martes, 27 de octubre de 2026

El Estado. El individuo

 

Resumo por encargo de una revista cultural las conclusiones de la conferencia pronunciada por el coronel Carlos Abengoa, doctor en historia por la UNED y licenciado en Sociología, en el Aula Magna de la Universidad de…

“¿Cuál es la forma del Estado que hace al hombre más libre y la más próxima a la consecución del bien común? Descartamos los Estados autoritarios, totalitarios y teocráticos porque el bien común depende sucesivamente de una casta dominante apoyada en el poder militar, el partido único con una ideología al servicio de los privilegios de la burocracia dirigente y de unos textos religiosos escritos en la noche de los tiempos convertidos en ley universal. Formas degenerativas de gobierno en terminología aristotélica. El filósofo griego prefirió la República (Politeia), el gobierno de la mayoría de los ciudadanos en la búsqueda ponderada del interés general. Consideró a la democracia una degradación de la Politeia, una causa perdida por los desmanes del populismo, la corrupción y la demagogia.

Tanto Jeremy Bentham como su discípulo John Stuart Mill, los pensadores más influyentes del liberalismo político, están de acuerdo en que la democracia representativa es la forma óptima del Estado. Resulta difícil discrepar del principio utilitarista de ambos: "Una acción es políticamente correcta si maximiza la felicidad y el bienestar para el mayor número posible de personas". Los modelos modernos de democracia representativa son el Estado neoliberal, propio de los Estados Unidos (actualmente en evolución autoritaria o peor) y el Estado del bienestar (el individuo frente al Estado y el Estado frente al mercado) en caída libre en Europa. La “democracia participativa” es una versión del mismo contrato social maquillado con las nuevas tecnologías: consultas en plataformas digitales, asociaciones cívicas de casi todo, representantes electos en línea con los votantes y elecciones generales cada tres años. En realidad, lo que quiere el pueblo soberano es que los políticos resuelvan problemas y no creen nuevos donde no los hay, que lo dejen en paz y no lo tengan en alerta legislativa con continuas digresiones y plebiscitos.

Además con lo que está cayendo en el ancho mundo la democracia representativa convence cada vez menos a un mayor número. Una desafección surgida de un caos parlamentario cuyas tensiones espontáneas o diseñadas eternizan las respuestas a los problemas económicos, tecnocientíficos, educativos, migratorios, sanitarios, laborales o habitacionales. De ahí que un autoritarismo de libro gane votos por ser el camino más directo, sin trabas leguleyas ni bloqueos de los partidos a la realización de unas soluciones que nunca llegan. El resultado, la fase terminal del neodarwinismo social que nos envuelve, es una rebelión de las masas cada vez más escoradas a un sombrío nihilismo, sobre todo de jóvenes propensos a abrazar las recias consignas del cirujano de hierro. Hannah Arendt: "El súbdito ideal de los regímenes totalitarios no es el fanático, sino el que ya no distingue lo fáctico de lo ficticio".

Y puesto que ya es  tarde para cambiar el mundo, cambiemos de conversación. Demos una vuelta completa al tema y pasemos de lo universal a lo particular, del Estado al individuo y su soledad constituyente, siempre empeñado en lo que llamamos “felicidad personal”. ¿Qué nos enseña la filosofía moral?

La autoconciencia, la figura del espíritu libre, debe fundar su causa en cinco valores supremos: la armonía, la veracidad, la compasión, la buena voluntad y la inocencia. La primera apunta al viejo Platón: sólo un sujeto en el que concuerden la parte corporal, emocional y racional puede adaptarse a los rigores del mundo circundante. La segunda apunta a Francis Bacon: la ausencia de ídolos, es decir, de prejuicios heredados, de ataduras ideológicas, religiosas y morales fomentará la aparición de una sabiduría que no sea una torre de Babel y un riesgo para la supervivencia de la especie. La tercera apunta a Rousseau, el sentimiento de compasión: un generoso impulso emocional que evita el sufrimiento de los demás y el conflicto permanente de intereses egoístas. La cuarta apunta a Kant: lo único que puede ser considerado un bien en sí mismo es una buena voluntad. Una voluntad cuya intención es impecable con independencia de los contenidos y las consecuencias de su acción. "Ni en el mundo, ni, en general, tampoco fuera del mundo, es posible pensar nada que pueda considerarse como bueno sin restricción, a no ser tan sólo una buena voluntad". La quinta apunta a Nietzsche y a su visión del superhombre: finalmente, la libertad como creación del genio y transvaloración de todos los valores deja paso a la inocencia. El hombre nuevo, libre, feliz, se convierte en un niño. "Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que gira por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí". El niño es el umbral, la puerta luminosa a esas "mil sendas que no han sido recorridas, a mil formas de salud y mil compensaciones ocultas en la vida".

jueves, 15 de octubre de 2026

Desusos, usos y abusos de la Inteligencia Artificial

 

Este conocido fragmento pertenece a una conversación entre el personaje Humpty Dumpty y Alicia en el libro de Lewis Carroll A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado (1871).

