domingo, 10 de febrero de 2019

Bla, bla, bla



Casoplón. Casa de elevado nivel: bien situada, cara y con muchos metros cuadrados. Dados los precios actuales de la vivienda el término es cada vez menos selectivo.

Coral: hacer algo conjuntamente o de forma cooperativa. Se puede aplicar a múltiples situaciones de forma positiva (normalmente) o negativa: el juego de un equipo de fútbol que lo borda o los gritos desaforados de la oposición en el parlamento cuando interviene un representante del gobierno.

Dar visibilidad: promoción pública de la validez o jerarquía de un puesto de trabajo para que los jefes tomen nota. Puede tener un significado más amplio: que la sociedad ponga el ojo en algún tema o problema. También se usa como sinónimo de promocionar un producto en la jerga del marketing.

- Dejarse pelos en la gatera: sinónimo de pasar de forma muy apurada por una situación de riesgo. Es un dicho al que son adeptos los politólogos, tertulianos y analistas de los medios de comunicación audiovisuales cuyo nombre es legión. Utilizan esta expresión (menos frecuente que otras) cuando los dirigentes de un partido político toman una decisión arriesgada que supone un beneficio para su formación pero también tiene unos costes más o menos elevados de carácter electoral o de cara a la opinión pública. En los casos extremos pueden empañar o convertir el éxito en aparente, puntual o efímero (en este caso se dejarían algo más que los pelos en la gatera). 

Empoderar: consultar el diccionario de la Real Academia de la Lengua; golazo por la escuadra que le han metido a la noble institución con este vocablo funesto. Les encanta a las feministas que pretenden cambiar el mundo en un año.

En definitiva: en resumen, en conclusión; afortunadamente esta plaga está remitiendo. En numerosas ocasiones se coloca la expresión al comienzo de la frase, cuando debería ir, lógicamente, después de las premisas del argumento o silogismo que intentamos concluir.

Fidelizar: término que designa el objetivo comercial de que los clientes estén satisfechos (incluso al margen de sus intereses y necesidades reales) y, ante todo, lo sigan estando, con los productos que les factura una empresa. Se trata de conseguir una relación empresa-cliente continua y duradera. Una variante de fidelización son las ofertas de contrato con largo compromiso de permanencia.  

Hacerse viral: normalmente un vídeo, una fotografía, también un comentario o el enlace a una página que alcanzan una gran difusión en las redes sociales. Muchos vídeos han sido cocinados para ser virales (arrastran publicidad): animales raros, gente estrafalaria, estupideces de políticos, situaciones extravagantes y cosas así. Buena parte son chorradas o postureos de famosos.

Lo compro: estoy de acuerdo, me parece bien, hago mía esa idea. Síntoma de la omnipresencia de los mercados (competencia de las ideas) en el inocente lenguaje cotidiano.

- Mantra
: frase que repite un político, normalmente en el Parlamento, como si se tratara de una fórmula mágica que se utiliza para reforzar una posición ideológica inapelable. Repetición compulsiva y circular de un principio o pilar incuestionable de un partido. Obviamente, el propio político o partido no utilizan el término "mantra" para bautizar su ocurrencia sino sus adversarios que no se la tragan y están hartos de oírla. Tiene, por tanto, un sentido peyorativo. 

Marcarse un triple: alardear de haber logrado algo muy difícil de conseguir en cualquier ámbito de la vida. En ocasiones se reconoce implícitamente que la suerte ha intervenido en el final feliz. Muchos usos de esta expresión son simples exageraciones o faroles de algo que realmente fue obvio, fácil o de sentido común.

Micromachismos: dichos o conductas que, según la ortodoxia feminista, tienen un cierto tufo a machismo implícito. El radar feminista está cada vez más afinado: dejar en una puerta pasar primero a la chica (¿crees que no tengo manos como tú?), invitarla a un café (¡oye, que yo también trabajo!), no usar el correspondiente femenino profesional (no decir “jueza”, “pilota”, “detectiva”, “miembra del consejo de ministros”).

Perrear: ordinariez léxica que designa la modalidad de un “baile” discotequero en que la chica frota su trasero en las partes íntimas del varón al ritmo de la música. Obviamente la expresión toma su nombre de la cópula de los cánidos. Preguntarle a una chica si "perrea", en cualquier contexto, en serio, en broma o ninguna de las anteriores es una forma estúpida de mugre machista.

- Planazo
. Plan más que apetecible que promete diversiones sin cuento. La industria del ocio se ocupa de vendernos en papel o en pantalla los planazos del fin de semana, vacaciones, viajes, itinerarios…  

Poner en valor: galicismo horrible: mettre en valeur, poner de relieve subrayar la importancia de algo o de alguien.

Populismo: arma arrojadiza de los políticos que en realidad no significa nada; por eso mismo se lo escupen todos a todos sin que nunca sea lo mismo. La esencia común consiste en denunciar ideas demagógicas (lo cual no es difícil) para cazar votos a costa del descrédito del rival.

Postureo: pose excesiva, imagen rebuscada a fin de aparentar, de crear una falsa apariencia de alguien o algo con procedimientos artificiosos con una finalidad (“vender la moto”) o sin ella (“el arte por el arte”). Imprescindible en una sociedad donde predomina la imagen pública o privada. 

Regulero
. Ni bueno ni malo pero más bien malo que bueno. Su uso más benévolo sería “ni bueno ni malo sino todo lo contrario”. Se trata de un adjetivo de aplicación universal: una persona, una película o un restaurante, incluso un estado de ánimo… El término "mediocre" lo define correctamente aunque no responde a su etimología latina “mediocritas” que significa lo que está en el medio en sentido positivo o normalizado. La expresión “aurea mediocritas”, como símbolo de la prudencia o moderación en los hábitos, sirve de ejemplo. Regular tirando a mal es más exacto para definirlo. También vale “de poco interés”. Al tener un origen subjetivo cumbre un campo semántico demasiado amplio o poco preciso, aunque la parte positiva es que puede ser un excelente punto de partida para iniciar una jugosa conversación sobre cualquier cosa.

