Resumo por encargo de
una revista cultural las conclusiones de la conferencia pronunciada por el
coronel Carlos Abengoa, doctor en historia por la UNED y licenciado en
Sociología, en el Aula Magna de la Universidad de…
“¿Cuál es la forma del
Estado que hace al hombre más libre y la más próxima a la consecución del bien
común? Descartamos los Estados autoritarios, totalitarios y teocráticos porque
el bien común depende sucesivamente de una casta dominante apoyada en el poder
militar, el partido único con una ideología al servicio de los privilegios de
la burocracia dirigente y de unos textos religiosos escritos en la noche de los
tiempos convertidos en ley universal. Formas degenerativas de gobierno en
terminología aristotélica. El filósofo griego prefirió la República (Politeia),
el gobierno de la mayoría de los ciudadanos en la búsqueda ponderada del
interés general. Consideró a la democracia una degradación de la Politeia, una
causa perdida por los desmanes del populismo, la corrupción y la demagogia.
Tanto Jeremy Bentham
como su discípulo John Stuart Mill, los pensadores más influyentes del
liberalismo político, están de acuerdo en que la democracia representativa es
la forma óptima del Estado. Resulta difícil discrepar del principio
utilitarista de ambos: "Una acción es políticamente correcta si maximiza
la felicidad y el bienestar para el mayor número posible de personas". Los
modelos modernos de democracia representativa son el Estado neoliberal, propio
de los Estados Unidos (actualmente en evolución autoritaria o peor) y el Estado
del bienestar (el individuo frente al Estado y el Estado frente al mercado) en
caída libre en Europa. La “democracia participativa” es una versión del mismo
contrato social maquillado con las nuevas tecnologías: consultas en plataformas
digitales, asociaciones cívicas de casi todo, representantes electos en línea
con los votantes y elecciones generales cada tres años. En realidad, lo que
quiere el pueblo soberano es que los políticos resuelvan problemas y no creen
nuevos donde no los hay, que lo dejen en paz y no lo tengan en alerta
legislativa con continuas digresiones y plebiscitos.
Además con lo que está
cayendo en el ancho mundo la democracia representativa convence cada vez menos
a un mayor número. Una desafección surgida de un caos parlamentario cuyas
tensiones espontáneas o diseñadas eternizan las respuestas a los problemas económicos,
tecnocientíficos, educativos, migratorios, sanitarios, laborales o
habitacionales. De ahí que un autoritarismo de libro gane votos por ser el
camino más directo, sin trabas leguleyas ni bloqueos de los partidos a la
realización de unas soluciones que nunca llegan. El resultado, la fase terminal
del neodarwinismo social que nos envuelve, es una rebelión de las masas cada
vez más escoradas a un sombrío nihilismo, sobre todo de jóvenes propensos a
abrazar las recias consignas del cirujano de hierro. Hannah Arendt: "El
súbdito ideal de los regímenes totalitarios no es el fanático, sino el que ya
no distingue lo fáctico de lo ficticio".
Y puesto que ya es tarde
para cambiar el mundo, cambiemos de conversación. Demos una vuelta completa al
tema y pasemos de lo universal a lo particular, del Estado al individuo y su
soledad constituyente, siempre empeñado en lo que llamamos “felicidad personal”.
¿Qué nos enseña la filosofía moral?
La autoconciencia, la
figura del espíritu libre, debe fundar su causa en cinco valores supremos: la
armonía, la veracidad, la compasión, la buena voluntad y la inocencia. La
primera apunta al viejo Platón: sólo un sujeto en el que concuerden la parte
corporal, emocional y racional puede adaptarse a los rigores del mundo
circundante. La segunda apunta a Francis Bacon: la ausencia de ídolos, es
decir, de prejuicios heredados, de ataduras ideológicas, religiosas y morales
fomentará la aparición de una sabiduría que no sea una torre de Babel y un
riesgo para la supervivencia de la especie. La tercera apunta a Rousseau, el
sentimiento de compasión: un generoso impulso emocional que evita el
sufrimiento de los demás y el conflicto permanente de intereses egoístas. La
cuarta apunta a Kant: lo único que puede ser considerado un bien en sí mismo es
una buena voluntad. Una voluntad cuya intención es impecable con independencia
de los contenidos y las consecuencias de su acción. "Ni en el mundo, ni,
en general, tampoco fuera del mundo, es posible pensar nada que pueda
considerarse como bueno sin restricción, a no ser tan sólo una buena
voluntad". La quinta apunta a Nietzsche y a su visión del superhombre:
finalmente, la libertad como creación del genio y transvaloración de todos los
valores deja paso a la inocencia. El hombre nuevo, libre, feliz, se convierte
en un niño. "Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego,
una rueda que gira por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí".
El niño es el umbral, la puerta luminosa a esas "mil sendas que no han
sido recorridas, a mil formas de salud y mil compensaciones ocultas en la
vida".






.jpg)