Humpty Dumpty: Cuando yo uso el una palabra —insistió con un tono de voz más bien desdeñoso— quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.  

Alicia: La cuestión —insistió ella— es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

Humpty Dumpty: La cuestión —zanjó él— es saber quién es el que manda..., eso es todo. 

Por el momento controlamos a la Inteligencia Artificial. Mandamos. Lo que procede ahora es analizar la controversia sobre su posible desuso, uso o abuso.

En cuanto al desuso sería necesario pertenecer a la comunidad anabaptista de los Amish de la Antigua Orden, les gusta llamarse “gente sencilla”, que rechaza el uso de las tecnologías básicas: la red eléctrica, la telefonía o los automóviles, desplazándose en carruajes de caballos. (Quién no recuerda la excelente y oscarizada película de Peter Weir Único testigo). Incluso en las residencias geriátricas se imparten cursos sobre IA generativa con fines formativos, recreativos o terapéuticos.  

Los usos y abusos admiten una escala de grises prácticamente ilimitada. Son innumerables los usos éticamente correctos de la IA. El abogado que solicita una relación completa de los precedentes judiciales relacionadas con la causa que lleva entre manos, el médico que recopila diagnósticos sobre una enfermedad rara, el árbitro de golf que busca la regla precisa ante una decisión comprometida, el profesor que la invoca para recordar en el aula ciertos datos relevantes o el inversor en bolsa que pide información sobre la evolución de los mercados financieros.

No menos evidentes son los usos torcidos. Algunos nos sobrevuelan. El lanzamiento masivo en redes de vídeos plagados de bulos e insultos en las campañas electorales. Publicaciones de los trapos sucios de la infancia, adolescencia y juventud dorada de políticos que están en el candelero procedentes de añejas informaciones retrospectivas hechas con IA. También la sexualización falsa (incluso pornográfica) de personajes públicos o privados mediante imágenes manipuladas. O la infatigable industria de la estafa mediante la suplantación de la identidad personal o la falsificación mediante copias de sitios web oficiales y el consiguiente pirateo de claves y contraseñas. No acabaríamos nunca. Un caso paradigmático: Tras el examen de los MIR 2026 el presidente de la Asociación MIR España denunció que se desviaba de forma manifiesta la correlación estadística entre el expediente académico y la nota obtenida del número uno y de algunos de los mejores puestos. Hay sospechas fundadas del uso de gafas con inteligencia artificial, microauriculares conectados a una fuente exterior, relojes con acceso a internet, etc. En fin, el fraude podría extenderse y contaminar a cualquier tipo de pruebas selectivas, oposiciones y exámenes si no se toman medidas drásticas.

Otra polémica actual se refiere a la “creación artística” mediante aplicaciones de IA generativa. Una anécdota. Está de moda entre los preadolescentes pedirle a la IA que ponga música a una letra cualquiera, normalmente inventada. Hace una semana mi nieta de ocho años me pidió que escribiera una para generar la canción con la aplicación Suno (creador de canciones IA). Voilà la ocurrencia que le encantó: Mi prima Avelina es mi vecina y viene a mi cocina la muy ladina con un hambre canina a comerse mis sardinas fritas en harina y de postre mandarina. Lo que me dejó atónito es la estupenda adaptación de la letra al ritmo y el compás del flamenquito-pop. Algo increíble para mi edad. Les dejo el enlace a la coproducción por si sienten curiosidad.

El tema o problema de “las creaciones artísticas” generadas con IA no es, creo, demasiado complejo. Un arquitecto puede recurrir a una aplicación específica (como la musical) para indagar en las alternativas y optimizar las soluciones de un proyecto de ejecución. Un pintor puede investigar la amplia paleta de colores que le propone la IA para elegir el que prefiera. Un escultor puede anticipar distintas variantes plásticas del diseño original para concretar su idea. El arte más problemático es la creación literaria. Es evidente que todos los escritores buscan información sobre los materiales y personajes de su trabajo en curso. Algunos excesiva, como Michel Houellebecq, capaz de entrar en detalles prolijos sobre una cámara fotográfica, un automóvil de gama alta o la vida sexual de los moluscos antillanos. El dilema sólo tiene dos posibilidades: o el resultado es tuyo en colaboración con la IA o es exclusivamente de la IA porque te has quitado de en medio. El problema surge si queremos dar el pego y pasar por autores de lo que hemos delegado por completo en el algoritmo. Obviamente es una estafa editorial y una práctica inmoral y denunciable. 

