viernes, 15 de mayo de 2026

Los viajes en crucero

 

Uno de los acontecimientos históricos más reseñables del siglo XXI es ese movimiento intergeneracional que ha sido denominado, como no, por los franceses, Les nouveaux voyageurs. Jóvenes de veinte o menos, matrimonios treintañeros, jubilados añejos y ancianos del último viaje, se lanzan y relanzan a hollar con sus pies los lugares más bellos, célebres o recónditos del mundo. Las causas hay que buscarlas en las facilidades de información y contratación desde internet que permiten ir al faro del fin del mundo desde tu móvil, a la proliferación de vuelos de bajo coste o a la dura competencia entre las agencias para tentarnos (sobre todo en temporada baja), con hoteles, casas rurales, campings, pisos turísticos o madrigueras en los escondrijos más insólitos. Asistimos, afirman, al resurgir de una nueva forma de vitalismo colectivo, al impulso de ensanchar geográficamente el horizonte existencial, un retorno al espíritu del Renacimiento y una nueva concepción del hombre dignos de ser estudiados por la psicología social. Sin duda, concluyen, es la cara más amable de la globalización y de las secuelas antropológicas de la pandemia del coronavirus. En román paladino: nadie quiere ser el muerto más rico del cementerio.

Podemos enumerar una lista interminable de formas de hacer turismo: de intercambio, multipropiedad, ecológico, gastronómico, solitario, de autocaravana, mochilero, de camping, de rutas radiales, de la tercera edad, de borrachera, sexual… Y me dejo muchas variantes. Entre otras el turismo de crucero, a propósito de las inquietantes noticias de los contagios a bordo del MV Hondius de varios pasajeros y algún tripulante por un brote de Hantavirus Andes, una variante altamente peligrosa que puede trasmitirse por contacto entre personas infectadas. Un patógeno letal olvidado por las grandes farmacéuticas al ser infrecuente su eclosión y, por tanto, un mal negocio para los laboratorios.  

Hay tres tipos básicos de turismo de crucero: de lujo, megacruceros y de expedición.  El crucero de lujo, a bordo de yates exclusivos o “barcos íntimos” con pocos pasajeros y mucha tripulación, ofrece un servicio personalizado, suites amplias, alta cocina, fondeos en solitarias calas y excursiones improvisadas.  

Un megacrucero es una variante del circuito de turismo por el mar con paradas en los puertos más señalados, salida del barco a tu aire o en visita organizada y vuelta a dormir al camarote. Abstenerse claustrofóbicos, misántropos y adictos a la biodramina. Un moderno trasatlántico es una ciudad flotante con más de cuatro mil pasajeros y mil quinientos tripulantes. Tiene más instalaciones de recreo, cultura, restauración, esparcimiento y deportivas que la mayoría de las capitales de provincia. Por ejemplo, cine, pista de patinaje, discoteca, piscina climatizada, gimnasio, casinos, salas de jacuzzi o centro de golf con tecnología biomecánica… Conviene informarse sobre qué servicios son gratuitos y cuáles no. El precio básico es asequible para una oferta tan épatante. Lo que no te cuentan los folletos (o sólo en letra pequeña) es que muchos servicios hay que pagarlos aparte. Puedes comer en el restaurante principal si no eres muy exigente; pero si te sientas en los restaurantes de especialidad o en los pabellones de gastronomía internacional la cuenta te sube un pico. Otro inconveniente es que hay camareros que pasan a todas horas con bandejas de pinchos, frituras y canapés… Y barra libre a jornada completa. A partir de la segunda semana se dispara al alza la curva de las desavenencias matrimoniales, la mala educación de los hijos y el consumo de copas y combinados. Al final cada cual va a su aire. La cena semanal de Gala con el capitán es un remedio latente para rebajar las tensiones y restablecer la cohesión social. Cuando vuelves al dulce hogar no cabes por la puerta. Es preferible comprarte ropa nueva a perder peso mediante duras privaciones y promesas imposibles de cumplir. Si eres de los que les gusta viajar tranquilo e inventar sobre la marcha, lo mejor es que te lo pienses antes de reservar el pasaje. Las escalas suelen ser cortas, lo que supone visitas apresuradas a los sitios de interés. Si vas en grupo organizado (factura aparte) tienes que ajustarte a un horario rígido con madrugón incluido para ir a marchas forzadas detrás de la bandera de un guía que te lleva por museos, galerías y monumentos largando rutinarias explicaciones. O desconectas o acabas con la cabeza como un bombo. La saturación turística devalúa el patrimonio histórico y cultural hasta convertirlo en un parque temático intransitable.

Otra variante de los recorridos relámpago en las grandes ciudades es el autobús panorámico. La azafata se limita a nombrar los monumentos más importantes que miras a toda prisa sin enterarte de nada mientras el televisor del autobús proyecta un documental en 4K sobre la ciudad con música étnica. Muchos prefieren mirar la pantalla. Al acabar la jornada eres una víctima más del abuso de la cantidad del estímulo. El tiempo se alarga como en la teoría de la relatividad. Al tercer día parece que llevas un mes fuera de casa. Si me obligaran a embarcarme pasaría la mayor parte de la travesía leyendo a Lord Jim o Muerte en el Nilo en sillones confortables y la noche de la cena del capitán en mi camarote viendo en la pantalla del ordenador Tormenta perfecta.

