miércoles, 27 de mayo de 2026

Pueblos sin historia

 

Me reuní en la cafetería del Ateneo de Madrid con el Coronel Carlos Abengoa, Doctor en Historia y hasta su jubilación profesor asociado de la UNED. Hacía casi un año que no compartíamos mesa y sillón. Nos conocimos en Guinea Ecuatorial cuando colaboramos en un equipo interdisciplinar del Ministerio de Educación como asesores de los expertos ecuatoguineanos en la elaboración de materiales didácticos para sus planes de estudios. Recuerdo nuestras largas conversaciones regadas con ron añejo de caña en la Casa de España de Malabo. Desde entonces hemos mantenido una intermitente pero cordial amistad.

- Cómo está el mundo, le dije, una vez que dimos buena cuenta del café con leche en taza grande, unas napolitanas y las típica tostadas de aceite, tomate y jamón.

- ¿A usted que le parece?, me preguntó, cual Inteligencia Artificial ávida de alimentar su máquina de aprendizaje con mis opiniones.

- Me parece que las democracias liberales se escoran sin remedio hacia el neodarwinismo social, el militarismo como razón de Estado y el nacionalismo autoritario que excluye cualquier reconocimiento de una legalidad internacional basada en los derechos humanos. (Todo muy manido, lo reconozco).

- Le invito, cambió de tercio Abengoa, a que eche un vistazo al guion de una conferencia-coloquio que tengo que dar en la Universidad Autónoma de Madrid. Y puso una carpeta encima de la mesa. Cito de pasada el título de un libro de su bisabuelo.

- Haré todo lo posible por asistir, dije, tras darle las gracias por su confianza.

Después nos dedicamos a charlar de los viejos tiempos y los nuevos, de los hijos y los nietos, de los achaques de la edad, de los que se han ido con los más, de religión, política y gimnasio. El coronel detesta el fútbol. Por la tarde abrí la carpeta… 

Me resulta muy sugerente la hipótesis de El número de Dunbar del antropólogo Robin Dunbar que estableció en 150 aproximadamente el límite biológico de relaciones interpersonales estables que puede mantener una persona. De lo cual se sigue que sólo en grupos reducidos con un sistema de acción compartido y único no se quiebra la cohesión ni surge el conflicto social. La proliferación de subculturas y contraculturas en las civilizaciones avanzadas, algunas sin un mínimo común con la cultura dominante, otras discrepantes, incluso enfrentadas con el ethos, el eidos y las instituciones, determina sin solución el desastre nacional y sus causas.

La antropología cultural, una vez depurados los residuos de un etnocentrismo anacrónico, demuestra que el hombre primitivo no tiene una mente inferior al hombre actual, sino una cultura distinta y compensada. Para unos fines será más inteligente el hombre actual, para otros el hombre primitivo. Cierto es que no disponen del lenguaje matemático, la más alta realización de la razón y el único vínculo objetivo que permite vislumbrar los misterios del dios infinito de Spinoza. Aunque construir sofisticadas tecnologías que pueden acabar con la especie humana, por ejemplo la IA, no parece más inteligente que vivir pacíficamente al margen del progreso a orillas de un lago africano, fértiles praderas y la montaña sagrada, morada de los dioses tutelares.

Lévi-Strauss demuestra en El pensamiento salvaje que no es cierto que las sociedades primitivas tengan un pensamiento menos complejo que el de las sociedades con historia. La investigaciones de campo muestran que tienen las mismas preocupaciones abstractas. Su léxico está dotado de una extensa terminología naturalista y de prolijas clasificaciones que les permiten distinguir miles de especies de la flora y de la fauna. Lejos de tener un significado meramente empírico o utilitario, como se daba por supuesto, tienen más bien la función de organizar el entorno y conocer el orden lógico y cosmológico del mundo. El propósito de los cuatro volúmenes de la investigación etnológica y etnográfica más ambiciosa de la antropología cultural, Mitológicas, es probar que las cualidades sensibles están dotadas de leyes, categorías y símbolos tan válidos como los que rigen el funcionamiento de la ciencia.

Hay muchos ejemplos a favor del pensamiento salvaje. Nuestra sociedad carece de estatus de edad claramente definidos: los ritos de tránsito de la pubertad a la adolescencia, de la adolescencia a la juventud y de esta a la mayoría de edad comportan estatus difusos que no permiten salvar con éxito las discontinuidades en el sistema de interacción y sólo crean ruido en la vida comunitaria. Esto supone que los padres, educadores, amigos y conocidos (entre otros) desconocen las nuevas expectativas de acción social; tampoco el implicado sabe exactamente a qué atenerse, mientras que en las sociedades primitivas nunca se producen vacilaciones, pues los cambios de estatus suele ir acompañadas de ciertos ritos de tránsito que redefinen la nueva posición de manera precisa.

