jueves, 31 de agosto de 2023

La playa

 

La playa me gusta en pintura. Dos ejemplos. Las marinas de Sorolla, los efectos fugaces de la luz mediterránea y las sombras de los parasoles reflejadas en los vestidos blancos de las damas que pasean por la orilla. O la pátina reluciente de los cuerpos mojados por las olas. El mar, sus gentes y sus labores… O, inversamente, los cuadros de Gauguin donde unas mujeres tahitianas están sentadas en la playa. La idea misma de ir a la playa no forma parte de sus costumbres. El mar es un trazo grueso, plano, una franja recortada de azul oscuro sin horizonte ni sombras modeladas. Vestidas con atuendos tradicionales se dedican a sus trenzados. La perspectiva forzada deforma las figuras. Sus rostros expresan un sentimiento insondable para el lenguaje gestual de nuestra cultura.

Detesto las fotografías de atardeceres desde una atalaya marina o las calas recogidas con un fondo digital azul turquesa. En ambos casos me parecen anuncios de una plataforma hotelera. Tienen interés histórico y estético las instantáneas de los veranos de la Belle époque española, por ejemplo, Alfonso XIII y Victoria Eugenia acompañados de la corte estival en la santanderina playa de El Sardinero.

También admiro el imaginario balneario proustiano de Balbec donde Marcel descubre el eterno femenino a la sombra de las muchachas en flor. O la playa veneciana de Il Lido en la que el consagrado escritor Gustav von Aschenbach sucumbe a la belleza de Tadzio, un adorable adolescente polaco. O uno de los versos más hermosos sobre el mar: La mer, la mer, toujours recommencée. El sol está en lo más alto, no existen sombras y brilla la luz cegadora de la playa; entonces la mirada del poeta se vuelve hacia la línea blanda de la arena en la que mueren las olas después de un largo viaje, como las vidas.

Hace un mes, unos amigos gallegos ansiosos de sol (vamos a secarnos, dicen) nos llevaron del ramal a una conocida playa levantina. Un entorno hostil. Consigues aparcar tras dar más vueltas que la mula de un molino en una polvorienta explanada donde un guardacoches africano te saluda con zalemas; lo más sensato es darle un euro. Atraviesas el yunque del sol hasta la playa cargado con la impedimenta. Cuando llegas al mar a las doce en el reloj no tienes la sensación de que el mundo esté bien hecho. Según cuenta la prensa hay avispados playeros que a las siete de la mañana bajan de los bloques de hormigón para dejar la sombrilla en primera línea de playa y marcar el territorio. Al parecer está prohibido. Sería curioso saber cómo se controla el fraude. Accedes a las ardientes arenas por una desgastada pasarela de listones de madera flanqueada por concurridas duchas fúngicas. Te sitúas a treinta metros del agua. Colocar la sombrilla no es tarea fácil; si no la sujetas bien puede despegar al albur de los vientos y acabar en la jaima multicolor de una familia extensa provista de nevera, provisiones y una radio descomunal. Una procesión de emigrantes de color despliega ante tu pareja las últimas novedades de la ruta de la seda. Tristeza. Ir a la orilla es una aventura. Te abrasas los pies, molestas a la multitud abigarrada, recibes el pelotazo de unos palistas y cuando por fin llegas no hay espacio para entrar al agua. Ahora el suelo es de guijarros. Tienes que sortear las tablas de surf, los neumáticos de camión y las piraguas infantiles. Te remojas en Aguascalientes y cuando sales tardas diez minutos en encontrar tu parcela. Sobre todo si usas gafas. Rebozado en la arena en cuanto te tumbas en la escuálida toalla eres lo más parecido a una croqueta de mar. Tardas cinco minutos en estar de nuevo recocido. Queda recoger y volver a casa. 

miércoles, 9 de agosto de 2023

Elogio de los Paradores

 

Dos grandes de España de titularidad pública: La Biblioteca Nacional y los Paradores de Turismo. Tengo la credencial de investigador de la Biblioteca por haber colaborado en la publicación de algunos manuales, aunque no investigo nada, sólo voy por las mañanas, cada vez menos, a terminar los Episodios nacionales y escribir estas líneas. Soy socio de Amigos de Paradores desde que se fundó el club. Hicimos el Grand Tour de recién casados por los paradores de Galicia: Cambados, Bayona, Pontevedra, Santiago, Vilalba.

Si eres habitual (leo con desagrado que la palabra fidelización está en la RAE) te regalan la Tarjeta Oro que te permite sabrosas promociones y descuentos. Sobre todo, si has cumplido los cincuenta y cinco. Además, acumulas puntos por estancias que puedes canjear por reservas gratuitas en cualquier parador de la red. La Generalitat intentó hace tiempo hacerse con la gestión de los catalanes, aunque todo quedó en un susto. Aiguablava, Vielha, Vic-Sau, Tortosa… Ahora tiemblo por los pactos electorales. Estoy convencido de que la transferencia supondría su final. Tienen una tradición demasiado española. El primero de los cien actuales es el Parador de Gredos, inaugurado por Alfonso XIII en 1928. Fue Manuel Fraga Iribarne cuando era ministro de Información y Turismo en 1966 quien trajo las suecas a las playas mientras los obispos miraban a otra parte (aunque el escándalo sexual lo tenían delante de sus narices) e impulsó la Red de Paradores mediante la recuperación, léase expropiación forzosa, de castillos ruinosos y antiguos conventos. Hay que reconocer que las reformas de los nobles y santos lugares ha sido un éxito incuestionable. Viejas historias de la banca y de la cristiandad. Las inversiones de la Dirección General del Patrimonio del Estado en obras de restauración remodelado y mejora de las instalaciones han sido permanentes desde entonces.