Relato: lo que cada político cuenta de su gallinero. Término ofensivo a su significado original surgido de la jerga pretenciosa de los tertulianos radiofónicos. De uso creciente: se aplica a cualquier asunto público (tenga o no interés). Se emplea abusivamente para designar el punto de vista o la mera opinión de alguien.

Te cuento: rollo más largo y tedioso de lo necesario, normalmente anodino, que alguien está deseando largar a su interlocutor. Puede tener un uso narcisista cuando lo que desea el emisor no es contar algo (aunque algo hay que contar) sino escucharse a sí mismo. También anuncia un cotilleo viperino de gente próxima o conocida.

Trolear: burlarse de alguien con “cierto ingenio”. La mayoría de los troleos son majaderías, irrelevantes, burdas que no tienen maldita la gracia. Se trolea en las redes sociales, sobre todo en Twitter e Instagram, es decir en los foros de gente "importante", con cierta audiencia social, por ejemplo futbolistas o personajes de la farándula. La provocación del trol es aplaudida o silbada por los seguidores del troleado que, a su vez, puede continuar con el juego de la provocación o hacer oídos sordos y tragar quina.  

Vale: muletilla que se repite en la forma de hablar de alguien (sobre todo de exponer) en proporción inversa a sus hábitos de lectura; además de molesta por reiteración innecesaria y vergüenza ajena, plantea implícitamente al oyente si acaba de entender lo que le están contando. En el fondo es al revés, el que habla trata con la muletilla de explicarse a sí mismo lo que dice.

- Viejuno: visita esta página web; divertida e implacable; medicina preventiva para milenials (otro término a seguir).


Yo, yo, yo
: pronombre personal cuyo uso en la lengua francesa es obligado antes del verbo en primera persona del singular; tiene, por tanto, un significado gramatical, no enfático, como ocurre en la lengua española. El uso abundante, redundante y resonante de este pronombre por los políticos nacionales en sus soflamas parlamentarias es un signo inequívoco de la egolatría ambiental (y no sólo en el ámbito de la política). Por un lado, es pura imaginería narcisista y prepotente; por otro, es una consecuencia de la crispación política que nos envuelve. Sería preciso recurrir a un tratado de egología trascendental para entenderlo. "Yo exijo", "Yo propongo", "Yo acuso"...

Zona de confort: se refiere a los hábitos, incluso rutinas, de todo tipo (forma de vestir, de ducharte, de hacer las compras, de leer, de hacer el amor… que forman parte de tu vida y que te hacen sentirte cómodo, seguro, a gusto). Puede entenderse como un reproche ante la pasividad o falta de iniciativa ante una situación. “Salir de la zona de confort” es una reivindicación del pensamiento creador o divergente. Hay que reconocer que el anuncio de combinados que propició la metástasis de la expresión estaba muy logrado.

lunes, 4 de febrero de 2019

Masculinidad mimética



Una de las conductas más resbaladizas y extendidas entre las mujeres, sobre todo las jóvenes, es lo que se puede denominar “masculinidad mimética”. Se trata de un proceso de imitación de rasgos asignados tradicionalmente por la cultura occidental a los varones. Esta mímesis comporta una constelación de representaciones identitarias cuya función explícita puede ser la aspiración a la “igualdad de los sexos” pero cuya función oculta es la reproducción de actitudes machistas; o lo que es peor: un homenaje involuntario al machismo. Las feministas ortodoxas lo tachan de mascarada. Hay ejemplos que proceden de la vida cotidiana: chicas que dicen los mismos tacos y expresiones que sus amigos de la pandilla, es decir, se apropian de la jerga de la horda y la remedan. ¡Cuidado con la manada, huye mujer de sus ojos de serpiente! Entre ellas pueden decirse: ¡No me toques los huevos! Copian los gestos masculinos de la cara, brazos y piernas, también los obscenos e incluso se pelean como machos en celo. Beben y fuman igual que ellos, o sea, los imitan. Visten sudaderas con capucha y logotipo, cazadoras paramilitares, camisas blancas de boda, cinturones de leñador y zapatones deportivos. Llevan gorras de visera puestas al revés o sombreros con cinta, un reloj enorme que mide casi todo y gafas de sol redondas con cristales negros. Tras este mundo de imágenes y fantasías, al final, siempre surge el negocio: la tendencia es aprovechada por las grandes firmas de la moda o por los salones de belleza unisex.


Parece como si estas jóvenes aprendices de varón dieran la razón al fundador del psicoanálisis cuando hablaba del complejo de castración en el Edipo femenino y el deseo simbólico de la mujer de tener pene. También me recuerda el mito griego de Hermafrodita. Y en términos hegelianos, si la figura de la conciencia es el machismo, la negación de la negación.