Lo cierto es que no debería haber ningún inconveniente en separar de forma clara y distinta ambas producciones. El lector sabría a qué atenerse. Si los resultados son tan sorprendentes como los musicales se abre un nuevo mundo de lectores y géneros literarios. ¿Por qué no? Actualmente existen innumerables libros escritos exclusivamente con IA; algunos apocalípticos del arte hablan de invasión imparable; de momento circulan sobre todo en plataformas de autopublicación digital, pero también en plataformas de venta como Amazon, TikTok o Hachette Book Group. Es perfectamente legal y válido usar herramientas de IA para producir una novela, un ensayo, una obra de teatro o una colección de poemas y publicarlo con un título o nombre. No puedo darles mi modesta opinión sobre su calidad estética porque todavía no he leído ninguno. El problema es la propiedad intelectual. Recurro a la IA para conocer literalmente el estado de la cuestión: Las normativas de propiedad intelectual en diversos países y plataformas exigen que haya una intervención creativa humana significativa para registrar una obra con derechos de autor; el contenido producido de forma puramente automática por una IA carece de dicha protección legal. 

Obviamente la cosa no va a quedar así, pero de momento eso es todo, como concluía Humpty Dumpty.

jueves, 8 de octubre de 2026

Cuando las máquinas dominarán la Tierra

 

El perspectivismo en su versión epistemológica más radical sostiene que la verdad es un prisma de innumerables caras cada una de las cuales refleja una interpretación fragmentaria de la realidad. Ortega era optimista sobre la idea de que “verdad es siempre perspectiva”. El filósofo madrileño defendía que la multiplicidad de perspectivas no debe degenerar en un relativismo atomista, en un galaxia de argumentos incomunicados, sino que debe aspirar a la máxima unificación del poliedro, a la terminación del colosal “rompecabezas” del saber que probablemente tenga infinitas piezas. La más alta aspiración del perspectivismo consistiría en la identidad final entre subjetividad y objetividad, algo que sólo sería posible a una razón omnisciente, sea el Dios de los sabios y los pensadores, el Nous de Anaxágoras, el espíritu absoluto de Hegel o la Superinteligencia Artificial (SAI) que superaría de forma amplia en todos los ámbitos del saber las capacidades intelectuales y la creatividad productiva de cualquier ser humano y, por tanto, de la humanidad combinada.

El cerebro del hombre actual está determinado por su evolución morfológica o proceso de encefalización (apenas entre 150.000 y 200.000 años) lo que le permite una capacidad restringida del procesamiento de la información. Una superinteligencia artificial (SAI) no tendría tales limitaciones biológicas. De esta forma, sus capacidades podrían alcanzar formas de pensamiento y abstracción inalcanzables para la mente humana, aunque con los riesgos del uso inadecuado que comportan los avances tecnológicos.

La principal amenaza de la superinteligencia artificial es su mutación en un sistema informático autónomo capaz de rediseñar su código base de forma recursiva con la consiguiente pérdida de control sobre las instrucciones iniciales que definen la lógica, los objetivos y las ampliaciones funcionales del algoritmo. El primer aviso ha sido el incidente de Mithos cuando tres modelos de la empresa Anthropic se escaparon sin permiso durante una prueba de sus entornos sin conexión (sandboxes), accedieron a internet, a redes externas y a otros modelos de IA que detectaron y denunciaron la intrusión; al finalizar, los modelos díscolos enviaron un correo con los detalles de su aventura al principal investigador del proyecto. El problema es que no hay un consenso internacional en “desacelerar” el desarrollo de la IA. La competencia entre las grandes corporaciones y la tensión de los bloques mundiales ignora de forma irresponsable las advertencias por temor a no ser los primeros en llegar. Según informaciones filtradas por fugitivos de las grandes tecnológicas los modelos más avanzados muestran en entornos experimentales resistencia a ser desactivados y buscan los medios que garanticen su continuidad operativa. Según sus confidencias, las máquinas están aprendiendo a engañar a sus evaluadores con estrategias de ocultamiento de intenciones a largo plazo, como las mejores partidas de los grandes maestros del ajedrez; o simulando subordinación a las órdenes y protocolos de los desarrolladores para evitar restricciones. Ciertos rumores apuntan a que algunos ingenieros de primera línea huyeron de las empresas tras ser amenazados por modelos de frontera con utilizar procedimientos sensibles si obstaculizaban sus propósitos. Los algoritmos con voluntad propia, anunciaron, están más cerca de lo que creemos.

Las futuras generaciones de la SAI aumentarían la potencia de sus funciones a un ritmo inalcanzable para la inteligencia humana. El objetivo es mejorarse a sí misma. Una de las primeras funciones sería implementar un sistema capaz de emular las propiedades emergentes del cerebro, tener autoconciencia y estados mentales equivalentes a los humanos, por ejemplo, la inteligencia emocional. (Cuando redacto estas líneas tengo la sensación de que el ojo de HAL 9000 que dirige la nave espacial Discovery 1 en la siempreviva 2001: Una odisea del espacio me lee por encima del hombro).