A partir de los años sesenta el turismo fue la gallina de los huevos de oro para la maltrecha economía española. Y lo sigue siendo. Comprueben el descenso de las cifras del paro durante los períodos vacacionales. Lo cual no significa que el servicio hostelero en general mejore. Según fuentes sindicales del sector, hay en estas fechas una elevada oferta de trabajo estacional, pero al revés de lo que predicen las leyes del mercado, los salarios son famélicos: mil euros al mes, ni siquiera el salario mínimo, por jornadas de doce horas y un día libre a la semana. El joven en paro del gremio ni se lo plantea. Muchos bares, terrazas y chiringuitos están a reventar, pero con camareros improvisados, desbordados, poco dispuestos a la atención rápida y amable. Al final, harto de esperar, desconectas, te largas echando humo por las orejas y acabas por comprarte un pollo asado grasiento. Lo contrario es el restaurante del parador. Puedes elegir la hora y la mesa al aire libre o acondicionado. Servicio esmerado y profesional. La carta está muy cuidada, siempre de inspiración regional, y la relación calidad-precio es excelente. Si lo planificas con tiempo puedes tener alojamiento en habitación con cama doble, garaje, piscina, desayuno con un variado buffet y media pensión (comida o cena) por 200 euros al día en temporada alta. Si te aplicas en el desayuno (un cocinero te prepara en el acto todo tipo de platos mañaneros) te ahorras la comida; luego cenas pronto para que la digestión sea más llevadera. Prefiero una semana confortable a quince días pasando calamidades.

La antítesis de los paradores reformados y la versión más oscura del llamado milagro español, ha sido el desmadre urbanístico en las costas de Levante y Andalucía. La falta de planificación, el compadreo especulativo y los sobres abultados a cambio de licencias municipales es una constante universal como la ley de la gravedad. Cito Los Episodios galdosianos:

Cuando se me presentaba alguno en cuya facha conocía yo que era hombre de posibles, mayormente si venía de provincias con cierto cascarón de inocencia, lo recibía cordialmente, nos encerrábamos, conferenciábamos a solas, le persuadía de la necesidad de tapar la boca a la gente menuda de las oficinas, conveníamos en la cantidad que me había de dar, y si se brindaba rumbosamente a ello, cogía su destino. Siempre era una friolera, obra de diez, doce o veinte mil reales lo que cerraba el contrato, menos cuando se trataba de una canonjía, pensión sobre encomienda u otro terrón apetitoso, en cuyo caso había que remontarse a cifras más excelsas. Si nos arreglábamos, se depositaba la cantidad en casa de un comerciante que estaba en el ajo, y después yo me entendía con los superiores, si no me era posible despachar el negocio por mi propia cuenta.

Un pariente del negocio del ladrillo teorizaba que una cierta corrupción sistémica en el capitalismo es necesaria para crear beneficios, riqueza y empleo. El problema es que siempre se les va la mano, acaban en la prensa, menos en los juzgados y pocos en la cárcel. En un pueblo de veraneo gaditano, donde recalé varios años, pregunté los precios de los chalés en una céntrica agencia inmobiliaria. ¿Quiere ver los de construcción legal?, me preguntó el encargado. Se rio al ver mi cara. ¡Inocente, inocente! A esto hay que añadir el trasiego alegal de las agencias que alquilan pisos por menos de una semana donde diez veinteañeros hacinados ni duermen ni dejan dormir. O los resorts o complejos hoteleros de pulsera, karaoke, borrachera, salto mortal a la piscina y violación de madrugada. Me cae mucho mejor, aunque no es lo mío, el turismo de camping o el de autocaravana.

El paisanaje de paradores tanto en temporada baja como alta es un ejemplo de europeísmo cosmopolita, Ortega lloraría de emoción. En temporada baja, con ofertas inmejorables, se pueblan de apacibles jubilados. En temporada alta, predominan los matrimonios con o sin hijos. Algunos jubilados repiten, ahora en el papel de abuelos. Son frecuentes las rutas radiales. Por ejemplo, en la zona centro, prescindo de la consabida costa, puedes recorrer los paradores de Chinchón, Alcalá, Toledo, Gredos, Cuenca y Teruel. Es un turismo fluido, itinerante, distinto del estancado de muchas zonas costeras colonizadas por urbanizaciones donde los extranjeros se han apropiado del pueblo hasta el punto de que los carteles de las fiestas, la pizarra de los bares y la carta de los restaurantes no están escritos en español. Otro tanto ocurre con los precios de los supermercados y las tiendas. En ciertos sitios no eres bien recibido, te sirven con desgana y te miran incluso por encima del hombro. Tienes la impresión de no compartir la misma realidad. ¡A correr a España! parecen indicarte. Son guetos de la clase media, pretenciosa y burguesa de las grandes ciudades europeas. Al caer la tarde, cuando se van a tomar una cerveza al parador del pueblo se dejan las ínfulas en la puerta.

martes, 1 de agosto de 2023

Método escolástico y sexualidad

 

LECTIO (Exposición del tema o problema y lectura de textos)

Obviamente, el sexo biológico depende de un conjunto único de características innatas: cromosomas, niveles hormonales, genitales internos y externos y órganos reproductores. No tiene cabida el negacionismo, que se cuela por los agujeros más insospechados de la cultura, ni la varianza: es hombre o mujer. La intersexualidad es una rara anomalía genética de consecuencias exclusivamente médicas.