En una tribu perdida del África ecuatorial el paso de la pubertad a la adolescencia se produce cuando ambos sexos alcanzan la madurez biológica o capacidad reproductora. El cambio de estatus de los adolescentes, que ya están en condiciones de perpetuar su etnia, se reconoce y se celebra a comienzos de la primavera con las fiestas conmemorativas de la fecundidad y la abundancia. Durante dos noches seguidas, una en honor de cada sexo, arden las hogueras, suenan los tamtanes y se consumen plantas alucinógenas hasta la apoteosis de una danza propiciatoria para que los espíritus protectores de la tribu se muestren generosos un año más. Cuando concluyen los fastos, los habitantes del poblado tienen unas expectativas ciertas sobre el sistema de acción de los neófitos.

El paso de los adolescentes a la mayoría de edad en la aldea centroafricana es tan claro como un día de verano en la sabana. El aspirante al estatus de guerrero recibe del brujo el escudo labrado del clan, el arco y las flechas de sus mayores, las pinturas de combate, los adornos corporales y el tótem tribal. El ceremonial de iniciación, al que sólo asisten los guerreros del poblado, termina con la fórmula tradicional de despedida: retorna a tu casa cuando los espíritus te sean favorables o piérdete para siempre en la oscuridad de la noche. El joven dispone de tres jornadas para superar el desafío de la jungla y volver con una presa sobre los hombros. Si retorna vencedor a la tierra de sus padres, cuanto más peligroso haya sido el lance, mayor será el homenaje que reciba de sus pares. A partir de ese momento será considerado un guerrero valeroso, un custodio de las tradiciones ancestrales con todas las obligaciones, pero también con todos los privilegios de su nueva posición”.

Dejé para la noche la segunda parte del guión.

viernes, 15 de mayo de 2026

Los viajes en crucero

 

Uno de los acontecimientos históricos más reseñables del siglo XXI es ese movimiento intergeneracional que ha sido denominado, como no, por los franceses, Les nouveaux voyageurs. Jóvenes de veinte o menos, matrimonios treintañeros, jubilados añejos y ancianos del último viaje, se lanzan y relanzan a hollar con sus pies los lugares más bellos, célebres o recónditos del mundo. Las causas hay que buscarlas en las facilidades de información y contratación desde internet que permiten ir al faro del fin del mundo desde tu móvil, a la proliferación de vuelos de bajo coste o a la dura competencia entre las agencias para tentarnos (sobre todo en temporada baja), con hoteles, casas rurales, campings, pisos turísticos o madrigueras en los escondrijos más insólitos. Asistimos, afirman, al resurgir de una nueva forma de vitalismo colectivo, al impulso de ensanchar geográficamente el horizonte existencial, un retorno al espíritu del Renacimiento y una nueva concepción del hombre dignos de ser estudiados por la psicología social. Sin duda, concluyen, es la cara más amable de la globalización y de las secuelas antropológicas de la pandemia del coronavirus. En román paladino: nadie quiere ser el muerto más rico del cementerio.

Podemos enumerar una lista interminable de formas de hacer turismo: de intercambio, multipropiedad, ecológico, gastronómico, solitario, de autocaravana, mochilero, de camping, de rutas radiales, de la tercera edad, de borrachera, sexual… Y me dejo muchas variantes. Entre otras el turismo de crucero, a propósito de las inquietantes noticias de los contagios a bordo del MV Hondius de varios pasajeros y algún tripulante por un brote de Hantavirus Andes, una variante altamente peligrosa que puede trasmitirse por contacto entre personas infectadas. Un patógeno letal olvidado por las grandes farmacéuticas al ser infrecuente su eclosión y, por tanto, un mal negocio para los laboratorios.  

Hay tres tipos básicos de turismo de crucero: de lujo, megacruceros y de expedición.  El crucero de lujo, a bordo de yates exclusivos o “barcos íntimos” con pocos pasajeros y mucha tripulación, ofrece un servicio personalizado, suites amplias, alta cocina, fondeos en solitarias calas y excursiones improvisadas.  

