martes, 9 de junio de 2020

Educar en valores. Habla memoria


Es evidente que hay excelentes profesores, grandes maestros del aula en las ciencias y en las letras. Cada cual recuerda a los suyos. No hay consenso. Mis bien amados profesores eran para otros cargas pesadas de sopor y tedio.
Un ejemplo de lo primero, de las afinidades electivas: mi profesor de literatura en el instituto. En vez de seguir el manual de Lázaro Carreter dictaba sus propios apuntes. Luego los vivía con fragmentos inolvidables. Lloraba cuando leía las Nanas de la cebolla. No insisto. Su influencia en mi fue decisiva. En realidad, Literatura española era la carrera que me hubiera gustado seguir. Pero mis padres (cuando se convencieron de que lo mío no era el derecho) me matricularon en la Universidad Autónoma de Madrid, más que nada por escapar, según ellos, del caos político de la Complutense. Por desgracia descubrí a mitad del primer trimestre que allí no existía tal especialidad y que lo más parecido era la de filología hispánica; mucha gramática espesa y poca narración sustantiva. Al final me tiró más la rama de filosofía por admiración y amistad con un profesor del departamento que entonces dirigía Carlos París. A lo largo de mi vida he estudiado filosofía y he leído literatura. Y las he mezclado, aunque la filosofía me sigue pareciendo la mejor introducción a la literatura. Curiosamente, contra mis deseos, lo poco que escribo es de filosofía y no me siento capaz de escribir ni un cuento de pastorcillos a mis nietos.
Un ejemplo de lo segundo, de la aversión mutua: mi profesor de lengua española, también en primero de carrera, era un jovenzano aprendiz de los que llevan la cartera al jefe del departamento (según contaba el fuego amigo) que no soportaba ni el ruido de una mosca por amor de lo que vuela, mientras repetía monótonamente los apuntes del curso anterior que los veteranos nos vendían a buen precio. Las chicas de referencia (no las pijas que le hacían la pelota) lo tenían por un gilipollas engreído. Puede que se me notara más de la cuenta. Nos caíamos fatal, aunque empezó él. Tengo grabado a fuego un amplio repertorio de desdenes. Compré los apuntes y hacía como que los copiaba mientras leía La Regenta. Cuando hacía alguna aclaración, levantaba la cabeza sin enterarme de nada que no tratara de Ana Ozores. Media clase hacía lo mismo con diversas variantes (crucigramas, cartas sin destino, poemas de circunstancias, revistas de cine) pero me pilló a mí a pesar de refugiarme siempre en la última fila o quizás por eso. Le dije que tenía fiebre pero no se lo tragó. No insisto. La asignatura me gustaba. En transcripción fonética muy pocos me pisaban. Estudié e hice los exámenes trimestrales para sacar algo más que un cicatero cinco de nota final. Mi única satisfacción fue mirarle en silencio cuando me saludó tímidamente en el bar de la facultad el curso siguiente. Ni siquiera le puse mala cara. Tuvo la decencia de recordar sus desaires, bajar la vista y sentirse incómodo mientras apuraba su trago amargo y me miraba de reojo con aprensión.
Cualquier docente sabe de qué hablo: alumnos que lo admiran sinceramente, sin intereses vicarios, y otros que lo ignoran con mayor o menor cordialidad. Ocurre en el aula lo que en todas partes. Puedes elegir pero no ser elegido. Se trata en el fondo de una cuestión estadística. En mi caso, puedo decir que tengo la impresión de no haber interesado especialmente a la mayoría de mis alumnos y viceversa. Posiblemente por la asignatura misma. He escrito sobre el tema en otra parte. He sido un profesor normal tirando a malo, o sea, dentro de la norma estadística. Quizás mi mayor defecto a esta altura determinada de los tiempos (expresión apócrifa que suena a Ortega) es que nunca he enseñado para la vida sino para la escuela. No he sido nada transversal. No me he tragado lo de “la educación en valores” porque me parece una expresión redundante; toda educación es en valores, sean explícitos (largar un sermón ideológico en medio de una clase de física) o implícitos (advertir con un susurro al alumno que copia que no insista y dejarle terminar el examen sin humillaciones). La expresión “educar en valores” en una tautología. Nada aporta lo que se predica al sujeto.
Por supuesto, aquel profesor del instituto y aquel jovenzano de la Autónoma, además de enseñar literatura y lengua española, educaban en valores. Algunos puristas recurren a la falsa distinción entre “enseñar  e instruir”. Alegan que lo adecuado sería instruir, es decir, convertir el proceso educativo en una transmisión de conocimientos objetivos sin mezcla de opiniones, creencias, ocurrencias o ideologías de clase. El ser humano no está dotado como especie para realizar esta separación, por lo demás indeseable. Distinguir a un maestro o calar a un pisaverde es un elemento esencial del proceso educativo. Y lo que vale para la escuela vale para la vida.

