miércoles, 18 de febrero de 2026

La clase política

 

Hace unos días me contaba un buen amigo, diputado a Cortes durante varias legislaturas en la comunidad autónoma de Castilla-Mancha, que entregó el acta porque no tenía ningún interés en ser el disidente de su grupo parlamentario; en ejercer de “pepito grillo” y ganarse la bronca por saltarse la disciplina del partido con críticas sobadas y sabidas por todos sus compañeros y por él primero.

- ¿Por qué lo haces?, le pidieron explicaciones desde el comité ejecutivo.

- Entre otras razones porque no vivo de la política, respondió con sinceridad. La política me gusta más que comer con los dedos, pero si la dejo te aseguro que tengo la vida resuelta. Y alta edad no estoy aquí para pullas y remoquetes. Y menos para planteamientos eclesiásticos que te obligan a comulgar con ruedas de molino. Me doy de baja en el partido por motivos personales y vuelvo a mi cátedra de sociología en la Universidad. Ironía o iglesia.

Muchos políticos recuerdan al clero semianalfabeto y a los monjes medievales que entraban en seminarios y conventos para utilizar el poder espiritual en su provecho. Por no hablar de las prebendas de los altos cargos de la jerarquía. Las sombras que se proyectan en el muro de la caverna platónica son las imágenes narcisistas de los políticos. En términos psicoanalíticos, los partidos fomentan la regresión infantil. Los hijos de cuarenta años tienen que repetir sin rechistar lo mismo que dice el padre. El tan “necesario debate interno” no es una confrontación ideológica sino una lucha por abrirse paso a codazos. “El que se mueve no sale en la foto”, sentenciaba para la posteridad un reconocido político de izquierdas, mientras reivindicaba como lema heráldico la libertad de expresión, el pluralismo y la función liberadora de la crítica. Nada ha cambiado. O al revés, en la fotografía oficial de la presentación de un nuevo PET-TAC en un hospital público se ve a ambos lados a un ingeniero biomédico, al director gerente y a varios jefes de servicio; el centro de la imagen, tapando la máquina, la ocupan sonrientes el alcalde y el consejero autonómico de Educación. El discurso posterior del regidor municipal es sonrojante. Chorradas y autobombo. Los de la bata blanca no saben dónde meterse…

Toda institución, una vez consolidada, cumple los fines contrarios para los que se fundó: la política, por supuesto; pero qué me dicen del deporte, de la religión, la moral social, la educación reglada (los profesores lo sabemos mejor que nadie) o la economía. Muchos se afilian a los partidos para medrar. Lo he oído sin recato a alumnos míos de quinto de derecho. La carrera política es una buena salida, decían, mejor que remover carpetas en el sombrío despacho de un bufete, el síndrome de Bartleby. El poder llama al dinero. Y el dinero llama a las siete puertas del… Bueno, lo saben de sobra.

En las Juventudes de los partidos abundan los arribistas que tratan de hacerse visibles en la plaza pública mediante tormentas en un vaso de agua, pasamanos oficiales, reuniones de negocios con falsas promesas o una legión de falsos seguidores en las plataformas creados mediante cuentas automáticas. Algunos llegan plenos de buenas intenciones que se pierden por el camino. Al final, cae el tinglado de la antigua farsa: ser es aparentar, pero no cejan; no acaban de comprender que lo contrario de la verdad es la falsedad y la mentira de la certeza y que no es posible saltarse el principio del tercero excluido: casi todos los políticos que creyeron encontrar la fórmula de una opción intermedia acabaron cumpliendo condena.

Otros, menos impacientes, más astutos, apuntan al vértice de la pirámide. Inflan sus currículos con méritos ficticios, copian trabajos polvorientos, plagian tesis o recurren a “negros” para publicar libelos inocuos sobre el bien común; o a la inteligencia artificial porque andan escasos de la natural. Abundan títulos de posgrado fantasmas y másteres a los que no asisten, aprueban carreras al galope en chiringuitos universitarios o falsean documentos con la connivencia de sectores académicos corruptos que esperan pedir lo suyo cuando les toque. Inversamente, las mentes privilegiadas del país no quieren ni oír hablar de la cosa pública. Si entras al trapo, piensan, te puedes ver envuelto en un enredo mayúsculo y acabar en los juzgados por culpa de la clase de tropa o de sus mandos. Nunca sabes a quien tienes al lado. La carrera del político profesional se rige por la ambición, la deslealtad y la puñalada trapera. Lo que cuenta es quienes son los primeros en las listas electorales, lo demás es representación y postureo. Intra muros nulla salus.

