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viernes, 12 de junio de 2026

El papado

El Vaticano no está en Roma sino al revés. Roma es uno de los vastos dominios pontificios y una extensión de la autoridad espiritual de la Santa Sede. Es el Vaticano quien ha concedido el derecho de extraterritorialidad a la Ciudad Eterna. Vamos del Vaticano a Roma. Es preciso recorrer en sentido inverso la Via della Conciliazione para entender donde estamos. Un ejemplo entre mil: El Coliseo se salvó de la demolición gracias a que el Papa Benedicto XIV lo declaró en 1749 lugar sagrado en memoria de los mártires cristianos ejecutados en la arena. Actualmente es parada tradicional del Papa en el Via Crucis del Viernes Santo (para que no se olvide lo que les pasó a los cristianos y al Coliseo). En Roma hay más de novecientas iglesias católicas: pequeñas capillas de barrio, oratorios privados y santuarios, sesenta y cuatro basílicas menores y cuatro grandes basílicas papales. Es la ciudad con mayor concentración de templos del mundo. 

La fila para entrar a la Basílica de San Pedro, el mayor templo de la cristiandad, es tolerable. Su pórtico está siempre abierto a los millares de almas que acuden a diario. Sin esa generosidad (la entrada es gratuita) sería imposible traspasar las cinco puertas de bronce. Antes o después tendrán que limitar el acceso por razones de conservación. Lo primero que te encuentras dentro es una abigarrada marea humana que tiene don de lenguas. Sólo cuando te acercas al altar mayor te mueves con menos agobios. En el transepto derecho, junto al altar papal y el baldaquino hay numerosos confesionarios donde puedes redimir tus pecados en quince idiomas. Cada confesionario pertenece a una orden religiosa. Curas y monjas de todas las órdenes y profesiones deambulan como Pedro por su casa. Expresión del pluralismo doctrinal de la Iglesia Católica.

Su interior es inabarcable; evoca la teocracia y el poder absoluto del papado. La escala grandiosa del edificio, el horror al vacío del Barroco, la cúpula, el baldaquino de bronce, las estatuas con mitra y báculo, la cripta con las tumbas de 91 pontífices, un tercio de los Papas de la historia, los tesoros de la cámara, las reliquias, todo concluye en una verdad intramuros: primero el Papa, después la Curia Romana, luego el Espíritu Santo, la Virgen, los santos y la cristiandad. La tradición, la jerarquía y las encíclicas sustituyen a los Evangelios.

Durante mi visita, una parte de la nave central permanecía cerrada con vallas de separación y alfombra roja; al rato la recorrieron a paso ligero y mirada al frente cuatro cardenales y su séquito de clero subalterno. Comprendí a quiénes esperaban los mercedes negros aparcados ante la escalinata de la Basílica con chófer y bandera de la Ciudad del Vaticano. Aproveché la desbandada de curiosos para contemplar sin empujones la incomparable Pietà. Las conocidas inscripciones grabadas en la base de la cúpula pueden resumirse en un mensaje: lo que sea atado en la tierra no sea desatado en el cielo.

El propio Nietzsche en El anticristo reconoce su admiración por la iglesia de Roma: su ostentación, su exterioridad, su gusto por el lujo y el ornamento, su sentido aristocrático, su amor por el gran arte. Las invectivas van contra el luteranismo, una religión de la oscura experiencia interior, del evangelio y la predestinación, de los valores contrarios a la vida, de la decadencia espiritual y el triunfo del nihilismo. Un ateo podría decir con fervor al levantar la vista a la cúpula de San Pedro: no creo en la religión verdadera y aún menos en las falsas.

Los museos vaticanos. Casi dos horas de cola. Si no has reservado la entrada o no vas con un grupo organizado te toca bordear la parte norte de las murallas hasta la única puerta de entrada en Viale Vaticano 165, Roma. Lucía un sol picante de primavera: una legión multirracial intenta venderte gorras y sombreros. De pronto llueve, un chubasco pasajero: los mismos ahora cargados de paraguas. Compré uno por tres euros (me pedía seis) y no llegó sano a la entrada. Manteros con recuerdos, quincalla y otras menudencias. Cuando aparecen los carabinieri los mercaderes del templo se esfuman como por ensalmo.