jueves, 2 de abril de 2020

Une rencontre amoureuse

Après finir le dernière cours de Bac au Lycée j’ai fait un voyage à Toledo avec mes camarades de classe. Quand nous sommes arrivés à Toledo nous visitâmes les principaux monuments artistiques et l’après-midi nous nous assîmes sur les chaises d’un café de la Plaza de Zocodover.

Tout à coup, une excursion de jeunes filles est descendue du bus et s’est approchée. Elles étaient habillées avec une tenue de collégiale. Mon ami Miguel et moi avons invité deux filles à partager la table. « Attendez un instant, dirent-elles, nous revenons tout de suite ».

Elles s`appelaient Meli, c'est à dire, Amelia y Rosa. Nous avons bavardé avec elles pendant une demi-heure. Elles semblaient très gentilles. Elles avaient un doux accent andalou. Avant partir, nous leur avons demandé l’adresse afin de leur écrire. Elles habitaient à Séville. J’étais très impressionné. C’était un coup de foudre, évidement ! J’avais envie de connaître mieux Mali. Au dernier moment je lui demandé son téléphone. 

À partir de ce moment-là, j’ai entretenu un courrier avec Mali d’une lettre par mois pendant dix ans. Nous nous racontions ce que nous faisions, les joies et les chagrins, les succès et les échecs, les amours et les désamours.

Lorsque je lui ai écrit la première lettre, Mali avait 17 ans. Dix ans plus tard elle m’a écrit dans sa dernière lettre qu’elle était sur le point de se marier.

À la fin du printemps je voyageais avec mon oncle Gustavo dans L’Andalousie pour engager les lots d’olives de son moulin à huile à Cuenca. À ce moment-là, j’avais une petite amie, quoiqu’elle ne soit pas maintenant ma femme. Quand nous sommes arrivés a Séville, j’ai passé à Mali un coup de fil ; c’était l’unique fois que j’avais utilisé son numéro de téléphone. Quand elle a décroché elle ne savait pas quoi dire… Mais aujourd’hui je suis sûr qu’elle était très contente d’entendre ma voix après d’océans de temps.

Elle m’a fixé un rendez-vous devant la cathédral, au pied de la Giralda, et quand je l’ai vue de nouveau, belle, brune comme une princesse arabe, les yeux noirs pleins de mystère, elle avait l’air de la femme la plus charmante d’Andalousie…

martes, 26 de noviembre de 2019

Elecciones generales


Decididamente la política española ha entrado en un bucle. Por mucho que se repitan las elecciones no hay manera de investir a un presidente del gobierno. Lo cierto es que desde hace años los mismos líderes de los mismos partidos se han dedicado a mirarse el ombligo, enturbiar el panorama e intentar fagocitarse en vez de ponerse a trabajar seriamente. Los únicos que salen a flote son los innumerables tertulianos, politólogos, analistas y periodistas (que también se miran al ombligo, enturbian el panorama e intentan fagocitarse que para eso son el cuarto poder). Acaso lo más positivo de las últimas elecciones en nuestro país (¿Estado, Estado de las autonomías, Estado plurinacional, Estado de la Unión?) sea que la mayoría de los ciudadanos han aprendido que la política no tiene nada que ver con la ética, la teoría política, la historia, el sentido común o la lógica. A cada cual lo suyo:
- La ética es esencialmente individual. En cuanto empiezas a hablar de ética comunitaria el invento hace agua por los cuatro costados. La suma de voluntades, la voluntad general, el “Yo común”, esa entelequia de la teoría democrática de Rousseau solo sirve para la práctica política. Incluso Médicos sin fronteras se han visto envueltos en un escándalo; algunos trabajadores, según la propia ONG, daban medicinas a mujeres a cambio de favores sexuales. Al menos han tenido la decencia de no taparlo. Cuando Kant fundamenta la razón práctica, la ética, habla en singular: lo único que puede ser considerado un bien en sí mismo, sin condiciones ni limitaciones, es una buena voluntad. En otras palabras, una buena persona. La voluntad moral es indivisible. En cuanto se juntan dos ya tenemos lío. Adán y Eva lo montaron. Los derechos humanos son éticos, no políticos (lo cual es evidente). Desde Maquiavelo, la única regla que rige la política es alcanzar, mantener y extender el poder.