Pero no sobrevaloremos la política. En un debate televisado antes de las últimas elecciones generales un representante de la izquierda de la izquierda se preguntaba como remate del llamado minuto de oro: ¿Son los políticos quienes realmente mandan en la sociedad civil? Lo cierto es que en una democracia representativa, además de los tres poderes del Estado dudosamente independientes, hay un cuarto, la prensa y los medios de comunicación, un quinto, las redes sociales, un sexto, los grupos de presión, un séptimo las fuerzas armadas y por encima de todos un ser supremo, el dinero, el primer motor inmóvil que pone en movimiento los engranajes del mundo. Bancos de toda condición, los Centrales primi inter pares, fondos de inversión en casi todo, corporaciones mercantiles, multinacionales tecnológicas, empresas de distribución, consultoras, aseguradoras de las aseguradoras… Hagamos un poco de memoria histórica. Recuerdan la confrontación de Yanis Varufakis con las autoridades económicas de la Unión Europea para sacar a Grecia de la quiebra en 2015 y como acabó el conflicto; por poco no se llevaron la Acrópolis a la Grand-Place de Bruselas. El fin del mundo llegará cuando los cajeros automáticos dejen de escupir dinero, le dijeron. Lo toma o lo deja. Y punto final.  O la crisis financiera de 2008, en realidad la gran estafa. Al final pagamos todos el recate de los desmanes bancarios, además de sufrir años de recesión, desempleo y austeridad. ¿Sacaron los políticos neoliberales que propiciaron el desastre alguna conclusión? Sin duda. Decidieron que la solución era una huida hacia adelante mediante un cambio de paradigma que corregía y aumentaba los errores del anterior: el neodarwinismo social, al cual dediqué unas líneas que entre otras me permito citar: el nuevo paradigma supone la cancelación del contrato social propio de las democracias representativas. La ley de gravitación social que sustituye a la oferta y la demanda propone que los individuos y colectivos más aptos prosperen por todos los medios que hagan valer su superioridad, mientras que los menos aptos están condenados a la extinción. Las miserias del sistema son necesarias por cuanto responden a su funcionamiento natural: la ley del más fuerte.

P.D. El artículo 33 de la Constitución Española establece la función social de la propiedad. Es una mentira piadosa. La certeza es que, como subrayó Marx en su Contribución a la crítica de la economía política, la única finalidad del capital es la acumulación de capital. 

jueves, 12 de febrero de 2026

La felicidad

 

En una memorable tira de Quino, Mafalda entra en una cerrajería, saluda al anciano que la observa detrás del mostrador y le anuncia con desparpajo que ha venido a que "le haga la llave de la felicidad". El amable artesano le dice al instante: "Con mucho gusto nenita, ¿A ver el modelo?" Mafalda sale de la tienda con cara de haber captado el mensaje: "¡Astuto viejito!" piensa...

Quizás por los tiempos que nos ha tocado vivir, la “felicidad” ha vuelto al primer plano de las palabras de moda. Nos sobrevuela una considerable floración de aforismos y apotegmas de filósofos dispuestos a aportar su granito de arena. Obviamente a los medios, sobre todo a las redes, les interesa el impacto inmediato de la frase lapidaria y no tanto las mediaciones que la sustentan.

El término “felicidad” es excesivamente amplio. Cualquier intento de definición caerá en una generalización inconclusa similar a la que propone la Real Academia Española de la Lengua: Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. Es una causa perdida. La felicidad es un concepto indeterminado. Las palabras del lenguaje que expresan estados de ánimo ("esperanza", "dicha", "gozo", "melancolía”, "resentimiento", "ansiedad"), lo que Georges Bataille denominaba experiencia interior, incorporan un exceso de contenido introspectivo, mentalista. La definición de la RAE no demarca el concepto sino que lo expande, abre mundo en expresión de Heidegger. La condición humana, versátil y contradictoria, es capaz de desear un número ilimitado de bienes cuyas determinaciones se disuelven en una casuística heterogénea e inabarcable. Es más, el infortunio nace con frecuencia de las expectativas imposibles que hemos decidido desear.