El objetivo del turismo de expedición, el caso del MV Hondius, es la exploración de destinos remotos, islas exóticas, selvas vírgenes, desiertos o altas montañas. Sitios de riesgo. El MV Hondius zarpó de Ushuaia en el sur de Argentina con 149 pasajeros de 23 nacionalidades a bordo, entre ellos 14 españoles, y 57 tripulantes, 13 guías y un médico. Navegaría por el Atlántico Sur con paradas en las islas Sandwich, Georgias del Sur, Tristán de Acuña, Santa Elena, Ascensión y arribada en las Canarias. La pareja holandesa, los primeros fallecidos, considerada el caso índice del brote, llevaba cuarenta días y cuarenta noches viajando por lugares endémicos del virus Andes en el Cono Sur americano (Argentina, Chile y Uruguay). En mi opinión es imposible que una cultura comprenda realmente a otra, pero esto nos distrae del tema. Otras hipótesis apuntan a que el primer foco de contagio estaría relacionado con excursiones de observación de las aves en zonas cercanas a residuos con presencia de roedores. El MV Hondius tampoco tenía un pasaje cerrado. Al menos 30 pasajeros desembarcaron en Santa Elena el 24 de abril. Las autoridades sanitarias los andan buscando por el ancho mundo.

P.D. Rememoremos el descubrimiento de América por Cristobal Colón, proseguido por los conquistadores Hernán Cortés, Francisco Pizarro y tantos otros. Los nativos indígenas al carecer de inmunidad contrajeron enfermedades mortales traídas por los españoles lo que provocó una catástrofe demográfica devastadora por enfermedades como la viruela, el sarampión, la gripe o el tifus. Es curioso que los partidarios de la “Leyenda negra” no insistan en esta plaga. Las hazañas belicosas de Hernán Cortés en México y el desembarco y evacuación en Tenerife de los pasajeros del MV Hondius han dado pie a enjundiosas declaraciones de reputados personajes del páramo político; por cierto, dislates parecidos a las teorías de la conspiración de Florentino (¡deje en paz al atleti, por favor!).  

jueves, 7 de mayo de 2026

Atlético de Madrid. Balance de la temporada

El título del libro del poeta inglés William Blake, “El matrimonio del cielo y el infierno” es una metáfora acertada de la esencia del fútbol. De la alegría irrefrenable por el triunfo a la depresión profunda por la derrota. Una y otra se desbordan o se agudizan según lo que está en juego sobre el césped. Es un deporte donde resulta imposible alcanzar el justo medio aristotélico: saber ganar y saber perder. El juego limpio es una máscara veneciana del negocio planetario que los organismos oficiales y el periodismo deportivo intentan convertir en una exigencia moral que nadie respeta y a todos engorda. Sin bronca no hay paraíso. Traté de explicarlo en una de mis antiguas entradas del blog que aún, creo, tienen vigencia: ¿Por qué nos gusta el fútbol? Los incondicionales del Atlético de Madrid somos un ejemplo del matrimonio de Blake. Todavía me acuerdo del cartel publicitario de un “añito en el infierno” (que fueron dos) tras descender a Segunda División hace veinticinco años.  

Esta vez quiero referirme al equipo desde una crítica de la razón futbolera. En principio, hay dos maneras de valorar los resultados de una temporada prácticamente acabada. Desde una perspectiva optimista el año que viene volvemos a estar en las bolas calientes de la Champions, hemos llegado a la final de la Copa del Rey y a las semifinales de la máxima competición europea, lo que supone estar entre los “cuatro mejores” y un río de oro para las arcas. Desde una perspectiva realista nos hemos descolgado de la lucha por la Liga en la segunda vuelta tras demostrar una irregularidad impropia de un aspirante al título frente a los equipos menores. Hemos cometido errores de bulto, regalos inadmisibles en la Copa del Rey (penaltis incluidos) y nos ha faltado ambición y contundencia en la semifinal europea. Tres decepciones en cualquier caso.

No le faltan argumentos a Conor Gallagher, exjugador rojiblanco recién traspasado en Enero al Tottenham Hotspur, cuando afirma en una entrevista que el Atlético no está a la altura del Real Madrid, del Barcelona o de los grandes expresos europeos porque en los momentos decisivos contra equipos serios con intensidad y movimiento se queda corto. De lo cual surge una nueva antinomia. Tesis. El Cholo debe mantenerse fiel al estilo secular del Atlético: defensa rocosa, centro agresivo y contrataque letal. Nosotros somos quien somos. La solución no es cambiar al entrenador sino proporcionarle jugadores de más calidad. No es de recibo que veteranos como Koke o Griezmann sean titulares imprescindibles y partido a partido los pilares del conjunto. Dicho de otro modo, el atleti es un buen equipo, pero no un gran equipo. El nuevo accionista mayoritario, el fondo de inversión estadounidense Apollo Sports Capital, tendrá que reforzar con una lluvia de millones todas las líneas si quiere ascender los peldaños que todavía faltan. Y contar con Simeone.

