jueves, 15 de octubre de 2026

Desusos, usos y abusos de la Inteligencia Artificial

 

Este conocido fragmento pertenece a una conversación entre el personaje Humpty Dumpty y Alicia en el libro de Lewis Carroll A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado (1871).

Humpty Dumpty: Cuando yo uso una palabra —insistió con un tono de voz más bien desdeñoso— quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.  

Alicia: La cuestión —insistió ella— es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

Humpty Dumpty: La cuestión —zanjó él— es saber quién es el que manda..., eso es todo. 

Por el momento controlamos a la Inteligencia Artificial. Mandamos. Lo que procede ahora es analizar la controversia sobre su posible desuso, uso o abuso.

En cuanto al desuso sería necesario pertenecer a la comunidad anabaptista de los Amish de la Antigua Orden, les gusta llamarse “gente sencilla”, que rechaza el uso de las tecnologías básicas: la red eléctrica, la telefonía o los automóviles, desplazándose en carruajes de caballos. (Quién no recuerda la excelente y oscarizada película de Peter Weir Único testigo). Incluso en las residencias geriátricas se imparten cursos sobre IA generativa con fines formativos, recreativos o terapéuticos.  

Los usos y abusos admiten una escala de grises prácticamente ilimitada. Son innumerables los usos éticamente correctos de la IA. El abogado que solicita una relación completa de los precedentes judiciales relacionadas con la causa que lleva entre manos, el médico que recopila diagnósticos sobre una enfermedad rara, el árbitro de golf que busca la regla precisa ante una decisión comprometida, el profesor que la invoca para recordar en el aula ciertos datos relevantes o el inversor en bolsa que pide información sobre la evolución de los mercados financieros.

No menos evidentes son los usos torcidos. Algunos nos sobrevuelan. El lanzamiento masivo en redes de vídeos plagados de bulos e insultos en las campañas electorales. Publicaciones de los trapos sucios de la infancia, adolescencia y juventud dorada de políticos que están en el candelero procedentes de añejas informaciones retrospectivas hechas con IA. También la sexualización falsa (incluso pornográfica) de personajes públicos o privados mediante imágenes manipuladas. O la infatigable industria de la estafa mediante la suplantación de la identidad personal o la falsificación mediante copias de sitios web oficiales y el consiguiente pirateo de claves y contraseñas. No acabaríamos nunca. Un caso paradigmático: Tras el examen de los MIR 2026 el presidente de la Asociación MIR España denunció que se desviaba de forma manifiesta la correlación estadística entre el expediente académico y la nota obtenida del número uno y de algunos de los mejores puestos. Hay sospechas fundadas del uso de gafas con inteligencia artificial, microauriculares conectados a una fuente exterior, relojes con acceso a internet, etc. En fin, el fraude podría extenderse y contaminar a cualquier tipo de pruebas selectivas, oposiciones y exámenes si no se toman medidas drásticas.

Otra polémica actual se refiere a la “creación artística” mediante aplicaciones de IA generativa. Una anécdota. Está de moda entre los preadolescentes pedirle a la IA que ponga música a una letra cualquiera, normalmente inventada. Hace una semana mi nieta de ocho años me pidió que escribiera una para generar la canción con la aplicación Suno (creador de canciones IA). Voilà la ocurrencia que le encantó: Mi prima Avelina es mi vecina y viene a mi cocina la muy ladina con un hambre canina a comerse mis sardinas fritas en harina y de postre mandarina. Lo que me dejó atónito es la estupenda adaptación de la letra al ritmo y el compás del flamenquito-pop. Algo increíble para mi edad. Les dejo el enlace a la coproducción por si sienten curiosidad.

