quizás se deba al deseo de vislumbrar una lux in tenebris en estos años de oscura Edad Contemporánea, o a una nueva De consolatione Philosophiae ante la avalancha de distopías sobre la computación cuántica, la Inteligencia Artificial o a los arcanos del ocultismo revelado que profetizan el Armagedón a corto plazo. Lo cierto es que cada vez es más difícil distinguir al periodista de altura del filósofo de bajura

Alguien debió desempolvar mis modestas colaboraciones con el Ministerio de Educación y Ciencia hace océanos de tiempo para que una mañana navideña recibiera la inesperada llamada del director de recursos humanos de una importante consultora. Me ofrecía la organización de un curso de formación transversal para ejecutivos. Nada demasiado serio, añadió (y sentí el primer picotazo). Las sesiones de dos horas se celebrarán los jueves por la tarde en la sede de la empresa. Luego habló de mis honorarios, más que generosos para el oficio de docente, lo que me sirvió para justificar el dislate y acallar mi conciencia intelectual. Si la filosofía es un saber que abarca la totalidad de lo real, el orteguiano imperativo de pantonomía, también incluye a las grandes corporaciones, me dije, desde las escuálidas normas de una ética de circunstancias.

Por fin, el director me explicó los objetivos del curso. Asistirán los gestores de primera fila que llevan la voz cantante en las reuniones internas, nacionales e internacionales. No más de quince. Las internas importan menos, puesto que los disparates quedan en familia, pero no las otras. En una reunión de negocios se habla de millones, también de política, coches, sexo e incluso de la pintura moderna en el mercado del arte. Causa mala impresión a los afinados oídos de los clientes las trivialidades de nuestros ejecutivos cuando surgen ciertos temas por generación espontánea o no. Muchos gazapos pasan desapercibidos, pero los equipos orientales, por ejemplo, vienen cada vez más leídos. Resulta humillante observar cómo se dibuja en los labios de la letrada de la parte contratante de la segunda parte una sonrisa displicente al escuchar a nuestro jefe de ventas largar que Rousseau le sonaba a un diseñador de alta costura, francés por supuesto (segunda majadería). Imagínese a una japonesa de poco más de metro y medio poniendo en ridículo a la división acorazada de la empresa. También nos perjudica un silencio cargado de miradas aprensivas, de comunicación no verbal embarazosa. Para los clientes sólo demuestra ignorancia, lo cual puede ser el motivo latente para rehusar un acuerdo con patanes. Algunos equipos rusos se dedican directamente a tocarnos las narices a los diez minutos de sentarnos. Antes de tratar el primer punto del orden del día comienzan con un "Como dijo Aleksandr Solzhenitsyn: La precipitación y la superficialidad son las enfermedades crónicas del siglo". Los idiotas somos nosotros. Seguro que esconden algún listillo tapado. Creen que con esta farsa pedante llevan la iniciativa. ¡Que les den a sus asesores de imagen! No sé si le queda a usted claro lo que pretendemos.

- Más o menos, contesté. ¿Qué duración tendrá el curso?

- Un semestre prorrogable (la zanahoria) repartido en cuatro materias, cada una a cargo de un especialista: arte, literatura, historia y filosofía. Tienen ese plazo para repulir las uñas a la casta. No pretendemos –me atajó cuando empezaba a decir algo- que los conviertan en filósofos griegos o artistas de Renacimiento, sería una ruina, sólo que adquieran un cierto lustre, un barniz ilustrado que disfrace sus carencias. Son purasangres, no quiero que rebuznen.

- ¿Cada materia tendrá un programa?

- Bueno, no descartemos que los temas tratados sigan un plan, un orden, una sucesión cronológica, aunque lo que nos interesa es que, tras un breve enfoque previo, adquieran las destrezas precisas que les permitan evitar una divagación molesta sobre, pongo por caso... un poema. O, mejor, desviarla hacia un conjunto de asuntos colaterales, prefabricados si puede ser. O, aún más, que sean capaces de imponerse. Si un mandado recita los versos de un poeta chino, uno de los nuestros deberá replicarle con un soneto de Quevedo.

- ¿Quién decide ese repertorio de temas?