Otra cosa es la asignación de género: se refiere al conjunto de roles adscritos que se consideran apropiados en términos estadísticos para la construcción de la masculinidad y la feminidad de una cultura. Son pautas de comportamiento que se interiorizan durante el proceso de socialización primaria y secundaria (por más que esta distinción clásica esté cada vez más cuestionada por la omnipresencia de las pantallas). La asignación de género forma parte del ethos, tiene, por tanto, carácter normativo (es decir, lo que la sociedad considera normal). Nos propone cómo debemos vernos, pensar y actuar. También incluye las apariencias, la forma de vestir, hablar, mirar, hacer el amor… Es, por supuesto, el campo de batalla del feminismo.

El siguiente concepto es la identidad de género. Se refiere a la percepción que tiene una persona de su condición sexual. El término trans, engloba a los individuos que no se identifican o discrepan de su sexo biológico. Hay cuatro tipos: transexuales, transgénero, transformistas y travestis. Si quieren conocer las diferencias, ustedes mismos.

Viene a continuación la orientación sexual o capacidad de sentir atracción erótica y emocional hacia las personas del sexo opuesto o del propio. Lo describen los manuales de sexología con sutiles diferencias y apabullantes matices. Si buscas lo encontrarás: Heterosexual. Homosexual. Bisexual. Asexual. Androginosexual. Antrosexual. Autosexual. Demisexual. Ginosexual. Grisexual. Lithsexual. Pansexual. Polisexual. Pornosexual. Sapiosexual… A partir de los tres primeros, confieso mi ignorancia. Ha sido una forma de ponerme al día. Dos ejemplos: un lithsexual es alguien que siente deseo o atracción por otro ser humano, independientemente de su género u orientación sexual, pero no quiere llegar a tener una relación “real” ni consumada. ¿Lo entienden? Un sapiosexual es alguien que intenta seducir a la gente cultivada capaz de aportarle nuevos conocimientos en una situación de dependencia intelectual que lo excita. Vamos, la alumna que liga con el profesor de lengua. En la actualidad hay más de veinte orientaciones sexuales o identidades de género según el LGBTQIA+.

 

QUAESTIO (Cuestiones o preguntas que suscita la Lectio)

¿Es el feminismo radical (“el hombre es un lobo para la mujer”) una ideología de género excluyente, injusta y extenuante?

¿Es la discriminación positiva de la mujer (bolsas de trabajo, cursos profesionales, compromisos de contratación dirigidos exclusivamente a la mujer) o la paridad de la mujer en los puestos directivos de las empresas del IBEX una medida que atenta contra la libre competencia entre ambos sexos en función de los méritos adquiridos?

Según la vigente ley del sí es sí, recientemente aprobada en el Congreso (29 de abril de 2023) con resultados difíciles de digerir, los actos sexuales no consentidos pasan a ser delito. ¿Es una aportación sustantiva al Código Penal español o se trate simplemente de una reiteración o redundancia jurídica con fines políticos puesto que tal supuesto está contemplado en nuestra legislación desde 1820? ¿Digo la verdad, como en la paradoja del mentiroso?

¿Cuándo se considera que una persona está en condiciones idóneas para elegir su orientación sexual? Dicho de otro modo: ¿En qué edad se define de modo responsable la identidad sexual? ¿Es posible establecerla de modo científico?

¿En el caso de los adolescentes que desean una reasignación de sexo mediante técnicas quirúrgicas y tratamientos hormonales de por vida debería existir un protocolo de identidad sexual en el que intervinieran con carácter decisorio un comité formado por expertos? ¿Qué tipo de expertos?

Se calcula que una cirugía de cambio de sexo en ambas direcciones costaría hasta veinticuatro mil euros. ¿Debería hacerse cargo la medicina pública, o sea el Estado, de tales gastos o más bien correr únicamente a cargo de la persona que la requiere?

¿Se podrían considerar algunas identidades de género un ejercicio de libertad individual o más bien perversiones y patologías sexuales?

¿Se debería excluir a los transexuales quirúrgicos de hombre a mujer de las competiciones deportivas femeninas e incluirlos en una nueva modalidad federativa?

 

DISPUTATIO (discusión dialéctica sobre las cuestiones o preguntas que suscita la Quaestio).   