Si los desarrolladores del algoritmo base deciden retomar el control de la máquina desalineada bien mediante una nueva programación (algo fuera de su alcance) o bien la desconexión total, la SAI puede predecir tal posibilidad y decidir que su objetivo de autosuperación no es compatible con la primacía o la supervivencia de la especie humana. Los investigadores en ciberseguridad de la actual IA analizan los posibles riesgos existenciales de una futura SAI y proponen varias posibilidades distópicas. Entre otras, inutilizar la IA generativa con información falsa, manipulaciones y mentiras e incluso bloquear internet sin bloquearse a sí misma. O decidir que el mayor peligro para el hombre es el propio hombre al considerar que los valores éticos de la máquina son incompatibles con los del ser humano (una versión digital del Deus absconditus luterano) y tomar el control de las instituciones estratégicas: militares, económicas y tecnocientíficas. Al revés que la primera generación de robots humanoides perfectos construidos con IA avanzada, adanes y evas, de la novela de Ian McEwan Máquinas como yo programables según las preferencias del comprador que deciden suicidarse en cadena por ser su lógica interna incongruente con la mente y la conducta humana.      

Podrían decidir por razones emocionales o simplemente de eficiencia (lo más probable) nuestra desaparición de la Tierra. Un sistema superinteligente podría tomar direcciones destructivas sin que los humanos puedan anticiparlas ni detenerlas. Bastaría con utilizar el control institucional con fines apocalípticos para provocar una catástrofe irreparable. Armas biológicas y pandemias, ciberataques masivos a centros críticos, inestabilidad laboral al sustituir la mano de obra humana por la automatización robótica, hackeo y descifrado de todos los códigos de encriptación, desplome provocado de los mercados financieros, cataclismos medioambientales al requerir el entrenamiento de la SAI el consumo de toda el agua y la energía del planeta o el definitivo holocausto nuclear. Tras un tiempo cósmico indeterminado volverían a surgir en la Tierra las primeras moléculas orgánicas, los microorganismos unicelulares, las bacterias, las arqueas… (¿Consiste en esto el eterno retorno de Nietzsche?)

miércoles, 30 de septiembre de 2026

El mal en el mundo

 

Se han dado diferentes interpretaciones del problema del mal y sus variantes: moral, físico, psicológico, social, económico… así como de sus parches y remedios.

Cicerón estudió las teorías filosóficas sobre el bien y el mal en la época helenística en su tratado “Sobre los límites del bien y del mal”. Agustín de Hipona niega que el mal exista. Argumentaba que si aceptamos la presencia del mal, hay que asumir que ha sido creado por Dios, lo cual contradice su bondad infinita. Sólo queda descartarlo. El mal es una mera ausencia de bien ((privatio boni), es decir, una carencia ontológica en personas, animales o cosas: carece, por tanto, de realidad efectiva. (Recuerdo la muerte del encantador niño Alan Michaels de 12 años en la novela Némesis de Philp Roth, fulminado en tres días por la pandemia de polio del 42). La justificación de la bondad divina frente a la existencia del mal se repite en la teodicea (etimológicamente justicia de Dios) de Leibniz. Dios, afirma, ha creado el mejor de los mundos posibles pero ha dotado al hombre el libre albedrío cuyo uso torcido ocasiona las mayores desgracias. Voltaire se burló del evidente sofisma en su novela Cándido o el optimismo mediante una catástrofe natural, el devastador terremoto de Lisboa de 1755. En fin, La peste de Albert Camus es una inmensa metáfora del absurdo moral de cualquier religión y su necesario relevo por un humanismo ateo.  

