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viernes, 27 de marzo de 2026

Historia breve de la sexualidad

 

Lo bonito y atractivo gusta, de ahí que lo bello y lo bonito se hallen tan expuestos al peligro de ser devorados o explotados miserablemente.

Robert Walser, “Jakob Von Gunten

En los años severos de la posguerra el ethos dominante sobre lo que la sociedad española entendía por sexualidad era la doctrina oficial de la Iglesia católica sacada de las sesudas reflexiones sobre los principios de la ley moral de Tomás de Aquino (el primero de los católicos más perspicaces junto con Chesterton, José Bono y Juan Manuel de Prada). Según el teólogo medieval el fin primario de la conjunción de los sexos, aquella actividad que nos iguala a las bestias (sic), es la procreación y la educación de los hijos dentro de la familia, y el fin secundario, la satisfacción de la concupiscencia. La síntesis del instinto parental, la filiación y la pulsión sexual dio lugar a sombrías leyendas sobre sábanas moradas que cubrían las imágenes santas antes del obligado ayuntamiento conyugal o sobre camisones carmelitanos que se arrastraban por el suelo con ojales estratégicos.

Volvamos con los jóvenes. En los años setenta algo cambió. Tenía fama por entonces la “fila de los mancos”, es decir, la última bancada de los cines donde las animosas parejas trataban de dar licencia a sus pasiones. Un modesto viaje a Citera interrumpido por los siseos y las linternas cuando los trances amorosos subían de tono. El paradigma de esta sexualidad emergente fue el célebre caso del cipote de Archidona a principios de los setenta (que no me resisto a evocar) al que Camilo José Cela puso letra y música para darle el épico nombre de insólita y gloriosa hazaña. Dos novios de ese amable pueblo de la provincia de Málaga asistían a la consabida sesión de tarde en la que se anunciaba un anodino musical. Quizás por el hábito o por la búsqueda de sensaciones más intensas (dudo mucho que por la trama de la cinta), en un instante luminoso los jóvenes subieron el listón de sus tiernos tocamientos. A la joven se le fue la mano y el joven se dejó hacer mientras admiraba el virtuosismo de Ginger Rogers. El resultado natural de tan deleitoso lance fue un éxtasis amoroso que solo puede ser descrito con justeza mediante el primer cuarteto de El ciprés de Silos, el bello soneto de Gerardo Diego. 

Enhiesto surtidor de sombra y sueño

Que acongojas al cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

Devanado a sí mismo en loco empeño. 

La savia del mozo garrido se derramó abundante sobre las dos filas delanteras, y ante tal lluvia de oro es fácil imaginar el tumulto que se armó: los juramentos e imprecaciones de los directamente afectados, las burlas y remoquetes de las filas de secano, las risotadas del patio de butacas al percatarse del caso. Los novietes, corridos de vergüenza, salieron al galope por el pasillo lateral, abochornada ella por ser el móvil del delito y él subiéndose todavía los pantalones. Pasamos por alto las estúpidas denuncias de algunos implicados, demasiado susceptibles por algo que le puede pasar a cualquiera, y finalizamos el divertido episodio con las nupcias felices de la pareja como mandan los cánones y las indulgencias plenarias del pueblo.

Por los ochenta se produjo otro salto cualitativo en los usos y costumbres de los jóvenes que debe ser tenido por confirmación de la idea de progreso. Ahora, las parejas de tórtolos huían de los sofocantes cines para refugiarse en los coches. Nada de hoteluchos de tercera; en cuanto el encargado de recepción se olía la tostada los ponía de patitas en la calle. Tampoco se podían permitir los exclusivos hoteles de paso para parejas anónimas. Con el auto de papá, sin embargo, podían desplazarse a los parajes más ocultos de la jungla del asfalto: las callejuelas del arrabal sin farolas (o rotas a pedradas), el aparcamiento del supermercado en las afueras, demasiado concurrido a las doce de la noche, el calvero abierto entre los chopos, el camino solitario que se aleja de la carretera nacional. Un renovado Kama Sutra dentro del seiscientos. Por ejemplo: en los asientos delanteros, uno frente al otro o uno detrás del otro; en los asientos traseros, uno encima del otro con las ventanas abiertas para poder sacar las piernas o el clásico 69 convertido por falta de espacio en un humilde 33. El problema de estos encuentros es que la mayoría de las veces respondía al patrón desenfrenado del “aquí te pillo, aquí te mato”, sin ningún tipo de embarazosas precauciones o simplemente dejándolas de lado porque, en el fondo, el amor es un deporte de riesgo. A esto se añade el universal biológico de que las muchachas en flor se quedan encinta con sólo mirarlas. La conclusión necesaria de este silogismo práctico es que los embarazos no deseados brotaban como las flores de los almendros en primavera.

Con el nuevo siglo el efecto 2000 afectó sobre todo a la visión de la sexualidad en los jóvenes. Un ejemplo significativo es una parte de la entrevista que le hice como profesor de ética a una alumna de Segundo de Bachillerato para la revista del instituto que al final no se publicó por la censura conjunta del Departamento de Orientación, la Asociación de Padres y el ceño fruncido de la Junta Directiva (que respiró con alivio).

 P. ¿Crees que tu grado o nivel de información sobre la sexualidad es completo y adecuado o más bien pobre e insuficiente? 