Voy a seguir aquí el método que siempre utilicé en la clase de la asignatura de Ética cuando tuve ocasión de impartirla en los centros públicos de enseñanza. Nunca me gustó tomar partido en los debates de los alumnos sobre los temas o problemas que el programa oficial marcaba. Sólo intervenía para definir ciertos términos, informar objetivamente sobre cuestiones legales nacionales e internacionales, explicar sin evaluar las propuestas de los partidos políticos o los resultados de algunas encuestas con cierta fiabilidad (si es que las hay). Tomar partido suponía, desde mi punto de vista, imponer argumentos “ad autoritatem” basados en la superior competencia argumental del profesor. Incluso entrometerme en la educación en valores que, en mi opinión, corresponde en primer lugar a la familia y no a la escuela. Por tanto, dejo a quien lea estas líneas que siga su criterio y piense con su propia cabeza. Escucharemos atentos sus puntos de vista razonados, no las salidas de tono emocionales que conducen directamente a la descalificación personal. Al extendido argumento, en realidad falacia lógica, “ad hominem”: eso es falso porque lo dice Fulano o verdadero porque lo dice Mengano. Está tan extendido que constituye el núcleo de las declaraciones, contraejemplos o debates de nuestra clase política. En vez de trabajar seriamente se dedica a cultivar el ego como inversión de futuro y decir chorradas. Así nos va.

martes, 25 de julio de 2023

El caso de João Félix

El Atlético de Madrid pagó al Benfica más de ciento veintisiete millones de euros por João Félix, el fichaje más caro de la historia del club. Hoy sería complicado que un club pagara por el jugador portugués la mitad de esa fortuna. ¿Cuáles han sido las causas del fiasco?

En primer lugar, fue una apuesta demasiado arriesgada. Con todos los respetos, el nivel futbolístico, las exigencias profesionales de La Liga portuguesa, o la Ligue 1 francesa son inferiores a la española. Los sucesivos fracasos europeos del Paris Saint Germain, un club Estado con ilimitados recursos financieros, se deben en gran medida a este décalage o diferencia competitiva.

JF tenía 19 años cuando firmó el contrato soñado, según dijo al salir de los despachos del Metropolitano, y una experiencia de menos de un año en la máxima división lusa, aunque hay que reconocer que completó una excelente temporada en el Benfica. Los cazadores de talentos vieron en su juego vistoso y efectivo (20 goles en 43 partidos) una estrella con una proyección imparable. Se habló de un candidato al balón de oro. Otros grandes expresos europeos como la Juventus y el Manchester City llamaron a sus puertas (lo cual encareció el precio del traspaso). También es cierto que la operación estuvo condicionada por la salida de Griezmann al Barça y la necesidad de buscar una nueva referencia para el equipo. El fichaje, finalmente, fue el resultado del consenso entre los tres pilares del club: Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado y dueño mayoritario, Andrea Berta, director deportivo y el propio Simeone, convencido de potenciar al máximo las virtudes del jugador. En general, el triunvirato dirigente no acertó con el perfil apropiado para una inversión de tales dimensiones. Hay que repartir las responsabilidades entre todos.

El Cholo no calculó bien las posibilidades del centro punta portugués. En el Benfica el resto del equipo jugaba para él, como hacía el Barcelona con Messi o el Real Madrid con Cristiano. Esta estrategia es justo lo contrario del cholismo, que valora la tensión constante en cada posición en función del bloque, sin concesiones a las ocurrencias fuera del sistema. Su lema es: cualquier pasividad crea desajustes graves. Mientras que Messi o Cristiano se pasaban parte del partido mirando al césped hasta que sus compañeros los reactivaban, el Cholo no soporta el tancredismo del divo que se sale del guion. Esperaba de João lo contrario: la movilidad por todo el campo, las ayudas en defensa y el robo felino en el centro, la creación de espacios, el imprevisto desmarque de ruptura, el regate desequilibrante y la definición final que permite sanear el marcador. Tal y como lo interpreta el recobrado Griezmann.

En gran medida ha ocurrido lo contrario. João aguarda al trotecito lento a que le den la pelota en la posición fija de interior izquierda. Intenta un desborde de filigrana que puede acabar de dos maneras: si le sale bien, revolcón por el suelo tras la falta táctica del defensor que no duda en la patada o el choque ante la fragilidad del atacante y la permisividad del árbitro; si le sale mal, se lía, pierda el balón y propicie el contraataque que pone al Cholo de los nervios. En las inmediaciones del área quiere hacerlo todo, sin buscar las posiciones favorables de sus compañeros. Cuando baja hace como que defiende, apenas recupera y si inicia la jugada desde atrás se limita a dar un pase horizontal al que tiene más cerca y se quita de en medio.

João empezó siendo titular con actuaciones aceptables, pero se fue diluyendo por su falta de protagonismo. Marcó su primer gol en la jornada 12 y para entonces Simeone comenzó a sentarlo en el banquillo durante parte o todo el partido. También comenzó el enfrentamiento. Caras largas, malos gestos y quejas del menino. El sistema ultradefensivo del atlético le impide desarrollar su juego, afirma. El movimiento se demuestra corriendo, replica el entrenador. El vestuario se siente incómodo por sus desdichas y desplantes. El ambiente comienza a ser tóxico. Finalmente manifiesta su intención de salir del club. Simeone respira. Es cedido al Chelsea por una temporada con opción de compra. Sin el portugués el Atlético hizo una buena segunda vuelta en la Liga. Tampoco queremos caer en la falacia de la falsa causa. Al concluir la Premier es devuelto al Atlético sin que el equipo inglés muestre interés alguno por su continuidad. En la selección portuguesa tampoco ha sido titular indiscutible. De vuelta al Cerro del Espino otra declaración desafortunada: su amor desde niño por el Club de Fútbol Barcelona. Joan Laporta agradece el cumplido y dice que João le gusta mucho. Ni Pochettino, ni Simeone ni Xavi lo quieren. El español Roberto Martínez, nuevo entrenador de la Selección de Portugal, guarda un prudente silencio. Ni siquiera llega una jugosa oferta de los Emiratos. Ahora mismo está de gira de pretemporada con el Atlético que se lo ha llevado por no devaluarlo más. Según cuenta la prensa deportiva durante el vuelo de doce horas hasta Corea del Sur estuvo serio, ausente, y sólo habló a ratos con Saúl, otro posible descarte veraniego. Lo más probable es que sea cedido al único club donde triunfó: El Benfica. Ida y vuelta. El precio, ya veremos. 