Un megacrucero es una variante del circuito de turismo por el mar con paradas en los puertos más señalados, salida del barco a tu aire o en visita organizada y vuelta a dormir al camarote. Abstenerse claustrofóbicos, misántropos y adictos a la biodramina. Un moderno trasatlántico es una ciudad flotante con más de cuatro mil pasajeros y mil quinientos tripulantes. Tiene más instalaciones de recreo, cultura, restauración, esparcimiento y deportivas que la mayoría de las capitales de provincia. Por ejemplo, cine, pista de patinaje, discoteca, piscina climatizada, gimnasio, casinos, salas de jacuzzi o centro de golf con tecnología biomecánica… Conviene informarse sobre qué servicios son gratuitos y cuáles no. El precio básico es asequible para una oferta tan épatante. Lo que no te cuentan los folletos (o sólo en letra pequeña) es que muchos servicios hay que pagarlos aparte. Puedes comer en el restaurante principal si no eres muy exigente; pero si te sientas en los restaurantes de especialidad o en los pabellones de gastronomía internacional la cuenta te sube un pico. Otro inconveniente es que hay camareros que pasan a todas horas con bandejas de pinchos, frituras y canapés… Y barra libre a jornada completa. A partir de la segunda semana se dispara al alza la curva de las desavenencias matrimoniales, la mala educación de los hijos y el consumo de copas y combinados. Al final cada cual va a su aire. La cena semanal de Gala con el capitán es un remedio latente para rebajar las tensiones y restablecer la cohesión social. Cuando vuelves al dulce hogar no cabes por la puerta. Es preferible comprarte ropa nueva a perder peso mediante duras privaciones y promesas imposibles de cumplir. Si eres de los que les gusta viajar tranquilo e inventar sobre la marcha, lo mejor es que te lo pienses antes de reservar el pasaje. Las escalas suelen ser cortas, lo que supone visitas apresuradas a los sitios de interés. Si vas en grupo organizado (factura aparte) tienes que ajustarte a un horario rígido con madrugón incluido para ir a marchas forzadas detrás de la bandera de un guía que te lleva por museos, galerías y monumentos largando rutinarias explicaciones. O desconectas o acabas con la cabeza como un bombo. La saturación turística devalúa el patrimonio histórico y cultural hasta convertirlo en un parque temático intransitable.

Otra variante de los recorridos relámpago en las grandes ciudades es el autobús panorámico. La azafata se limita a nombrar los monumentos más importantes que miras a toda prisa sin enterarte de nada mientras el televisor del autobús proyecta un documental en 4K sobre la ciudad con música étnica. Muchos prefieren mirar la pantalla. Al acabar la jornada eres una víctima más del abuso de la cantidad del estímulo. El tiempo se alarga como en la teoría de la relatividad. Al tercer día parece que llevas un mes fuera de casa. Si me obligaran a embarcarme pasaría la mayor parte de la travesía leyendo a Lord Jim o Muerte en el Nilo en sillones confortables y la noche de la cena del capitán en mi camarote viendo en la pantalla del ordenador Tormenta perfecta.

El objetivo del turismo de expedición, el caso del MV Hondius, es la exploración de destinos remotos, islas exóticas, selvas vírgenes, desiertos o altas montañas. Sitios de riesgo. El MV Hondius zarpó de Ushuaia en el sur de Argentina con 149 pasajeros de 23 nacionalidades a bordo, entre ellos 14 españoles, y 57 tripulantes, 13 guías y un médico. Navegaría por el Atlántico Sur con paradas en las islas Sandwich, Georgias del Sur, Tristán de Acuña, Santa Elena, Ascensión y arribada en las Canarias. La pareja holandesa, los primeros fallecidos, considerada el caso índice del brote, llevaba cuarenta días y cuarenta noches viajando por lugares endémicos del virus Andes en el Cono Sur americano (Argentina, Chile y Uruguay). En mi opinión es imposible que una cultura comprenda realmente a otra, pero esto nos distrae del tema. Otras hipótesis apuntan a que el primer foco de contagio estaría relacionado con excursiones de observación de las aves en zonas cercanas a residuos con presencia de roedores. El MV Hondius tampoco tenía un pasaje cerrado. Al menos 30 pasajeros desembarcaron en Santa Elena el 24 de abril. Las autoridades sanitarias los andan buscando por el ancho mundo.

P.D. Rememoremos el descubrimiento de América por Cristobal Colón, proseguido por los conquistadores Hernán Cortés, Francisco Pizarro y tantos otros. Los nativos indígenas al carecer de inmunidad contrajeron enfermedades mortales traídas por los españoles lo que provocó una catástrofe demográfica devastadora por enfermedades como la viruela, el sarampión, la gripe o el tifus. Es curioso que los partidarios de la “Leyenda negra” no insistan en esta plaga. Las hazañas belicosas de Hernán Cortés en México y el desembarco y evacuación en Tenerife de los pasajeros del MV Hondius han dado pie a enjundiosas declaraciones de reputados personajes del páramo político; por cierto, dislates parecidos a las teorías de la conspiración de Florentino (¡deje en paz al atleti, por favor!).  