Antítesis. El Cholo sigue manteniendo los mismos esquemas tácticos de hace diez años obsoletos para el fútbol moderno: desplazamientos veloces, presión en todo el campo, alarde físico y definición. Rodri Hernández, ex atlético, uno de los mejores centrocampistas del mundo y último balón de oro para agravio y espantada de Florentino, planteó a Simeone sin cortarse un pelo que no estaba dispuesto a jugar noventa minutos en bloque bajo como un central más a la espera del fallo del contrario y salir a la carrera. Lo suyo era acariciar el cuero y ponerlo en el sitio. Simeone le suplicó de rodillas que se quedara, pero finalmente fichó por el Manchester City en 2019 por setenta millones de euros. Un pésimo negocio. Me temo que Julián Álvarez tiene también malos pensamientos. Esperemos que no sean de palabra y obra. El Barça de las palancas y los milmillonarios de la Premier League están al acecho. Se impone un golpe de timón en la dirección técnica.

La mejor afición del mundo, la que llenaba el Calderón incluso en el infierno, empieza a tener serias dudas y cabreos. Nadie cuestiona, al contrario, lo que el Cholo, una leyenda, ha hecho por un club que antes de su llegada era un barco al garete. ¿Pero saca a esta altura determinada de los tiempos el mejor partido de los jugadores que pasan por sus manos o más bien los acorta con sus poco ambiciosas pizarras? La inversión 2025/26 ha sido de 230 millones de euros. Fichajes contrastados no han respondido a las expectativas. Demasiadas lesiones de largo alcance y un fondo de armario amplio pero poco solvente. Siempre nos quedará la cantera. En fin, dejo un enlace de entradas y salidas de jugadores para los que quieran sacar sus propias conclusiones. Las mías me las guardo por respeto a los colores. ¡Aúpa Atleti!

miércoles, 29 de abril de 2026

¿Sabemos qué es la inteligencia?

 

Utilizamos con frecuencia el término “inteligencia”. ¿Pero conocemos su significado preciso? Wittgenstein propone en las Investigaciones filosóficas que el significado de un término consiste en su uso en el contexto lingüístico apropiado. Un hablante con una competencia comunicativa normal lo entenderá sin dificultad. En realidad, no podemos asignar un sentido fijo a un término ya que varía según el contexto. Y puesto que el lenguaje natural está bien hecho no debemos violentar el uso correcto que la gramática establece para cada entorno o situación. Se trata de un criterio de significado de carácter pragmático. Podemos dedicar un par de horas de una tarde lluviosa a jugar con los amigos a ver quién es capaz de decir más frases con el término inteligencia y luego explicarlas. El que vence es el más inteligente.  "Lo que más valoro en un hombre es la honestidad, la inteligencia y el sentido del humor", toma la palabra la más joven...

Pero si aceptamos tal criterio la pregunta es: ¿Cómo debemos usar el término inteligencia en un contexto científico? En tal caso la gramática contextual sirve de poco porque hay que definir desde la nada el significado. El contexto es el marco teórico donde se funda el término. Una ardua historia de dualismos, potencias del alma y entendimientos agentes y pacientes que pasamos por alto hasta la edad contemporánea.

A finales del siglo XIX, Francis Galton en su obra El genio heredado (1869) consideró a la inteligencia una capacidad innata o “potencia mental” de origen biológico resultado de la herencia genética o resultado único de la recombinación de genes. Suponía además que uno era listo o tonto durante toda la vida; su caletre no empeoraría por más que se dedicara a perder el tiempo en minucias ni mejoraría aunque se entrenara a diario en abstrusos laberintos. Finalmente, Galton daba por hecho que la inteligencia era una facultad unitaria, es decir, se manifestaba siempre en cualquier conducta o situación. Cuesta no ser escéptico: todos demostramos en ocasiones oficio y maneras, pero en otras, ¡ay! por qué negarlo, bordeamos o estamos fuera de la normalidad. Podría citar a numerosos políticos cuya inteligencia social es equivalente a la de la horda de homínidos enfrentados por la hegemonía territorial.

La escuela multifactorialista norteamericana, encabezada por Louis L. Thurstone, criticó la concepción unitaria de la inteligencia. Negó la existencia de un factor general (el controvertido factor G) al que se supeditan el resto de las capacidades intelectuales. Fragmentó la inteligencia en un conjunto de habilidades o factores primarios y secundarios relacionados con las actividades mentales (percepción, memoria, aprendizaje, lenguaje, razonamiento), lo cual transforma el concepto en un excesivo despliegue de aptitudes relacionadas con la totalidad del psiquismo. El que mucho abarca poco aprieta. En los sesenta, J.P. Guilford, afinador de la teoría multifactorialista, propone un inextricable modelo que incluye ciento veinte aptitudes distintas que operan de forma específica. Un desparrame imposible de controlar experimentalmente.

La psicología diferencial, exigente con el rigor matemático, define la inteligencia “como la escala numérica que miden los test”. Actualmente hay más de cincuenta test de inteligencia que se utilizan para determinar el denominado Cociente Intelectual (CI). Se utilizan en los sectores más diversos: orientación pedagógica, selección de personal, aptitudes para el deporte, diagnósticos clínicos... El problema es si los test psicométricos miden sólo la inteligencia o más bien otras variables asociadas: la clase social del sujeto, los medios de que ha dispuesto para su formación, la socialización que ha interiorizado, el sistema de interacción que desempeña o las oportunidades que ha tenido durante su vida… En resumen, los instrumentos que se utilizan para medir la inteligencia están contaminados por el estatus y la cultura.