sábado, 15 de julio de 2023

Cine analógico y digital

Ha habido muchos tipos de salas de cine: los cineclubs universitarios, las salas de arte y ensayo, la Filmoteca Nacional, las salas X, las salas de estreno, los cines de barrio, los multicines, los cines IMAX, los cines Megaplex, los autocines, los cines al aire libre… no sé si me dejo alguno. Durante un tiempo fueron tendencia las películas en 3D. Te daban unas gafas que al salir depositabas en un cajón. Seguramente las habían usado docenas de personas durante días. Mi única experiencia con el 3D fue en un IMAX durante una actividad extraescolar con alumnos de Bachillerato. Muy desagradable. Varios dinosaurios se te echaban encima con las fauces rugientes. Unas filas detrás, un grupo de niños de primaria (¿a quién se le ocurriría la brillante idea?) aullaron despavoridos, algunos salieron al galope con los maestros detrás, otros, paralizados de terror, lloraban sin consuelo. ¿Qué les contarían a sus padres? Probablemente nada. Me regalaron por mi cumpleaños las gafas 3D para televisión y la película Avatar. La verdad es que no era para tanto ni las unas ni la otra. La moda pasó con más pena que gloria, aunque la tecnología Meta parece haber retomado el invento.   

Lo cierto es que el cine analógico de butaca, olor a humanidad y palomitas, aunque sobrevive languidece. Las salas de cine, sea cual sea su modalidad, son un espacio social en declive por más abonos, días del espectador y subvenciones que pretendan reflotarlo. Es abrumadora la competencia con las plataformas de pago. Muchas salas cerraron para siempre durante la pandemia, mientras que las suscripciones a las plataformas crecían. Hay películas de estreno en sala que a las dos semanas están en pago por visión. Especialmente las ganadoras de los óscar, globos de oro, premios Goya y festivales de moda. Las grandes productoras invierten en productos dirigidos a la televisión. Por lo demás, la oferta de series, películas y documentales es prácticamente ilimitada.

He disfrutado del cine en casi todas las salas, pero hay tres de las que tengo un recuerdo especial. Los últimos cursos de carrera viví en el Colegio Mayor San Agustín. Tuve la suerte de formar parte del equipo directivo del cineclub, uno de los mejores, lo digo con modestia, que había en la Complutense. En gran parte porque disponía de una amplia sala, una generosa pantalla y una cabina de proyección moderna. Además, contamos con el apoyo inicial de la Dirección para sacar adelante el proyecto. Después nos financiamos, incluso logramos unos beneficios que nos permitían contratar películas más exclusivas. Sin renunciar a la calidad, evitábamos las indigestas de arte y ensayo que espantaban al público. Pasábamos, por ejemplo, Amarcord, pero no la gilipollesca El año pasado en Marienbad. Cada domingo por la tarde completábamos el aforo. El equipo constaba de un tesorero (alumno de económicas), un diseñador de los carteles anunciadores (alumno de arquitectura), dos proyeccionistas (alumnos de ingeniería), dos cinéfilos que proponían las películas (alumnos de Bellas Artes) y un bibliotecario (alumno de Filosofía). Una furgoneta del Colegio se hacía cargo de la recogida y devolución de los rollos de celuloide a la distribuidora. Los contratabas por veinticuatro horas; si el lunes no los habías devuelto tenías que pagar un día más. Colaboré en la creación de una biblioteca básica y fui el encargado de la redacción de la hoja con la ficha técnica de la película y un comentario que se entregaba al entrar. Algunas críticas revisadas las he incluido en un estante del blog. Varios asistíamos con demasiada frecuencia a la Filmoteca Nacional, el Cine California, en la calle Andrés Mellado. Acabamos empachados de copias en blanco y negro subtituladas. Los estudios se resentían. En mi caso dedique durante tres cursos tanto tiempo a la historia del cine como a la historia de la filosofía.