- Usted es el experto. Elija qué autores son pertinentes en una reunión cuya finalidad es un suculento contrato para prolongar el metro de Tokio. ¿Acaso Hegel, sonrió? (mi conciencia ladraba de nuevo).

Celebramos la primera sesión en una sala de juntas con mesa larga de caoba. Venían uniformados con trajes de confección a medida, carteras de cuero y corbatas de seda. La mesa parecía una tienda de Apple. Nadie fumaba. Tras presentarme y pasar lista del modo más afable, con paradas para comentar cualquier cosa, disparé: pueden asistir al curso vestidos como quieran; en todo caso, a no ser que les obliguen, un atuendo informal, cómodo, deportivo, les ayudará a liberarse por unas horas de su "rol dominante"; quizá entenderán mejor lo que nos traemos entre manos; por cierto, sólo lo sabremos mientras lo hagamos. La verdad como proceso, lo mismo que cerrar un contrato. Durante las sesiones pueden opinar, hacer las sugerencias que estimen oportunas o preguntar lo que quieran. (El verbo “interrumpir” se daba por supuesto).

- ¿Sinceramente, profesor, piensa que este curso académico sirve para algo? susurró un varón de edad indefinida.

- Este curso no tiene carácter académico, créame. ¿Cuándo dice “servir para algo” a qué se refiere exactamente?, contesté con voz amable. Supongo que les habrán informado de los objetivos. No conozco bien el mundo de las reuniones de negocios, sus reglas y emboscadas, pero si la empresa financia el curso tendrá sus razones. En cualquier caso me dejaré guiar por su criterio. Dicho de otro modo, ustedes decidirán qué cosas pueden ser útiles para su trabajo. Nos quedaremos con ellas y las demás se perderán en el camino. Ustedes aprenderán algo sobre los grandes pensadores y yo sobre las grandes firmas. Quid pro quo. Por lo demás, no es relevante que les interese la filosofía ni a mí los negocios. Ustedes hacen como que les interesa y yo hago como que me lo creo. Y viceversa. Sería absurdo por mi parte darles lecciones de pragmatismo.

- Dicho de otro modo, resumió una joven de pelo corto y traje gris marengo, tenemos que aportar valor añadido a la empresa mediante la concordia entre capitalismo y filosofía por este orden.

- Algo así, asentí sin entenderla. Al hilo de los maestros pensadores ensayaremos conjuntamente los órganos de la argumentación: lógica, dialéctica y retórica, es decir, razonar, disputar y convencer. Podrán usarlos para desmontar las argucias y espejismos de sus rivales. Aunque supongo que ustedes ya dominan a su manera tales recursos.

- Una pregunta personal, profesor (levantó la mano un elegante caballero barbado con gafas doradas y reloj de lujo); por supuesto puede no contestar y entonces le pediré disculpas. ¿No le parece que esta mezcla de negocios y filosofía puede ser una comedia y una falta de sentido común por su parte y la nuestra?

- Desde luego no se anda usted por las ramas. Es posible. Dígaselo a su jefe. Intentaré contestarle con la escuela filosófica que abre el curso. (Se hizo un silencio expectante). Lean primero la hoja que acabo de entregarles.

En la segunda mitad del siglo V surge en Grecia un influyente movimiento intelectual, pedagógico y político: los sofistas; son sabios procedentes de distintos lugares que ofrecían a cambio de dinero enseñanzas prácticas encaminadas a triunfar en la plaza pública. Las causas de su surgimiento son múltiples. La primera y principal es la evolución de la polis ateniense hacia la democracia, lo que supone la aparición de un nuevo valor: el éxito social. Todos los hombres libres pueden aspirar al éxito en virtud de sus méritos. Los sofistas eran maestros, “profesores” capaces de enseñar a los atenienses los medios para lograrlo. No todos podían asistir a sus clases: los honorarios eran caros y prescindían de los alumnos incompetentes. Enseñaban a persuadir, a manejar opiniones e influir en la vida política. Para los sofistas el criterio de la verdad es solamente práctico: debe estar basado en el interés, la fama y el beneficio de la ciudad. Los dos sofistas más célebres son Gorgias (aprox. 490-380 a. de C.) y Protágoras (aprox. 480-410 a. de C.). 

- ¿Alguna sugerencia?