Para Wittgenstein son términos con una intención meramente pragmática. Es evidente, afirma, que no podemos cambiar ni forzar el contenido semántico del lenguaje, su gramática, además de admitir, que está bien como está. Y que los enredos y malentendidos surgen cuando el lenguaje se va de vacaciones. Un hablante con una competencia comunicativa normal entenderá correctamente lo que queremos decir cuando los utilizamos en los contextos apropiados. No existe un modelo original (como sugería el cerrajero) de la felicidad sino múltiples juegos del lenguaje en los que el término se usa con propiedad.

La concepción de la felicidad que más me convence es la aristotélica (no me privo de dar mi opinión). Anticuada, aburrida, viejuna, puede ser. Pero la edad determina la conciencia y me cae bien el astuto viejito de Mafalda.

Durante el helenismo, Aristóteles confirió al término un significado ético, costumbrista, individual: la felicidad es el resultado de la práctica constante de determinadas virtudes intelectuales (sabiduría, ciencia, entendimiento, prudencia, arte) y morales (fortaleza, amistad, liberalidad, modestia y justicia, entre otras). La felicidad no es un estado puntual, aislado, ocasional. La auténtica es siempre la consecuencia de tales hábitos y sólo quien los posee en grado eminente es capaz de alcanzarla. El resto es satisfacción circunstancial. La felicidad es una forma de vida. Así lo entendieron, fieles a tal idea, las escuelas postaristotélicas.

domingo, 1 de febrero de 2026

Las vacas flacas del Real Madrid

 

Es la primera vez que dedico unas líneas a un equipo de fútbol que no sea el Atlético de Madrid. Hoy le toca al “eterno rival” del Paseo de la Castellana; los de la acera de enfrente según las malas lenguas de la parroquia rojiblanca.

Estos son mis principios: sólo me siento antimadridista de verdad en los derbis. Si palmamos, tras dos días de duelo me olvido del Real Madrid (el estoico Oblivio virtus est) y si ganamos lo apunto en mi diario con letra capitular. Nunca discuto con los madridistas cuando en bautizos, bodas y sepelios me cubren de oprobio por su abismal superioridad y su complejo de ser el mejor equipo de la galaxia. El club que realmente me quita el sueño, les digo, es la Unión Balompédica Conquense y el quite por chicuelinas suele funcionar. Creo que una parte de la afición atlética es demasiado visceral con el antimadridismo en la grada y en la calle (algo que la directiva no ha sabido controlar) y que un exceso de presión perjudica al equipo. Tampoco soy un incondicional del fútbol del Cholo, pero lo dejo para otro momento.

Dicho lo cual voy al asunto que nos concierne: los motivos del cese fulminante de Xavi Alonso. De entrada, el Madrid no precisa un técnico, un ingeniero del balompié que los abrume con tácticas y estrategias, pizarras magnéticas o videos con sermón para analizar las debilidades del contrario o los traspiés de los últimos partidos; y continúe dándoles la murga en los entrenamientos con andanadas de manual y consejos varios. Xavi no ha gestionado bien el grupo porque lo ha gestionado excesivamente. A veces una sobrecarga de instrucciones no genera organización sino desconcierto. El equipo se convierte en un agregado de individualidades sometido a cambios de alineación, posiciones y esquemas para lograr, si lo logra, un sistema reconocible de juego. Poco se ha comentado en las tertulias y mentideros de la villa de las salidas nocturnas de destacados miembros del vestuario. Nada relevante, por tanto, en su bajo rendimiento. Mayor influencia ha tenido la falta de empatía con el preparador físico Ismael Camenforte-López, a quien Arbeloa ha sustituido de inmediato por Antonio Pintusapodado el "sargento de hierro", un viejo conocido del club y uno de los hombres de confianza del presidente.

En consecuencia: la paciencia se agota pronto en las alturas y el entrenador es defenestrado. El método del staff funcionó en el Leverkusen, pero no en el vestuario egotista y piramidal del Real Madrid. El Madrid del miedo escénico y de las grandes finales de la Champions tenía el centro del campo más solvente de Europa: Casemiro, Luka Modrić y Toni Kroos. Los entrenadores no se calentaban la cabeza con la reordenación del grupo cada tres días ni con las emboscadas y agujeros del rival porque los centrocampistas se encargaban de poner a cada jugador en su sitio. 