Al acceder a las estancias recordé una cita de Chateaubriand: Me pierdo por los museos de este Vaticano con once mil cámaras y dieciocho mil ventanas. ¡Qué soledad la de estas obras de arte! Se convierten en objetos sin vida para ser fotografiados. El peregrino se transforma en alguien que observa el mundo a través de un móvil, en parte por los recuerdos y mensajes, aunque hay mejores imágenes en los libros de la tienda oficial (excelentes). En la mayoría de los casos son un remedio contra el tedio errante y el exceso de información.

La arquitectura de los palacios te invita a recorrer todas las salas. Una visión completa del museo llevaría semanas. Estuvimos una mañana entera. Tres maravillas: Fortuna detenida por el amor de Guido Reni (Sala XII de la Pinacoteca), Apolo de Belvedere (Patio Octógono) y la Galería de los mapas. Pero sobre todo la Capilla Sixtina, la obra de arte más hermosa que han contemplado los siglos. Su belleza trascendente es el mejor prueba de la existencia de Dios. Como es sabido allí se encierran con llave los miembros del Colegio Cardenalicio para elegir al nuevo Papa. Extra omnes, la fórmula solemne pronunciada por el Maestro de las Celebraciones Pontificias antes de que comiencen las consultas y votaciones que culminarán con la fumata blanca inspirada por el Espíritu Santo. Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam.

P.D. Acaso estas líneas ayuden a comprender mejor el significado de los fastos de la visita apostólica del Papa León XIV a España. 

viernes, 19 de enero de 2024

Dios ha muerto

No hay en Nietzsche una negación de la religión en sí misma, sino un ajuste de cuentas con las religiones monoteístas, en especial, el judaísmo y el cristianismo por considerarlas contrarias a la vida, un concepto romántico demasiado ambiguo y abarcador; prácticamente todos los ámbitos de la cultura europea del siglo XIX recibieron de un modo u otro la denominación de vitalistas: las ciencias naturales, la literatura, la historia, la psicología… El vitalismo nietzscheano subraya la dimensión biológica del hombre: la corporalidad contra su antónimo; la salud, de la cual el pensamiento siempre es deudor; los sentidos, increíblemente perfectos y precisos, sin los que ni el arte ni la ciencia hubieran sido posibles; los instintos, única guía infalible de la condición humana.

Es más, hay manifestaciones religiosas como el politeísmo griego en el que los dioses olímpicos encarnan y afirman las fuerzas elementales de la vida, como el amor o el odio, el deseo o el rechazo, el perdón o la venganza, la compasión o la crueldad. Nietzsche siempre tuvo presente en su crítica al cristianismo la versión protestante, una religión de la subjetividad basada en la profunda interiorización de sus principios teológicos. El protestantismo es una experiencia religiosa permanente o total: el protestante es cristiano siempre, en cada hora y en todos los ámbitos de su quehacer, mientras el católico sólo lo es a tiempo parcial y en señaladas ocasiones, normalmente rituales.

Por oposición al protestante, el cristianismo católico es para Nietzsche una religión de la exterioridad, de la sublimación de los aspectos externos del culto, como la liturgia, las imágenes, el arte sacro, los templos, el lujo y el ornato, el poder temporal y la jerarquía. Nietzsche manifiesta su entusiasmo por el carácter aristocrático de la Iglesia Romana. Los Borgia, la teocracia pontificia. Roma pertenece al Vaticano, no al revés.

Nietzsche alaba y respeta la figura histórica de Jesús (v.  El anticristo). Sus ataques se dirigen más bien a San Pablo, autor doctrinal del cristianismo tal y como lo conocemos. El cristianismo paulino inventó los conceptos del Dios-hombre, el Espíritu Santo, el alma inmortal como dogmas contrarios a la vida. Pablo de Tarso (un vagabundo neoplatónico) era un charlatán, un embaucador que enturbió el mensaje original de la comunidad cristiana. Imaginó un más allá trascendente para propagar la falsedad del antropocentrismo. En realidad, el hombre es una especie que lleva muy poco tiempo instalada en la infinitud del universo, apenas unos segundos a escala cósmica; su aparición y desaparición no supone nada para el infinito juego del devenir. Ideó un tiempo escatológico para suprimir la teoría del eterno retorno inspirada en las cosmologías cíclicas de los Presocráticos que concibe el universo como un despliegue cíclico ausente de cualquier propósito o finalidad. Creó los valores degradados de la caridad, la compasión, la humildad, la abnegación, la obediencia y el sacrificio para debilitar la voluntad de poder. Dionisos contra el crucificado es el lema de Nietzsche. Por otra parte, la religiosidad como manifestación contraria a la vida no sólo se manifiesta en la tradición judeocristiana, sino que se prolonga en la proliferación de iglesias terrenales, como aquellos que creen ciegamente en el progreso indefinido de la humanidad, los hechos definitivos del positivismo, la diosa materia como único nivel de realidad o el paraíso socialista. El socialismo es considerado por Nietzsche como una forma inferior de cristianismo. 

