lunes, 7 de marzo de 2011

Diccionario filosófico. Falacias


¿No recordáis la expresión:”lo que dices es más falso que un duro de plomo”? Las falacias son falsos argumentos, explicaciones que aunque no son correctas pretenden serlo y, lo que es peor, a primera vista pueden parecerlo. Desgraciadamente las falacias abundan de manera incontrolada en la vida diaria, en la discusión conyugal, en el bar, en la tertulia, en el aula, en el parlamento, en el púlpito.
En realidad no hay ningún método que nos libre automáticamente de su uso y abuso. El único consejo que cabe es mantener una actitud vigilante ante ciertas explicaciones, aunque el problema es que a lo largo del día no hacemos otra cosa que decirlas y escucharlas. Seamos conscientes de que engañar a los demás, dejarse engañar por los demás y, en definitiva, engañarnos a nosotros mismos, es el camino más seguro hacia el menosprecio y la infelicidad.
Deberás ser precavido con las siguientes falacias.

Falacia ad hominem. Es la más conocida. En lugar de analizar una tesis o idea y criticar las razones que la sostienen, la consideramos falsa atacando (desautorizando, desprestigiando, ninguneando) a la persona que la mantiene.
¿Os suena esta música celestial?
Si lo dice mi suegra no puede ser cierto.
Otra vez insisten nuestros adversarios políticos en las mismas mentiras sobre los casos de corrupción en nuestro partido… ¿Por qué no dicen nada de los muchos y más graves que tienen en sus filas?
No podemos tener en cuenta en esta ponencia lo que opinan sobre la marginación unos emigrantes recién llegados a España.

Falacia ad ignorantiam. Una tesis o idea es verdadera sólo porque no podemos probar que es falsa y viceversa.
¡Quién no ha acabado harto de ciertos posibilismos metafísicos!
No se puede comprobar que el hombre no tenga un alma espiritual, ni que no haya vida después de la muerte, o que podamos contactar con los espíritus de nuestros antepasados, por lo tanto…
Más allá de la mente y la conducta aparece la conciencia moral, un faro ineludible que alumbra lo bueno y lo malo, en consecuencia….
No hay ninguna prueba científica en contra de una inteligencia creadora y ordenadora del universo, así que...

Falacia ad verecundiam. Una tesis o idea es verdadera por la autoridad intelectual, política, moral o religiosa de quien la mantiene.
Obviamente, lo más cómodo es pensar con la cabeza de otro.
No sé por qué discutes esa afirmación universal de Don Miguel de Unamuno.
Si el obispo de mi Diócesis afirma que el fin primario de la sexualidad (dentro del matrimonio) es la procreación y el fin secundario la satisfacción de la concupiscencia, sin duda será cierto.
La única libertad para un militante comunista consiste en obedecer las consignas del partido y de la historia.

Falacia ad baculum. La aceptación de una tesis o idea no se debe a las razones que la sustentan sino a las amenazas explícitas o implícitas que se presentan como razones.
De nuevo recurrimos a las malicias de la clase política y sacerdotal.
Votadnos sí o sí, porque si gana el partido contrario toda suerte de plagas y desastres caerán sobre la patria: nosotros o el caos.
La sola posibilidad del infierno hace de la fe religiosa una realidad necesaria.
Contraer matrimonio es la mejor opción de una pareja, pues si no lo haces puedes ocasionar a tus hijos numerosos perjuicios sociales.

Falacia ad populum. Se apela no a las razones sino a los sentimientos insatisfechos del interlocutor para conseguir la aprobación de un argumento.
Los anuncios publicitarios son ricos en filtraciones populistas.
Si usas tal marca de coche, de colonia o de corbata, el mundo te saludará de otra manera y las chicas caerán rendidas en tus brazos.
Si no quieres que te vuelvan a excluir y en la próxima entrevista consigas el trabajo, reserva tu matrícula en la academia “El inglés en tres semanas”.
Deposita tus ahorros en tal entidad bancaria: es la única a la que le interesan tus problemas personales y profesionales.

Falacia ex populo. Se defiende una tesis o idea aduciendo que por unanimidad o por mayoría (probada o no) todo el mundo está de acuerdo con ella, y, por tanto, hay que aceptarla.
Es la base o fundamento de la omnipresente demagogia barata.
La opinión predominante es que estudiar Latín y Griego no vale para nada.
Que lo hayan elegido presidente en las últimas elecciones le absuelve de cualquier responsabilidad en los delitos que se le imputan.
Si la mayor parte de la gente piensa así, será lo correcto.