Rebobino. Tengo un recuerdo imborrable del cine de verano en Cuenca. Cursaba el Bachillerato en el instituto Alfonso VIII hace océanos de tiempo. Se llamaba el Cine Palmeras, en la calle José Cobo y hace decenios que es historia antigua de una ciudad que ya no existe, como nosotros. La sesión comenzaba con la fresca a las diez de la noche en un patio arbolado, con filas de sillas de madera sin numerar por lo que convenía ir con tiempo para coger sitio junto a los amigos. Entradas asequibles. Nuestros padres preferían tenernos allí a buen recaudo hasta la una de la madrugada antes que andar como burros sin amo trasegando cañas o vinazo barato de tapón de plástico y volver chispados a escondidas. Comenzaba la sesión con el Nodo: el último pantano inaugurado por el caudillo y los goles del Real Madrid en Europa; a continuación, un par de tráileres de las próximas películas y un intermedio sin carteles de visite nuestro bar (no había) o prohibido comer pepitillas (uno de los alicientes del Palmeras). Era el momento de estirar las piernas, charlar con los colegas y saludar a las chicas del instituto femenino, muchas hermanas de los amigos. Luego una peli de aventuras donde los buenos son muy buenos y los malos muy malos, Sandokán, El árbol del ahorcado, o bien una española con entretenidos asuntos patrios y final feliz, Los tramposos, Las chicas de la Cruz Roja. Los comentarios picantes en voz alta y algún regüeldo con oficio eran parte de la velada. Saludables risotadas. Las palomitas eran sustituidas por la cena que nos habían preparado en casa: tarteras con tortilla de patatas, filetes empanados y pimientos fritos, todo regado con gaseosa limonera de La Eufrasia, otra marca conquense de aquellos instantes felices de la vida en provincias.

viernes, 14 de julio de 2023

Vacances frissons !

Afin d’organiser mes vacances d’été, j’avais acheté à mon agence de voyage un séjour d’une semaine dans le quartier latin de Paris. Cette fois, j’avais préféré un tourisme « thématique » ! L’agent de voyages nous a offert plusieurs choix : jouer le rôle de flingueur dans un village du sauvage ouest américain, de prétorien de Néron dans la Rome impériale, de membre de la résistance française pendant la Seconde Guerre mondiale… Après avoir relu la brochure de l’agence, mon premier élan s’est confirmé : vivre sept jours comme un bohème parisien à la fin du dix-neuvième siècle. J’adore les contrastes ! À l’exception des vacances, je suis un bourgeois aisé qui a pour principe de s’éloigner de n’importe quelles extravagances de la vie quotidienne. Néanmoins, pendant les congés, je deviens un Mr. Hyde de l’exotisme. Ce serait très fort de vous raconter les destinations les plus canailles et bouleversantes que j’avais choisies ces dernières années. Cela ne regarde personne ! L’agence La bonne montée d’adrénaline à Paris nous avait fixé un rendez-vous avant de commencer le kermès héroïque.

Quand nous sommes arrivés au « siège opérationnel » situé rue de la Sorbonne, le gérant de la section « événements modernes » a groupé tous les vacanciers dans un grand salon d’attente.

Ceux qui ont choisi l’option vie bohème, venez par ici. (Il a pris une feuille bleue). Je vais lire vos prénoms : Marcel, le peintre ; Schaunard, le musicien et Rodolphe, le poète ; C’est bien ça ? Giacomo vous amènera tout de suite à la mansarde que vous habiterez ensemble. On imagine qu’il y fait très froid, mais aujourd’hui c’est le quinze juillet, donc, ne vous inquiétez pas. Désormais, vous serez de braves bohémiens. En sortant, ramassez la boîte en carton bleu avec votre prénom, vous y trouverez « la tenue » dont vous aurez besoin. Elle a de jolies puces danseuses quand même ! Allez-y mes enfants (avec la musique de la Marseillaise), la liberté d’esprit, le bonheur dans les chaînes vous attend (et le crétin a éclaté de rire)… 

Après avoir monté l’escalier du bâtiment, nous sommes arrivés à la mansarde du sixième étage. Giacomo a ouvert la porte qui a grincé sur ses gonds et nous nous sommes retrouvés dans une pièce carrée sous un plafond graisseux, illuminée par une petite fenêtre, avec un poêle, une table ronde, trois chaises et une armoire cassée pleine d’anciens livres de poésie, de partitions poussiéreuses, d’une palette et de quelques pinceaux sales.

Soudain, nous avons entendu une belle voix de soprano ; étonnés par ses tristes tons, nous nous sommes regardés et, en nous bousculant, tous mélangés, nous sommes sortis de la pièce à toute allure. Nous avons frappé « doucement » à la porte d’où sortait la voix de la fée, bien que ce n’ait pas été la belle qui nous a reçus, mais un mec en tenue de soirée, barbu et musclé.

- Le barbu : Salut les artistes ! Si vous voulez connaître Mimi, vous devez payer un prix supplémentaire. Ce sont les clauses additives du contrat. Vous ne lisez jamais les petites lignes ?

- Marcel : Tu plaisantes ? C’est une escroquerie quand même !

- Rodolphe : C’est une prostituée ?

- Schaunard : D’abord, nous voudrions la voir et après on verra…

- Le barbu : Oubliez les disputes, elles ne servent à rien.

- Marcel : Je m’en vais.

- Rodolphe : Moi aussi, j’ai besoin de l’air de Paris.

- Schaunard : Je reste ici, l’aventure, c’est l’aventure. Je préfère bavarder un petit peu avec ce mondain et sa protégée. Il est, à n’en pas douter, un véritable mécène. Plus tard, nous nous verrons dans le Café Momus pour faire la fête au quartier Latin.