sábado, 26 de enero de 2019

Las personas mayores


La obra De senectute, literalmente acerca de la vejez, en versión libre El arte de envejecer, escrita por Cicerón en el 44 a.C. es un elogio de la vejez así como una invitación a un envejecimiento activo y fecundo. Un clásico de la ética personal. Lo primero que habría que hacer es definir el concepto mismo de vejez: mientras que Cicerón (106-43 a.C.) moría con 63 años, una edad avanzada para entonces, hoy día la mayoría de la gente ni siquiera se ha jubilado. Sin entrar en números, es preferible considerar a la vejez como un “estado de ánimo”, saber intuitivamente a qué nos referimos con la tercera, incluso cuarta edad y no complicarnos la vida con disquisiciones geriátricas. Siento curiosidad por saber qué es la vejez, dice el optimista jubilado. Bien dicho.
El envejecimiento pasivo y muermo, un mal rollo, me trae recuerdos de las viñetas del inolvidable Forges: la plaza de un pueblo perdido en la llanura y tres ancianos desdentados bastón en mano, sentados en un banco, dos perros tirados en el suelo, el sol en el horizonte y un elemento perturbador que rompe la monotonía de la jornada y dispara el humor del dibujante. El “abuelo cebolleta” (no confundir con “la memoria histórica”) que da la murga a sus nietos de primaria con batallitas de la guerra civil es un estereotipo a extinguir. En cuanto comienza el relato (palabra estúpida cuando se usa en las tertulias radiofónicas) los nietos desconectan si son educados y cambian de tercio si son normales: abuelo cuéntanos cómo era tu novia en el cole. Resulta patética la visión de un solitario jubilado en el parque echando de comer a las palomas que le rodean mientras medita sobre la vanitas. Lo cierto es que actualmente se ha quedado en desuso hasta la petanca. Es un juego tan pacífico, tan aburrido que es imposible cabrear al que pierde o hacer trampas divertidas. Son demasiado provincianos los “hogares del jubilado” donde los viejos se hacen más viejos, y tope pueblerinos los baretos donde los viejos se pasan la tarde anestesiados jugando al dominó en mesas de mármol gastado por los siglos. En todo caso, lo más ancestral es el abuelo madrileño sentado en la mesa camilla con brasero y televisión en blanco y negro perpetrando el enésimo solitario mientras la abuela hace ganchillo y reza el rosario entre dientes. Si me apuran se ha quedado obsoleto hasta el INSERSO: a los jubiletas cada vez les apetece menos que los lleven al trote detrás de una azafata con bandera blanca por Toledo o pasarse una semana de invierno en una playa perdida de la costa. O el viaje organizado en autobús: fiu, fiu, ya hemos visto París. De las residencias de ancianos ni hablo. Como en casita no se está en ninguna parte.
Algunos llevan muy mal la transición de rol de la segunda a la tercera edad. El paso de la madurez a la vejez recuerda ciertas paradojas de la cantidad: ¿Qué número exacto de pelos, como mínimo, ha de tener una persona para que no se le considere calvo? O a la inversa: Si vamos quitando granos a un montón de arena, ¿en qué momento deja de ser un montón de arena? Aplíquese a la edad y el problema de cuándo somos viejos es el mismo. Recuerdo que la suegra de un primo hermano se quitaba años, hasta el punto que su propia hija le llegó a decir en uno de sus “cumpleaños”: madre dentro de muy poco vas a tener menos años que yo… Otro pariente mío se cabrea cuanto sus nietos le llaman abuelo. ¡Os he dicho que no me llaméis abuelo, llamadme Jaime! Pobres chavales.
También se da el caso del octogenario que reivindica el paraíso perdido: internet se ha cargado las cartas manuscritas, las redes sociales han pervertido el placer de la conversación: cuantos más amigos tienes en tu perfil más solo estás. Las voces e imágenes de las redes sociales son las sombras narcisistas que se proyectan en la caverna de Platón. Para empoderarse (¡horror de palabro!), las chicas dicen más tacos que los chicos y adquieren vicios masculinos, lo que multiplica el machismo. Nadie quiere entender que la mentira de la amistad digital, afirman, es otra más de las falsas noticias que están convirtiendo en tóxico el mundo de la comunicación. Piensa por un momento: ¿Con cuántos de tus amigos de Facebook quedarías para tomar unas cañas? Fuera los teclados y las jergas. Hay que volver a la pluma estilográfica con capuchón de plata, el cargador de émbolo y plumín dorado. Y a la prensa crujiente de papel o al uso breve del teléfono sólo cuando es realmente necesario.  
Pasamos página. Vamos a cocinar una versión potente de la vejez recuperada.
Lorenzo Aguado es un jubilado de 65 años. Está divorciado pero es amigo con derecho a roce de una viuda cuarentona. Ella trabaja de administrativa en la universidad. Cada uno en su casa y Dios en la de todos. Cuando hacen el amor, siempre en casa de Lorenzo (el fantasma del marido, quizás) corre la viagra para conjurar el fantasma del gatillazo. Lorenzo se levanta a las nueve. Oye las noticias en la radio mientras desayuna su café con leche, tostada regada con aceite virgen extra picual, copos de avena y zumo de naranja. Se sienta después en el salón y enciende el móvil y el Ipad donde sin prisas ojea la prensa digitalLuego pone un whatsapp a su amiga con flores y emoticones y lee la cadena de chorradas y videos que le llegan. Muchos son para partirse. Los políticos de izquierdas y los catalanes dan mucho juego. También los viejos. 
La salud es lo primero: martes y jueves al fitness. Se refiere a la cuarentona jamona como “su chica”. El monitor creía al principio que hablaba de su hija menor, hasta que un día su chica vino a buscarlo con falda corta y medias de malla. La picarona miraba al joven macizo y tatuado con ojos golositos que a su vez miraba al infinito. Viajan mucho, en la agencia del barrio (recomendada por su hermano, amigo del dueño) les ponen orquesta y alfombra cuando llegan. Nada de Florencia, Roma o París, ya estuvieron cuando aún no se conocían, de jóvenes, además acabas empachado de museos, de cuadros de santos, palacios iguales y antiguallas que no entiendes. Lo que interesa es Tailandia, Japón, Colombia, Varadero o las Islas Galápagos… Ya irán a alguna exposición estrella en el Prado o la Thyssen cuando vuelvan de las doradas playas del Caribe; más que nada porque después han reservado mesa en tal o cual sitio donde te dan un sushi exquisito o un rabo de toro digno de pedirle un autógrafo al chef. Cuando comen, comen; silencio y buen vino, nada de distracciones morales, políticas o deportivas. Ya nadie habla de religión. Leen con avidez a Jöel Dicker y a Michel Houellebecq, los escritores franceses de moda y les chiflan las series de Netflix. Los conciertos les aburren. Van al cine cuando sus amigos les recomiendan una película por mayoría simple. Al teatro por mayoría absoluta. Algún sábado van a una discoteca. Lorenzo baila con ardor tras sacar fuerzas de sus reservas del gimnasio. Cuando vuelve sudoroso y exangüe a la mesa, le dice a su amiga: ¡Estoy hecho un chaval! Ella, haciendo gala de perspicacia femenina, le advierte divertida: ninguno de los jóvenes que ves por aquí diría eso