- La teoría política, es decir, las ideas de los grandes pensadores sobre la sociedad civil influyen mínimamente en la política real. Como mucho, los políticos de derechas citan refritos de Ortega y los de izquierdas frases lapidarias de Azaña. El resto consta de dos partes: primera, una base programática, un brindis al sol, que firmaría el mismo Papa; segunda, nada concreto (porque ni siquiera ellos lo saben) hasta que los que mandan comienzan los incumplimientos, parches y recetas diarias. Una variante importada de las dictaduras son las falsas noticias (o sea, las mentiras) y la corrupción estructural como algo consustancial a la democracia. Nadie ha leído en serio a Hobbes, Marx o Stuart Mill. Si yo fuera un deus ex machina, un demiurgo mayor de la educación, sustituiría la asignatura de filosofía en los distintos niveles por las de ética social, introducción a la ciencia política e historia de las ideas políticas. Es difícil predecir la influencia a medio plazo del cambio, pero estoy convencido que no se repetiría una situación insoluble y endemoniada como la actual.

- Es sabido que la historia no es una ciencia objetiva como la física. El historiador selecciona, interpreta y, con frecuencia, tergiversa los hechos del pasado por razones ideológicas. Echen una ojeada a los malabarismos que hacen ciertos "investigadores" de la derecha de la Guerra Civil española. Por no hablar de los disparates del Institut Nova Història, según el cual Leonardo Da Vinci, Colón, Cervantes y Santa Teresa de Jesús tenían ocho apellidos catalanes; o el escándalo de la manipulación editorial de los libros de texto en la enseñanza secundaria. En estas condiciones el más paciente relator podría volverse loco al intentar coordinar una mesa de diálogo. Por lo demás, es evidente el peso de la historia. La confrontación entre las dos Españas sigue atada y bien atada. Es una triste refutación de la teoría orteguiana de las generaciones. La solución de la II República a la diversidad cultural y lingüística española mediante la instauración de las tres nacionalidades históricas apenas es hoy viable. No aprendemos las lecciones de la historia.

-  ¿Qué decir del sentido común? Hasta las ardillas de la Casa de Campo tenían claro que un gobierno de coalición PSOE-Ciudadanos era lo mejor tras las primeras elecciones. Un centro izquierda atemperado, socialdemócrata y liberal, era una combinación razonable para todos… menos para los políticos maximalistas, ambiciosos y figurones. Cuando lo normal fracasó vinieron los dislates. El hilo de la caña de pescar en la vida pública se enredó sin remedio y ahora estamos en un callejón sin salida.    

- Ni siquiera la lógica forma parte del lenguaje político. Antes podías defender una cosa en el gobierno y la contraria en la oposición. Ahora puedes hacer lo mismo estés donde estés. El principio de contradicción es ajeno a la política. Las tormentosas relaciones entre Pedro y Pablo son un buen ejemplo. Tiren de hemeroteca y se les pondrán los pelos como escarpias. Veremos. La mejor definición de la política que conozco es la que protagonizó el Conde de Romanones (1863-1950), político y diputado liberal de entonces, cuando afirmó tajante en el Parlamento que nunca jamás saldría tal ley con su apoyo. Cuando a los siete días salió con su voto, los avispados periodistas le preguntaron por su anterior declaración.
Comprenderán, les respondió con un resuelto tono didáctico, que cuando digo “nunca jamás” me refiero siempre al presente.   