La psicología cognitiva, propensa al fárrago, complica también el problema y define la inteligencia, a imagen y semejanza de las computadoras, como “procesamiento simbólico de la información”. La inteligencia está conformada según este modelo por la interacción (término que evoca la noche en que todos los gatos son pardos) de elementos componenciales (recursos intelectuales), experienciales (pensamiento divergente), contextuales (adaptación y modificación de entorno) y emocionales (control, motivación y autoconocimiento). ¡Que los zurzan por pelmazos y envolvernos con tediosos malabarismos verbales!

Terminamos el recorrido con la "teoría de las inteligencias múltiples" del insigne psicólogo de Harvard Howard Gardner. Enumera ocho tipos de inteligencia independientes: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, psicomotriz, intrapersonal, interpersonal y naturalista. Sin entrar en más detalles sobre este notable proyecto, se me ocurren otros ocho tipos tan dignos de ser tenidos en cuenta como los anteriores: lectora, erótica, humorística, pecuniaria, estética, filantrópica, deportiva y ociosa.

Este aluvión de especulaciones teóricas complican más que clarifican lo que entendemos por inteligencia. Lo cierto es que no hay una distancia epistemológica apreciable entre las humanidades y las ciencias humanas por más que estas últimas traten de convencernos con espesos argumentos metodológicos de su condición de tales. Es más, sus conjeturas están más cerca del plomizo ensayo filosófico que de la investigación científica.

Si preguntamos a la inteligencia artificial qué es la inteligencia natural compone un refrito de las teorías anteriores (se alimenta de internet) y finaliza: En resumen, la inteligencia es una capacidad integral que nos permite sobrevivir, interactuar y prosperar en el entorno. Muchos personajes del ancho mundo se permiten las tres características y no los calificamos de inteligentes sino de… y aquí caben otros adjetivos más gruesos.

Les propongo visitar este inabarcable sitio web donde escritores, filósofos, artistas y científicos, entre otros, ofrecen su particular e ingeniosa definición de la inteligencia. 

Para mí son inteligentes por este orden Sherlock Holmes, el Padre  Brown y Hércules Poirot.

jueves, 23 de abril de 2026

Las conjeturas de la mente

No tenemos un conocimiento contrastado empíricamente sobre los dos conceptos centrales de la psicología: conciencia y mente. También lo son para la inteligencia artificial (IA Teoría de la mente). La relación entre la mente y el cerebro es la conjetura más antigua de la antropología filosófica aún sin resolver desde los Presocráticos. La teoría más aceptada sobre la conciencia y los estados mentales es el emergentismo. Su principal supuesto es que el cerebro es un biosistema cuántico compuesto de neuronas, conexiones sinápticas, lóbulos y áreas especializadas con dos tipos de propiedades: las resultantes, neurofisiológicas, que poseen por separado algunos o todos los componentes del biosistema y las emergentes que sólo las posee el cerebro como totalidad integrada o unidad funcional. Las propiedades emergentes dependen de las resultantes, pero las superan hasta constituir una nueva propiedad: el psiquismo. Una neurona, una red de neuronas, incluso un área neuronal no tienen en sí mismas propiedades mentales, pero los ochenta y seis mil millones de neuronas del cerebro (cada neurona puede conectarse con otras, formando una red de hasta un cuatrillón o mil billones de sinapsis) interactuando en un sistema único y cooperativo han conseguido finalmente producirlas: el conocido pienso, luego existo. La base cuántica del biosistema consiste en que las propiedades emergentes no pueden explicarse causalmente ni predecirse de forma determinista a partir de las resultantes. La actividad mental se rige conjuntamente por el principio necesitario de causalidad y el principio probabilístico de indeterminación (segunda conjetura). Algo evidente si observamos la conducta humana individual y colectiva así como el fracaso de las ciencias sociales cuando intentan formular leyes. Un ejemplo sencillo son las encuestas preelectorales. Su margen de error es considerable. Además la observación del fenómeno altera el resultado.

Si la inteligencia artificial en un futuro todavía lejano implementara una máquina capaz de emular las propiedades emergentes del cerebro tendría conciencia y estados mentales equivalentes a los humanos. El problema es que con la tecnología actual no podemos tener un conocimiento científico del órgano que lo produce. La relación entre el cuerpo y la mente es un enigma que todavía no hemos convertido en un problema porque donde hay un problema real hay una solución científica. El cerebro es incapaz de conocer al cerebro.

El paradigma mayoritario sobre la mente es la Psicología Cognitiva. Hay teorías alternativas: el neoconductismo, el psicoanálisis, el conexionismo… La Psicología Cognitiva concibe la actividad mental como procesamiento de la información. Se basa en la denominada metáfora del ordenador. Los desarrollos actuales de la inteligencia artificial se siguen de esta analogía. El funcionamiento de la mente es semejante al de una computadora de propósito universal, es decir, un mecanismo válido para procesar cualquier tipo de datos. El cerebro es el hardware o soporte físico que hace posible tal procesamiento. Ahora bien, el hardware precisa de un software para gestionarlo, a saber, un sistema operativo y unas aplicaciones.