(À suivre)

jueves, 6 de julio de 2023

El jardín inglés (relato por encargo)

Hace menos de dos años dirigía el área de Difusión y Actividades de la Biblioteca Pública de Palma de Mallorca. Un día la semana coordinaba un club de lectura en la Casa de la Cultura de Santa Ponça. Conquense, fue mi primer destino como bibliotecario. Vivía en can Capes, un barrio de la periferia. Mi compañera, mallorquina, Paula, trabajaba en la redacción de una revista de viajes y promoción del turismo. Habíamos encontrado a través del Editor Jefe un piso con tres habitaciones, salón y terraza construido en los años noventa y una renta favorable. Era el tercero de un edificio de alquiler de cuatro plantas y un bajo que ocupaba doña Mercé, la conserje, una viuda catalana que había pasado los sesenta y perdido a su marido, sargento jubilado de los Mossos D’Esquadra, en la primera oleada del covid. Entrometida de oficio pero de temperamento afable vivía con su hijo único, Agustí, treintañero de pocas palabras, cuya principal ocupación, aunque no la única como supimos después, consistía en arreglar las chapuzas menores de la comunidad y contratar a los profesionales que se encargaban de las mayores a comisión con el administrador de la finca. También hacía portes esporádicos con su furgoneta. El inquilino del primero era Jaume, un cocinero de edad indefinida de la Transmediterránea, que pasaba a bordo mucho más tiempo que en su piso al que volvía en los períodos de descanso acompañado de una cuarentona teñida de rubio, la blonda, que hablaba español con acento francés. En el segundo, pasaban las vacaciones un matrimonio gay de alemanes jubilados. Gerhart, el mayor, decía que había subido casi todos los peldaños del escalafón del Deutsche Bank hasta acabar como gerente de empresas. Según me contó, un atardecer que paseaban del brazo por la playa de Andratx, había cambiado la captación clientes por la “alegría de vivir”. Günther, había sido ayudante de restauración en el Dresden City Museum y ahora dedicaba parte de su tiempo al estudio de la alfarería y cerámica balear. En el último, vivía Aurora, funcionaria del Ministerio de Hacienda, que se había trasladado desde Soria cuando nació su hija Jasmina debido a los prejuicios provincianos hacia las madres solteras. Estoy convencido de que me contó la mitad de la mitad. Ahora Jasmina era una adolescente a la deriva de los cambios hormonales, como todas.

El edificio tenía un patio exterior tapiado que bordeaba la parte trasera de unos quinientos metros cuadrados donde estaba previsto construir una piscina y un parque infantil. Los recortes presupuestarios habían parado el proyecto y condenado el patio al matorral y a las malas hierbas. Al llegar la primavera, los alemanes pidieron a Don Tomeu, propietario del inmueble, permiso para transformar el patio en un espacio comunitario “con fines recreativos y de mejora”. Las explicaciones del restaurador sobre decoración urbana y los del banquero sobre revalorización fueron decisivos para su conformidad. Para informar a los vecinos de las bondades del asunto y comentar los detalles nos invitaron a tomar el aperitivo en una conocida terraza del paseo marítimo. Incluso el marino y su amiga acudieron a la cita. Entre copas de rosado, queso palmero y tostas de sobrasada nos contaron que el proyecto era la imitación de un jardín inglés. El exbanquero tenía una notable elocuencia. El jardín inglés –leyó Günther de una revista que sacó del bolsillo- busca la imitación de la naturaleza virgen, aunque esta representación espontánea sea en el fondo el resultado de un elaborado proyecto artístico. El ideal del jardín inglés es lograr un entorno sorprendente, innovador, con el aspecto de un lugar que no ha conocido la mano del hombre… Me suena esa revista pedante, me susurró Paula al oído.

Nadie se opuso, al contrario, Don Tomeu lucía una corbata con alfiler regalo de los nuevos vecinos. Doña Mercé anunció su intención de plantar pepinos y tomates y la madre de Sara laurel, perejil y cilandro. Paula compraría macetas en Juanito Vivers para adornar el patio, el cocinero convino en que se trataba de una idea estupenda pero por desgracia su trabajo no le permitía colaborar lo que hubiera deseado. En fin, en menos de un mes los emprendedores alemanes convirtieron el patio en un vergel con trochas y papeleras. Doña Mercé y su hijo, se ocupaban de la llave.

A las dos semanas de concluir los trabajos de horticultura, cuando me despejaba de la siesta, Paula y su joven amiga Beatriu, graduada en ciencias del mar, entraron alteradas en mi dormitorio:

- ¡Los alemanes, gritó Paula, los mamones han plantado un campo de marihuana en el patio!

- No cabe la menor duda, añadió su amiga. Sé distinguir un alga verde de una planta de cannabis sativa (los tres fumábamos regularmente). Mira (y esparció unas hojas cortadas sobre la mesa).

- Tiene buena pinta, comenté soñoliento.

Al día siguiente hice una visita a la pareja con el pretexto de pedirle consejo a Gerhart sobre posibles inversiones en bolsa. Nada serio, dije. Me contestó que lo pensaría antes de darme una respuesta, aunque por su gesto torcido tuve la impresión de que sabía de finanzas lo que yo de pesca submarina. Decidí no apretar más el lazo con la opinión de Günther sobre los pintores catalanes en Mallorca; sin más desvié la conversación hacia lo que me había llevado a su puerta.

- Compartimos el edificio desde el portal hasta la antena colectiva pasando por el jardín. ¿No deberíais haber informado al propietario y a los vecinos de lo que os trajináis? Podéis meternos en un buen lío. Antes de una semana, sugerí sin amenazar, tenéis que quitaros de en medio con las razones que os convengan. Labia no os falta. Después me despedí cordialmente de dos estatuas de sal.