El segundo problema es que actualmente hay en el Madrid figuras de talla mundial, algunos de segunda excelencia, varios son buenos jugadores sin más y otros no dan la talla para las exigencias del club. Tampoco los últimos fichajes han aportado lo que se esperaba. En parte se debe a los gastos en la remodelación faraónica del estadio y a que ni siquiera el Real Madrid, una máquina de hacer dinero, es capaz de alcanzar la capitalización de los clubes Estado, los únicos que se pueden permitir las cifras estratosféricas de los fichajes diez y el coste de los contratos. En todo caso, hay que reconocer en descargo de las vacas flacas las roturas de cruzados que han devastado la línea defensiva al completo.

Tampoco la cantera produce las figuras de la edad dorada. Raúl, Casillas, Butragueño, Martín Vázquez, Del Bosque, Sanchís, Camacho, Míchel o Guti. En el equipo actual sólo juegan con cierta regularidad dos canteranos por las lesiones o la baja forma de los titulares. Dejamos aparte a Dani Carvajal en el tramo final de su brillante carrera. Da la impresión de que el objetivo de la cantera actual es sostener al Real Madrid Castilla y exportar a los mejores a buen precio.  

Por último, no me atrevo a opinar de los designios inescrutables de Florentino Pérez. Lo que se deduce de ciertas filtraciones, exclusivas periodísticas y sobre todo silencios es que el presidente primero se distanció de la imagen de Xavi, el esperado, después no lo apoyó (más bien se puso del lado de los díscolos), luego lo cuestionó y finalmente lo destituyó. Zidane y Ancelotti se fueron por la impaciencia de una afición incapaz de asumir que no siempre se puede ganar todo. Arbeloa será un puente y un ocaso. ¿Quién será el siguiente?

P.D. A pesar de la ley del silencio impuesta sobre la separación (más bien ruptura) de Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero su entrenador principal durante siete años, la intuición me sugiere que el patrón del conflicto es muy similar al de Xavi Alonso. Quizás salpimentado aquel con diferencias económicas salvables.   

domingo, 25 de enero de 2026

Ensoñaciones

 

Decía mi buen amigo y colega M. S. en una de las conversaciones que todavía mantenemos en la cafetería del Ateneo de Madrid (el activo, yo jubilado y escriba):

“Cada vez cobran más actualidad las reflexiones de Max Horkheimer sobre la perversa deriva de la razón instrumental: la administración de la verdad sustituye a la crítica, el pensamiento oficial al divergente, el esquematismo vacío a la idea. Insistieron en esta degradación del espíritu Benjamin, Marcuse, Arendt y tantos otros...

Setenta años después, la pérdida del sentido de lo real y del buen juicio que debiera acompañarlo ha dado lugar, en todos los aspectos de la "vida social", por ejemplo en la educación reglada, a la imposición de ciertas supersticiones de segunda mano. Adorno lo expresa de este modo: "Están por un lado los rigoristas abstractos, que luchan por concretar quimeras, y por otro la pobre criatura humana que, como progenie del infortunio, jamás tendrá la posibilidad de librarse de ellas".

El fraude de la enseñanza se manifiesta en los infortunios de la razón instrumental: el desaliento del profesor ante las agotadoras exigencias del protocolo, el interminable apartado del apartado y la redefinición falsa del concepto de alumno mediante la jerga de las ciencias sociales. A gran parte de los bachilleres les da igual aprender física o historia que memorizar la guía telefónica. A los profesores, una profesión a la baja porque la ideología dominante oscurece pero no oculta los hechos, sólo les queda la nómina y asistir impotentes, aunque plenos de conjuros y depresiones, a las consecuencias sociales, culturales y políticas del trampantojo.

¿Acaso tras la decadencia lineal de un discurso sin contenido objetivo (contrario a la espiral discontinua del conocimiento) es posible todavía alguna clase de ensoñación roussoniana que esté a salvo del sistema?

La mía, caro amigo, es que yo no podría enseñar nada si no me paseara solitario por el aula, dando la última clase como siendo la primera. ¡Tú tampoco lo habrías hecho! Lo que nos envuelve, y cada vez aprieta más, poco o nada tiene que ver con lo que somos, aunque nos acabemos pareciendo cada vez más a eso por desgaste y presión de los elementos que a nuestros ensueños tangibles y productivos”.

miércoles, 7 de enero de 2026

Xenocentrismo

 

El xenocentrismo (lo contrario del etnocentrismo) parte del supuesto de que la cultura de origen es inferior a otra u otras. Por lo tanto, es preciso adoptar o adaptar los rasgos propios a los ajenos. El peligro del xenocentrismo es la importación indiscriminada de rasgos disonantes y triviales que acaban por desplazar a los genuinos de la cultura original. Así, los relacionados con la alimentación, la música, los vestidos, las jergas, los gustos estéticos o la comunicación no verbal. Hay tres manifestaciones xenocéntricas que definitivamente se han establecido en nuestra cultura: Halloween, Black Friday y Papá Noel. El Día de Acción de Gracias está a punto de caer.