miércoles, 16 de enero de 2019

Hercules Poirot


Para mí hay tres grandes detectives en el mundo de la literatura: Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, el Padre Brown de Gilbert Keith Chesterton y Hercules Poirot de Agatha Christie. No soy muy original, lo reconozco. A los dos primeros les he dedicado un artículo en este blog. Vamos con el tercero en  sabrosa compañía de sus ilustres colegas.
Es evidente que a Agatha Christie le interesó mucho marcar las diferencias entre su personaje más célebre, el detective belga afincado en Inglaterra (se exilia en Inglaterra tras la ocupación alemana de Bélgica durante la Primera Guerra Mundial), y el más grande de los sabuesos literarios. Todo son contrastes: Poirot es un hombre de mundo, bajo, rollizo, cabeza ovoide, pendiente de su forma impecable de vestir así como de su engominado mostacho, el más cuidado de su época según las crónicas. Lo más atractivo de su figura son sus ojos verdes de gato que brillan cuando vislumbra un hallazgo crucial. Al revés que Holmes, que utiliza una indumentaria convencional, abrigo y gorra incluidos (excepto cuando se disfraza) y está siempre apremiado por encontrar un caso a la medida de su talento (y si no chute de cocaína y violín lamentoso), Poirot ya no desea ejercer como detective porque a la altura en que nos lo presenta la escritora en sus aventuras más famosas tiene una abultada cuenta corriente debido a sus anteriores éxitos, la mayoría legendarios y muy bien pagados. Se sabe que entre las dos guerras mundiales, recorrió Europa y Oriente Medio, resolviendo problemas en los que estuvieron involucrados personajes de la alta sociedad e, incluso, de la realeza. Ahora (alrededor de 1935) sólo desea disfrutar de una vida viajera, gastronómica y de lujo. A Poirot los casos le caen encima en circunstancias imprevistas e inexcusables: por supuesto un misterioso asesinato cometido delante de sus engalanadas narices, que, le obligan, a pesar de sus sinceras protestas, a tomar cartas en el asunto. Al final, le puede el instinto del viejo cazador fascinado por las brumas del misterio y lo insólito del caso. Se trata, por tanto, de un detective retirado que, como el Padre Brown, se tropieza indefectiblemente con laberintos criminales de una gran complejidad intelectual que, como a Holmes, le permitan poner en funcionamiento la formidable maquinaria de sus células grises. El más simple en su vestimenta es el padre Brown, antítesis de Poirot, cubierto con su grasienta sotana, su papista sombrero de teja y un enorme paraguas. A su vez, Holmes es el más excéntrico, seguido de Poirot y el inefable Padre Brown (del que ignoramos los detalles de su vida privada).
Otra diferencia es el lugar donde viven. La casa del primero refleja su carácter ordenado, metódico, simétrico: un cuadro torcido, una mantelería mal puesta pueden privarle del sueño. Las habitación que Holmes comparte con Watson en la calle Baker es caótica, desordenada y usada para fines experimentales de todo tipo (química, balística, anatomía comparada, resistencia de materiales…). Nada conocemos, aunque nos lo imaginamos, de las celdas monacales de las parroquias dónde ejerció el Padre Brown: una cama sencilla a juego con una mesa y una silla, un montón de libros apilados en el suelo, en la cabecera un crucifijo de madera.   
Otra distancia notable es que mientras Holmes soluciona sus casos en Londres o en sus alrededores (como mucho toma un tílburi o un tren de cercanías en la Estación Victoria), Poirot es un detective cosmopolita, amante de los mullidos camarotes de primera clase o de las confortables cabinas de la Compañía Internacional de Coches Cama: muchos de sus crímenes más famosos ocurren incluso fuera de Europa, como recuerdan los amantes del género. Es cierto que Holmes también cuenta entre sus clientes con algunas de las testas coronadas más célebres del viejo continente, pero finalmente todas acaban llamando a la campanilla de la calle Baker. También el Padre Brown se relaciona en ocasiones con los embrollos de las capas más altas de la sociedad para hacerles comprender, cuando cae el telón, la necesidad del único camino y la vaciedad de la vanitas
Pero quizás la gran distancia entre los tres detectives está en sus métodos. Holmes es logicista, Poirot psicologista y Brown espiritualista. Holmes utiliza el método inductivo, no aventura hipótesis, lo que le interesa es la colección de datos, el filtrado de los hechos relevantes de los irrelevantes y su afán por construir una teoría que abarque todos los datos empíricos significativos. Los sospechosos encajan o no en los hechos lógicamente ordenados hasta que por destilación se descubre la secuencia completa del crimen y el culpable acaba entre rejas. Los actores del drama están, en cierto modo, “cosificados”.
Poirot se interesa, por supuesto, por los hechos pero sobre todo por la personalidad de cada uno de los personajes. Para avanzar con paso firme en la urdimbre del enigma les hace a cada uno las preguntas que, acordes con su forma de ser, resultarán productivas. En realidad, para Poirot no hay propiamente hechos objetivos sino perspectivas subjetivas desde las que los hechos afloran, salen a la luz y cobran sentido después de que cada actor enfoque o desenfoque su relato. La forma de interrogar es básica. Una pregunta aparentemente neutra dirigida incorrectamente puede diluir la semilla de un hecho como si la hubiéramos teletransportado, alejarnos de la verdad y hacernos perder un tiempo inestimable (¡El asesino no duerme!). Poirot exprime a los testigos con preguntas sorprendentes, incluso extravagantes, cuya intención pasa inadvertida incluso para los expertos policías. Esta es su manera de desvelar lo oculto aunque esencial. De ahí que la paradoja que nos engancha surja de la forma en que los distintos personajes explican lo que vieron o escucharon (o creyeron ver o escuchar). También se interesa por la interpretación que alguien hace de la interpretación de otro o de varios. De ahí la teatralidad, el estilo indirecto, retórico, grandilocuente de sus interrogatorios frente al carácter conciso, preciso y nada ampuloso de los de Holmes. Como el Padre Brown, el fundamento de sus éxitos (antes de exiliarse, Poirot fue uno de los miembros más famosos de la policía belga) es el análisis de la condición humana en sus múltiples facetas. Eso le permite convertir los detalles más nimios en pistas relevantes e inversamente, rechazar los hechos inmediatos, evidentes, como sendas perdidas. Lo que tiene vital importancia surge del mundo de la vida no de las huellas dactilares. Lo que cuenta no el puñal que se utilizó sino por qué ese y no otro y quién lo escogió.
El padre Brown va acaso más lejos al transformar lo sobrenatural en natural, lo milagroso en racional, lo trascendente en humano, demasiado humano. Todavía más que su admirado Tomás de Aquino, separa radicalmente razón y fe. Su método se basa en la empatía con la mente criminal. Por sus dotes introspectivas y su profunda comprensión espiritual de la naturaleza humana es capaz de ponerse en el lugar de la intención más perversa, penetrar en los motivos más impúdicos y en los planes más antinaturales… Su capacidad de adivinar los oscuros meandros del libre albedrío para apartarse de la ley moral (el demonio existe) le permite intuir primero, deducir después y por último simplificar lo acontecido. El tema central de los enigmas del curita católico es la magnitud del Mal en el mundo por lo que la resolución del caso es en primer lugar una invitación a la reflexión ética. El Padre Brown es más un filósofo que un psicólogo y más un psicólogo que un científico.
Poirot es el más vanidoso de los tres (se llega a considerar el detective más grande del mundo). Después Holmes, que se ruboriza como una jovencita cuando le alaban (y en el fondo piensa lo mismo) y por último, a años luz, el Padre Brown, humilde, sencillo y nada narcisista. El egocentrismo de Poirot se muestra en lo que podemos llamar la puesta en escena final del crimen. Una representación en la que todos, sospechosos, inocentes, culpable y lector asisten pasmados a la explicación de lo inexplicable. En realidad, los tres grandes, cada uno a su manera, deben rendir cuentas al lector.
Si quieren conocer más y mejores detalles les remito a esta estupenda entrada del blog Mis detectives favoritos creado por Santiago Rafael Roncagliolo.