viernes, 25 de octubre de 2019

Unamuno


Hace unas semanas en la boda de una sobrina, uno de mis cuñados sentado a mi lado en la mesa redonda del salón del convite nupcial, me preguntó en voz alta, durante una de las treguas intermitentes que los amigos de los novios conceden para rellenar las copas, qué opinaba de la situación política en nuestro país. Es la típica pregunta de amplio espectro cuya principal función es iniciar una conversación que suelte la lengua a los invitados de la parte contratante de la segunda parte para conocerlos y calzarles la etiqueta. Estábamos en mitad del primer plato, una crema caliente de calabaza con lágrimas de nata y todavía el vino no había hecho efecto, por lo que por el momento nadie, excepto yo, se dio por aludido.
- No tengo una visión global, les dije a todos. En todo caso creo que en todas partes cuecen habas pero aquí las cocemos con jamón. España es diferente, pero matizar esta afirmación me llevaría doscientas páginas. Tú hazme preguntas lo más concretas posibles sobre lo que quieras y yo te contesto. Por ejemplo, el recorrido de Ciudadanos tras las últimas elecciones, por qué ha fracasado el acuerdo entre PSOE y Unidas podemos, la consistencia del líder del PP o el acierto o no de sacar a Franco del Valle de los Caídos…
La estrategia pareció funcionar porque de pronto casi toda la mesa se lanzó al ruedo de la opinión. Mientras discutes con los de la otra familia, argumentas sobre la cosa misma mientras pones la etiqueta; cuando discutes con los de tu familia la etiqueta está puesta y los argumentos se convierten en cuestiones personales. Procuro hacer de moderador encubierto. Descubres que un marido joven trata de monopolizar las verdades. Se escucha complacido, mientras una señora mayor, tía abuela de la novia, guarda un silencio relajante: escucha por interés, por educación o simplemente no escucha. Lo cierto es que el joven pontífice decía cosas sensatas en términos gastronómicos (el contexto lo es todo): Ciudadanos estaba seguro de comerse al PP y va a ser al revés; el PSOE apuesta por pegarle un suculento bocado a los votos de Unidas Podemos; a Pablo Casado le falta un hervor y al tema del Valle de los Caídos se le ha pasado el arroz.
Hace una semana vi la película de Pedro Amenabar Mientras dure la guerra. El planteamiento histórico es correcto con algunas licencias cinematográficas. Por cierto, la derecha periodística, la fiel infantería, como la llama José María Izquierdo, ya ha descubierto 18 errores históricos según ella. Lo que me interesó sobre todo fue la figura de Don Miguel de Unamuno que asocié con mi postura en la boda: Tú hazme preguntas lo más concretas posibles sobre lo que quieras y yo te contesto. Para mí Unamuno es más un literato que un filósofo, si es que se pueden separar ambas facetas. Lo que realmente me interesa de su pensamiento es su asistematismo, posiblemente por influencia de Kierkegaard. Cada pregunta requiere una reflexión puntual, a veces única como cada ser humano, sea la fe religiosa, la cuestión social, la familia, los totalitarismos de izquierdas y de derechas o la regeneración de España.
El principio de contradicción, la negación es el motor de la filosofía unamuniana pero en sentido inverso a Hegel. Para Unamuno ninguna posición queda englobada y superada en el sistema del espíritu absoluto. La única totalidad es Dios y resulta inalcanzable. En eso consiste el sentimiento trágico de la vida: "La vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella; es contradicción. El no saber es toda tu esperanza de Agustín García Calvo. La razón es el reino de la subjetividad. Pero las preguntas que se hacía Unamuno eran metafísicas, teológicas, morales… Acaso esa fue la razón de que no comprendiera el significado político de la guerra civil española. Por una parte, los excesos de la izquierda radical contra la Iglesia; por otra, la tensión existencial, explosiva, nunca resuelta al modo escolástico, con que Unamuno vivió las relaciones entre razón y fe, concluyó con su apoyo a la sublevación militar contra la República en nombre de la defensa de la civilización occidental y de la tradición cristiana. Aunque para mí, la razón última de su apoyo inicial, que parece quebrarse tras su sonado enfrentamiento con Millán Astray en el paraninfo de Universidad de Salamanca, la que más íntimamente sintió, no fue la defensa retórica de los valores de la cristiandad como eje vertebrador de la cultura europea, sino la protección de su familia primero y de la Universidad después frente al terror y la barbarie.