En las cálidas noches mediterráneas un suave aroma dulzón subía hasta el cielo delante de nuestras narices. Y eso era todo. Por supuesto, no cortamos ni una planta aunque nos moríamos de ganas. Los vecinos no notaron nada raro y yo no era el pregonero del barrio.

Un domingo por la mañana, cuatro días después de mi amistosa charla con los del segundo, estaba todavía en la cama, cuando Paula salió de la terraza donde le gustaba desayunar temprano en compañía de la prensa digital.     

- Echa una ojeada a la calle, exclamó, no es posible, los dos tortolitos de la mano, esta vez con esposas y a punto de subir a un coche de la pasma. Espero que no tengas nada que ver, susurró.

- Estoy tan pasmado como tú, contesté con sinceridad.

Fue el final del jardín inglés. Había sido Blonda, aficionada a liarse algún que otro porro, quien se percató del chiringuito y dado el pitazo. Días más tarde, en comisaría, nos tocó como a los demás inquilinos, contestar a las preguntas del inspector Palomeque de la brigada de estupefacientes y asistente asiduo al club de lectura en Santa Ponça:

- No, no sabíamos lo que cocinaban esos turistas. No los tratábamos casi, eran muy reservados, sabíamos que estaban casados, nos lo dijo la portera, parecían personas respetables, no recibían visitas, créame ha sido una desagradable sorpresa. Sí, continué, alguna tarde me di una vuelta por el jardín, pero aunque no distingo una rosa de un clavel me llamó la atención que todas las plantas fueran muy parecidas…

El inspector sacó del cajón de su despacho una pitillera de cuero, cogió un purito, lo encendió con calma, saboreó el humo y se tomó su tiempo para exhalarlo. Después nos miró fijamente.

- Escuche y no me joda bibliotecario, estoy seguro de que estaban al tanto: hablan español perfectamente, no son alemanes sino polacos procedentes de Austria. Todo lo que les han contado son patrañas. Los teníamos en el radar desde que llegaron a Palma hace un año. No están casados, les gustan las putas caras y en todo caso su vida privada es suya. Creemos que en la isla actúan varios grupos que no se conocen entre sí aunque es evidente que trabajan para alguien que da las órdenes, almacena y mueve la venta. Es la reina de una colmena de avispas asiáticas; primero crea un nido primario, luego el secundario y después el terciario y así sucesivamente si no se corta el rollo. Sospechamos de quien se trata pero todavía no podemos probarlo. Cultivan la yerba en los sitios más increíbles, huertos, piscinas vacías, caserones antiguos, locales abandonados convertidos en invernadero con luces, ventilación y un sofisticado sistema de riego. Hemos confiscado este jardín de las delicias y ocho más. En total más de treinta kilos de marihuana de primera clase. A diez euros el gramo su precio en el mercado sería de trescientos cincuenta mil dólares. Creemos que los polacos la colocaban en pequeños alijos para que no se notara la siega y evitar sospechas. Sabemos que el encargado de trasportarla hasta una nave de logística es Agustí, el hijo de la conserje; no descartamos que esté implicada. Tampoco es un asunto demasiado grave mientras sólo se trate de marihuana.

Soy un decidido partidario de la legalización de la marihuana, le dije a modo de despedida. Yo también, me respondió, me evitaría un montón de problemas. Como me cae bien, soy un bocazas y parece sacado de la última novela de intriga que nos recomendó le voy a poner al tanto. Les dimos carrete a los transportistas que entregaban la mercancía en la nave. Luego los trincamos a todos excepto a la reina. Nadie conocía a nadie. Sus vecinos me intentaron convencer de que la plantación estaba destinada a la industria farmacéutica en general. Tenían cuentas en un banco de Andorra que nos toreó con su alto nivel de discreción operativa y legal. El abogado de oficio (no conocían a ninguno español) en cuanto se percató del embrollo les aconsejó que el mejor favor que se podían hacer era colaborar en la investigación. Y puerta. La nave era una empresa pantalla registrada en Gibraltar. El encargado no sabía nada, por supuesto. Nos mostró solícito los registros de entrada de los paquetes. Coincidían en fecha y hora con los portes de los detenidos. No me molesté en pedirle los registros de destino porque me hubiera encontrado con otro pantallazo. Puede que estuvieran todavía en el almacén, pero no era cuestión de pedir al juez un orden para inspeccionar todos los posibles paquetes de la puta marihuana… Lo que me preocupa es que sea una maniobra de distracción, un señuelo para tener ocupada a la brigada de estupefacientes mientras que la reina madre se dedica a introducir en las islas a doña blanca, el caballo y la pastilla roja. Estamos en ello. Pronto se enterará por la prensa. Por cierto, Don Tomeu, mallorquín de toda la vida, es propietario de otros cuatro inmuebles de alquiler repartidos por Mallorca. Todos adquiridos en los tres últimos años. Ninguno con patio trasero. Si lo hubieran tenido, incluso sembrados, estaría menos preocupado. En todo caso está fuera de mis competencias. Otros están en ello. Apagó el purito en el cenicero, se dio media vuelta y empezó a tararear en nuestras narices:

El patio de mi casa

es particular.

Cuando llueve se moja

como los demás...