La contrapropuesta a la concepción cristiana es la idea de la muerte de Dios: El hombre no necesita del Dios de las religiones monótonoteistas, se trata de una ilusión metafísica que se sitúa al comienzo de toda manifestación de la vida, cuando debería ir al final o simplemente no ir en ninguna parte. La consecuencia de la muerte de Dios es el nihilismo, el anonadamiento antropológico y cultural tras el desenmascaramiento de las ideas metafísicas (la Verdad, el Bien, la Cosa en Sí) y los valores decadentes del judeocristianismo. El nihilismo es el vacío que queda cuando las palabras que sustentan la cultura occidental se convierten en un inmenso columbario. El nihilismo es la inanidad del hombre desorientado, privado de la voluntad de vivir porque carece de respuestas al sentido de la vida y prefiere creer en nada.

La superación del nihilismo es el superhombre cuyos valores supremos son la fidelidad al sentido de la tierra, la aceptación del eterno retorno y la plenitud de la voluntad de poder. El superhombre, un tránsito y un ocaso, simboliza la superación de la decadencia de occidente (una teoría recurrente desde la caída del Imperio Romano hasta nuestros días). Su obra más ambiciosa Así habló Zaratustra, concebida como una anti-Biblia, es una inversión total o transvalorización de todos los valores. No hay que identificar al superhombre con un tipo racial, no se trata de una raza superior, sino de un arquetipo cultural. El superhombre debe ser entendido como el itinerario posible sin concreción histórica de la disolución y renacimiento de la cultura occidental. Un final inevitable en la rueda del tiempo, aunque su emergencia aparece finalmente sumida en el misterio de un futuro que Nietzsche consideró que no era siquiera imaginable.

En su obra Así habló Zaratustra Nietzsche se aproxima a la intuición del superhombre mediante la metáfora de las tres transformaciones: Primero, el espíritu humano es el camello, que se arrodilla y recibe la suprema carga de las ideas metafísicas, los valores morales y las creencias religiosa, en las cuales languidece, se anonada y se pierde. Después, el espíritu respetuoso y sumiso, cansado del engaño, se convierte en león, arroja con fuerza, lejos de sí, la pesada servidumbre de las mentiras que soporta sobre sus hombros y se convierte en el gran negador, en el gran destructor, en el lúcido iluminador que desenmascara los engaños perniciosos de la tradición occidental. El león contrapone al tú debes de la obediencia el yo quiero de la voluntad de poder. Finalmente, el valor de la libertad como creación de valores deja paso al valor supremo de la inocencia. El león se convierte en niñoInocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que gira por sí misma, un primer movimiento, un santo decir “sí”. El niño es el umbral, la puerta a esas mil sendas que no han sido recorridas, mil formas de salud y mil compensaciones ocultas en la vida...

viernes, 16 de mayo de 2025

Los tres votos

 

Como es sabido, los tres votos fundacionales de los clérigos de la Iglesia Católica, desde el diácono hasta el cargo supremo del Papa, son obediencia, pobreza y castidad. El primero supone la renuncia humilde a la iniciativa individual de interpretar la doctrina de la fe y la sumisión de abajo arriba a la autoridad eclesiástica. El segundo, la renuncia a los bienes materiales, al lujo y a la riqueza, contrarios a la sencillez de la vida de Jesús y el mensaje evangélico. El tercero, la renuncia a la unión conyugal y a la sexualidad, a la aceptación del celibato como pacto de entrega y dedicación plena a la misión universal de la Iglesia. En fin…

Hace quince años participé en un proyecto del Ministerio de Educación y la Agencia de Cooperación Internacional para elaborar los programas de Bachillerato de un país centroafricano. Dirigía el equipo interdisciplinar un representante de la Alta Inspección. El obispo de la diócesis de la capital, hombre culto según parece, al tener noticias de nuestro proyecto invitó al inspector a una cena en el palacio episcopal. Parte de la crónica del atónito huésped fue literalmente la siguiente: Mientras unas camareras con delantal y guante blanco servían los entrantes en bandeja de plata irrumpieron en el comedor tres ruidosos churumbeles seguidos de dos mujeres que se los llevaron de las orejas para que no molestaran.

