La Teoría de la Mente data de 1978. Los psicólogos David
Premack y Guy Woodruff la definieron como la capacidad de comprender los
pensamientos, creencias e intenciones de los demás e intentaron probarla sin
demasiado éxito en chimpancés. Casi medio siglo después vuelve a estar en el
centro de atención de la comunidad científica por los avances de la
inteligencia artificial.
La Teoría de la Mente (ToM) es una habilidad innata y
esencial que se desarrolla por etapas durante la infancia. Consiste en entender,
diferenciar y comparar los estados mentales de uno mismo con los de los demás.
Se adquiere mediante las relaciones interpersonales y las interacciones
sociales. Se completa en torno a los 4 a 5 años cuando el niño interioriza
que otros pueden tener pensamientos, deseos y creencias distintas a las propias.
A partir de entonces afina, probablemente durante toda la vida, la habilidad de
captar ironías, sobrentendidos, malentendidos, mentiras, deslices o torpezas (ToM
avanzada). La destreza de asumir perspectivas distintas y contrapuestas es la base del comportamiento en los innumerables contextos
mundanos.
La IA Teoría de la Mente busca modelos que infieran las
creencias, intenciones, sentimientos y usos contextuales de la mente humana
para predecir respuestas apropiadas. El proyecto ha pasado de ser un desafío
teórico a un terreno de avances incipientes. Por supuesto, sus logros no deben
confundirse con la autoconciencia introspectiva de los procesos mentales ya que
las respuestas predictivas de la IA son una simulación computacional mediante patrones
estadísticos y datos entrenados que simulan los mecanismos del pensamiento. La inteligencia
artificial no puede “comprender” nuestra experiencia interior porque la mente
es (por el momento) un ámbito privado. Un algoritmo reconoce
exclusivamente conductas observables, sean operantes, simbólicas (el lenguaje,
entre otras) o gestuales para predecir respuestas empáticas probables.
Los
grandes modelos de lenguaje (LLMs) han demostrado superar las pruebas clásicas
de la Teoría de la Mente llegando a niveles comparables a los de un niño de 9
años. Las más utilizadas (que invitamos a consultar) son, por este orden, la teoría
de la falsa creencia, la tarea de los contenidos inesperados, las
historias de falsas intenciones, los problemas de la transferencia imprevista
y los juegos simbólicos. Un análisis detallado revela que los avances hasta
ahora son valiosos pero limitados. Estudios recientes indican que más del 70%
de modelos de IA en interacción humano-máquina alcanzan resultados de
inferencia social básica. En un futuro lejano la Teoría de la Mente trataría de
perfeccionar la amplia gama de modelos de IA que interactúan con los humanos:
robots de apoyo que anticipan necesidades emocionales, asistentes personalizados,
programas de conversación o chatbots que detectan intenciones implícitas
y asistentes de producción textual que captan los matices estilísticos y
expresivos de la escritura. En resumen, la computación cuántica es la gran esperanza
de una teoría que trata de mejorar la relación entre personas y máquinas. Obviamente
entre sus usos, en los confines de la ética social, está la ingeniería de la
conducta con fines predictivos, prescriptivos y adictivos. Esto conlleva el
debate sobre el riesgo más que probable del control por las empresas de los
mercados y por los gobiernos de la opinión pública.
Michal
Kosinski, reconocido psicólogo de la Universidad de Stanford, uno de los
impulsores actuales de la Teoría de la Mente en la IA, afirma que modelos de
lenguaje como GPT-4 muestran un avance decisivo por su potencial futuro (y también
por sus riesgos). Las máquinas interactúan con los humanos de una forma cada
vez más comprensiva y empática. Aunque por el momento no se ha superado la
barrera de los 9 años, Kosinski asegura que el horizonte de la IA Teoría de la
Mente es inimaginable. De ahí sus augurios futuristas viralizados en las redes
sociales y publicados en revistas de divulgación.
No
olvidemos que estamos observando un progreso exponencial, ya que los modelos de
IA duplican su rendimiento cada año. En otras palabras, si cree que ha habido muchos
avances hasta hoy, recuerde que los próximos 12 meses traerán tanto progreso
como el que observamos desde los primeros modelos de IA. Por lo tanto, si está sorprendido
con el modelo GPT más reciente, tenga en cuenta que el próximo será dos veces
mejor y así sucesivamente. Y el progreso traerá nuevas propiedades emergentes
que desconocemos. Nos olvidamos de que es poco probable que las propiedades de
la mente humana, como la conciencia o las emociones, sean lo máximo que un
cerebro, compuesto de redes neuronales interconectadas, pueda lograr en el
universo. Es probable que una mente tenga capacidades que nosotros no tenemos
ni podemos anticipar. Y, con esa lógica, es probable que la IA pronto descubra
propiedades mentales que ni siquiera hemos empezado a intuir.
Podemos
prolongar en la dirección inversa las consecuencias de esta reflexión. No se
trata de lo que las máquinas pueden aprender de la mente, sino de lo que
podemos aprender de las máquinas sobre la mente. Es decir, considerar a la IA
no sólo como una tecnología, sino como una herramienta para explorar el
pensamiento humano. El objetivo de emular los procesos mentales sería comprender
cómo surgen y se organizan en nosotros mismos. Mediante la construcción de
modelos cibernéticos que reproducen los procesos cognitivos y emocionales pondríamos
a prueba teorías sobre el funcionamiento de la mente; investigar la naturaleza de
los procesos informativos (sensación, percepción, esquemas perceptivos)
representativos (memoria, aprendizaje), intelectivos (inteligencia,
pensamiento, lenguaje) y emotivos (sentimientos, emociones, pasiones). Desde
esta nueva perspectiva la IA Teoría de la Mente no es sólo una ingeniería de
sistemas informáticos, sino un saber interdisciplinar donde convergen la computación,
la ciencia cognitiva, la lingüística, la lógica, la neurobiología y la
filosofía.
¿Filosofía? Lo cierto es que no tenemos un conocimiento científico contrastado sobre conceptos como mente, conciencia e inteligencia.