martes, 1 de enero de 2019

El turismo de intercambio


En esta última entrega sobre los tipos de turismo vamos a olvidarnos de las denominaciones francesas y centrarnos en román paladino en la enumeración de los que restan (aun así muchos se quedarán en el tintero): turismo de intercambio, turismo multipropiedad, turismo gastronómico, turismo de riesgo, turismo solitario, turismo terapéutico, turismo de borrachera, turismo de masas, turismo organizado, turismo de jubilados, turismo sexual, etc.
En realidad tengo anécdotas para todos, pero esta vez vamos a ocuparnos del primero, es decir, del intercambio de la propia casa por la de otro interesado nacional o internacional. Normalmente la duración de la permuta es de un mes. Si son personas jubiladas pueden ser dos, Julio y Agosto. En principio, el sistema está bien pensado, pero tienes que estar seguro de a quien entregas las llaves de lo que más te importa después de tu familia y antes que el trabajo (tal y como están las cosas). Es preciso tener unas ciertas garantías si quieres irte tranquilo y disfrutar de tus vacaciones sin sobresaltos. Lo mejor es recurrir a una agencia de intercambio solvente; tal vez la agencia conozca al otro propietario y haya trabajado con él. Conviene hacer contratos legales con abogados especializados que incluyan minuciosos inventarios de continente y contenido. Recuerda: no basta con que firméis electrónicamente por e-mail unos papeles redactados por vosotros mismos dos días antes de salir. También es recomendable firmar una póliza de seguros sin letra pequeña confusa. Seguramente, la misma agencia puede ocuparse de todo… Dicho de otro modo: paga los servicios de gestión y no actúes a dos bandas por tu cuenta porque si lo haces es posible que al volver te encuentres con alguna sorpresa desagradable: electrodomésticos estropeados o inservibles por mal uso, el jardín asilvestrado, la terraza convertida en vertedero multiuso, objetos de valor desaparecidos, desperfectos más o menos graves en el mobiliario que pueden llegar a convertirse en estragos, realquiler de tu piso por agencias pirata (hasta por días)…
Salió en las páginas de sucesos: en uno de estos intercambios, incluso con sellos y membrete de agencia,  a los dos días de haberse ido el dueño, un turista malagueño, un camión de mudanzas aparcó delante de su casa y en una mañana la dejó como vino al mundo. Por supuesto, todos los datos del desvalijador eran falsos, hasta la matrícula del camión. ¡Es excesivo: para irte con el riñón cubierto no basta con un bufete de abogados, hay que contratar con un mes de antelación los servicios de una agencia de detectives!
Me contaba un amigo, residente en un chalet de Pozuelo (Madrid), partidario habitual de este tipo de turismo con residencias del mismo nivel (aunque sin la red protectora, como Pinito del Oro), que el año pasado en Agosto recibió la llamada telefónica de la policía municipal de Pozuelo cuando jugaba el hoyo doce de un soleado campo de golf junto al mar en Miami por una denuncia colectiva contra su chalet puesta por los vecinos de su zona residencial. Serían las doce y media en Miami y seis horas antes en Madrid. El oficial, pariente suyo, le informó de que a medianoche del sábado se lanzaron desde el interior de su chalet unos inusitados fuegos artificiales que duraron más de un cuarto de hora. Y estalló la fiesta. La música y el fragor de los invitados se oían en la Cuesta de las Perdices; estruendo de tamboril y trompetillas; el ruido de los chapuzones era constante y todas las luces de la casa estaban encendidas. La elevada tapia, contra la que se estrellaban botellas con una cadencia alarmante, impedía ver lo que ocurría detrás, tan solo se adivinaban las sombras chinescas de la caverna de Platón. Por las ventanas del dúplex asomaba o pasaba gente, como los componentes del coro en el escenario de una ópera. Volaban el confeti y las palomas que soltaron desde la terraza a las que algún desalmado disparó con una escopeta de caza con poco éxito porque con toda seguridad iba bebido. Algunas cayeron fulminadas en la calle. Grupos desafinados cantaban obscenidades. Cuando la policía intentó hablar con el inquilino a las cuatro de la madrugada abrieron la puerta dos odaliscas completamente desnudas que intentaron besar a los agentes. Una andanada de olor a mariguana casi los tumba. Dentro se veía más gente en pelotas. Luego aparecieron dos trajeados empleados (¿camareros, guardaespaldas?), serios y sobrios, que impidieron a la policía acceder a la vivienda si no traían una orden judicial. Según parece, también se escucharon cantos de aves exóticas y sonidos roncos parecidos a los que emiten los simios. Una señora mayor afirma que oyó los rugidos de un gran felino (la bola de nieve crecía). El inquilino ha sido detenido y puesto en libertad con fianza por cargos menores de escándalo público, destrozos y maltrato animal. Después de todo estaba en su casa, afirmó. Las odaliscas eran profesionales del ramo que, según confesaron, habían sido contratadas para “animar el aniversario de las bodas de plata”. Lo cierto es que la parte contratante de la segunda parte es un soltero profesional joven y rico. En su momento te daré más detalles. Hemos encontrado en la piscina dos gatos muertos (¿los rugidos del felino?) y en el centro del jardín los restos de una gran fogata. No sabemos qué rituales se realizaron, seguramente majaderías de borrachos. La única buena noticia es que no hemos constatado daños personales… Nadie se tiró a la piscina desde la terraza y si lo hizo cayó al agua. Eso sí, la casa ha quedado hecha un cuadro de posguerra. Los daños han sido evaluados por expertos de la jefatura en más de treinta mil euros. Mi consejo es que vuelva cuanto antes y te hagas cargo del estropicio en sus aspectos legales, seguros y restauración, o mejor dicho, reconstrucción. Lamento decirte que se han bebido hasta las goteras de tu flamante bodega.
Se sabe también por la prensa que otras viviendas de intercambio se han utilizado como lugares de turismo sexual, timbas clandestinas, despacho de minería de bitcoins (con el gasto de energía eléctrica por las nubes) o con fines todavía más perversos relacionados con el refugio temporal de grupos violentos que utilizan esta forma de turismo para operar en áreas calientes.          
No estoy muy puesto en el tema, pero me da la impresión por diversas fuentes de que esta modalidad de turismo está en franca decadencia. Demasiado riesgo, demasiados trámites, demasiadas precauciones, demasiada condición humana. Si buscas hacer bien las cosas, resulta más barato reservar en un buen hotel y evitarte disgustos.