Falacia de la falsa causa. El error argumental consiste en establecer una relación causa-efecto sin una base empírica suficiente. También en confundir una correlación con una relación causal entre dos hechos.
De las diferencias morfológicas observadas por los neurólogos entre el cerebro del hombre y de la mujer no se sigue nada.
No está comprobado en absoluto que la homosexualidad sea una patología física o mental.
Tampoco está comprobada una relación causal directa entre los tumores y el tabaco.
Esta falacia es también el origen de las supersticiones favorables o desfavorables: sabemos que las series del número 2000 de la Lotería de Navidad fueron las primeras en agotarse el año en que se anunció el cambio de siglo.
Por otra parte, no es lo mismo una correlación entre fenómenos (la edad correlaciona con la altura en el niño) que la causa (la causa del crecimiento no es la edad).

Falacia de la relación asimétrica. No podemos convencer a nadie de una tesis o idea cuando quien la sostiene practica con frecuencia lo contrario.
La educación ciudadana de un joven sobre la honestidad resulta inconsistente cuando contempla a los políticos de cualquier pelaje apropiarse sin rubor de los fondos públicos.  
No se puede predicar la castidad y la continencia cuando numerosos miembros del mismo credo se dedican a todo tipo de desmanes sexuales.

Falacia de la generalización precipitada. La cometemos cuando a partir de unos datos claramente incompletos o inadecuados establecemos una generalización que damos por buena.
Se trata del viejo problema de la inducción incompleta y los estereotipos.
Todos los hombres son iguales.
Los andaluces son frívolos, inconstantes y perezosos.
No puede ser bueno para la salud dormir tanto…
Leer demasiado conduce a la introversión y al aislamiento social.

Falacia de las diferencias significativas. Que no haya diferencias relevantes entre dos posiciones, no implica que no las haya con una tercera sobre el mismo tema.
Puedes hacer con tu vida y tu salud lo que creas conveniente, pero ciertas justificaciones al respecto no son válidas en sentido lógico...
Fumar dos cigarrillos de marihuana al día no es peligroso, incluso puede ser estimulante. Fumar marihuana no implica riesgos serios para la salud, se sabe que es beneficioso en ciertos aspectos. Tomar drogas, si lo tienes controlado, no tiene peligro de adicción y sólo se vive una vez... Y sigue y sigue.

Falacia de la ambigüedad. La utilización en una argumentación o discusión de términos poco precisos semánticamente, proporcionan un margen de maniobra tan amplio que nos permiten sostener cualquier cosa.
Las inevitables, interminables y tediosas discusiones sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los hombres que proliferan en todos los ámbitos imaginables (incluido el lecho amoroso) se basan en el abuso de esta falacia.

Falacia de los términos aseguradores. Son expresiones cuya intención argumental o dialógica es presentar una tesis o idea como cierta e indudable, sin más, evitando su cuestionamiento y creando a su alrededor un falso cinturón de seguridad y certidumbre. “Es evidente que”, “Está demostrado por la ciencia que”, “Es sobradamente sabido en la actualidad que”... puedes poner a continuación lo que quieras.

Falacia de los términos sesgados. Algunos términos y expresiones incorporan connotaciones positivas o negativas. Creencias religiosas y políticas, prejuicios raciales o sexuales, tópicos sociales... están cargados de un significado bipolar (peyorativo-apreciativo) que contamina el argumento de un modo irreparable. No es lo mismo, referido a un católico, decir “creyente” que………, referido a un político, decir “conservador” que………, referido a un africano, decir “hombre de raza negra”, que………, referido a una lesbiana, decir “su orientación sexual es”, que……… etc.
Una variante de esta falacia son las definiciones no neutrales o persuasivas de un término que las priva de una mínima objetividad y convierte la argumentación en tendenciosa.
Se puede definir Internet como “el paraíso de la información, de la libertad de expresión y del trabajo útil”, o como “el ámbito de la pornografía, la delincuencia y la soledad”.

Continuará

Se admiten ejemplos originales que ilustren cada tipo de falacia.
También son bien recibidos nuevos tipos de falacias.

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