Independientemente de sus remotos orígenes religiosos o paganos o ambos en las tradiciones celtas, irlandesas o escocesas, Halloween es actualmente una fiesta norteamericana. Según parece fueron los inmigrantes irlandeses quienes la estibaron en sus barcos en el siglo XIX para difundirse después a otros países a finales del siglo XX y principios del XXI. Sean cuales sean su orígenes, su significado no tiene que ver con el ser para la muerte ni el recuerdo de los difuntos en el Día de Todos los Santos que celebran las Iglesias cristianas. Halloween se relaciona con el animismo, es decir, con los seres sobrenaturales, la danza de los espíritus o los fantasmas del trasmundo que se hacen visibles a los mortales. También hereda los estilemas de la literatura gótica: atmósferas lúgubres, sentimientos de terror y el presagio funesto de un pasado misterioso que se cierne sobre el presente. Actualmente se ha convertido en una fiesta infantil de carácter intrafamiliar (los niños visitan las casas de sus padres y parientes) o intravecinal (llaman a la puerta de los pisos del barrio que se prestan al juego). Algunos portales se decoran con objetos macabros: esqueletos, calabazas siniestras, telarañas, lápidas o escobas voladoras. Los peques, disfrazados de criaturas de la noche, se lo pasan en grande con el truco o trato que atiborra sus bolsas de caramelos y golosinas. Como el resto de las instituciones xenocéntricas, es también (o sobre todo) un negocio consumista.

El Black Friday, una exclusiva tradición norteamericana, comienza un día después del Día de Acción de Gracias, el cuarto jueves de noviembre, y marca el comienzo de las compras navideñas con el anuncio de grandes rebajas. Recibe su nombre desde 1961 cuando la policía urbana de Filadelfia describió así los monumentales atascos de circulación que colapsaron la ciudad el primer día de las compras. En España fue la cadena alemana MediaMarkt la que popularizó el Viernes Negro en 2015. En realidad se prolonga una semana. Lo cierto es que el Black Friday es lo mismo que las rebajas de enero nacionales que comienzan a partir del día siete tras los regalos de los Reyes Magos y duran y duran. En las rebajas se dan cita en aparente concordia los universos paralelos de la macro y microeconomía. Comienzan cuando se abren las puertas de las grandes superficies comerciales y una muchedumbre abigarrada (cantada por Edith Piaf en La foule) sueña a codazos con el cuerno de la abundancia. ¡Cuidado en las apreturas por el mangazo de carteras y móviles! A esto hay que añadir las consabidas estafas por internet, la picaresca de las falsos precios tachados en las etiquetas o la ropa de baja calidad confeccionada ad hoc en talleres de costura clandestinos… Albricias y broncas: tangana de amas de casa que se tiran de los pelos por la misma prenda, maridos boxeando, separados por los de seguridad por un quítame allá esa corbata; o astutas gentes que vienen a cambiar el regalo de Reyes ahora más barato y se indignan cuando el vendedor les dice, contrito de oficio, que está agotado pero lo pueden canjear por un vale del mismo precio. Otros se rasgan las vestiduras porque los productos de las mejores marcas son inmunes a los descuentos. Las franquicias de las primeras firmas del prêt-à-porter consideran las rebajas simplemente una broma de mal gusto.   