martes, 25 de diciembre de 2018

El ecoturismo



L’écotourisme. Ecoturismo o turismo ecológico, turismo verde, turismo sostenible y turismo ético son términos con un cierto aire de familia.
Grandeur nature! Ahora bien, si usted es uno de esos que dicen (como mi padre): ¡El campo, ah sí, me han hablado muy bien de él!, lo mejor es que no se apunten a ninguna de las variedades del ecoturismo, por ejemplo a la marcha verde. Les voy a mostrar el relato (palabra puesta de moda estúpidamente por los tertulianos) de los agravios que le aguardan, incluso en verano, si no es usted un ecologista fogueado. Hay dos opciones: pernoctar en una cómoda casa rural cerca de un pueblo acogedor con plaza porticada, iglesia románica y taberna con comida casera. Y café de puchero. Y dos huevos duros, que diría Groucho Marx. Salir a media mañana, sin prisas y volver al atardecer después de un día delicioso buscando setas. Un ignorante como yo no sabe que un espeso pinar, por más sombra que tenga, es el lugar más caluroso del mundo. Además no hay setas en Agosto. La otra opción, la elegida por los tres (hay que probar de todo, me dije con aprensión cuando me arrastraron) es aparcar al amanecer el cuatro por cuatro amigos en la vieja cuadra de una aldea medio abandonada (previo acuerdo con el paisano y el guarda forestal). Me acuerdo de Deliverance, el excelente film de John Boorman. Espero que no me pase lo que al “cerdito”, ¿recuerdan?  Nos acompaña Tim, el setter de mi padre, divorciado hace años, que se larga con su novia al Parador de Nerja el fin de semana; un animal mimado, acostumbrado al sofá y al paseo por el parque (veremos: como concluyen los telegramas de Miguel Ángel Aguilar a los políticos).
Tras un desayuno bio de nueces, frutos secos y un zumo verde que sabe a pasto, toca la primera etapa de diez quilómetros por trochas polvorientas cargados a reventar. En casa la mochila no parecía pesar tanto, recuerdo sorprendido. Me dejé una pasta en Decathlon. ¿No pensarás ir en zapatillas me dijeron mis amigos? Estaremos algunos días (sin concretar cuantos para no espantarme).
Comienza la aventura. Paisajes teológicos nos rodean mientras se me escapa un juramento cuando una rama se estampa en mi cara  (¡cuidado! dice el que te precede cuando el varazo ya no tiene arreglo). Por suerte el perro, acostumbrado a la correa, se aleja poco, nos busca y vuelve a la senda del bien. No quiero imaginar los ladridos de mi padre si le digo que lo he perdido en la selva. Me acuerdo de su definición de los ecologistas: esos son como las sandías, verdes por fuera y rojos por dentro, mira en Europa, etc. A mis amigos, sobrino incluido, los llama “el clan del tábano”. Toda esa matraca de pasar calamidades en el campo se la ha metido a Juancho en la mollera el majadero de mi hermano que estuvo en los Boys Scouts hasta los treinta. Llegó a ser dirigente, “Siempre listos”, era su lema. Yo sólo estoy siempre listo para una cosa. Una tarde en mi jardín, después de dar cuenta en familia de una barbacoa de conejo con salsa de chimichurri, le dije cuál era la definición de Boy Scout: veinte niños vestidos de gilipollas y un gilipollas vestido de niño. Casi me pega. Estuvo sin hablarme un mes. Verás que risa cuando abráis la tartera y la tortilla y los filetes estén llenos de hormigas. Como son defensores del “medio” no te dejarán ni matarlas… 
Tras varios descansos a petición mía que disgustan a los demás (si paramos cada cinco minutos es cuando nos va a dar el solazo en el lomo) toca plantar la tienda en un claro del bosque cerca de un arroyo truchero. Menos mal que llevamos una jaima común: yo hago como que ayudo y los demás lo agradecen porque si no vamos a tardar el doble. No se habla: se mira, se escucha, se huele, se toca, se percibe (deduzco) la verdad del gran todo. ¡Pregúntale a lo desconocido! Como decía Mr. Natural, el personaje de Crumb, a los incautos que le seguían. Parece que de un momento a otro va a aparecer el dios Pan rodeado de ninfas juguetonas. El espacio-tiempo fluye idéntico a sí mismo como el concepto hegeliano. ¡Me aburro!, diría Homer Simpson. Propongo un mus pero resulta incompatible con la meditación trascendental. A mediodía, mis colegas deciden que nos demos un baño para quitarnos el polvo del camino. Tú también, cantan a coro, que luego dormimos y hueles a cabra. Nos despelotamos por proximidad ideológica con el nudismo y nos acercamos al arroyo. Ellos se meten y se revuelcan en las aguas claras. Yo meto un pie y vuelvo grupas. Me lo echan en cara:
- ¿Qué pensabas, que iba a estar caliente?
- No –respondo- pensaba que iba a estar… fría. 
Hasta la hora de comer todo es orden y concierto. La diversión consiste en poner cada cosa en su sitio. El objetivo, supervisar el campamento para cerciorarnos de que todo sucede según lo previsto, que nada perturbe la armonía prestablecida. ¿Las latas para perros también forman parte del Dios de Spinoza? Solo se puede ser panteísta al amor de la lumbre en la soledad del gueto.