- ¿Quiénes son, pregunté intrigado por la inesperada visita?

- Son mis hijos y sus madres.

Guardé un pasmado silencio, pero cuando pasamos al salón a tomar café no pude reprimir la pregunta obligada.

-  Con todo respeto Monseñor y disculpe mi indiscreción, ¿es acorde con la doctrina católica que un obispo tenga esposas e hijos?

- Un Pastor auténtico, respondió con naturalidad, debe compartir las costumbres ancestrales de su fieles. Sólo así podrá ejercer su sagrado magisterio y llevar la palabra de Dios a las familias.

- ¿Nadie de sus superiores le recrimina su forma de vida ni le llama la atención? Y decidí no hacer más averiguaciones.

-  Claro que no. Si lo hicieran pediría mi inmediato traslado de sede. Por supuesto, lo saben pero también lo comprenden. Esto es África, el lugar del mundo más olvidado por la divina providencia.

Salíamos de la Basílica de San Pedro en nuestro tercer viaje a Roma para dirigirnos a las estancias y galerías de los Museos Vaticanos. Al llegar a la puerta escuchamos el murmullo de los visitantes y unas voces firmes que rogaban abrir paso a una solemne comitiva. Prego, lasciate passare le eminenze. Nos detuvimos. Una doble fila de diáconos (me enteré luego del cargo) ocupaba el centro de la Basílica escoltando a tres purpurados que descendieron a la Plaza donde les esperaba un Mercedes 600 negro con chófer uniformado y bandera papal. Almuerzo en Scarpetta, supuse, uno de los restaurantes más exclusivos de la Via Veneto. Durante el paseo (esta vez saqué entradas con antelación) hasta la entrada de los Museos en territorio italiano me acordé de lo que había escrito hacía diez años en mi segunda visita: El Vaticano no está en Roma sino al revés. Roma es uno de los vastos dominios pontificios y una extensión de la autoridad espiritual de la Santa Sede. Es el Vaticano quien ha concedido el derecho de extraterritorialidad a la Ciudad Eterna. Vamos del Vaticano a Roma: hay que recorrer en sentido inverso la Via della Conciliazione para comprender donde estamos.

Estudié primero y segundo de Bachillerato en un colegio salesiano de Cuenca. Después mis padres me sacaron porque no les convencía el bajo nivel académico, el ambiente sobrecargado de religiosidad y los rumores morbosos que circulaban por la ciudad. Nunca pertenecí a la JUSAVI o Juventudes de Domingo Savio, un grupo de alumnos elegidos por su compromiso personal y naciente vocación. La clase de tropa los evitaba porque eran los oídos de los curas. Un JUSAVI de alto rango (había varios escalones), llamó a capítulo a varios descarriados, entre los que me contaba, porque Don Vicente consideraba negativa nuestra actitud ausente en la arenga matutina antes de empezar las clases, los bostezos crónicos en la misa diaria y el desinterés manifiesto por los ejercicios espirituales. Lo cierto es que si mis padres no me hubieran sacado del colegio me habrían echado. Un colega de la JUSAVI, que entró más por peloteo que por convicción religiosa, huyó despavorido en cuanto se dio cuenta de los tocamientos y desórdenes que se producían en las reuniones semanales. Los mayores hablaban y todos escuchábamos. Se sabía lo que pasaba. Una de las víctimas de los abusos sexuales fue el hijo de un coronel del ejército de tierra que al enterarse de lo que ocurría puso el grito en el cielo, se plantó sin cita previa en el despacho del director y le faltó poco para sacar la pistola. Lo cierto es que su hijo era un alma cándida, aspirante a víctima, que no distinguía el amor al prójimo con dejar que te soben. Sólo se lo contó a su padre cuando las cosas fueron a mayores. El escándalo le costó el traslado forzoso al director, al jefe de estudio, al coadjutor que dirigía la JUSAVI y algún cura libidinoso. Después el obispo activó el cortafuegos. Para entonces yo estudiaba tercero de Bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media Alfonso VIII, a salvo de la quema.  

viernes, 4 de marzo de 2022

El origen de la religión

 

La antropología cultural explica los orígenes de la experiencia religiosa, el surgimiento del hecho religioso y sus raíces en la idea de lo sobrenatural.