Otra institución xenocentrista es papá Noel, también conocido por Santa Claus, un barbudo bonachón con gorro rojo que a bordo de un trineo tirado por renos voladores reparte regalos en Nochebuena a todos los niños del mundo que se han comportado como niños. Se trata de una tradición sincrética en la que se mezclan leyendas medievales de la Alta Edad Media (el obispo San Nicolás de Mira), tradiciones nórdicas y leyendas centroeuropeas. Papá Noel y los Reyes Magos (una festividad exclusiva de nuestro país) convivieron en paz navideña hasta que hijos y nietos exigieron presentes en ambas fechas. Nunca he sido partidario de esta superposición xenocéntrica porque adoro a los Reyes Magos. Me disculpo por citarme a mí mismo. Son el símbolo de lo mejor de mi niñez, de la imagen irrecuperable de un mundo bien hecho, de la inocencia y la ausencia del mal, por eso me he aferrado a su creencia hasta hoy. Escribía la carta con detalles de orfebre, caligrafía de cuaderno, frases cortas, sujeto, verbo, predicado y la lista numerada de mis preferencia del uno al cinco. Aguardaba impaciente la gélida tarde que mi abuelo me llevaba a Galerías Preciados a entregársela en mano al rey que tocaba al final de la cola. ¿Era negro el negro? Tras dársela a un paje de rostro teñido y ojos famélicos que la depositaba en un saco con adornos navideños, me subía en sus rodillas, me daba un beso vinoso, me acariciaba el pelo con manos de guante sobado y me preguntaba lo mismo que al niño anterior (“mil veces ciento, cien mil; mil veces mil, un millón”): te has portado bien, has sido obediente, has hecho los deberes… presentía la impostura y no era el único de la fila. ¡Aquí huele a camello!, largaba de pronto algún madrileño castizo. Risotada general y caras largas en la pareja de guardias municipales. Al fondo, se miraban divertidas dos coquetas azafatas de rojo y blanco a las que mi abuelo no perdía de vista.  

viernes, 26 de diciembre de 2025

Acoso sexual en el trabajo

 

La primera iniciativa del acosador comienza con una mirada insinuante en pasillos, despachos, reuniones o máquina expendedora. La víctima advierte a la primera el mensaje del ojo de halcón. Las contramedidas son sencillas pero no fáciles por su expresión teatral: evitar las miradas directas y procurar que la interacción visual sea lo más impersonal posible; el depredador debe captar que a tus ojos es la perfecta imagen del ligón desconocido y, si apuramos el gesto, que lo será para siempre. Despechado, no tardará en hacerte un aparte para preguntar si no le caes bien por algún motivo y demás monsergas envolventes. En absoluto, le contestarás, te considero un compañero más del trabajo y no acabo de entender la pregunta. Esta distancia bastaría para concluir el lance en un trato entre iguales… pero no en una relación de dependencia laboral.

La siguiente etapa es alguna forma de halago. El cumplido "creo que tus zapatos son geniales” o el consabido piropo sexista, "me encanta tu pelo lacio". A veces resulta difícil diferenciar el cumplido del piropo. Ambas son formas de tanteo cuya intención es ir más allá. La respuesta adecuada en ambos casos es el silencio mirando al tendido y la tranquila retirada neutral que no expresa incomodidad; lo que no has oído no te parece ni bien ni mal sino todo lo contrario.

Otra táctica es hacerse el encontradizo e invitarte a tomar un café a media mañana. Hay dos posibilidades: que sea fuera o dentro del trabajo. Si es fuera, rechaza la oferta con naturalidad, cualquier excusa es buena aunque de manera implícita debe parecerle una petición inconveniente. Si es dentro, acepta porque tratará de tirarte los tejos y es justo el momento de dejarle claro que no te gusta flirtear con los colegas de trabajo y que, en su caso le aconsejas seriamente que deje de intentarlo.

Pero no lo hará. Comenzarán a llegarte mensajes a tu WhatsApp con mensajes incómodos, fotos y videos provocativos y proposiciones explícitas. Si lo bloqueas el siguiente plan será dejar sobre tu escritorio sobres con notas secretas de amor al puro estilo francés del billet doux. No las rompas en mil pedazos ni las tires a la papelera. Más adelante podrán hacerte falta.  

Como es tu superior jerárquico, último recurso, se dejará de bromas y pasará a mayores. Te citará en su despacho de la sexta planta y te hará una oferta que, según su obsceno criterio, no podrás rechazar: ascenso profesional a cambio de favores sexuales. O lo que es más repugnante: en caso de no prestarte a sus lúbricos deseos, traslados de zona o ciudad, tareas desagradables y degradantes e incluso posible pérdida del puesto de trabajo. En otras palabras, amenaza con represalias laborales como medida de presión para mantener citas o encuentros no deseados. Es el momento de adoptar medidas proactivas sin ambigüedades ni escala de grises. Niégate firmemente en ese mismo instante a sus pretensiones. Lo más eficaz, dados los antecedentes, es haberte informado y asesorado con detalle de los protocolos de prevención y abordaje del acoso sexual en la empresa. Por ejemplo, haber acudido a la cita del jefe en la sexta, previsible por demás, con un dispositivo de grabación. El chantaje, la intimidación y humillación no cejarán. Convierte las llamadas telefónicas, los mensajes, las fotos y videos, las notas secretas, los encuentros forzados en pruebas. Si tienes testigos, mejor. La legislación está de tu parte, recuérdaselo: Ley Orgánica 3/2007 (Igualdad), Ley de Prevención de Riesgos Laborales (31/1995), Real Decreto 901/2020, Ley Orgánica 10/2022 (Libertad Sexual), Código Penal, Convenio 190 de la OIT. Ten la seguridad de que no se atreverá a despedirte y si lo hace le va a salir muy caro.