Jaime, el alter ego de mi primo, vuelve del departamento de intendencia con cuatro melones. Sabía que habíamos prescindido de la parrilla y las chuletas, pero…
- Empezamos por el postre, pregunté desconcertado.
- La comida completa es este refrescante fruto pepónide de temporada.  Está en su punto.  Solo te falta la navaja de campaña porque la cáscara no se come. Sus propiedades nutricias son flipantes. Te cuento
Acabé abriendo una lata de sardinas y me hice un bocata con pan de cereales procedentes de la agricultura ecológica. Una mezcla intolerable según Ramón, otro aguerrido defensor de la madre naturaleza. El perro se metió con reparos su lata de bazofia y juntos nos fuimos a echar un trago al arroyo.
La siesta es el reino de la moscarda. Imposible dormir. El interior de la tienda es una sauna. A las cinco en punto de la tarde, comienza la segunda parte. Nos dirigimos a una laguna rebosante de vida a cinco quilómetros del campamento en la que se remansa el cauce de varios arroyos de montaña, entre otros el nuestro. Nos detenemos cada veinte metros (ahora el que se queja de los plantones soy yo) para admirar los ejemplares de los reinos animal, vegetal y mineral. Cuaderno de notas con apuntes y dibujos detallados, fotografías y videos para el blog Natura de Alberto, biólogo de profesión. Ramas y pedruscos a las mochilas. Me pongo el último de la fila pero no me atrevo a soltar lastre porque estoy seguro que saben lo que llevo. En la cabaña de observación de la laguna, perdón, humedal, estamos más de una hora para ver a dos patos, muchas garcillas, tres somormujos y una polla de agua (¿se comerá me pregunto?). Prismáticos y cámara con zoom.
Volvemos al campamento. Cena macrobiótica con arroz integral (algo es algo), salsa de soja, algas y una habichuelas enanas, todo regado con agua fresca. Aunque estemos en plena canícula por las noches refresca de lo lindo. En el fuego de campamento se habla de ética ecológica y mis intentos por traer el atleti a la hoguera resultan vanos. Se empieza por el cambio climático y el efecto invernadero; se sigue con los derechos de los animales, las ventajas y los riesgos de la ingeniería genética en agricultura, la sobreexplotación de los recursos y el derecho a una economía sostenible (¡cuéntaselo a los bancos!, comento con dudoso éxito), las energías renovables, la necesidad de las piscifactorías. Meto baza para decirles que cuando mi abuela hace trucha a la Navarra me como el jamón y tiro la trucha a la basura. A nadie le hace gracia. El pescado, conferencia Ramón, forma parte esencial de la paleodieta, un retorno saludable  a los alimentos que nutrían a nuestros ancentros hace dos millones de años. Más natural imposible: semillas, raíces, frutas y verduras del camino, carne, pescado, tubérculos, leche, huevos del nido, frutos secos. Al amanecer trataremos de pescar alguna. Mañana comeremos lo mismo que el Homo erectus, una experiencia fascinante. Al revés, la macrobiótica, basada en los cereales, es la dieta de Neolítico. Otro día probaremos la moderna filosofía vegana: no toman carne, pescado, lácteos, huevos ni derivados. Triple conclusión: Primera, me fastidian todas las iglesias. No podré sacar de mi mochila las bolsitas de Kellogs. ¡Me encantan! Segunda, voy a pasar más hambre que un caracol pegado a un cristal. Tercera (¡tenemos señal 3G de Internet, Aleluya!): los nutricionistas científicos, médicos, consideran que todas estas dietas son incompletas, arbitrarias e incluso peligrosas.
Por fin nos metemos en la jaima tras contemplar con arrobo las constelaciones. La Estrella Polar es esa, me dicen. Vale. Advierten mi desinterés por la infinitud del cosmos. Además estoy agotado. Cambiamos las camisetas y las bermudas por los chándales y nos acoplamos en los sacos. El perro rasca y ladra sin parar porque no se quiere quedar al raso por muy normal que sea para ellos. Se acopla a mi lado muerto de miedo. Hasta que no has dormido en medio de la sierra bravía es imposible que te hagas una idea de los infinitos ruidos que se oyen por la noche. Llévate tapones para los oídos y de paso te evitarás los ronquidos vegetarianos. El arroyo no se calla ni por un instante. Cuando me quejo del estruendo circundante, mi primo Juancho me corta en seco: aquí los únicos que sobramos somos nosotros. Cerramos la cremallera de la tienda. Cuando todo está en sitio y, por fin, el mundo está bien hecho, en versos del poeta, un olor insoportable y fétido nos envuelve. ¡Tim se ha tirado un pedo! Abrir, salir de los sacos, ventilar, reiniciar el protocolo… ¿Qué carajo le habéis dado de cenar, lo defiendo sin esperanza? No vuelves es la unánime respuesta (desde luego que no, pensamos Tim y yo).