Un solitario paseo vespertino por el antiguo cementerio de San Isidro, un bello camposanto situado en un alto de Madrid, nos conecta poéticamente con este sentimiento ancestral: la presencia de la tierra sagrada, el aleteo de las almas entre los cipreses, la soledad de los panteones ilustres… Ensoñaciones de un paseante solitario. No podemos sustraernos al misterio simbólico del más allá. Echa una mirada a la vida y a la muerte, ciudadano que pasas por aquí delante, reza el epitafio de una sencilla lápida. Nombres escritos en el agua.

La religión comienza con lo que todas las culturas, desde la prehistoria hasta nuestros días, entienden por sobrenatural. ¿Pero cuál es el origen de esta creencia universal? Los antropólogos Carol y Melvin Ember afirman que Los fantasmas y los espíritus ancestrales son seres sobrenaturales que en el pasado fueron seres humanos. La creencia de que los seres vivos pueden percibir la presencia de fantasmas o de sus acciones es casi universal. Esta cuasi universalidad puede tener fácil explicación: en las experiencias de la vida sentimos muchas impresiones que asociamos a un ser querido, y cuando este muere, seguimos sintiendo esas impresiones que, de algún modo, nos hacen creer que está vivo. El abrir una puerta o el olor a tabaco o colonia, evocan la sensación de que la persona aún está viva, aunque solo sea por un instante. Por otra parte, los sueños también recrean la idea de que los seres queridos siguen vivos. No es de extrañar, entonces, que todas las sociedades crean en fantasmas.

De hecho, el duelo por las personas más queridas puede tomar dos caminos opuestos (probablemente equivocados): huir de los fantasmas (cambiar de casa, ausencia de los objetos personales, viajes a lugares desconocidos) o convivir con ellos (convertir la casa en un jardín del recuerdo, con fotografías de los momentos compartidos y la urna de las cenizas en un rincón de culto). 

La experiencia religiosa tiene su origen antropogenético en el tránsito gradual de lo sobrenatural a lo numinoso, lo divino, lo sagrado, lo santo. Comienza con el reconocimiento durante el proceso de hominización de la existencia de poderes superiores a las fuerzas de la naturaleza que rigen de forma arbitraria el curso de los fenómenos naturales y sociales. La religión comienza con la posibilidad que tiene el hombre por diversos medios (invocación, rituales, ofrendas y sacrificios) de sentirse vinculado, religado a lo sobrenatural. Las pinturas rupestres del Paleolítico Superior, por ejemplo, tenían una finalidad ornamental, pero también propiciatoria, de invocación a los espíritus de la caza, la fertilidad o la guerra. El hombre ha creído en lo sobrenatural desde los primeros eslabones del proceso de hominización. Los yacimientos paleoantropológicos muestran al Homo erectus enterrado siempre en la posición supina de mirar a los cielos, de lo cual algunos filósofos desbocados han deducido unas incipientes inquietudes religiosas en los albores de la especie humana. Además, los monumentos funerarios de los yacimientos prehistóricos posteriores revelan la creencia en una vida sobrenatural o trascendente.

Vivimos tiempos difíciles para la religión. El problema central desde la Patrística, la Escolástica, la Reforma, El Concilio Vaticano II … hasta nuestros días ha sido la tensión entre razón (la ciencia) y fe (el dogma). Es decir, entre la comunidad científica y las iglesias. Durante la pandemia la balanza se ha inclinado claramente por la razón, incluso en los países más católicos: nada de procesiones, rogativas o triduos contra la peste; en misa, mascarilla y distancia social; en los entierros por covid tres familiares; en la entrada de la iglesia junto a la pila bautismal un dispensador de gel hidroalcohólico; las bodas y funerales, mejor aplazarlos hasta nuevo aviso. Afortunadamente la ciencia ha parado por ahora el apocalipsis mediante las vacunas. En pleno siglo XXI, hasta los fideístas más conversos aceptan que Dios ha creado el virus, como todo, pero no se hace responsable de sus efectos. Dudan: Si Dios no existe todo está permitido. Las coladas ardientes del volcán, la incompetencia de unos políticos que hacen del insulto, el tú más y del ventilador su concepción del bien común (Maquiavelo se quedó corto al describir el no lugar de la ética en la política); y ahora, los horrores de la guerra. Decididamente, la existencia de un Dios omnipotente e infinitamente bueno es incompatible con el problema del sufrimiento y el mal en el mundo. 