El cerebro está dotado de un doble sistema operativo lógico-lingüístico que constituye el software básico de la mente: incluye los principios de la lógica formal impresos neurológicamente y la gramática profunda o universales lingüísticos innatos (tercera conjetura). A su vez, los procesos cognitivos constituyen el software funcional de la mente. Está formada por un conjunto de módulos independientes aunque comunicados e interrelacionados. Son los programas que se ejecutan sobre el sistema operativo: procesos informativos (sensación, percepción, esquemas perceptivos), representativos (memoria, aprendizaje), intelectivos (inteligencia, creatividad, lenguaje) y emotivos (sentimientos, emociones, pasiones). El lenguaje forma parte del software básico como gramática profunda (innata) y del software funcional como gramática superficial (aprendida) que incluye los sistemas fonológico, morfológico, sintáctico, semántico y pragmático de una lengua.

La existencia de teorías alternativas sobre la conciencia y la mente revela que no podemos hablar en sentido estricto de psicología científica sino de un saber no demostrado que aspira a convertirse en ciencia cognitiva. Sólo del progreso indefinido de la IA Teoría de la Mente podemos esperar una repuesta acabada y completa a las conjeturas de la relación mente-cerebro. Mientras tanto lo más aconsejable es seguir leyendo los Episodios Nacionales.

jueves, 16 de abril de 2026

Inteligencia Artificial. Teoría de la Mente

 

La Teoría de la Mente data de 1978. Los psicólogos David Premack y Guy Woodruff la definieron como la capacidad de comprender los pensamientos, creencias e intenciones de los demás e intentaron probarla sin demasiado éxito en chimpancés. Casi medio siglo después vuelve a estar en el centro de atención de la comunidad científica por los avances de la inteligencia artificial.

La Teoría de la Mente (ToM) es una habilidad innata y esencial que se desarrolla por etapas durante la infancia. Consiste en entender, diferenciar y comparar los estados mentales de uno mismo con los de los demás. Se adquiere mediante las relaciones interpersonales y las interacciones sociales. Se completa en torno a los 4 a 5 años cuando el niño interioriza que otros pueden tener pensamientos, deseos y creencias distintas a las propias. A partir de entonces afina, probablemente durante toda la vida, la habilidad de captar ironías, sobrentendidos, malentendidos, mentiras, deslices o torpezas (ToM avanzada). La destreza de asumir perspectivas distintas y contrapuestas es la base del comportamiento en los innumerables contextos mundanos.

La IA Teoría de la Mente busca modelos que infieran las creencias, intenciones, sentimientos y usos contextuales de la mente humana para predecir respuestas apropiadas. El proyecto ha pasado de ser un desafío teórico a un terreno de avances incipientes. Por supuesto, sus logros no deben confundirse con la autoconciencia introspectiva de los procesos mentales ya que las respuestas predictivas de la IA son una simulación computacional mediante patrones estadísticos y datos entrenados que simulan los mecanismos del pensamiento. La inteligencia artificial no puede “comprender” nuestra experiencia interior porque la mente es (por el momento) un ámbito privado. Un algoritmo reconoce exclusivamente conductas observables, sean operantes, simbólicas (el lenguaje, entre otras) o gestuales para predecir respuestas empáticas probables.

Los grandes modelos de lenguaje (LLMs) han demostrado superar las pruebas clásicas de la Teoría de la Mente llegando a niveles comparables a los de un niño de 9 años. Las más utilizadas (que invitamos a consultar) son, por este orden, la teoría de la falsa creencia, la tarea de los contenidos inesperados, las historias de falsas intenciones, los problemas de la transferencia imprevista y los juegos simbólicos. Un análisis detallado revela que los avances hasta ahora son valiosos pero limitados. Estudios recientes indican que más del 70% de modelos de IA en interacción humano-máquina alcanzan resultados de inferencia social básica. En un futuro lejano la Teoría de la Mente trataría de perfeccionar la amplia gama de modelos de IA que interactúan con los humanos: robots de apoyo que anticipan necesidades emocionales, asistentes personalizados, programas de conversación o chatbots que detectan intenciones implícitas y asistentes de producción textual que captan los matices estilísticos y expresivos de la escritura. En resumen, la computación cuántica es la gran esperanza de una teoría que trata de mejorar la relación entre personas y máquinas. Obviamente entre sus usos, en los confines de la ética social, está la ingeniería de la conducta con fines predictivos, prescriptivos y adictivos. Esto conlleva el debate sobre el riesgo más que probable del control por las empresas de los mercados y por los gobiernos de la opinión pública.

Michal Kosinski, reconocido psicólogo de la Universidad de Stanford, uno de los impulsores actuales de la Teoría de la Mente en la IA, afirma que modelos de lenguaje como GPT-4 muestran un avance decisivo por su potencial futuro (y también por sus riesgos). Las máquinas interactúan con los humanos de una forma cada vez más comprensiva y empática. Aunque por el momento no se ha superado la barrera de los 9 años, Kosinski asegura que el horizonte de la IA Teoría de la Mente es inimaginable. De ahí sus augurios futuristas viralizados en las redes sociales y publicados en revistas de divulgación.