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Las paradojas de Jules Ferry



¿Por qué el sistema educativo francés es el mejor del mundo?
Una de las respuestas es la figura de Jules Ferry (1832-1893), político francés de casta y estadista de altos vuelos, no como los de ahora (en especial, los españoles): oportunistas, adictos al postureo, al narcisismo mediático, al populismo tóxico, al insulto y a las noticias falsas si valen votos. Definición de demagogo: el político que larga rollos sectarios que sabe que son mentira a un público que sabe que es idiota. ¿En quién están pensando? El parlamento que debería ser un lugar para resolver problemas con la eficacia del señor Lobo se ha convertido en un corralito de apuestas con gallos de afilados espolones y diputados lenguaraces. Gritos y murmullos. En el caso de nuestro país es evidente que no hemos superado los efectos fratricidas de la Guerra Civil. Decía con razón un conocido tertuliano: los españoles nos odiamos demasiado. Los franceses estallan periódicamente en convulsas revoluciones, pero al final salen juntos bandera en mano cantando la Marsellesa por los Campos Elíseos.  
Jules Ferry, Ministro de Instrucción Pública y Presidente del Consejo de Ministros, estableció en Francia, con las Leyes que llevan su nombre, un sistema de enseñanza público, laico, obligatorio y gratuito. Esta es la parte luminosa del gran político republicano. Hay, por el contrario, otra más oscura a la que también nos vamos a referir. A pesar de movernos por los vastos horizontes y las grandes síntesis de los políticos europeos de la segunda mitad del XIX, me resulta asombroso encontrarme con un fenómeno ideológico tan contradictorio. Es lo que Ortega llamaría los argumentos de la razón histórica, inescrutables para las generaciones futuras. Son auténticos tsunamis de la historia social y política del pensamiento occidental. Hay en Jules Ferry una mezcla incandescente de ideas progresistas ilustradas (se contaba entre los republicanos de izquierdas) con otras procedentes de la tradición romántica más retrógrada. Una memorable muestra de lo primero es el siguiente extracto de la carta que Jules Perry dirigió a los maestros de enseñanza primaria (instituteurs) en la fecha que consta. Traduzco del original.

Señor Maestro:
El curso escolar que se acaba de abrir será el segundo año de aplicación de la ley del 28 de Marzo de 1882. No quiero dejar que comience sin dirigiros personalmente algunas recomendaciones que sin duda os van a parecer superfluas tras la primera experiencia que acabáis de tener en el nuevo régimen educativo. […] La ley del 28 de Marzo se caracteriza por dos disposiciones que se complementan sin contradecirse: por una parte, descarta de la programación escolar obligatoria la enseñanza de cualquier clase de dogma particular; por otra parte, sitúa en primera fila la enseñanza moral y cívica. La instrucción religiosa pertenece a las familias y a la Iglesia, la instrucción moral a la escuela. El legislador no ha pretendido, pues, llevar a cabo una labor puramente negativa. Lo que sin duda ha tenido como objetivo prioritario ha sido separar la escuela de la Iglesia, de asegurar la libertad de conciencia tanto de los maestros como de los alumnos, de distinguir finalmente dos ámbitos confundidos desde hace demasiado tiempo: el de las creencias, que son personales, libres y diferentes, y el de los conocimiento, que son comunes e indispensables para todos, es decir, del reconocimiento de todos. Pero hay otra cosa en la ley del 28 de Marzo: tal ley afirma la voluntad de fundar entre nosotros una educación nacional, y fundarla sobre las nociones del deber y del derecho que el legislador no ha dudado en inscribir en el número de las verdades fundamentales que nadie puede ignorar. Para esta parte capital de la educación es con usted, señor, con quien los poderes públicos han contado. Así, al eximiros de la enseñanza religiosa, no se ha pensado en libraros de la enseñanza moral: eso hubiera sido privaros de lo que constituye la dignidad de vuestra profesión. Al contrario, resulta totalmente natural que el maestro, a la vez que enseña a los niños a leer y escribir, les enseñe también esas reglas elementales de la vida moral que no están menos universalmente aceptadas que las del lenguaje o del cálculo.
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Simultáneamente, Jules Ferry defendió con ardor parlamentario el patriotismo extremo, el colonialismo, el imperialismo y el racismo. Veamos algunos ejemplos.

La política de expansión colonial es un sistema económico y político que puede ser relacionado con tres tipos de ideas: económicas, ideas de mayor alcance relacionadas con la civilización e ideas de tipo político y patriótico. Señores, es preciso hablar alto y claro: Hay que decir abiertamente que, en efecto, las razas superiores tienen derechos sobre las razas inferiores. Repito las razas superiores tienen derechos porque tienen deberes. Tienen el deber de civilizar a las razas inferiores.  Estos deberes han sido con frecuencia ignorados en la historia de los siglos precedentes; ciertamente, cuando los soldados españoles y los exploradores españoles introdujeron la esclavitud en América central, en ningún caso cumplían con sus deberes de hombres de una raza superior. Pero en la actualidad, sostengo que las naciones europeas cumplen con generosidad, grandeza y esplendor estos deberes superiores de la civilización.
Discurso en la Cámara de Diputados francesa el 28 de Marzo de 1884

Yo afirmo que la política colonial de Francia, la política de expansión colonial, la que nos ha obligado a ir, durante el Imperio, a Saigón, a la Cochinchina, la que nos ha llevado a Túnez, la que nos ha arrastrado a Madagascar, insisto en que esta política de expansión colonial se ha inspirado en una verdad sobre la que, sin embargo, es necesario suscitar por un instante vuestra atención: a saber, que una marina como la nuestra no puede prescindir, en la extensión de los océanos, de sólidos refugios, de defensas, de centros de avituallamiento [ … ].
Discurso en la Cámara de Diputados francesa el  10 de Julio de 1885

El siglo XIX dio para todo: en las artes, las letras, las ciencias, la filosofía (¡Hegel filósofo romántico!) y la política.