jueves, 10 de octubre de 2019

Primeras lecturas


El primer libro que me regaló mi abuelo materno (del paterno, un gran hombre, sólo me queda la memoria histórica) fue el Quijote. Tenía catorce años. Era una edición de la Librería Hernando, modesta, de letra minúscula y abigarrada, que por desgracia desapareció en una mudanza. Ahora con el transcurso de los años digo del Quijote, mutatis mutandis, lo mismo que el propio Cervantes dijo de la batalla de Lepanto (en la que participó y resultó herido) en el prólogo de la segunda parte de su obra: La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros. ¿Estaría pensando Cervantes en su obra inmortal antes que en la batalla?  Después vienen las grandes obras literarias de todos los tiempos; pero en un escalón superior siempre estará el Quijote. Por supuesto, mi abuelo no pretendía que a esa edad lo leyera entero. Ni siquiera que lo leyera porque era él mismo cuando venía a casa quien me leía y explicaba un capítulo. Nunca más de uno cada día. A veces repetíamos. Es lo mismo que les recomendé a un grupo literario de amigas que me invitaron a una de sus reuniones para que charláramos del Quijote. Les aconsejé que evitaran ediciones resumidas, adaptadas pedagógicamente o con “prosificación moderna”. Que no vacilaran en disfrutar del privilegio de leer el original en su propia lengua. Una buena edición con notas a pie de página harían la función de mi abuelo. En realidad, las lecturas eran para ellas un excelente motivo para viajar a los lugares por donde transitaba el libro de turno. En este caso la ruta cervantina, incluida la excelente biblioteca dedicada al Quijote en el Toboso o el Mesón del Quijote en Mota del Cuervo. Les dije que a mí me parecía que Sancho Panza el escudero estaba más loco que el Caballero de la Triste Figura, porque Don Quijote estaba loco a tiempo parcial y el resto era sabiduría, mientras que Sancho Panza estaba loco todo el tiempo por creerse a pies juntillas todos los delirios de su señor. Lo importante, les aconsejé, es descubrir tus magias parciales del Quijote; por ejemplo, las dudas de Sancho Panza sobre la sin par Dulcinea tras su visita al Toboso.
El segundo libro que me regaló mi abuelo, un año más tarde, fue La isla misteriosa de Julio Verne. Esta vez sí lo leí entero. Hace menos de un mes lo he releído, lo he devorado en una semana con la misma fascinación que entonces. Han pasado océanos de tiempo, pero tanto entonces como ahora es la joie de lire, la felicidad única que proporciona la lectura, lo que realmente cuenta. Y ahí debería terminar la verdad de La isla misteriosa, pero dada mi tendencia a complicar las cosas, por un lado, y como en cada lectura se revela un libro nuevo, aunque lo retomes a la semana de haberlo terminado, con toda seguridad no podré evitar la tentación de hacer algunas reflexiones marginales. A bote pronto se me ocurre que sólo en grupos humanos muy reducidos pueden darse lo que los sociólogos consideran las condiciones ideales para el buen funcionamiento colectivo: eficiencia, cohesión, solidaridad, imaginación, autoconciencia, moralidad, empatía…  Pero eso lo dejamos para otra micromega.

domingo, 14 de julio de 2019

Tribus urbaines

 

C’est clair, il y a des pijos et des pijas. Aujourd’hui, je veux parler des deuxièmes (l’espace et le temps, c’est tout !) à cause de leur « classe » ; aussi par la haine qu’elles ressentent pour le reste des femmes et, de plus, grâce au « glamour désirant » qu’elles suscitent chez les hommes de n’importe quel âge et condition.

Les pijas, comme tribu urbaine, ont l’air de vivre en harmonie et de former un groupe homogène ; néanmoins, elles entretiennent des querelles et des ressentiments permanents, d’habitude pour imaginer qui est la meilleure et la plus belle quand elles se regardent dans le miroir. Elles sont très envieuses et jalouses. En général, elles sont assez « libertines », bien qu’elles critiquent ce trait chez les autres. C’est curieux que les parents des pijas aient tendance à croire tout ce qu’elles racontent et aussi la disposition à les placer à côté d’eux dans la première file de la messe du dimanche matin.

Elles remarquent tout à fait la différence entre les parvenus (qu’elles méprisent) et les fils à papa (qu’elles poursuivent). Quand elles sont ensemble, elles meurent de rire, mais elles descendent les autres en flammes dans leur dos : si l’une s’en va, sa meilleure amie laisse échapper immédiatement que celle-ci « a bougé son gros cul » et celle qui part dit quelque chose de semblable à sa compagne.