A. Para mi edad creo que no está mal. Pero siempre se puede mejorar. Si hicieras el amor la mitad que yo serías feliz. Es broma. Estoy abierta a todo. Bueno, a casi todo. 

P. Recuerdas tu primeras experiencias sexuales, si es que no es una pregunta indiscreta.

A. Lo es, pero no me importa responder. En las vacaciones de verano en el chalet de mis abuelos nos lo pasábamos pipa con los amigos jugando a las prendas y al escondite. Tenía un morbo alucinante. Eso sí, si alguien se iba de la lengua podías prepara las maletas.  

P. ¿En tu opinión qué es el erotismo?

A. Lo mismo que la sexualidad. Una sexualidad sin erotismo como la de nuestros abuelos es un martirio chino. Por cierto, ya que no me lo preguntas te diré que el erotismo sin sexualidad compartida está muy bien pero hay planes mejores . 

P. ¿Es lo mismo el amor y la sexualidad?

A. No siempre. Supongo que eso vale para los novios y recién casados. Pero puede haber sexo sin amor y amor sin sexo aunque por un tiempo limitado; si se contenta con largar el rollo una retirada a tiempo es una victoria. Recuerdo una peli que alquiló mi hermano en el cine club que se titulaba ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?  

P. ¿Qué piensas de las relaciones prematrimoniales?

A. Pienso que para algo se inventaron los preservativos. A no ser que seas supercatólico es lo que hace todo el mundo. Ligarte a un chico para besarse en el sofá o meterse mano con el abrigo puesto está bien para una tarde, dos como mucho. Después, o cambias de tercio o cambias de novio. 

P. ¿Crees que los rasgos o características de la sexualidad masculina y femenina son distintos?

A. No entiendo bien la pregunta. Suena a cantada del siglo pasado. Físicamente son evidentes. Mentalmente, habría que preguntarles a los expertos: no lo sé. Me da la impresión de que son muy parecidas. Creo que se ha escrito mucho sobre el “misterio de la mujer” y otras chorradas. Cada cual a su manera pretende hacer feliz al otro y se acabó lo que se daba. 

P. ¿Qué opinas de la siguiente frase: “El fin primario de la sexualidad es la procreación y la educación de los hijos, y el secundario, la satisfacción de la concupiscencia”.

A. Déjame que mire en el móvil qué quiere decir “concupiscencia”. ¡Ah, ya veo! ¿Quién dijo eso? ¿Es una broma, no?  

lunes, 23 de marzo de 2026

La educación sexual de entonces

 

Recuerdo la “educación sexual” de los jóvenes nacidos durante la época de los cincuenta, la segunda generación de la dictadura y el nacionalcatolicismo (¡aquello sí que era educación en valores!).

¡Sexo! Nadie mentaba la palabra tabú. La omertà, la ley del silencio siciliana, era una broma, un mentidero madrileño comparada con el consenso de la familia y la escuela para eludir el tema. Era una sociedad asexuada, nuestros padres carecían de atributos sexuales y nadie por debajo los tenía, ni siquiera la flora y la fauna. Que las madres enseñaban a sus hijos los misterios de la coyunda “con ejemplos de la vida animal” es una leyenda urbana. Nadie abría el pico. Invitados a una boda, el celebrante adornaba el sermón con loas y floripondios sobre la preminencia de la charitas, del amor desinteresado al prójimo frente a los desórdenes de Don Carnal. Entre los fines lícitos del matrimonio ocupaba el último lugar la satisfacción de la concupiscencia.

A partir de los doce años nos llegaban noticias del sexo, casi siempre de algún amigo mayor que nosotros, avispado y obsceno, quien nos anunciaba con redobles de tambor la buena nueva. Tras demorarse una semana para caldear el ambiente te largaba una conferencia clandestina sobre órganos de los que nunca habías oído hablar (ni volverías) y complicados acoplamientos anatómicos imposibles de imaginar (no digo de entender). Pero la naturaleza se imponía otra vez a la cultura al dotarnos de unos instintos de vida que nos permitían vislumbrar un mundo de intensas sensaciones. Primero, las inesperadas poluciones nocturnas. Lo mejor era no contárselo a nadie por si acaso. Pronto, la práctica del autoerotismo nos llevaba al descubrimiento del cuerpo del amor. Insistíamos con asombro. Pero esta práctica inocente del amor propio era censurada por las grandes instancias de la moral colectiva. Los curas, mediante la catequesis, la confesión y los ejercicios espirituales, donde proyectaban sus luchas heroicas con mundo, demonio y carne (los enemigos del alma), deformaban nuestras tiernas mentes con la pesada carga de la culpa.

Según la doctrina oficial, el onanismo reblandecía el cerebro, impedía el crecimiento y emponzoñaba el futuro de la pareja. Proponía como alternativa la castidad sostenible (diríamos hoy), el único camino para reforzar los hábitos rectos y la fortaleza de ánimo; en realidad lo único que reforzaba era la represión. Me acuerdo del confesor pringoso de Amarcord, la película de Fellini, y su obsesión por los pensamientos impuros (¿hay algo más puro que besar a la niña de tus sueños?), los tocamientos pecaminosos y las ocasiones propicias. Pero las hormonas en alza podían más que palmar en pecado mortal y acabar en las calderas de Pedro Botero. Surgieron los guateques en casa de los padres progres que se iban los fines de semana a su segunda vivienda y los bailongos en las primeras discotecas juveniles de los sesenta. El que más y el que menos trataba de arrimarse. Había llaves de lucha libre para impedir a la moza recular; cuando una bofetada estallaba en medio de una pieza sabíamos que alguien había abusado de las artes marciales. Tras el tumulto y las risotadas, una se iba a tomar el aire fresco y otro al baño, entre otras cosas a ocultarse del bochorno.