No olvidemos que estamos observando un progreso exponencial, ya que los modelos de IA duplican su rendimiento cada año. En otras palabras, si cree que ha habido muchos avances hasta hoy, recuerde que los próximos 12 meses traerán tanto progreso como el que observamos desde los primeros modelos de IA. Por lo tanto, si está sorprendido con el modelo GPT más reciente, tenga en cuenta que el próximo será dos veces mejor y así sucesivamente. Y el progreso traerá nuevas propiedades emergentes que desconocemos. Nos olvidamos de que es poco probable que las propiedades de la mente humana, como la conciencia o las emociones, sean lo máximo que un cerebro, compuesto de redes neuronales interconectadas, pueda lograr en el universo. Es probable que una mente tenga capacidades que nosotros no tenemos ni podemos anticipar. Y, con esa lógica, es probable que la IA pronto descubra propiedades mentales que ni siquiera hemos empezado a intuir.

Podemos prolongar en la dirección inversa las consecuencias de esta reflexión. No se trata de lo que las máquinas pueden aprender de la mente, sino de lo que podemos aprender de las máquinas sobre la mente. Es decir, considerar a la IA no sólo como una tecnología, sino como una herramienta para explorar el pensamiento humano. El objetivo de emular los procesos mentales sería comprender cómo surgen y se organizan en nosotros mismos. Mediante la construcción de modelos cibernéticos que reproducen los procesos cognitivos y emocionales pondríamos a prueba teorías sobre el funcionamiento de la mente; investigar la naturaleza de los procesos informativos (sensación, percepción, esquemas perceptivos) representativos (memoria, aprendizaje), intelectivos (inteligencia, creatividad, lenguaje) y emotivos (sentimientos, emociones, pasiones). Desde esta nueva perspectiva la IA Teoría de la Mente no es sólo una ingeniería de sistemas informáticos, sino un saber interdisciplinar donde convergen la computación, la ciencia cognitiva, la lingüística, la lógica, la neurobiología y la filosofía.

¿Filosofía? Lo cierto es que no tenemos un conocimiento científico contrastado sobre conceptos como conciencia, mente o inteligencia.

martes, 7 de abril de 2026

Inteligencia artificial generativa

 

Los especialistas distinguen dos modelos reales de Inteligencia Artificial según sus capacidades operativas y desarrollo tecnológico: las máquinas reactivas y la IA de memoria limitada. Y tres posibles en un horizonte lejano e incierto de las que nos ocuparemos en otro momento: IA Teoría de la mente, Inteligencia Artificial General y Superinteligencia Artificial. En todo caso, no debemos obsesionarnos con las profecías utópicas o distópicas sobre el advenimiento determinista de una Arcadia digital o sobre el reino de las máquinas y la extinción o sumisión de la especie humana. Su lugar natural son los guiones de películas futuristas (algunas excelentes), las historietas del género y la literatura de ciencia ficción. 

Las Máquinas Reactivas son los modelos más simples de IA. Algunos expertos ni siquiera la consideran tal. Son código programado de entrada y salida. Están diseñadas para realizar funciones específicas mediante reglas predefinidas. Son algoritmos eficientes para tareas automatizadas, pero no tienen capacidad de autoaprendizaje. Precisan de un agente externo, los desarrolladores de software, para aumentar sus conocimientos. Procesan la información para decidir en tiempo real las soluciones correctas. El ejemplo más conocido es la vieja supercomputadora Deep Blue de IBM que derrotó al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov en 1997, capaz de procesar hasta 200 millones de posiciones por segundo. Nada que ver con las actuales. O los desesperantes operadores telefónicos de atención al cliente, meros árboles de decisión que gestionan las consultas de los usuarios mediante comandos de texto o audio. 

La Inteligencia Artificial de memoria limitada funciona también con reglas programadas o patrones aprendidos. A diferencia de las máquinas reactivas almacena datos de un pasado reciente por un corto periodo de tiempo para optimizar sus decisiones puntuales. Aprende por sí misma de datos anteriores, aunque no los almacena de forma permanente. Sólo tiene memoria a corto plazo. Los asistentes virtuales (Siri, Alexa), recuerdan lo que se les dice al inicio de una interacción a fin de dar una respuesta coherente, pero olvidan estos datos una vez que se cierra la sesión. O el software de los automóviles en los sistemas de asistencia a la conducción y en los vehículos autónomos: los sistemas críticos de seguridad (el control de estabilidad, el frenado automático de emergencia o el asistente de mantenimiento de carril) actúan instantáneamente en función de los datos actuales de los sensores (velocidad, distancia, ángulo de giro), pero no "recuerdan" el coche que pasó hace 5 minutosTambién la robótica avanzada, una ingeniería dedicada al diseño de máquinas capaces de desempeñar tareas humanas, utilizan programas, redes neuronales y sensores para procesar datos de los últimos segundos o minutos y tomar decisiones inmediatas. 

La Inteligencia Artificial generativa es un subconjunto mejorado de la IA de memoria limitada. Ofrece una amplia gama de medios para los creadores de contenido. Se basa en la combinación de grandes volúmenes de datos (procedentes de internet) y la capacidad de computación para simular procesos de inteligencia humana. Utiliza el aprendizaje automático (machine learning) y profundo (deep learning) para identificar patrones estadísticos, razonar, aprender y tomar decisiones autónomas. Tiene, por tanto, la capacidad de ser alimentada por los programadores y de alimentarse de las ilimitadas interacciones que tiene con los usuarios. Es la más popular (Google la integra en su navegador). Según el contenido se divide en modelos especializados de lenguaje capaces de buscar información mediante motores diversificados (Deep search) con enlaces, citas y bibliografía; de procesar y generar texto; mantener conversaciones fluidas (chatbot) o traducir la mayoría de los lenguajes naturales. Las más utilizados son ChatGPT, Gemini, Claude, o Copilot. También hay modelos de imágenes y video, modelos de audio que incluyen voz y música, modelos de código capaces de generar fragmentos de programación y asistir a los desarrolladores de software. Los más avanzados son los modelos multimodales que integran varios formatos (texto, imagen, sonido) para ofrecer aplicaciones más completas y flexibles. Nos centramos en los modelos textuales (los multimodales requieren un capítulo aparte).