Les études préférées des pijas sont l’économie, le droit et le journalisme ; une pija n’étudiera jamais les beaux-arts, la philologie ou la philosophie. En ce qui concerne la musique, elles aiment le flamenco, les sevillanas, la salsa et Bisbal (un maçon très sympa). Elles portent des vêtements à la « mode éternelle », comme les chemisettes Lacoste, les chemisiers Tommy Hilfiger ou Quicksilver et sont très attentives aux nouveautés-saison des boutiques comme Zara.

Depuis qu’elles naissent, toutes souffrent du « complexe de droite ». Elles sont apolitiques-chic ; bavarder de politique est mal vu, mais beaucoup appartiennent aux jeunes du PP. Elles font partie de la nouvelle génération des neocons qui dirigeront le pays. Elles sont l’archétype féminin de la classe dominante. On achète l’intelligence ! N’oubliez pas, donc, que vous ne pourrez point entrer dans leur cercle magique ; en revanche, vous pourrez parler avec elles, leur prêter les notes, leur donner du tabac… Mais vous ne serez jamais une pija, on ne le devient pas, on naît comme ça.

En été, il est nécessaire que les vacances des pijas soient à Marbella, Jávea, Sanxenxo, Santi Petri ou le Puerto de Santa María. En hiver, il y a des options : faire du ski à Baqueira, avec les rois et Aznar, ou, au contraire, faire des voyages transatlantiques (Cancún, Martinique, Miami).

Si parfois vous entendez dans la rue : « c’est idéal » ou « c’est mortel », « tu es parfaite », « tu es divine », « je voudrais avoir la carte pour aller à Green » ou « ne me dites pas que Carla sort avec BorjaMari, elle est super grosse, il est beau et son père est juge »… N’hésitez pas : si vous tournez la tête, vous verrez au moins deux pijas… La pija a toujours un petit ami, c’est normal. Il s’agit d’un gars pijo. Mais c’est une autre histoire à la fois identique et différente.