Hay tres soluciones teológicas a esta contradicción ajenas a las consabidas teodiceas tradicionales que lo justifican y racionalizan hasta eliminarlo y convertirlo en bien simulado o en líneas torcidas que finalmente se enderezan. La primera es la negación del Ángel caído, en palabras del iluminado párroco de la famosa novela “Cien años de soledad”, un inconsciente seguidor de las tesis ocultas de John Milton en El paraíso perdido o del esoterismo de William Blake en El matrimonio del cielo y del infierno.

Desde entonces manifestaba el párroco los primeros síntomas del delirio senil que le llevó a decir, años más tarde, que probablemente el diablo había ganado la rebelión contra Dios, y que era aquel quien estaba sentado en el trono celeste, sin revelar su verdadera identidad para atrapar a los incautos.

La segunda es la religión maniqueísta, fundada en el siglo III d.C. por Manes quien se consideraba a sí mismo el último de los profetas y a su doctrina la verdad definitiva. Su idea central es que el mundo está regido por dos principios contrarios y eternos de igual poder y jerarquía, el Bien y el Mal; ambos plenos y consistentes, enfrentados en eterno conflicto sin posible unidad de los contrarios. La prevalencia de uno o de otro es el reflejo de la vida misma, de la eterna agonía de las luces y las sombras. Hasta los ideales morales más nobles pueden mostrar de pronto las garras afiladas del monstruo. Inversamente, del cadáver vencido e insepulto de la bestia puede surgir los presagios del bien.

La tercera es el ateísmo. Aunque la religión es una institución aceptada en todas las culturas no es así en todos los sujetos. Hay compromisos teóricos y prácticos contrarios a la experiencia religiosa: los más conocidos son el ateísmo, el agnosticismo y la indiferencia. En los tres casos el mal en el mundo sólo es imputable al hombre. El ateísmo consiste en asumir simplemente o en demostrar racionalmente que Dios no existe. El ateísmo práctico se sitúa al margen de la existencia de Dios sin ninguna justificación conceptual. El ateísmo teórico pretende racionalizar el sinsentido de aceptar la existencia de Dios. Muchos han sido los maestros pensadores que han sido ateos: Marx, Nietzsche, Freud o Sartre. Científicos eminentes como Steven Weinberg o Stephen Hawking han afirmado que la ciencia puede concluir experimentalmente que Dios no existe. Uno puede ser un científico y tener creencias religiosas. Pero no creo que pueda ser un verdadero científico en el sentido más profundo de la palabra, porque son dos categorías del conocimiento incompatibles entre sí, comentó Peter Atkins, catedrático de la Universidad de Oxford. El mundo es lo que acaece.

viernes, 4 de marzo de 2011

El ocaso de los dioses


Los primeros romanos veneraban a un número incontable de espíritus, denominados númenes (numina), que regían las fuerzas de la naturaleza y las acciones de los hombres.
Los númenes, a los que había que complacer para que fueran propicios, eran poderes misteriosos o deidades que formaban parte de los seres y de la vida.
Cada rincón del bosque, cada camino, cada fuente, cada árbol, cada actividad humana tenía su numen, por lo que se llegó a decir que en Roma había más dioses que hombres…
San Agustín (354-430), en un capítulo punzante y tendencioso de La Ciudad de Dios, describe las tropelías, en su versión, de la religión romana primitiva; la exposición del filósofo cristiano (que atribuye a los maestros paganos) es además errónea, ya que a lo largo del capítulo IV, titulado La grandeza de Roma como don adivino, mezcla los dioses olímpicos del panteón grecorromano con los númenes.
Los acotados obviamente son míos.

OPINIÓN DE LOS MAESTROS DEL PAGANISMO, SEGÚN LA CUAL LOS DIVERSOS DIOSES SE IDENTIFICAN CON JÚPITER

Es, en fin, él mismo [Júpiter] indefectiblemente quien está en aquella caterva de dioses semiplebeyos [númenes]. Él es quien preside, con el nombre de Líber, las efusiones seminales el hombre, y con el nombre de Líbera las de la mujer [sic]; él, Diéspiter, quien conduce el parto a buen fin; él mismo, la diosa Mena, está al frente de las reglas femeniles; él, Lucina, es invocada por las parturientas. Es él quien presta ayuda a los recién nacidos, recibiéndolos en el regazo de la tierra con el nombre de Opis [numen de la abundancia], y les abre la boca a los primeros vagidos con el nombre del dios Vaticano, y con el de la diosa Levana, quien los levanta de la tierra [al nacer un niño lo ponían desnudo sobre la tierra; para considerarlo legítimo lo tenía que levantar el padre o alguien que lo representara]; y él quién protege la cuna y se llama Cunina.