Sin embargo, el acoso sexual en el trabajo es una lacra moral que no desaparece pese a la eficacia y el sentido común de las contramedidas. Recuerdo la actualidad del caso Nevenka", la primera mujer en España en denunciar y ganar un juicio por acoso sexual contra un político. O la excelente película sobre un caso real, El escándalo (2019), basada en el testimonio de las mujeres de la cadena norteamericana Fox News que sufrieron el acoso sexual del consultor ejecutivo Roger Ailes y concluyeron con su destitución. Más cercanas e impactantes son las acusaciones por decenas de mujeres contra el poderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein que supuso la globalización del movimiento feminista Me Too. En España aún resuenan los ecos de la asunción de responsabilidades por el gran tenor Plácido Domingo por el acoso en los años ochenta a más de veinte mujeres. En tono menor enumeramos más de lo mismo: la condena a dos años de prisión de un guardia civil veterano por acoso a una compañera novata, el despido del jefe de barra de un hotel de Las Palmas por sus expresiones sexistas, bromas de mal gusto y tocamientos indebidos, la indemnización a una trabajadora por una carta firmada por el administrador de su empresa en Asturias en la que le requería de forma grosera sus propósitos libidinosos o el caso de un profesor universitario de León condenado por dirigirse a una alumna en los siguientes términos: A veces no hay necesidad de estudiar para aprobar, hay muchas maneras de aprobar.

domingo, 7 de diciembre de 2025

¿Colectivo gay?

 

Los conocí hace años en mi piso en el barrio de Chamberí. Goyo y Sergio eran vecinos de planta. Llegaron en agosto y tras una mudanza que me perdí porque estábamos de vacaciones en un pueblo de Cádiz se instalaron puerta con puerta. Tienen nuevos vecinos, me comentó Antonio, conserje y pregonero de la comunidad. Son jóvenes y algo raritos, ya sabe, e hizo un gesto amanerado con las manos.

Pensé que necesariamente mejorarían a mis vecinos anteriores, un matrimonio que salía a bronca diaria con megafonía, churumbeles que movían los muebles a la hora de la siesta, jugaban al frontón en el tabique compartido y tenían un caniche enano que no sabía quedarse solo y ladraba y gemía hasta que caía exhausto, supongo, en la cama de sus dueños.

A los dos días de volver de vacaciones Goyo y Sergio llamaron al timbre y se presentaron.

- Somos los nuevos vecinos. Sergio, mi pareja, es periodista y yo profesor (¡crece el lobbie gay en el gremio, pensé!). Para cualquier cosa podéis contar con nosotros. Seguro que a tu señora le gusta este pequeño detalle: y puso en mis manos un paquete envuelto que resultó ser una caja de bombones Godiva.

- Muchas gracias y encantado de conoceros, balbuceé algo descolocado por su cortesía. Ahora mismo estoy solo. ¿Os apetece pasar y tomar una copa? (no sabía qué decir). Rehusaron amablemente y se despidieron. Un buen comienzo.

Pronto corrió la voz en la comunidad; aunque cada vez que un cretino me venía con el cuento de que mis vecinos perdían aceite y que pegaba el trasero a la pared del ascensor cuando coincidía con alguno, siempre le contestaba lo mismo: me llevo muy bien con ellos, son buena gente y, sobre todo educados (haciendo hincapié en el adjetivo); ¿te han molestado alguna vez?, con lo cual yo les parecía más raro todavía. Las señoras eran más discretas, sobre todo las jóvenes. ¿Será verdad que les encanta tener amigos homosexuales? Con el tiempo se impuso el sentido común de la convivencia y la mayoría se desprendió al menos del barniz de sus ídolos baconianos de la caverna, o sea, de sus prejuicios ancestrales.