jueves, 11 de julio de 2019

Mobilis in mobili



No me sorprendió el uso masivo que los neoyorquinos hacen del teléfono móvil. Después de todo en Madrid, en Manila, en Alaska y en cualquier rincón del mundo se hace lo mismo en un ejemplo evidente de porqué el planeta se ha convertido en la aldea global. Ya no tienen que pasar años para que las grandes tendencias culturales se difundan vertiginosamente por el mundo. Esta es la auténtica interculturalidad. El móvil es la gran posibilidad democrática. Un hombre un móvil. Incluso los mendigos envueltos en cartones y mantas raídas en las salidas de la Grand Central Station los manejan con el mayor desparpajo.
Cuando hace tiempo trabajé con la Agencia de Cooperación Internacional en la capital de Guinea Ecuatorial, el agregado cultural de la embajada me dijo que muchos de los que hablaban en la calle por el móvil, simplemente disimulaban por un tema de imagen ante sus amigos o conocidos; hablaban solos; en realidad no tenían recursos para recargar las tarjetas de prepago. O el ejecutivo que te da el viaje en el AVE con su interminable charla empresarial. Una jerga pretenciosa en la que la mitad de las palabras son inglesas sin que el iniciado sepa, probablemente, decir una frase completa en inglés. O la señora solitaria en la piscina (su marido se ha escaqueado) que se pasa la tarde llamando a sus amigas para dar un repaso a su circunstancia. Habla con ellas como si estuvieran a diez metros. Ahora el tema de moda es dónde te vas de vacaciones. Narcisismo social. Todavía no he oído a ninguna decir: yo me quedo en Madrid con ventilador y botijo porque no tengo un duro. Te envío una foto. Al final coges la hamaca y la bolsa y huyes despavorido del rollo que no cesa. Por último las comidas familiares del fin de semana en las que cualquier chorrada hay que buscarla en internet, por ejemplo el precio del vino en varias bodegas o la variedad de recetas blogueras del plato principal, para pasar de un enlace a otro sin que haya más temas de conversación que los que dicta la asociación libre de navegación. El móvil a la derecha de la cuchara (o a la izquierda del tenedor si eres zurdo). Recuerdo el cartel colgado a la entrada de una simpática taberna en un pueblo perdido de la sierra conquense: Aquí no tenemos wifi ni cobertura, hablen entre ustedes.
En la Quinta Avenida neoyorquina donde la gente transita al galope por aceras y semáforos, los transeúntes son capaces de esquivarse hábilmente mientras teclean su smartphone. Un desfile incesante de inteligencia artificial. Móvil en el elemento móvil, usando el lema del Nautilus. Se reconoce a los turistas porque se paran ante los grandes rascacielos para hacerles fotos que no caben en la pantalla. Aunque ahora hay móviles capaces de abarcar en un plano panorámico la Gran Manzana. Lo que si me resultó nuevo fue cómo los viandantes desenfundan con la rapidez de un pistolero cuando les preguntas por una calle, un restaurante o una línea de metro. Sin más comentarios localizan en un instante cualquier rincón de la ciudad. ¿Google Maps? Con el plano digital en tus narices, que no entiendes, te explican amablemente los recovecos hasta que más o menos te enteras por dónde va la cosa. Echas de menos las explicaciones farragosas de siempre. El resultado es el mismo. Tras siete consultas intuyes el camino.
Pero volvamos a casa. La evolución del comportamiento de los viajeros en el metro madrileño ha pasado por tres fases: la primera, abundantes interacciones visuales con distinto significado (un buen tema para una tesis doctoral), charlas ruidosas, pegar la hebra con el señor de al lado, avistamientos en el vagón trasero de gente conocida (saludos y traslado), lectura del periódico del vecino por encima del hombro, todo un arte, vagabundos dormidos en los asientos de los rincones, aproximaciones libidinosas al trasero de la morena y rateros de bolso y cartera en las horas punta. Después se impusieron los tabloides gratuitos que se repartían o se amontonaban en la entrada de los andenes. Noticias de agencia gestionadas políticamente. También las primeras fake news. Enormes. Además cuando terminabas de hojearlo lo dejabas en el asiento de al lado para que otros siguieran la cadena. Algunos leían el Marca. Podíamos echar un vistazo a la ruidosa portada madridista y a la chica de la última página. Los jóvenes oían música retumbante en los dispositivos Mp3. De vez en cuando se les escapaba un graznido melódico. Aparecieron los primeros móviles pero en el metro no tenían cobertura. Además sólo servían para llamar por teléfono y poner mensajes caros. La última fase coincide con la revolución digital de los smartphone y la universalización de las redes wifi. Ahora en el metro también se lee la prensa, se oye música, se siguen las series de moda, se ve la televisión o se oye la radio, se juega al ajedrez, se wasapea incluso con la novia sentada enfrente… Algunos terminan el trabajo pendiente. Los timbrazos, pitidos, tonos, avisos y notificaciones sobrevuelan el vagón.
Desde hace tiempo, el móvil forma parte del ADN de los recién nacidos. Soy padrino de una niña de un año a la que su madre le ha comprado un móvil de juguete con teclas y sonidos. En cuanto lo ve lo aparta de un manotazo y se pirra por el mío. Si se lo dejo (casi siempre), le brillan los ojos, toca con los dedos la pantalla, lo manipula, lo chupa… Luego me paso dos horas recomponiendo el lío que me ha montado.      