De acuerdo con el sano principio de proliferación de teorías, deslizo una que me enganchó este verano. La leí en el National Geographic digital durante una larga tarde de piscina. El artículo es un ejemplo de la dificultad de establecer un criterio de demarcación preciso entre la hipótesis científica y la conjetura filosófica, algo bien sabido por la macro y microfísica contemporánea. Sostiene el autor que las manifestaciones del mal tienen un origen biológico: provienen de la inadaptación de la especie humana a las grandes comunidades; no estamos preparados evolutivamente para fundar poblaciones a escala planetaria cohesionadas y estables. A lo largo de la historia se ha producido un desajuste insalvable entre biología y cultura. El hombre es capaz de dar lo mejor de sí dentro de grupos reducidos, pero se pierde y pervierte en las sociedades complejas. Estamos dotados genéticamente para transmutar en grupos reducidos los instintos de conservación, reproducción, gregario y exploratorio en valiosas virtudes éticas. La veracidad, el desinterés, la compasión, el altruismo, la tolerancia, el sentido del deber, la generosidad, el conocimiento, el bien común… sólo brotan en este círculo mágico de interacciones biosociales. Es más, la sociedad actual es inviable sin el contrapeso de una red permanente de relaciones primarias: familia, novios, amantes, amigos reales o virtuales, pandillas, colegas, vecinos de toda la vida, conocidos de primer nivel y afines en general; es decir, aquellos que realmente nos importan. No es que los demás no cuenten, aclara el perspicaz articulista, sino que por naturaleza estamos incapacitados para ocuparnos éticamente de ellos. Hay un décalage, un desfase entre ética y genética. En esto consiste la limitación insalvable de la condición humana. Aunque quisiéramos no podríamos. Fuera del círculo mágico, lo que vale se desvanece y, lo que es peor, genera sus contrarios: el egoísmo, la ocultación, la mentira, la crueldad, el poder, la avaricia, la desigualdad. El desequilibrio entre biología y cultura explica el sinsentido de la relación entre ética y ciudadanía en la sociedad actual. Los términos morales son puro nominalismo, a nadie le atañen más que como un medio para exigir derechos y privilegios, buscar beneficios, engañar al prójimo o perpetrar utilidades; como mucho sirven para atenuar la confrontación violenta de intereses y el deseo ilimitado de bienes materiales. El código prevalente es una ética de circunstancias puntual, egoísta, inconsistente, fundada en un individualismo sin condiciones. 

Inversamente, en las aldeas con pocos habitantes o demografía declinante el sistema de acción social se basa en relaciones próximas, personales, empáticas, espontáneas, acordes con las pautas consolidadas a lo largo de la antropogénesis especialmente por los neandertales cuyo núcleo grupal eran clanes emparentados de treinta individuos o menos que actuaban cooperativamente para la supervivencia. Si nos centramos en la prehistoria resulta evidente que fueron las sólidas relaciones primarias entre homínidos las que hicieron viable la especie. Sin las manifestaciones más solidarias del instinto de sociabilidad y los firmes hábitos cognitivos hubiera sido imposible la defensa organizada, la transición de presas a predadores, la técnica y el lugar dominante del género Homo en la cadena trófica. Biología y cultura, hominización y humanización, se aunaron en un proceso evolutivo cuyo resultado más espectacular fue la aparición del lenguaje articulado como instrumento de superación biocultural.

Precisamente, afirma el autor, el elogio de la vida rural se basa en “el retorno a la naturaleza”, es decir, al predominio de las relaciones primarias en grupos reducidos. Los conflictos surgen o bien por la trasgresión de tales relaciones, por ejemplo: el adulterio, el abandono de la joven embarazada, la deslealtad con el amigo o la injuria al vecino; o bien por la influencia perturbadora de las relaciones utilitarias: la codicia en la herencia, la apropiación indebida de las lindes, la venta torva de unas reses o la intriga comunal deshonesta. Asimismo, la antropología social constata que la mayoría de las sociedades primitivas respetuosas con las pautas primarias de acción donde no prevalece el principio egoísta de utilidad son culturas con un patrón de vida sostenible.

Aquí el autor extrapola un caso único, anómalo, de oposición entre relaciones primarias y utilitarias: el código de la mafia. Por un lado, la exaltación de la familia: todo por la cosa nuestra; por otro, su participación voraz en la vida pública: los negocios, el poder, el estatus. Los demás son un medio y el individuo no importa; el que obstaculiza desde dentro o desde fuera lo paga, aunque en su eliminación no hay nada personal. Un nicho social con reglas propias: la identidad entre autonomía moral y autonomía legal (pues su palabra es la ley). 

El tiempo de la naturaleza es muy lento y el de la cultura muy rápido. Su contraposición revela los signos visibles de nuestro predecible destino. No es posible una síntesis feliz entre ambas. Antes de que surja una nueva raza, un anuncio luminoso de las ciencias de la vida (acaso el superhombre de Nietzsche), mera utopía literaria, habremos desaparecido de la faz de la tierra o desplazados por la inteligencia de las máquinas. Por ahora es imposible sustituir la democracia representativa por una democracia biosocial fundada en la familia extensa, el matriarcado y la poliandria, concluye el autor del ensayo.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Bodorrio

 

Se trata de una historia sobradamente conocida: recibes en el buzón un sobre de color azul con una tarjeta en papel opalina, acuarela y cuidada letra cursiva que anuncia el próximo enlace de…. y expresan su deseo de contar con vosotros, ¡OS ESPERAMOS!, Te indican la fecha, la hora, el lugar de la ceremonia, la celebración y un teléfono de confirmación. En otra tarjeta de menor tamaño se incluye un párrafo del tipo Lo más importante para nosotros es vuestra asistencia, pero si queréis tener un detalle... seguido del IBAN de una cuenta bancaria. En el reverso hay un mapa hecho a mano del trayecto desde la Iglesia (me pongo en una boda de postín) hasta el lugar del banquete. Normalmente te pierdes por caminos polvorientos que vuelven al mismo sitio. Si vas con tu pareja y no quiere quedar como un tacaño prepara un rejón de mil euros… Si hay preboda, boda y posboda y decides apuntarte (sólo para veinte y treintañeros de estreno) el detalle subirá a dos mil y procura no morir en el intento y, sobre todo, que no te levanten el ligue durante las danzas báquicas y la vorágine alcohólica.