La siguiente etapa de la educación sentimental era la primera novia, una continuación de la moral dominante, no un cambio cualitativo. Ahora la masturbación se convertía en un delicioso dueto de viola y violonchelo. Los neófitos frecuentaban las últimas filas del cine de barrio (la gemidora fila de los mancos), los parques solitarios, los portales en invierno.  

Una nueva figura de la autoconciencia erótica surgía tras la mili (otra escuela de barbarie sexual): el noviazgo serio. En un piso alquilado por cuatro amigos se intuía la posibilidad de mantener relaciones sexuales completas. El contraataque no se hacía esperar y las víctimas eran las mujeres: mitos de la virginidad, males imaginarios, falacias del respeto… Otro frente de batalla: el drama irreparable de quedarse embarazada, la vergüenza de ser madre soltera, y aún peor, la posibilidad impensable de interrumpir el embarazo. La asamblea de fieles al completo velaba por la vida del no nato hasta que nacía y entonces todos salían corriendo menos los padres y los abuelos. Pero la vida siempre se abre paso. Más que buscarse, las relaciones sexuales se perpetraban. Corrían tiempos de calzarse dos preservativos superpuestos y sellados con cinta. No era fácil conseguirlos. Una alternativa era comprarlos en el puesto del tío estafa en el Rastro, pero sólo su cara te echaba para atrás. Además vete a saber si lo que vendía era un coladero de trastienda. Sólo había otra opción: esperar a que no hubiera nadie en la farmacia de un barrio lejano y entregar muerto de vergüenza al boticario un papel escrito a máquina; la mayoría de las veces te volvía la espalda con desprecio y lo arrojaba a la papelera; otras te echaba con cajas destempladas. Al final, algún padre descuidado tenía alguno en la mesilla. Si la conjunción de los astros era favorable, la joven accedía (en realidad decidía) y los amigos se iban al cine la pareja podía corear el anhelado ¡Al fin solos!

Pero quedan otras etapas de la educación sexual: la luna de miel, el matrimonio, la sesentena (o sexentena) y más allá. Por el momento lo dejo aquí con la promesa de nuevas disquisiciones. Sólo me queda una reflexión final: a una edad avanzada sin precisar (en lo del sexo cada cual es cada cual y sus cadacualidades) la pérdida de músculo no significa un problema menos como especulan los incautos. Al contrario, el deseo es el verdadero fuego eterno con el agravante de que su satisfacción es ahora una quimera. En lugar de condones pedimos Viagra con receta. En esto se basa eterno mito de Fausto.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Acoso sexual en el trabajo

 

La primera iniciativa del acosador comienza con una mirada insinuante en pasillos, despachos, reuniones o máquina expendedora. La víctima advierte a la primera el mensaje del ojo de halcón. Las contramedidas son sencillas pero no fáciles por su expresión teatral: evitar las miradas directas y procurar que la interacción visual sea lo más impersonal posible; el depredador debe captar que a tus ojos es la perfecta imagen del ligón desconocido y, si apuramos el gesto, que lo será para siempre. Despechado, no tardará en hacerte un aparte para preguntar si no le caes bien por algún motivo y demás monsergas envolventes. En absoluto, le contestarás, te considero un compañero más del trabajo y no acabo de entender la pregunta. Esta distancia bastaría para concluir el lance en un trato entre iguales… pero no en una relación de dependencia laboral.

La siguiente etapa es alguna forma de halago. El cumplido "creo que tus zapatos son geniales” o el consabido piropo sexista, "me encanta tu pelo lacio". A veces resulta difícil diferenciar el cumplido del piropo. Ambas son formas de tanteo cuya intención es ir más allá. La respuesta adecuada en ambos casos es el silencio mirando al tendido y la tranquila retirada neutral que no expresa incomodidad; lo que no has oído no te parece ni bien ni mal sino todo lo contrario.

Otra táctica es hacerse el encontradizo e invitarte a tomar un café a media mañana. Hay dos posibilidades: que sea fuera o dentro del trabajo. Si es fuera, rechaza la oferta con naturalidad, cualquier excusa es buena aunque de manera implícita debe parecerle una petición inconveniente. Si es dentro, acepta porque tratará de tirarte los tejos y es justo el momento de dejarle claro que no te gusta flirtear con los colegas de trabajo y que, en su caso le aconsejas seriamente que deje de intentarlo.

Pero no lo hará. Comenzarán a llegarte mensajes a tu WhatsApp con mensajes incómodos, fotos y videos provocativos y proposiciones explícitas. Si lo bloqueas el siguiente plan será dejar sobre tu escritorio sobres con notas secretas de amor al puro estilo francés del billet doux. No las rompas en mil pedazos ni las tires a la papelera. Más adelante podrán hacerte falta.  

