Se trata de una historia
sobradamente conocida: recibes en el buzón un sobre de color azul con una
tarjeta en papel opalina, acuarela y cuidada letra cursiva que anuncia el
próximo enlace de…. y expresan su deseo de contar con vosotros, ¡OS ESPERAMOS!, Te
indican la fecha, la hora, el lugar de la ceremonia, la celebración y un teléfono
de confirmación. En otra tarjeta de menor tamaño se incluye un párrafo del tipo
Lo más importante para nosotros es vuestra asistencia, pero si queréis tener
un detalle... seguido del IBAN de una cuenta bancaria. En el reverso hay un
mapa hecho a mano del trayecto desde la Iglesia (me pongo en una boda de
postín) hasta el lugar del banquete. Normalmente te pierdes por caminos
polvorientos que vuelven al mismo sitio. Si vas con tu pareja y no quiere
quedar como un tacaño prepara un rejón de mil euros… Si hay preboda, boda y posboda
y decides apuntarte (sólo para veinte y treintañeros de estreno) el detalle subirá
a dos mil y procura no morir en el intento y, sobre todo, que no te levanten el ligue durante las danzas báquicas y la vorágine alcohólica.
Pero centrémonos en el total de los
gastos de la parte contratante. De entrada la
vestimenta ceremonial: el chaqué del novio, aunque se puede alquilar, lo suyo
es encargar uno elegante en…; el vestido de la novia regalo de su madre debe
ser un diseño de las colecciones de…, acorde con el peinado y un maquillaje natural
y luminoso que resalte los encantos sin recargarlos. Los recursos de la
estética masculina en el salón…, siempre con el fin de reunir "el buen
gusto y la personalidad", son muy variados en función de la percha y la
edad. Los hombres también facturan. Si la novia llega tarde en un coche de lujo
con chófer uniformado anota un suplemento de cuatrocientos euros (los
Rolls-Royce antiguos están dépassés).
Prosigamos con los
gastos eclesiásticos en un templo con solera. Incluye la aportación fija para
la parroquia y el canon de carácter orientativo o “la voluntad”, es decir, la
propina o estipendio para el celebrante y los monaguillos. Aparte, el
organista, el coro y la solista que canta el Ave María de Schubert. Otrosí, los
adornos florales del altar y otros rincones del templo, el ramo de la novia,
los tocados y la corona nupcial se encargan a las floristerías más reconocidas
del gremio. Suma y sigue. Un matiz obvio sobre la expresión “casarse por la Iglesia”.
Contraer matrimonio es un contrato civil regulado por el Estado que algunos
creyentes (o no) deciden que sea además una ceremonia religiosa. En nuestro país hay que sufragar los gastos parroquiales por la
tramitación y el traslado del expediente matrimonial al Registro civil.
Una boda que se precie
debe reunir en la cena un mínimo de 200 invitados. Planificar la lista es
el primer tema de disputa entre los novios y sus familias. Luego hay que alquilar el escenario, un espacio amplio, normalmente una
finca para bodas ubicada a veinte quilómetros de la ciudad. Para organizar el
transporte y por “si bebes no conduzcas” hay que contratar los servicios de una
empresa de autobuses y lanzaderas en varios tramos de la noche. La Guardia Civil
del pueblo más cercano, sabedora de la fiesta, espera alcoholímetro en mano a los
incautos que se han desplazado en coche y vuelven con más de dos copas. Multa y
puntos según la tasa soplada.
Lo siguiente es seleccionar
el cóctel de bienvenida y el menú del banquete. Si quieres que las croquetas,
la tortilla de patatas, los rebozados y el jamón sean del gusto de todos; si
quieres que el solomillo sea solomillo y no cañón de la espaldilla o que la
merluza sea fresca y no congelada; si quieres que los vinos se parezcan a los que
sirvieron al final de las bodas de Caná… no hay más remedio que asumir que lo
bueno no es barato y cotizar al alza. Tampoco hay que olvidarse de la recena
para los más aptos: añade los bocadillos y el chocolate con churros.
Más gente que cobra: uno
o dos fotógrafos profesionales, uno o dos disyóqueys, uno o dos cuidadores de
los peques, uno o dos payasos animadores de los mismos, un cuarteto de músicos,
el cortador del jamón profesional durante el cóctel, el equipo de la barra libre y, dejo para el final, la figura del maestro de
ceremonia u oficiante, encargado, entre otras cosas, de presentar a los novios,
a la caterva de testigos así como a los familiares y amigos que darán discursos.
Todo comienza con un fotomontaje de la pareja desde su más tierna infancia
hasta anteayer en una pantalla que a veces se atasca por la impericia y los
nervios del cuñado que maneja el ordenador. Se escucha con cierta atención a
los recién casados, pero tras la segunda perorata se apodera el tedio y el escuchar
desatento de una audiencia deseosa de aflojarse la corbata, agruparse con los
suyos y atacar las bandejas del catering. El único que se emociona en serio es
el amigo del alma de la novia que con frecuencia mete la pata con historias de
los viejos tiempos que no vienen a cuento. Cierra el sermón el cura amigo de la
familia con el deseo de que los recién casados crezcan y se multipliquen como
mandan las Sagradas Escrituras, Libro del Génesis 1:28, cuando Dios bendice
a la primera pareja humana tras su creación machista.
Durante el banquete
circulan rumores del viaje de luna de miel: Las Maldivas, Bora Bora y sus
bungalós flotantes, un safari fotográfico a Tanzania o las playas e islas del
sur de Tailandia. Un cálculo estadístico calcula el monto total del bodorrio en
sesenta mil euros aproximadamente. Desde las seis de la tarde a las seis de la
madrugada. También la estadística predice que más de un cincuenta por ciento de
los contrayentes se habrán divorciado antes de dos años y, añado, sería una
bendición contraria al mandato bíblico que no tengan descendencia.
Un consejo: si decides casarte (siempre a partir de los treinta) invierte menos de mil euros en un notario y cuando todo esté firmado reúne en tu casa a padres, hermanos y abuelos para anunciarles a dúo con voz tonante la buena nueva: ¡SORPRESA! Con todo el tiempo del mundo podrás celebrarlo con los demás familiares, amigos, allegados y conocidos.
¡Vivan los novios!



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