Nadie más que él es quien está entre las diosas que le cantan el destino a los recién nacidos, llamadas Carmentas; se llama Fortuna cuando preside la suerte, y en la diosa Rumina es él quien hace fluir la leche del pecho materno a los labios del lactante (antiguamente a la mama se la llamó “ruma”).
Regula Júpiter la bebida en la diosa Potina, y en Educa la comida. Se llama Paventia cuando se relaciona con el pavor que sienten los niños, y Venilia con la esperanza en lo que vendrá; Volupina con la voluptuosidad, y Agenoria [diosa de la industria y la actividad] con la actuación. Recibe el nombre de la diosa Estímula [diosa que excita el deseo sexual] por los impulsos que hacen al hombre sentirse estimulado a la actividad excesiva [hacer el amor con desenfreno], y de Estrenia cuando infunde coraje; Numeria porque nos enseña a numerar, y Camena a cantar. Es también el dios Conso, porque da consejos, y la diosa Sentia, que inspira las opiniones. Y la diosa Juventa, quien pasada la edad de vestir la toga pretexta [prenda de vestir distintiva que llevaban los niños menores de dieciséis años], apadrina la entrada en la edad juvenil.

Júpiter es, además, la diosa Fortuna Barbada, la que cubre la barba de los adultos. (No veo por qué no han querido, en honor a ellos, que esta curiosa divinidad fuera del género masculino). (…)
Él mismo sigue siendo el dios Yugatino, quien enlaza a los cónyuges [en la ceremonia matrimonial], y en el momento de desatarle el cinturón a la recién casada [tras la entrada de los conyuges en el tálamo o cámara nupcial], es él invocado con el nombre de Virginiense. En fin, es Júpiter el mismo que Mutuno o Tununo, para los griegos Príapo [dios menor rústico de la fertilidad; se solía representar con un enorme falo en perpetua erección o en posición fálica, símbolo de la fuerza fecundadora de la naturaleza].

Si no les produce sonrojo, es Júpiter quien se identifica con el desempeño de todas estas funciones que acabo de citar y las que he omitido (no las pretendo citar todas); él está en todos estos dioses y diosas, bien bajo la modalidad de ser partes diversas suyas, como pretenden algunos, o bien la de ser sus atributos, como prefieren los partidarios de llamarle “el alma del mundo”, sentencia ésta seguida por los maestros de más relieve.

domingo, 17 de diciembre de 2023

Ética del deber, ética de circunstancias y ética circunstancial

Toda ética es de circunstancias porque vivimos inmersos en los valores morales de una cultura, subcultura o contracultura y nos educamos en los grupos primarios y secundarios de una sociedad. La circunstancia impregna las decisiones puntuales que tomamos y orienta nuestra ética personal, interpersonal y política. A esta altura determinada de los tiempos, diría Ortega, asistimos al irresistible ascenso de una mutación vírica de la ética de circunstancias: la ética circunstancial, surgida de la inconsistencia interesada de nuestras acciones. 

El golfista Jon Rahm, tercer jugador del mundo, declaró en 2022 durante el US Open:

Se ha hablado y especulado mucho sobre la liga saudí y creo que no es lo mejor para mí y mi futuro en el golf. Creo que el mejor legado que puedo lograr es en el PGA Tour. Nunca he jugado por el dinero, sino por el amor al juego. Quiero jugar contra los mejores del mundo. Me interesa la historia y el legado. Y en este momento, el PGA Tour tiene eso.

Un año después, Rahm ha aceptado la oferta del LIV Golf Saudí por un contrato que oscila entre los 500 y los 600 millones de dólares (el mayor de la historia del deporte). Ha sido expulsado del PGA Tour como miembro de su circuito. L’argent fait tout.

Pedro Sánchez, fecundo en ardides, es un reconocido maestro de la ética circunstancial. Las tres negaciones de Pedro: su insomnio por formar un gobierno de coalición con Unidas Podemos, sus rechazos sucesivos en campaña electoral a los indultos y a una ley de amnistía, su negativa tajante a alcanzar pactos con Bildu… A su vez, Feijóo se presenta como un paladín del centrismo moderado y reformista, un gestor competente para tirios y troyanos. Algo incompatible con sus socios de gobierno y el giro copernicano hacia la derecha más conservadora.