Como es tu superior jerárquico, último recurso, se dejará de bromas y pasará a mayores. Te citará en su despacho de la sexta planta y te hará una oferta que, según su obsceno criterio, no podrás rechazar: ascenso profesional a cambio de favores sexuales. O lo que es más repugnante: en caso de no prestarte a sus lúbricos deseos, traslados de zona o ciudad, tareas desagradables y degradantes e incluso posible pérdida del puesto de trabajo. En otras palabras, amenaza con represalias laborales como medida de presión para mantener citas o encuentros no deseados. Es el momento de adoptar medidas proactivas sin ambigüedades ni escala de grises. Niégate firmemente en ese mismo instante a sus pretensiones. Lo más eficaz, dados los antecedentes, es haberte informado y asesorado con detalle de los protocolos de prevención y abordaje del acoso sexual en la empresa. Por ejemplo, haber acudido a la cita del jefe en la sexta, previsible por demás, con un dispositivo de grabación. El chantaje, la intimidación y humillación no cejarán. Convierte las llamadas telefónicas, los mensajes, las fotos y videos, las notas secretas, los encuentros forzados en pruebas. Si tienes testigos, mejor. La legislación está de tu parte, recuérdaselo: Ley Orgánica 3/2007 (Igualdad), Ley de Prevención de Riesgos Laborales (31/1995), Real Decreto 901/2020, Ley Orgánica 10/2022 (Libertad Sexual), Código Penal, Convenio 190 de la OIT. Ten la seguridad de que no se atreverá a despedirte y si lo hace le va a salir muy caro.

Sin embargo, el acoso sexual en el trabajo es una lacra moral que no desaparece pese a la eficacia y el sentido común de las contramedidas. Recuerdo la actualidad del caso Nevenka", la primera mujer en España en denunciar y ganar un juicio por acoso sexual contra un político. O la excelente película sobre un caso real, El escándalo (2019), basada en el testimonio de las mujeres de la cadena norteamericana Fox News que sufrieron el acoso sexual del consultor ejecutivo Roger Ailes y concluyeron con su destitución. Más cercanas e impactantes son las acusaciones por decenas de mujeres contra el poderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein que supuso la globalización del movimiento feminista Me Too. En España aún resuenan los ecos de la asunción de responsabilidades por el gran tenor Plácido Domingo por el acoso en los años ochenta a más de veinte mujeres. En tono menor enumeramos más de lo mismo: la condena a dos años de prisión de un guardia civil veterano por acoso a una compañera novata, el despido del jefe de barra de un hotel de Las Palmas por sus expresiones sexistas, bromas de mal gusto y tocamientos indebidos, la indemnización a una trabajadora por una carta firmada por el administrador de su empresa en Asturias en la que le requería de forma grosera sus propósitos libidinosos o el caso de un profesor universitario de León condenado por dirigirse a una alumna en los siguientes términos: A veces no hay necesidad de estudiar para aprobar, hay muchas maneras de aprobar.

domingo, 7 de diciembre de 2025

¿Colectivo gay?

 

Los conocí hace años en mi piso en el barrio de Chamberí. Goyo y Sergio eran vecinos de planta. Llegaron en agosto y tras una mudanza que me perdí porque estábamos de vacaciones en un pueblo de Cádiz se instalaron puerta con puerta. Tienen nuevos vecinos, me comentó Antonio, conserje y pregonero de la comunidad. Son jóvenes y algo raritos, ya sabe, e hizo un gesto amanerado con las manos.

Pensé que necesariamente mejorarían a mis vecinos anteriores, un matrimonio que salía a bronca diaria con megafonía, churumbeles que movían los muebles a la hora de la siesta, jugaban al frontón en el tabique compartido y tenían un caniche enano que no sabía quedarse solo y ladraba y gemía hasta que caía exhausto, supongo, en la cama de sus dueños.

A los dos días de volver de vacaciones Goyo y Sergio llamaron al timbre y se presentaron.

- Somos los nuevos vecinos. Sergio, mi pareja, es periodista y yo profesor (¡crece el lobbie gay en el gremio, pensé!). Para cualquier cosa podéis contar con nosotros. Seguro que a tu señora le gusta este pequeño detalle: y puso en mis manos un paquete envuelto que resultó ser una caja de bombones Godiva.

- Muchas gracias y encantado de conoceros, balbuceé algo descolocado por su cortesía. Ahora mismo estoy solo. ¿Os apetece pasar y tomar una copa? (no sabía qué decir). Rehusaron amablemente y se despidieron. Un buen comienzo.

Pronto corrió la voz en la comunidad; aunque cada vez que un cretino me venía con el cuento de que mis vecinos perdían aceite y que pegaba el trasero a la pared del ascensor cuando coincidía con alguno, siempre le contestaba lo mismo: me llevo muy bien con ellos, son buena gente y, sobre todo educados (haciendo hincapié en el adjetivo); ¿te han molestado alguna vez?, con lo cual yo les parecía más raro todavía. Las señoras eran más discretas, sobre todo las jóvenes. ¿Será verdad que les encanta tener amigos homosexuales? Con el tiempo se impuso el sentido común de la convivencia y la mayoría se desprendió al menos del barniz de sus ídolos baconianos de la caverna, o sea, de sus prejuicios ancestrales.