La cámara fotográfica del móvil también tiene su miga. Muchas personas tienen que entender que a sus familiares, amigos y conocidos les interesa hasta un cierto punto el aluvión de fotos de tu reciente viaje a Canarias o los videos de tus nietos tirándose a la piscina. También puede ocurrir que viajes con familiares, amigos o conocidos que te obligan a posar para hacerte una foto cada veinte metros. En mi opinión la mayoría de los turistas que fotografían compulsivamente los monumentos que visitan lo hacen porque si los contemplaran a pecho descubierto se aburrirían como ostras.
Los móviles tienen sus inconvenientes. Publicar en las redes sociales tu vida y milagros, por ejemplo la fecha que te vas de vacaciones, te puede costar un disgusto. Subir tus fotos en paños menores en un momento de debilidad exhibicionista, largar opiniones políticas desmadradas, hablar mal de tus jefes o presumir de tus ligues en el trabajo… un día te puedes llevar una sorpresa desagradable. Homo homini lupus. Frecuentar las aburridas páginas porno, aparte de indicar al Gran Hermano cuáles son tus pulsiones solitarias, no es obviamente lo peor. Es en esas páginas donde los niños descubren que no los ha traído la cigüeña de París y una de las razones por las que las relaciones sexuales entre adolescentes son cada vez más precoces. El problema es el acoso machista y los embarazos no deseados.
Recuerda que siempre estás en el punto de mira. Hace tiempo recibí un aviso de cierre de mi espacio en la nube (no digo cual) por subir imágenes, cuadros, desnudos la mayoría, de la conocida pintora Tamara de Lempicka. Los motores de búsqueda tienen unos criterios estéticos un tanto generalistas. La mayoría de los moviadictos dedican una parte de su tiempo libre (aunque estén en la oficina) en llenar su muro digital de asuntos varios dirigidos al núcleo de su clan. Los tuyos no te olvidan. No te engañes. Te muestras para ellos pero al final te observa todo el mundo. Otra falacia: crees tener un millón de amigos (como en la canción) pero en realidad tienes diez; y a distancia.
Otros inconvenientes: los móviles se roban. El procedimiento más conocido es el siguiente: el ladrón y su compinche se apostan en la marquesina de una parada de autobuses concurrida; por ejemplo, en la Gran Vía madrileña. Mientras esperan, la gente saca el móvil. Los amigos de lo ajeno se fijan obviamente en los de gama alta, en lo caros. Sopesan el objetivo y se suben tras la víctima que en numerosas ocasiones sube con su joya y se baja sin ella. La puede salvar seguir usándola y perderla guardarla en el bolso o el bolsillo. Hace unas semanas, al pasar junto a las instalaciones deportivas del Parque de Santander, dos chavales de unos trece años, en ropa deportiva, me pararon y me pidieron amablemente que les dejara el móvil para hacer una llamada a la madre de uno que tardaba en recogerlos. Lo llevaba a la vista en el bolsillo superior de la camisa. Lo cierto es que soy muy desconfiado. Les dije que lo sentía porque me había quedado sin batería y estaba desesperado porque tenía que llamar al dentista. Se han dado muchos casos del lance: una vez que lo tienen en sus manos corren como galgos. Son menores, aunque los trajera de la oreja un guardia no les pasaría nada. Un inconveniente más: muchas parejas de novios han roto porque ella o él se han dedicado a husmear en las chats y wasaps del otro. Por no hablar de los correos trampa, virus y estafas que nos acechan. Internet se puede convertir en un campo de minas. Lo mejor e informarse en la prensa. O la publicidad no deseada: a la quinta vez que la misma operadora me llamó en medio de la siesta para ofrecerme una propuesta que no podía rechazar, le dije que… lo sentía pero no tenía teléfono, lo cual no le impidió seguir con su monserga hasta que colgué. Mucho ojo al leer la prensa en el móvil cuando vas al retrete; conozco bastantes casos de caída en el pozo negro. Si se moja ya te puedes comprar otro. Yo interpreto este pequeño desastre como un acto fallido freudiano que oculta el deseo inconsciente de comprar otro modelo. ¡Cambiar de móvil es un misterio gozoso! El negocio de lo nuevo crece y las firmas se forran. Por eso no proporcionan recambios de baterías a los que se conforman con lo que tienen. La obsolescencia es la base del negocio. Algunas marcas o modelos de smartphone se han convertido en un símbolo de estatus; como el Rolex, el Dupont de oro o el Mercedes de gama alta. Los IPhone de Apple forman parte del universo de la exclusividad. Las sombras que se proyectan en la pared del fondo la caverna de Platón son ahora las imágenes narcisistas que nos envuelven. Recuerdo en una boda no hace mucho que un médico de la otra familia que tenía por costumbre, según observé, hablar de sí mismo y su profesión, dejó su flamante Apple encima de la floreada mesa que compartíamos a la vista de todos, un complemento indispensable. Hasta que en el barullo del cambio de platos y el servicio de bebidas, de aplausos, saludos a conocidos y vivas a los novios el móvil desapareció. En una boda de campanillas pasan por la mesa muchos camareros y personas, además de los diez comensales de la tabla redonda que también éramos sospechosos como en una nóvela de Agatha Christie.        
O cuando en un concierto de piano suena el tono polifónico de “Para Elisa”.