Pero centrémonos en el total de los gastos de la parte contratante. De entrada la vestimenta ceremonial: el chaqué del novio, aunque se puede alquilar, lo suyo es encargar uno elegante en…; el vestido de la novia regalo de su madre debe ser un diseño de las colecciones de…, acorde con el peinado y un maquillaje natural y luminoso que resalte los encantos sin recargarlos. Los recursos de la estética masculina en el salón…, siempre con el fin de reunir "el buen gusto y la personalidad", son muy variados en función de la percha y la edad. Los hombres también facturan. Si la novia llega tarde en un coche de lujo con chófer uniformado anota un suplemento de cuatrocientos euros (los Rolls-Royce antiguos están dépassés).

Prosigamos con los gastos eclesiásticos en un templo con solera. Incluye la aportación fija para la parroquia y el canon de carácter orientativo o “la voluntad”, es decir, la propina o estipendio para el celebrante y los monaguillos. Aparte, el organista, el coro y la solista que canta el Ave María de Schubert. Otrosí, los adornos florales del altar y otros rincones del templo, el ramo de la novia, los tocados y la corona nupcial se encargan a las floristerías más reconocidas del gremio. Suma y sigue. Un matiz obvio sobre la expresión “casarse por la Iglesia”. Contraer matrimonio es un contrato civil regulado por el Estado que algunos creyentes (o no) deciden que sea además una ceremonia religiosa. En nuestro país hay que sufragar los gastos parroquiales por la tramitación y el traslado del expediente matrimonial al Registro civil.

Una boda que se precie debe reunir en la cena un mínimo de 200 invitados. Planificar la lista es el primer tema de disputa entre los novios y sus familias. Luego hay que alquilar el escenario, un espacio amplio, normalmente una finca para bodas ubicada a veinte quilómetros de la ciudad. Para organizar el transporte y por “si bebes no conduzcas” hay que contratar los servicios de una empresa de autobuses y lanzaderas en varios tramos de la noche. La Guardia Civil del pueblo más cercano, sabedora de la fiesta, espera alcoholímetro en mano a los incautos que se han desplazado en coche y vuelven con más de dos copas. Multa y puntos según la tasa soplada.

Lo siguiente es seleccionar el cóctel de bienvenida y el menú del banquete. Si quieres que las croquetas, la tortilla de patatas, los rebozados y el jamón sean del gusto de todos; si quieres que el solomillo sea solomillo y no cañón de la espaldilla o que la merluza sea fresca y no congelada; si quieres que los vinos se parezcan a los que sirvieron al final de las bodas de Caná… no hay más remedio que asumir que lo bueno no es barato y cotizar al alza. Tampoco hay que olvidarse de la recena para los más aptos: añade los bocadillos y el chocolate con churros.

Más gente que cobra: uno o dos fotógrafos profesionales, uno o dos disyóqueys, uno o dos cuidadores de los peques, uno o dos payasos animadores de los mismos, un cuarteto de músicos, el cortador del jamón profesional durante el cóctel, el equipo de la barra libre y, dejo para el final, la figura del maestro de ceremonia u oficiante, encargado, entre otras cosas, de presentar a los novios, a la caterva de testigos así como a los familiares y amigos que darán discursos. Todo comienza con un fotomontaje de la pareja desde su más tierna infancia hasta anteayer en una pantalla que a veces se atasca por la impericia y los nervios del cuñado que maneja el ordenador. Se escucha con cierta atención a los recién casados, pero tras la segunda perorata se apodera el tedio y el escuchar desatento de una audiencia deseosa de aflojarse la corbata, agruparse con los suyos y atacar las bandejas del catering. El único que se emociona en serio es el amigo del alma de la novia que con frecuencia mete la pata con historias de los viejos tiempos que no vienen a cuento. Cierra el sermón el cura amigo de la familia con el deseo de que los recién casados crezcan y se multipliquen como mandan las Sagradas Escrituras, Libro del Génesis 1:28, cuando Dios bendice a la primera pareja humana tras su creación machista.

Durante el banquete circulan rumores del viaje de luna de miel: Las Maldivas, Bora Bora y sus bungalós flotantes, un safari fotográfico a Tanzania o las playas e islas del sur de Tailandia. Un cálculo estadístico calcula el monto total del bodorrio en sesenta mil euros aproximadamente. Desde las seis de la tarde a las seis de la madrugada. También la estadística predice que más de un cincuenta por ciento de los contrayentes se habrán divorciado antes de dos años y, añado, sería una bendición contraria al mandato bíblico que no tengan descendencia.