Les devolvimos la visita con un pequeño obsequio, una maceta de cerámica con planta de interior. Me sorprendió el desorden de las habitaciones. Sin motivo porque el desorden carece de referencia sexual.  Nos tomamos con ellos unas cuantas cañas en los bares del barrio. Les gustaba la cocina cosmopolita, restaurantes marroquíes, tailandeses, japoneses, mexicanos... Compartimos mesa y mantel algunos fines de semana. Incluso asistimos a su boda en la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid. Las bodas homo duran el triple que las hetero. Hubo interminables discursos de casi todos los invitados y se leyeron un sinfín de epitalamios. Fue gloriosa la salida de los novios entre pétalos de rosa y rociada de arroz vestidos con trajes blancos y pajarita hasta un reluciente Citroën de época con chófer que les esperaba en la puerta para llevarlos a Barajas y volar a la isla griega de Mykonos. Al revés que la norma, decidieron celebrar el enlace a su regreso sólo con un grupo reducido de los íntimos. Nada de contribuir al creciente negocio de los convites de boda.

Admitían que los gays masculinos son una subcultura con unos marcados rasgos diferenciales: gastronómicos (comida queer; las afirmaciones del libro de Simon Doonan Los gays no engordan son divertidas pero falsas), informáticos (prefieren los ordenadores Mac de Apple, una marca cool), sexuales (según ellos, sólo la mitad de los varones practica la penetración anal), muebles (les encantan los lacados, los biombos y las mesas pink market), la ropa de diseño trendy con simbología propia o los gimnasios fitness para repulir el tipo y lucir las prendas de moda (no siempre ceñidas).

En otra ocasión charlamos sobre del día del orgullo gay. Les dije que nunca había ido a verlo pero que me hacía una idea por los videos en las redes sociales y los documentales. Ellos habían estado el año pasado. Opiniones hay para los colores de la bandera arcoíris, dijeron, pero que a ellos, excepto las reivindicaciones en defensa de los derechos civiles y le solidaridad con las salidas del armario de políticos, famosos de la farándula y futbolistas, les parecía un desfile bastante chocarrero; en ocasiones de un erotismo pasado de rosca y un exhibicionismo que se acercaba a lo grotesco. Demasiados gritos obscenos y gestos de dudoso gusto. O la parafernalia de las carrozas kitsch. Un escandalazo, dije. Más o menos, aceptaron. Sergio insistió en el tema. Decididamente no me convence el término “colectivo”. Un colectivo es un agregado estadístico con una propiedad social que los agrupa aunque, en realidad, cada uno es, como se dice castizamente, “de su padre y de su madre". El término “colectivo” tiene en todo caso un significado abstracto; útil para la sociología pero inservible para el mundo de la vida. Como escribió en sus memorias aquel ilustre veneciano que fue Giacomo Casanova todo ser del que no se podía tener más que una idea abstracta sólo podía existir en abstracto. Sería como decir que Casanova perteneció al colectivo de los libertinos y el resto de su apasionante biografía pudiera ser resumida con ese estereotipo. Ni siquiera el colectivo homosexual (ellos y ellas) es homogéneo como prueba su compleja varianza, añadió Goyo.

Somos gays “convencionales”, me confesaron antes de marcharse a pasar las vacaciones de Pascua con sus familias. No hemos frecuentado los bares homo de Malasaña, ni siquiera antes de conocernos. Tenemos la certeza de que hay algo morboso y artificial en esos ambientes. Por cierto, ¿te parece la homosexualidad una práctica antinatural? Como me esperaba la pregunta trampa tenía preparada la respuesta. El problema reside, diserté, en definir el término “natural”. Es obvio que hay hombres y mujeres por asignación de cromosomas, pero de ahí no se sigue nada. No existe ningún estudio que relacione la homosexualidad con una base genética sólida. Investigadores de la Universidad de Harvard y el Massachusetts Institute of Technology (MIT) escanearon el genoma completo de casi medio millón de personas y se encontraron con que miles de variantes genéticas tenían relación con el quince por ciento del comportamiento homosexual. Lo cierto es que la mayoría de las conductas humanas no son naturales sino culturales. Antes nos referíamos a la compleja tipología homosexual. Todo parece indicar que la homosexualidad y sus variantes son meramente adquiridas. ¿Y qué? Cada cual escoge la sexualidad que más le gusta y, en mi opinión, ahí acaba la polémica. 

martes, 1 de agosto de 2023

Método escolástico y sexualidad

 

LECTIO (Exposición del tema o problema y lectura de textos)

Obviamente, el sexo biológico depende de un conjunto único de características innatas: cromosomas, niveles hormonales, genitales internos y externos y órganos reproductores. No tiene cabida el negacionismo, que se cuela por los agujeros más insospechados de la cultura, ni la varianza: es hombre o mujer. La intersexualidad es una rara anomalía genética de consecuencias exclusivamente médicas.

Otra cosa es la asignación de género: se refiere al conjunto de roles adscritos que se consideran apropiados en términos estadísticos para la construcción de la masculinidad y la feminidad de una cultura. Son pautas de comportamiento que se interiorizan durante el proceso de socialización primaria y secundaria (por más que esta distinción clásica esté cada vez más cuestionada por la omnipresencia de las pantallas). La asignación de género forma parte del ethos, tiene, por tanto, carácter normativo (es decir, lo que la sociedad considera normal). Nos propone cómo debemos vernos, pensar y actuar. También incluye las apariencias, la forma de vestir, hablar, mirar, hacer el amor… Es, por supuesto, el campo de batalla del feminismo.