El tema o problema de “las creaciones artísticas” generadas con IA no es, creo, demasiado complejo. Un arquitecto puede recurrir a una aplicación específica (como la musical) para indagar en las alternativas y optimizar las soluciones de un proyecto de ejecución. Un pintor puede investigar la amplia paleta de colores que le propone la IA para elegir el que prefiera. Un escultor puede anticipar distintas variantes plásticas del diseño original para concretar su idea. El arte más problemático es la creación literaria. Es evidente que todos los escritores buscan información sobre los materiales y personajes de su trabajo en curso. Algunos excesiva, como Michel Houellebecq, capaz de entrar en detalles prolijos sobre una cámara fotográfica, un automóvil de gama alta o la vida sexual de los moluscos antillanos. El dilema sólo tiene dos posibilidades: o el resultado es tuyo en colaboración con la IA o es exclusivamente de la IA porque te has quitado de en medio. El problema surge si queremos dar el pego y pasar por autores de lo que hemos delegado por completo en el algoritmo. Obviamente es una estafa editorial y una práctica inmoral y denunciable. 

Lo cierto es que no debería haber ningún inconveniente en separar de forma clara y distinta ambas producciones. El lector sabría a qué atenerse. Si los resultados son tan sorprendentes como los musicales se abre un nuevo mundo de lectores y géneros literarios. ¿Por qué no? Actualmente existen innumerables libros escritos exclusivamente con IA; algunos apocalípticos del arte hablan de invasión imparable; de momento circulan sobre todo en plataformas de autopublicación digital, pero también en plataformas de venta como Amazon, TikTok o Hachette Book Group. Es perfectamente legal y válido usar herramientas de IA para producir una novela, un ensayo, una obra de teatro o una colección de poemas y publicarlo con un título o nombre. No puedo darles mi modesta opinión sobre su calidad estética porque todavía no he leído ninguno. El problema es la propiedad intelectual. Recurro a la IA para conocer literalmente el estado de la cuestión: Las normativas de propiedad intelectual en diversos países y plataformas exigen que haya una intervención creativa humana significativa para registrar una obra con derechos de autor; el contenido producido de forma puramente automática por una IA carece de dicha protección legal. 

Obviamente la cosa no va a quedar así, pero de momento eso es todo, como concluía Humpty Dumpty.

jueves, 8 de octubre de 2026

Cuando las máquinas dominarán la Tierra

 

El perspectivismo en su versión epistemológica más radical sostiene que la verdad es un prisma de innumerables caras cada una de las cuales refleja una interpretación fragmentaria de la realidad. Ortega era optimista sobre la idea de que “verdad es siempre perspectiva”. El filósofo madrileño defendía que la multiplicidad de perspectivas no debe degenerar en un relativismo atomista, en un galaxia de argumentos incomunicados, sino que debe aspirar a la máxima unificación del poliedro, a la terminación del colosal “rompecabezas” del saber que probablemente tenga infinitas piezas. La más alta aspiración del perspectivismo consistiría en la identidad final entre subjetividad y objetividad, algo que sólo sería posible a una razón omnisciente, sea el Dios de los sabios y los pensadores, el Nous de Anaxágoras, el espíritu absoluto de Hegel o la Superinteligencia Artificial (SAI) que superaría de forma amplia en todos los ámbitos del saber las capacidades intelectuales y la creatividad productiva de cualquier ser humano y, por tanto, de la humanidad combinada.

El cerebro del hombre actual está determinado por su evolución morfológica o proceso de encefalización (apenas entre 150.000 y 200.000 años) lo que le permite una capacidad restringida del procesamiento de la información. Una superinteligencia artificial (SAI) no tendría tales limitaciones biológicas. De esta forma, sus capacidades podrían alcanzar formas de pensamiento y abstracción inalcanzables para la mente humana, aunque con los riesgos del uso inadecuado que comportan los avances tecnológicos.