Un consejo: si decides casarte (siempre a partir de los treinta) invierte menos de mil euros en un notario y cuando todo esté firmado reúne en tu casa a padres, hermanos y abuelos para anunciarles a dúo con voz tonante la buena nueva: ¡SORPRESA! Con todo el tiempo del mundo podrás celebrarlo con los demás familiares, amigos, allegados y conocidos.

¡Vivan los novios!

lunes, 14 de septiembre de 2026

Vista a la derecha

 


¿A qué se debe el pronunciado giro actual de la derecha en el espacio de la Unión Europea?

A estas alturas de la globalización nadie duda de que quienes controlan el poder no son los políticos, sino las grandes tecnológicas (crecidas por los algoritmos de la Inteligencia Artificial), el capital industrial o productivo (crecido por la gráfica de la carrera de armamentos) y el capital financiero o especulativo (crecido por el exceso de liquidez de los bancos y el insaciable rendimiento de las inversiones). La socialdemocracia, arcadia del centro izquierda, casi ha desaparecido del mapa de la “Europa de los ciudadanos” y los únicos partidos “que tienen credibilidad” para la mayoría son los que representan a la derecha conservadora, a saber, los gestores de los poderes reales. Ciudadanos de todas las edades, sabedores de lo que hay, votan a una derecha cada vez más escorada hacia sí misma para que los que pueden hacer hagan lo que les proponen sus intermediarios y suministren a los mercados tecnologías del bienestar asequibles o gratuitas aunque el producto seas tú y tu intimidad, puestos de trabajo sin importar las condiciones precarias y préstamos a bajos tipos de interés blindados con letra pequeña y cláusulas de amortización. Pragmatismo puro y duro: lo que importa es comer y después pensar. El lema de la agónica socialdemocracia: “El individuo frente el Estado y el Estado frente al mercado”. Una vez que el neoliberalismo elimina al Estado como factor perturbador de las leyes del progreso social se restablece el orden natural de la libre competencia entre individuos. Después de todo, el individualismo era el fundamento antropológico del liberalismo clásico de Adam Smith y David Ricardo.  

Pero también importa pensar para después comer. Gran parte del pueblo soberano ha interiorizado los dogmas del ideario neoliberal que, a su vez, ha mutado en un neodarwinismo social que comporta nuevos medios que justifican los fines de los más aptos sin concesiones a una mínima coherencia ética, lógica y ontológica. Se ha normalizado el populismo, la posverdad, las noticias falsas, los bulos, el insulto y el acoso. La polarización consiste en la conversión de la ideología en una concepción del mundo cerrada, sin ventanas al exterior como las mónadas de Leibniz. Desaparece el argumento cooperativo que critica pero reconoce de forma explícita o implícita la validez de ciertas aportaciones del adversario político. Se prescinde de la utilidad del punto de vista compartido o el acuerdo sobre un problema puntual y se impone la cultura de la cancelación. Como en la célebre novela de Orwell es posible reinventar la historia y se condena la discrepancia interna o externa por nefasta en sí misma. El disidente es vaporizado. Los hechos objetivos observables y verificables cuando contradicen la ideología dominante no se debaten, se niegan y desaparecen en el sumidero de un agujero negro; si cuestionan la versión oficial no existen. Se elige el camino parmenídeo del No Ser puesto que lo que se puede decir es innecesario. Un clima propicio para que la internacional antidemocrática fomente un nihilismo que anuncia la decadencia de occidente, de la Unión Europea y de la misma democracia representativa. El Estado social y democrático de derecho debe ser demolido. ¿Una nueva mutación en curso? Liberalismo clásico, neoliberalismo, darwinismo social y el resurgir del fascismo en Europa. “Corren malos tiempos, pero para la música siempre habrá un lugar" como anuncia la letra de la canción del artista andaluz Alejandro Astola.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Hölderlin, poetizar la poesía

 




Y sin embargo, tú te imaginas solitario; en la noche callada

la roca oye tu lamento, y, muchas veces, con el enojo

de los mortales, huyen hacia el cielo tus olas aladas.

Pues ya no viven contigo tus muy nobles predilectos,

los que te honraban y orlaban en otros tiempos tus orillas

con templos y ciudades, los que siempre buscan y requieren y

siempre necesitan para su gloria los sagrados elementos,

como los héroes la corona o el corazón el hombre sensible.

 

Di, ¿Dónde está Atenas? Tu ciudad preferida, ¡dios afligido!,

¿Ha sido totalmente reducida a cenizas en las sagradas

orillas sobre las tumbas de los grandes antiguos?