El siguiente concepto es la identidad de género. Se refiere a la percepción que tiene una persona de su condición sexual. El término trans, engloba a los individuos que no se identifican o discrepan de su sexo biológico. Hay cuatro tipos: transexuales, transgénero, transformistas y travestis. Si quieren conocer las diferencias, ustedes mismos.

Viene a continuación la orientación sexual o capacidad de sentir atracción erótica y emocional hacia las personas del sexo opuesto o del propio. Lo describen los manuales de sexología con sutiles diferencias y apabullantes matices. Si buscas lo encontrarás: Heterosexual. Homosexual. Bisexual. Asexual. Androginosexual. Antrosexual. Autosexual. Demisexual. Ginosexual. Grisexual. Lithsexual. Pansexual. Polisexual. Pornosexual. Sapiosexual… A partir de los tres primeros, confieso mi ignorancia. Ha sido una forma de ponerme al día. Dos ejemplos: un lithsexual es alguien que siente deseo o atracción por otro ser humano, independientemente de su género u orientación sexual, pero no quiere llegar a tener una relación “real” ni consumada. ¿Lo entienden? Un sapiosexual es alguien que intenta seducir a la gente cultivada capaz de aportarle nuevos conocimientos en una situación de dependencia intelectual que lo excita. Vamos, la alumna que liga con el profesor de lengua. En la actualidad hay más de veinte orientaciones sexuales o identidades de género según el LGBTQIA+.

 

QUAESTIO (Cuestiones o preguntas que suscita la Lectio)

¿Es el feminismo radical (“el hombre es un lobo para la mujer”) una ideología de género excluyente, injusta y extenuante?

¿Es la discriminación positiva de la mujer (bolsas de trabajo, cursos profesionales, compromisos de contratación dirigidos exclusivamente a la mujer) o la paridad de la mujer en los puestos directivos de las empresas del IBEX una medida que atenta contra la libre competencia entre ambos sexos en función de los méritos adquiridos?

Según la vigente ley del sí es sí, recientemente aprobada en el Congreso (29 de abril de 2023) con resultados difíciles de digerir, los actos sexuales no consentidos pasan a ser delito. ¿Es una aportación sustantiva al Código Penal español o se trate simplemente de una reiteración o redundancia jurídica con fines políticos puesto que tal supuesto está contemplado en nuestra legislación desde 1820? ¿Digo la verdad, como en la paradoja del mentiroso?

¿Cuándo se considera que una persona está en condiciones idóneas para elegir su orientación sexual? Dicho de otro modo: ¿En qué edad se define de modo responsable la identidad sexual? ¿Es posible establecerla de modo científico?

¿En el caso de los adolescentes que desean una reasignación de sexo mediante técnicas quirúrgicas y tratamientos hormonales de por vida debería existir un protocolo de identidad sexual en el que intervinieran con carácter decisorio un comité formado por expertos? ¿Qué tipo de expertos?

Se calcula que una cirugía de cambio de sexo en ambas direcciones costaría hasta veinticuatro mil euros. ¿Debería hacerse cargo la medicina pública, o sea el Estado, de tales gastos o más bien correr únicamente a cargo de la persona que la requiere?

¿Se podrían considerar algunas identidades de género un ejercicio de libertad individual o más bien perversiones y patologías sexuales?

¿Se debería excluir a los transexuales quirúrgicos de hombre a mujer de las competiciones deportivas femeninas e incluirlos en una nueva modalidad federativa?

 

DISPUTATIO (discusión dialéctica sobre las cuestiones o preguntas que suscita la Quaestio).   

Voy a seguir aquí el método que siempre utilicé en la clase de la asignatura de Ética cuando tuve ocasión de impartirla en los centros públicos de enseñanza. Nunca me gustó tomar partido en los debates de los alumnos sobre los temas o problemas que el programa oficial marcaba. Sólo intervenía para definir ciertos términos, informar objetivamente sobre cuestiones legales nacionales e internacionales, explicar sin evaluar las propuestas de los partidos políticos o los resultados de algunas encuestas con cierta fiabilidad (si es que las hay). Tomar partido suponía, desde mi punto de vista, imponer argumentos “ad autoritatem” basados en la superior competencia argumental del profesor. Incluso entrometerme en la educación en valores que, en mi opinión, corresponde en primer lugar a la familia y no a la escuela. Por tanto, dejo a quien lea estas líneas que siga su criterio y piense con su propia cabeza. Escucharemos atentos sus puntos de vista razonados, no las salidas de tono emocionales que conducen directamente a la descalificación personal. Al extendido argumento, en realidad falacia lógica, “ad hominem”: eso es falso porque lo dice Fulano o verdadero porque lo dice Mengano. Está tan extendido que constituye el núcleo de las declaraciones, contraejemplos o debates de nuestra clase política. En vez de trabajar seriamente se dedica a cultivar el ego como inversión de futuro y decir chorradas. Así nos va.

sábado, 17 de junio de 2023

Sexo artificial II. Futuro

 

Rebobinamos para buscar en el cine del pasado la tecnología sexual del futuro. Recuerdo a Jane Fonda en Barbarella (1968), de Roger Vadim, sometida al tormento de la máquina del placer excesivo inventada por el científico chiflado Duran-Duran: una extraña cama-piano con teclado de un equipo profesional de audio y partitura salida del pincel de Miró. Al final, la heroína del comic funde los plomos de la máquina. Doy a los erotómanos la dirección en YouTube de la fogosa secuencia. La única pega de la fascinante hija de Henry Fonda es que recuerda sin remedio a su padre.