jueves, 7 de mayo de 2026

Atlético de Madrid. Balance de la temporada

El título del libro del poeta inglés William Blake, “El matrimonio del cielo y el infierno” es una metáfora acertada de la esencia del fútbol. De la alegría irrefrenable por el triunfo a la depresión profunda por la derrota. Una y otra se desbordan o se agudizan según lo que está en juego sobre el césped. Es un deporte donde resulta imposible alcanzar el justo medio aristotélico: saber ganar y saber perder. El juego limpio es una máscara veneciana del negocio planetario que los organismos oficiales y el periodismo deportivo intentan convertir en una exigencia moral que nadie respeta y a todos engorda. Sin bronca no hay paraíso. Traté de explicarlo en una de mis antiguas entradas del blog que aún, creo, tienen vigencia: ¿Por qué nos gusta el fútbol? Los incondicionales del Atlético de Madrid somos un ejemplo del matrimonio de Blake. Todavía me acuerdo del cartel publicitario de un “añito en el infierno” (que fueron dos) tras descender a Segunda División hace veinticinco años.  

Esta vez quiero referirme al equipo desde una crítica de la razón futbolera. En principio, hay dos maneras de valorar los resultados de una temporada prácticamente acabada. Desde una perspectiva optimista el año que viene volvemos a estar en las bolas calientes de la Champions, hemos llegado a la final de la Copa del Rey y a las semifinales de la máxima competición europea, lo que supone estar entre los “cuatro mejores” y un río de oro para las arcas. Desde una perspectiva realista nos hemos descolgado de la lucha por la Liga en la segunda vuelta tras demostrar una irregularidad impropia de un aspirante al título frente a los equipos menores. Hemos cometido errores de bulto, regalos inadmisibles en la Copa del Rey (penaltis incluidos) y nos ha faltado ambición y contundencia en la semifinal europea. Tres decepciones en cualquier caso.

No le faltan argumentos a Conor Gallagher, exjugador rojiblanco recién traspasado en Enero al Tottenham Hotspur, cuando afirma en una entrevista que el Atlético no está a la altura del Real Madrid, del Barcelona o de los grandes expresos europeos porque en los momentos decisivos contra equipos serios con intensidad y movimiento se queda corto. De lo cual surge una nueva antinomia. Tesis. El Cholo debe mantenerse fiel al estilo secular del Atlético: defensa rocosa, centro agresivo y contrataque letal. Nosotros somos quien somos. La solución no es cambiar al entrenador sino proporcionarle jugadores de más calidad. No es de recibo que veteranos como Koke o Griezmann sean titulares imprescindibles y partido a partido los pilares del conjunto. Dicho de otro modo, el atleti es un buen equipo, pero no un gran equipo. El nuevo accionista mayoritario, el fondo de inversión estadounidense Apollo Sports Capital, tendrá que reforzar con una lluvia de millones todas las líneas si quiere ascender los peldaños que todavía faltan. Y contar con Simeone.

Antítesis. El Cholo sigue manteniendo los mismos esquemas tácticos de hace diez años obsoletos para el fútbol moderno: desplazamientos veloces, presión en todo el campo, alarde físico y definición. Rodri Hernández, ex atlético, uno de los mejores centrocampistas del mundo y último balón de oro para agravio y espantada de Florentino, planteó a Simeone sin cortarse un pelo que no estaba dispuesto a jugar noventa minutos en bloque bajo como un central más a la espera del fallo del contrario y salir a la carrera. Lo suyo era acariciar el cuero y ponerlo en el sitio. Simeone le suplicó de rodillas que se quedara, pero finalmente fichó por el Manchester City en 2019 por setenta millones de euros. Un pésimo negocio. Me temo que Julián Álvarez tiene también malos pensamientos. Esperemos que no sean de palabra y obra. El Barça de las palancas y los milmillonarios de la Premier League están al acecho. Se impone un golpe de timón en la dirección técnica.

La mejor afición del mundo, la que llenaba el Calderón incluso en el infierno, empieza a tener serias dudas y cabreos. Nadie cuestiona, al contrario, lo que el Cholo, una leyenda, ha hecho por un club que antes de su llegada era un barco al garete. ¿Pero saca a esta altura determinada de los tiempos el mejor partido de los jugadores que pasan por sus manos o más bien los acorta con sus poco ambiciosas pizarras? La inversión 2025/26 ha sido de 230 millones de euros. Fichajes contrastados no han respondido a las expectativas. Demasiadas lesiones de largo alcance y un fondo de armario amplio pero poco solvente. Siempre nos quedará la cantera. En fin, dejo un enlace de entradas y salidas de jugadores para los que quieran sacar sus propias conclusiones. Las mías me las guardo por respeto a los colores. ¡Aúpa Atleti!