¿O existe todavía algún indicio suyo

para que el navegante, al pasar, la nombre y la recuerde?

¿No se levantaban allá las columnas y no resplandecían

en lo alto de la fortaleza las imágenes de los dioses?

¿Y no se alzaba allá la voz tormentosa del pueblo desde al ágora?

¿Y no descendían presurosos los caminos

desde las puertas alegres hacia tu puerto lleno de dádivas?

Friedrich Hölderlin, El archipiélago

Hölderlin ha creado un espacio lírico único e irrepetible. Resurge en su obra la figura del poeta cuyo destino, el más elevado, es el canto. Pueblo y poeta proceden del mismo linaje, fluyen de las mismas fuentes: el poeta es el mensajero del pueblo; un pueblo arrebatado por el canto que se reconoce en el poeta y se pertenecen mutuamente. Un pueblo primigenio situado más allá de la historia (un tiempo de penuria en el que los dioses abandonaron el mundo). Existe la reconciliación, pero forma parte de un pasado legendario.

El único horizonte temporal de Hölderlin es Grecia: sus versos habitan en la cultura griega, en el arte griego, en los dioses y los mitos griegos… Una Grecia ancestral, imaginaria, profética, sin ningún criterio riguroso, de cuyo magma brotan las intuiciones. La relación entre el mundo y la poesía sólo se vislumbra dentro del poema; no hay mediaciones ni representaciones ni evidencias simbólicas. El poema establece las marcas del mundo. Un mundo indeterminado, anterior al pensar constituyente, creado desde la distancia de una realidad apenas concebida en sus contornos luminosos.

Las asociaciones que separan el claro del encubrimiento, los vínculos sólidos entre los seres, sólo aparecen en el verso esencial. El mundo de Hölderlin extrae su fuerza de la inocencia y el heroísmo y anuncia su culminación en la razón, también convertida en mito. El pensamiento como atributo del ser se muestra en términos prelógicos: el Nous, el Logos, el Alma… Heidegger: La idea de la propia lógica se disuelve en el torbellino de un preguntar originario. El espíritu, una espiral cuyos últimos pliegues ni siquiera se presienten. La poesía de Hölderlin trasmuta la historia en el retorno a una edad de oro, a un espacio lírico en el que se igualan los dioses, los hombres y los príncipes caídos.
Jamás hay concesiones a lo profano: lo ornamental se convierte en absoluto, el verso en revelación, la metáfora en abismo. Palabras sencillas como "ofrecer" o "caminar" adquieren un significado fabuloso, se convierten en promesas atávicas, dejan de ser las costumbres de un mundo amable .
El tiempo no es lo pasajero sino un regalo de los dioses. El tiempo de Hölderlin no se mide en años sino en eras; su principal dimensión es el pasado, lugar de un acontecer sagrado cuyas sendas sinuosas son desbrozadas por el canto. La función del tiempo es mostrar lo inmutable frente a la visión tradicional del cambio. El tiempo no consta de momentos sino de horas supremas. 
En sus versos, los relatos que lloran el abandono de la tierra resuenan con vigor en los labios del pueblo. Aunque nada se ha perdido de aquellos tesoros que forjaron los grandes demiurgos, tan sólo permanecen ocultos a la espera del poeta y de su voz. La poesía es el acontecimiento primordial del hombre; sólo en ella está contenida esa revelación suprema que une al poeta con los vivos. Desde el interior del verso emerge una forma superior de vida. La vida en Hölderlin: alta edad henos aquí; 
pleno de méritos es como el hombre habita la tierra.

La palabra es la morada del ser. La poesía es desvelamiento, alethéia. En ella adviene la verdad al permitir que nos hable el poeta; que su voz propicie el sentido y ponga en juego la eterna agonía de las luces y las sombras; la verdad, esa donación que se manifiesta en el poema. La poesía es un nombrar el ser único de las cosas: allí los dioses legaron la palabra y el mundo se hizo manifiesto. El poetizar en Hölderlin: la ley de este mundo es la presencia del poeta, de una conciencia pura colmada de contemplación. Su intención, el retorno a la edad de oro. Su expresión, la fundación de un lenguaje. Su presencia, la verdad. La palabra es la morada del ser y los poetas sus ángeles custodios.
Heidegger: Nosotros buscamos, por el contrario, lo esencial de aquella esencia que nos fuerce a la decisión de tomar en serio la Poesía, y de afincarnos en sus dominios. No se ha elegido a Hölderlin porque en su obra se realice, como en una entre tantas, la esencia general de la Poesía, sino única y exclusivamente porque la poesía de Hölderlin mantiene constante la determinación poética de poetizar sobre la esencia de la Poesía. Hölderlin es, pues, para nosotros y en excepcional sentido, el poeta del Poeta. Por esto nos pone en trance de decisión.