En la película Desafío total (1990), de Paul Verhoeven, el protagonista Douglas Quaid (Arnold Schwarzenegger), un obrero de la construcción, decide recurrir a los servicios de Rekall, una compañía especializada en vacaciones virtuales mediante el implante en la mente de aventuras a la carta más reales que la vida misma. Por supuesto incluyen un amplio catálogo de preferencias sexuales. Es un precedente de la tetralogía Matrix (1999-2021) basada en la conexión directa de las máquinas con el cerebro. Por mucha mecánica cuántica y misterios de las partículas elementales, lo cierto es que estamos muy lejos de lograrlo. Llegamos como mucho a los dispositivos visuales de realidad mixta que permiten la interacción del usuario en un entorno digital profundo con objetos y sujetos del mundo real o imaginario. Su versión erótica, es un voyerismo de diseño, donde se pueden crear fantasías polimorfas y perversas. Por ejemplo: tu avatar, tu primer amor y Jane Fonda en la playa desierta de una galaxia muy lejana. Las verás, pero no las tocarás. El problema es que las picantes ocurrencias se podrán grabar y subir a las redes sociales. Sólo una legislación de hierro evitaría que políticos, gente guapa, actores y actrices, deportistas famosos o la tentación que vive arriba circulen por telépolis en las situaciones más embarazosas. O tú. Parece un dilema sin cuernos a los que agarrarse: imposible poner puertas al campo; imposible que tales desmanes se publiquen. La solución es el previsible hartazgo del público a corto-medio plazo de los tríos, camas redondas y otras variaciones sobre el mismo tema de las fotocopias del gran teatro del mundo. Sabemos que son imágenes falsas, miméticas, manipuladas para que reaccionen como realidades físicas. Por más que reproduzcan hasta el último gesto del personaje, el montaje resultará aún más insulso que la pornografía convencional que por lo menos es de carne y hueso. Quedarán en inocuos troleos.

Ridley Scott dirigió la primera entrega de Blade runner (1982), una distopía futurista cuyo núcleo argumental es la fabricación de androides o replicantes más humanos que los humanos, capaces incluso de sentir emociones, especialmente el modelo Nexus 6, el último producto de la empresa de bioingeniería Tyrell Corporation. Viven durante cuatro años y sólo mediante sofisticados protocolos de identificación es posible distinguir al humano del humanoide. Los replicantes son utilizados como mano de obra esclava de distinta jerarquía en la tierra y en las colonias, y, por supuesto, para satisfacción sexual (modelos de placer básicos) de los humanos. Tras una sangrienta rebelión, los replicantes menores son desactivados y los más avanzados son declarados ilegales y eliminados por una división especial de las fuerzas de seguridad, los Blade runners. Un veterano cazador de estas almas de metal, Rick Deckard (Harrison Ford) vive un apasionado romance con una bella replicante, Rachael, que le salva le vida. Ella cree en todo momento que es humana. Deciden huir del sistema para enfrentarse juntos a un futuro declinante. Es una película de culto que se cuenta entre las mejores del género. Tuvo su continuación (extensión, según los productores) en Blade runner 2049 (2017) que sitúa la acción treinta años después y es más que una digna secuela. El motivo central es el inaudito embarazo de una replicante, Rachael, el paradero del neonato y de su padre, Rick Deckard y el riesgo de la llegada de una raza dominante, física e intelectualmente superior a los humanos; algo que el maestro del género Isaac Asimov veía con buenos ojos:

Cuando los robots sean lo suficientemente inteligentes deberían sustituirnos. Una especie reemplaza a otra cuando es más eficaz. No creo que el Homo sapiens tenga un derecho divino a estar por encima de las demás. Somos tan malos cuidando de los demás seres vivos que cuanto antes nos reemplacen, mejor. Cuando la IA nos domine será porque nos lo habremos merecido.

Ahora los Blade runners son replicantes de última generación al servicio de la policía cuya misión es retirar, es decir, fulminar a los modelos obsoletos (como los Nexus 6) que sobreviven en la clandestinidad. K, un cazador creado para obedecer y que al final desobedece, convive con Joi (Ana de Armas), su pareja holográfica, a la vez virtual, sensible, sensual y sexual, un producto de Wallace Corporation. Joi tiene además la propiedad de transfigurar el cuerpo de una humana en un doble perfecto del suyo y propiciar una relación sexual insólita. Un paso más.

Me refiero, por último, a la excelente Ex Machina (2015) escrita y dirigida por Alex Garland. El argumento futurista es previsible pero convincente. Ganó el Óscar a los mejores efectos visuales. No les piso la trama. Sólo quiero añadir que supone el triunfo de la inteligencia artificial femenina sobre su tiránico creador, un ingeniero de programas dueño del buscador más importante del mundo y partidario del no es sí con sus modelos. Ava (Alicia Vikander), la ginoide de última generación despliega una estrategia de comprensión, seducción y predicción sólo comparable al cálculo de los millones de jugadas por segundo de las supercomputadoras que dan jaque mate a los grandes maestros del ajedrez. El final de la película es tan abierto como la conclusión que sigue.  