Les devolvimos la visita con un pequeño obsequio, una maceta de cerámica con planta de interior. Me sorprendió el desorden de las habitaciones. Sin motivo porque el desorden carece de referencia sexual.  Nos tomamos con ellos unas cuantas cañas en los bares del barrio. Les gustaba la cocina cosmopolita, restaurantes marroquíes, tailandeses, japoneses, mexicanos... Compartimos mesa y mantel algunos fines de semana. Incluso asistimos a su boda en la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid. Las bodas homo duran el triple que las hetero. Hubo interminables discursos de casi todos los invitados y se leyeron un sinfín de epitalamios. Fue gloriosa la salida de los novios entre pétalos de rosa y rociada de arroz vestidos con trajes blancos y pajarita hasta un reluciente Citroën de época con chófer que les esperaba en la puerta para llevarlos a Barajas y volar a la isla griega de Mykonos. Al revés que la norma, decidieron celebrar el enlace a su regreso sólo con un grupo reducido de los íntimos. Nada de contribuir al creciente negocio de los convites de boda.

Admitían que los gays masculinos son una subcultura con unos marcados rasgos diferenciales: gastronómicos (comida queer; las afirmaciones del libro de Simon Doonan Los gays no engordan son divertidas pero falsas), informáticos (prefieren los ordenadores Mac de Apple, una marca cool), sexuales (según ellos, sólo la mitad de los varones practica la penetración anal), muebles (les encantan los lacados, los biombos y las mesas pink market), la ropa de diseño trendy con simbología propia o los gimnasios fitness para repulir el tipo y lucir las prendas de moda (no siempre ceñidas).

En otra ocasión charlamos sobre del día del orgullo gay. Les dije que nunca había ido a verlo pero que me hacía una idea por los videos en las redes sociales y los documentales. Ellos habían estado el año pasado. Opiniones hay para los colores de la bandera arcoíris, dijeron, pero que a ellos, excepto las reivindicaciones en defensa de los derechos civiles y le solidaridad con las salidas del armario de políticos, famosos de la farándula y futbolistas, les parecía un desfile bastante chocarrero; en ocasiones de un erotismo pasado de rosca y un exhibicionismo que se acercaba a lo grotesco. Demasiados gritos obscenos y gestos de dudoso gusto. O la parafernalia de las carrozas kitsch. Un escandalazo, dije. Más o menos, aceptaron. Sergio insistió en el tema. Decididamente no me convence el término “colectivo”. Un colectivo es un agregado estadístico con una propiedad social que los agrupa aunque, en realidad, cada uno es, como se dice castizamente, “de su padre y de su madre". El término “colectivo” tiene en todo caso un significado abstracto; útil para la sociología pero inservible para el mundo de la vida. Como escribió en sus memorias aquel ilustre veneciano que fue Giacomo Casanova todo ser del que no se podía tener más que una idea abstracta sólo podía existir en abstracto. Sería como decir que Casanova perteneció al colectivo de los libertinos y el resto de su apasionante biografía pudiera ser resumida con ese estereotipo. Ni siquiera el colectivo homosexual (ellos y ellas) es homogéneo como prueba su compleja varianza, añadió Goyo.

Somos gays “convencionales”, me confesaron antes de marcharse a pasar las vacaciones de Pascua con sus familias. No hemos frecuentado los bares homo de Malasaña, ni siquiera antes de conocernos. Tenemos la certeza de que hay algo morboso y artificial en esos ambientes. Por cierto, ¿te parece la homosexualidad una práctica antinatural? Como me esperaba la pregunta trampa tenía preparada la respuesta. El problema reside, diserté, en definir el término “natural”. Es obvio que hay hombres y mujeres por asignación de cromosomas, pero de ahí no se sigue nada. No existe ningún estudio que relacione la homosexualidad con una base genética sólida. Investigadores de la Universidad de Harvard y el Massachusetts Institute of Technology (MIT) escanearon el genoma completo de casi medio millón de personas y se encontraron con que miles de variantes genéticas tenían relación con el quince por ciento del comportamiento homosexual. Lo cierto es que la mayoría de las conductas humanas no son naturales sino culturales. Antes nos referíamos a la compleja tipología homosexual. Todo parece indicar que la homosexualidad y sus variantes son meramente adquiridas. ¿Y qué? Cada cual escoge la sexualidad que más le gusta y, en mi opinión, ahí acaba la polémica.