La IA generativa, aunque rápida y eficiente, tiene limitaciones. La búsqueda de información, como reconocen los propios creadores de modelos, no es totalmente fiable. Según los expertos podemos cuantificarla con una certeza del 75%. Esta limitación puede deberse a varios factores: la alucinación o invención de información falsa o no contrastada, errores en el filtrado de datos con las consiguientes respuestas disonantes, la falta de actualización o malinterpretación de la información, el sobreaprendizaje por exceso de datos sintéticos (creados por ella misma) que colapsa el modelo y le impide generar resultados de calidad, los documentos sesgados o manipulados y la variabilidad o respuestas erráticas, incluso inconsistentes, en función de la interpretación aleatoria del contexto de búsqueda.

El procesamiento y generación de textos resulta útil en lenguajes normalizados, entre otros de primer orden los diagnósticos clínicos, resoluciones judiciales, documentos administrativos e incluso textos científicos. Pero no funciona en las múltiples variantes de escritura creativa. Se pierde el estilo, iguala, no capta matices ni intenciones, se pierde con la expresión de emociones, aunque si insistes es capaz de aprender, corregirse e imitarte (lo cual es un juego de mesa absurdo).  

En las conversaciones trata de evitar un feedback equilibrado o reciprocidad en el intercambio de información. Siempre trata de aprovecharse de la que le puedas proporcionar para su entrenamiento mediante el efecto rebote (¿Primero dime tú que piensas o por qué te parece interesante?) o la derivación del retorno hacia cuestiones colaterales para implicarte otra vez sin aportar a su vez resultados sustantivos. Si insistes en esquivar su estrategia te contesta con extensas descripciones y clasificaciones sacadas de la web.

Las traducciones (sobre todo del inglés por razones acumulativas) son correctas. Ni siquiera los miembros del Cuerpo de Traductores e Intérpretes oficiales detectan errores gramaticales significativos en textos de escritura creativa. El problema es la traducción inversa: intenta ahora que el resultado sea devuelto a su texto original. Te llevarás una desagradable sorpresa. Se ha perdido el sentido y la enjundia de la entrada inicial. ¿Qué es lo que falla? Simplemente que carece de habilidades cognitivas que le permitan comprender, anticipar, manejar las intenciones, emociones y usos contextuales de la autoconciencia. Justo aquí comienzan las teorías de las inteligencias artificiales del futuro.  

viernes, 27 de marzo de 2026

Historia breve de la sexualidad

 

Lo bonito y atractivo gusta, de ahí que lo bello y lo bonito se hallen tan expuestos al peligro de ser devorados o explotados miserablemente.

Robert Walser, “Jakob Von Gunten

En los años severos de la posguerra el ethos dominante sobre lo que la sociedad española entendía por sexualidad era la doctrina oficial de la Iglesia católica sacada de las sesudas reflexiones sobre los principios de la ley moral de Tomás de Aquino (el primero de los católicos más perspicaces junto con Chesterton, José Bono y Juan Manuel de Prada). Según el teólogo medieval el fin primario de la conjunción de los sexos, aquella actividad que nos iguala a las bestias (sic), es la procreación y la educación de los hijos dentro de la familia, y el fin secundario, la satisfacción de la concupiscencia. La síntesis del instinto parental, la filiación y la pulsión sexual dio lugar a sombrías leyendas sobre sábanas moradas que cubrían las imágenes santas antes del obligado ayuntamiento conyugal o sobre camisones carmelitanos que se arrastraban por el suelo con ojales estratégicos.

Volvamos con los jóvenes. En los años setenta algo cambió. Tenía fama por entonces la “fila de los mancos”, es decir, la última bancada de los cines donde las animosas parejas trataban de dar licencia a sus pasiones. Un modesto viaje a Citera interrumpido por los siseos y las linternas cuando los trances amorosos subían de tono. El paradigma de esta sexualidad emergente fue el célebre caso del cipote de Archidona a principios de los setenta (que no me resisto a evocar) al que Camilo José Cela puso letra y música para darle el épico nombre de insólita y gloriosa hazaña. Dos novios de ese amable pueblo de la provincia de Málaga asistían a la consabida sesión de tarde en la que se anunciaba un anodino musical. Quizás por el hábito o por la búsqueda de sensaciones más intensas (dudo mucho que por la trama de la cinta), en un instante luminoso los jóvenes subieron el listón de sus tiernos tocamientos. A la joven se le fue la mano y el joven se dejó hacer mientras admiraba el virtuosismo de Ginger Rogers. El resultado natural de tan deleitoso lance fue un éxtasis amoroso que solo puede ser descrito con justeza mediante el primer cuarteto de El ciprés de Silos, el bello soneto de Gerardo Diego. 

Enhiesto surtidor de sombra y sueño

Que acongojas al cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

Devanado a sí mismo en loco empeño. 