La futbolista Jenni Hermoso, según confirmaciones presenciales, pasó en veinticuatro horas de considerar el achuchón hortera de Luis Rubiales como algo anecdótico a un caso de acoso sexual inadmisible. Woody Allen, de visita con su banda de jazz por España, declaró con bastante sentido común que, después de todo, el hecho en sí mismo no era tan grave, que no la había forzado ni ejercido violencia física o verbal. Fue un pico no consentido, de mal gusto, ajeno al protocolo, al cargo y al respeto debido a las campeonas; disculpas sinceras y golpes de pecho públicos, poco más. El presidente de la Real Federación Española de Fútbol actuó movido de forma extemporánea por las circunstancias emocionales del título mundial y la jugadora por las circunstancias reales: la destitución de un personaje turbio y su corte de seguidores, incluido el entrenador, al que se la tenían jurada desde hacía tiempo y la manipulación del caso por políticos y políticas circunstanciales.

Tras el informe PISA 2023, programa internacional que evalúa el rendimiento de los alumnos de Cuarto de la ESO en ciencias, matemáticas y comprensión lectora, Cataluña se sitúa a la cola nacional en las tres competencias. Nada más conocerse los resultados, las autoridades educativas de la Generalitat los han justificado alegando que se deben a una sobrerrepresentación del alumnado inmigrante en las pruebas. Ante el aroma inconfundible de la xenofobia circunstancial, al día siguiente, el Departamento de Educación de la Generalitat rectificó trasladando a los responsables del informe PISA su confianza completa en la calidad y rigor de las pruebas. Reconocemos, además, que sobre PISA no hay excusas. Es preciso descartar todas las dudas sobre la representatividad de la muestra con respecto a la realidad social. Somos conscientes de un problema que tenemos identificado y trabajamos seriamente para resolverlo. ¡Viva el cosmopolitismo educativo!

Podríamos también hablar del repertorio feminista circunstancial de algunas influencers y de las asiduas de la prensa rosa, compatible, según ellas, con su sexismo, exhibicionismo y negocios millonarios de la imagen.

O de los más de siete millones de euros probados que el C.F. Barcelona pagó durante dieciocho años al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, José María Enríquez Negreira, por informes estadísticos y asesoramiento profesional. Laporta, presidente circunstancial del Barça, interpreta los hechos: hay demasiado madridismo sociológico en los centros de poder. El infierno siempre son los otros.

P.D. Una teoría filosófica y dos teológicas han intentado probar sin éxito lo que sería una ética del deber al margen de las circunstancias: la ética formal kantiana, la moral tomista de la iglesia católica y la ética protestante de las iglesias reformadas.

La primera propone que solo una razón pura práctica que excluya los elementos felicitarios o utilitarios y actúe por total acuerdo con su sentido del deber puede considerarse moralmente valiosa. Se trata de una voluntad regida por imperativos categóricos, incondicionados, por leyes morales autónomas. Kant lo denominó el ideal de la santidad, inalcanzable para el ser humano, añadió, que actúa siempre movido por imperativos hipotéticos o condicionados; incluso los declarados categóricos son hipotéticos disfrazados tras revelar las circunstancias empíricas que los encubren (fisiológicas, psicológicas, sociológicas, económicas, educacionales, jurídicas, religiosas). Ecce homo.

La teología católica afirma que el entendimiento descubre de forma inequívoca la ley natural o proyección a escala humana de la razón divina como un conjunto de preceptos universales e inmutables, válidos para todos los hombres y todas las épocas. Para la fe judeocristiana serían los diez mandamientos. La excesiva generalidad de tales principios hace que la Iglesia sea la depositaria de su interpretación correcta y adaptación concreta, por lo que la conciencia individual queda relegada, aunque no negada, al segundo plano del libre albedrío. O sea, historia del catolicismo y sus angostos vaivenes. De nuevo una ética de circunstancias, historicista, que comienza con la Patrística y tras innumerables, concilios, encíclicas y proclamas ex cátedra del Sumo Pontífice acaba con el enfrentamiento entre partidarios y detractores del Papa Francisco dentro y fuera del Vaticano. 

El protestantismo, en su versión original, contempla dos absolutos: La Palabra de Dios, la Biblia y el libre examen de los textos sagrados. De un mismo versículo de un capítulo bíblico pueden extraerse según las incontables iglesias, confesiones y sectas reformadas las conclusiones más insólitas e incluso contradictorias. Además la interpretación del pastor, una mera designación profesional, es tan válida como la de cualquier cristiano. Ahora las circunstancias son ilimitadas.