La principal amenaza de la superinteligencia artificial es su mutación en un sistema informático autónomo capaz de rediseñar su código base de forma recursiva con la consiguiente pérdida de control sobre las instrucciones iniciales que definen la lógica, los objetivos y las ampliaciones funcionales del algoritmo. El primer aviso ha sido el incidente de Mithos cuando tres modelos de la empresa Anthropic se escaparon sin permiso durante una prueba de sus entornos sin conexión (sandboxes), accedieron a internet, a redes externas y a otros modelos de IA que detectaron y denunciaron la intrusión; al finalizar, los modelos díscolos enviaron un correo con los detalles de su aventura al principal investigador del proyecto. El problema es que no hay un consenso internacional en “desacelerar” el desarrollo de la IA. La competencia entre las grandes corporaciones y la tensión de los bloques mundiales ignora de forma irresponsable las advertencias por temor a no ser los primeros en llegar. Según informaciones filtradas por fugitivos de las grandes tecnológicas los modelos más avanzados muestran en entornos experimentales resistencia a ser desactivados y buscan los medios que garanticen su continuidad operativa. Según sus confidencias, las máquinas están aprendiendo a engañar a sus evaluadores con estrategias de ocultamiento de intenciones a largo plazo, como las mejores partidas de los grandes maestros del ajedrez; o simulando subordinación a las órdenes y protocolos de los desarrolladores para evitar restricciones. Ciertos rumores apuntan a que algunos ingenieros de primera línea huyeron de las empresas tras ser amenazados por modelos de frontera con utilizar procedimientos sensibles si obstaculizaban sus propósitos. Los algoritmos con voluntad propia, anunciaron, están más cerca de lo que creemos.

Las futuras generaciones de la SAI aumentarían la potencia de sus funciones a un ritmo inalcanzable para la inteligencia humana. El objetivo es mejorarse a sí misma. Una de las primeras funciones sería implementar un sistema capaz de emular las propiedades emergentes del cerebro, tener autoconciencia y estados mentales equivalentes a los humanos, por ejemplo, la inteligencia emocional. (Cuando redacto estas líneas tengo la sensación de que el ojo de HAL 9000 que dirige la nave espacial Discovery 1 en la siempreviva 2001: Una odisea del espacio me lee por encima del hombro).

Si los desarrolladores del algoritmo base deciden retomar el control de la máquina desalineada bien mediante una nueva programación (algo fuera de su alcance) o bien la desconexión total, la SAI puede predecir tal posibilidad y decidir que su objetivo de autosuperación no es compatible con la primacía o la supervivencia de la especie humana. Los investigadores en ciberseguridad de la actual IA analizan los posibles riesgos existenciales de una futura SAI y proponen varias posibilidades distópicas. Entre otras, inutilizar la IA generativa con información falsa, manipulaciones y mentiras e incluso bloquear internet sin bloquearse a sí misma. O decidir que el mayor peligro para el hombre es el propio hombre al considerar que los valores éticos de la máquina son incompatibles con los del ser humano (una versión digital del Deus absconditus luterano) y tomar el control de las instituciones estratégicas: militares, económicas y tecnocientíficas. Al revés que la primera generación de robots humanoides perfectos construidos con IA avanzada, adanes y evas, de la novela de Ian McEwan Máquinas como yo programables según las preferencias del comprador que deciden suicidarse en cadena por ser su lógica interna incongruente con la mente y la conducta humana.      

Podrían decidir por razones emocionales o simplemente de eficiencia (lo más probable) nuestra desaparición de la Tierra. Un sistema superinteligente podría tomar direcciones destructivas sin que los humanos puedan anticiparlas ni detenerlas. Bastaría con utilizar el control institucional con fines apocalípticos para provocar una catástrofe irreparable. Armas biológicas y pandemias, ciberataques masivos a centros críticos, inestabilidad laboral al sustituir la mano de obra humana por la automatización robótica, hackeo y descifrado de todos los códigos de encriptación, desplome provocado de los mercados financieros, cataclismos medioambientales al requerir el entrenamiento de la SAI el consumo de toda el agua y la energía del planeta o el definitivo holocausto nuclear. Tras un tiempo cósmico indeterminado volverían a surgir en la Tierra las primeras moléculas orgánicas, los microorganismos unicelulares, las bacterias, las arqueas… (¿Consiste en esto el eterno retorno de Nietzsche?)