La savia del mozo garrido se derramó abundante sobre las dos filas delanteras, y ante tal lluvia de oro es fácil imaginar el tumulto que se armó: los juramentos e imprecaciones de los directamente afectados, las burlas y remoquetes de las filas de secano, las risotadas del patio de butacas al percatarse del caso. Los novietes, corridos de vergüenza, salieron al galope por el pasillo lateral, abochornada ella por ser el móvil del delito y él subiéndose todavía los pantalones. Pasamos por alto las estúpidas denuncias de algunos implicados, demasiado susceptibles por algo que le puede pasar a cualquiera, y finalizamos el divertido episodio con las nupcias felices de la pareja como mandan los cánones y las indulgencias plenarias del pueblo.

Por los ochenta se produjo otro salto cualitativo en los usos y costumbres de los jóvenes que debe ser tenido por confirmación de la idea de progreso. Ahora, las parejas de tórtolos huían de los sofocantes cines para refugiarse en los coches. Nada de hoteluchos de tercera; en cuanto el encargado de recepción se olía la tostada los ponía de patitas en la calle. Tampoco se podían permitir los exclusivos hoteles de paso para parejas anónimas. Con el auto de papá, sin embargo, podían desplazarse a los parajes más ocultos de la jungla del asfalto: las callejuelas del arrabal sin farolas (o rotas a pedradas), el aparcamiento del supermercado en las afueras, demasiado concurrido a las doce de la noche, el calvero abierto entre los chopos, el camino solitario que se aleja de la carretera nacional. Un renovado Kama Sutra dentro del seiscientos. Por ejemplo: en los asientos delanteros, uno frente al otro o uno detrás del otro; en los asientos traseros, uno encima del otro con las ventanas abiertas para poder sacar las piernas o el clásico 69 convertido por falta de espacio en un humilde 33. El problema de estos encuentros es que la mayoría de las veces respondía al patrón desenfrenado del “aquí te pillo, aquí te mato”, sin ningún tipo de embarazosas precauciones o simplemente dejándolas de lado porque, en el fondo, el amor es un deporte de riesgo. A esto se añade el universal biológico de que las muchachas en flor se quedan encinta con sólo mirarlas. La conclusión necesaria de este silogismo práctico es que los embarazos no deseados brotaban como las flores de los almendros en primavera.

Con el nuevo siglo el efecto 2000 afectó sobre todo a la visión de la sexualidad en los jóvenes. Un ejemplo significativo es una parte de la entrevista que le hice como profesor de ética a una alumna de Segundo de Bachillerato para la revista del instituto que al final no se publicó por la censura conjunta del Departamento de Orientación, la Asociación de Padres y el ceño fruncido de la Junta Directiva (que respiró con alivio).

 P. ¿Crees que tu grado o nivel de información sobre la sexualidad es completo y adecuado o más bien pobre e insuficiente? 

A. Para mi edad creo que no está mal. Pero siempre se puede mejorar. Si hicieras el amor la mitad que yo serías feliz. Es broma. Estoy abierta a todo. Bueno, a casi todo. 

P. Recuerdas tu primeras experiencias sexuales, si es que no es una pregunta indiscreta.

A. Lo es, pero no me importa responder. En las vacaciones de verano en el chalet de mis abuelos nos lo pasábamos pipa con los amigos jugando a las prendas y al escondite. Tenía un morbo alucinante. Eso sí, si alguien se iba de la lengua podías prepara las maletas.  

P. ¿En tu opinión qué es el erotismo?

A. Lo mismo que la sexualidad. Una sexualidad sin erotismo como la de nuestros abuelos es un martirio chino. Por cierto, ya que no me lo preguntas te diré que el erotismo sin sexualidad compartida está muy bien pero hay planes mejores . 

P. ¿Es lo mismo el amor y la sexualidad?

A. No siempre. Supongo que eso vale para los novios y recién casados. Pero puede haber sexo sin amor y amor sin sexo aunque por un tiempo limitado; si se contenta con largar el rollo una retirada a tiempo es una victoria. Recuerdo una peli que alquiló mi hermano en el cine club que se titulaba ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?  

P. ¿Qué piensas de las relaciones prematrimoniales?

A. Pienso que para algo se inventaron los preservativos. A no ser que seas supercatólico es lo que hace todo el mundo. Ligarte a un chico para besarse en el sofá o meterse mano con el abrigo puesto está bien para una tarde, dos como mucho. Después, o cambias de tercio o cambias de novio. 

P. ¿Crees que los rasgos o características de la sexualidad masculina y femenina son distintos?

A. No entiendo bien la pregunta. Suena a cantada del siglo pasado. Físicamente son evidentes. Mentalmente, habría que preguntarles a los expertos: no lo sé. Me da la impresión de que son muy parecidas. Creo que se ha escrito mucho sobre el “misterio de la mujer” y otras chorradas. Cada cual a su manera pretende hacer feliz al otro y se acabó lo que se daba. 

P. ¿Qué opinas de la siguiente frase: “El fin primario de la sexualidad es la procreación y la educación de los hijos, y el secundario, la satisfacción de la concupiscencia”.

A. Déjame que mire en el móvil qué quiere decir “concupiscencia”. ¡Ah, ya veo! ¿Quién dijo eso? ¿Es una broma, no?