Si los ingenieros del futuro son capaces de construir una máquina con un equipamiento capaz de reproducir funciones psicológicas, tendrá estados mentales equivalentes a los humanos: la autoconciencia, el lenguaje, el pensamiento, los sentimientos y los impulsos sexuales. ¿También procesos inconscientes? Los especialistas en Inteligencia Artificial trabajan a marchas forzadas porque las posibilidades de transformar el mundo, no sabemos en qué dirección, dependen en gran medida de esta tecnología de la conducta. Estamos hablando de la tercera revolución industrial, la más inquietante y transformadora de todos los tiempos. Las posibilidades en general son impensables. En cuanto a la sexualidad artificial, al principio serán robots muy caros, como las televisiones de plasma, los primeros smartphones y demás pantallas que nos rodean. Luego bajarán los precios y se harán más asequibles, aunque los gentilhombres y cortesanas de lujo estarán solo al alcance de la casta. Es lo único seguro. 

lunes, 12 de junio de 2023

Sexo artificial I. Pasado y presente

Escribo de memoria sobre la película de Luis Berlanga Tamaño natural (1974), la tragicomedia de un dentista parisino (Michel Piccoli) que se divorcia harto de las rutinas del matrimonio burgués, incluida su amante veinteañera a la que también deja plantada. Para reavivar los instintos de vida encarga una muñeca sexual a un famoso artesano japonés (fueron creadas en 1940 como complemento de los submarinos de la armada imperial). Por fin llega la caja mágica con envoltorio de seda y manual en treinta idiomas. El juego onanista con la bella maniquí acaba en delirio amoroso. Le regala una colección de alta costura, la viste y desviste con embeleso, viaja con ella (de paquete en los hoteles), incluso escenifica una boda con pompa y circunstancia. Adivinen las obsesiones fetichistas de la pareja en manos de Berlanga y Rafael Azcona (el otro guionista). Convierten lo anormal en normal. Lo de menos es el simbolismo social y demás monsergas de la crítica. Se trata de una idea fácil exprimida hasta sus últimas consecuencias. La madre alienta la perversa relación como si la muñeca fuera uno más de la familia, la esposa de carne y hueso intenta que vuelva al redil travestida de maniquí, los amigos se burlan con bromas sádicas. Pero los celos son la sustancia del discurso amoroso, según Roland Barthes que copia de Proust. Tras grabar en video a la muñeca, sospechosa de adulterio, en coyunda amorosa con el lascivo marido de una vecina y su posterior violación por una manada de emigrantes españoles, acaba por suicidarse lanzándose en coche al Sena con la infiel de silicona… que por cierto emerge de las aguas como Afrodita la diosa del amor ante la mirada atónita de los turistas. Una historia sobre la soledad amarga de la que brota el inconfundible humor berlanguiano.

Surgía por entonces la ola francesa de las poupées gonfables que muere mansa en las orillas del presente porque ya no son tendencia. Un repunte notable: según los suplementos de economía se disparó la demanda de muñecas sexuales durante el confinamiento. Otra forma de hacer ejercicios cardiorrespiratorios. Las hay de todos los precios. Busquen en Amazon: suaves, flexibles, articuladas, sin costuras. Caras las más realistas, pero no demasiado porque no están de moda. Las más tiradas desde 30 euros. Las muñecas hinchables conviven con los consoladores, vibradores, bolas chinas, dildos priápicos. Las mejores tiendas del ramo te venden un kit completo. La masturbación como una de las bellas artes. Lo cierto es que se conocen estas prácticas desde la prehistoria. El artefacto más antiguo se encontró en el yacimiento alemán de Hohle Fels. Es un falo de piedra de 20.000 años y 20 centímetros de piedra pulimentada. Algunos pudibundos arqueólogos sugieren que tiene un sentido religioso, propiciatorio, de invocación a las potencias de la fecundidad. Puede ser ambas cosas. Lo cierto es que la mayoría de los inventos sexuales desde el hombre de las cavernas estaban relacionados con la penetración vaginal por lo que tenían forma fálica. Pero la tecnología cambia el mundo.

La última generación de ingenios eróticos es la amplia gama de los Satisfyer. Utiliza una tecnología de onda de presión que permite disfrutar de la estimulación sin contacto con solo presionar un botón. Estas ondas son profundas e intensas y estimulan sin necesidad de tocarlas… Están dirigidos a uno de los temas más controvertidos del sexo: el derecho de la mujer al orgasmo y la reivindicación del clítoris. Algunas mujeres han logrado alcanzar el orgasmo por primera vez con este juguete. Se calcula una media de dos minutos para llegar al clímax. Como escribía la periodista Marita Alonso en un artículo de El País:

El deseo femenino salió del armario en 2019, cuando un succionador de clítoris llamado Satisfyer se convirtió en un fenómeno social y el producto estrella de aquella Navidad. No solo contribuyó a derribar tabúes sobre la masturbación femenina, también a reducir la llamada brecha orgásmica, responsable de que los hombres tengan muchos más orgasmos que las mujeres.

Lo cierto es que el éxito comercial del Satisfyer ha superado todas las expectativas. El año siguiente a su aparición, las ventas se dispararon hasta un 440%. Los datos confirman que cerca de 3,5 millones de españolas ya lo poseen o al menos lo han probado. Las grandes corporaciones del comercio electrónico no dan abasto. Las empresas alemanas y suecas que lo fabrican se han apresurado a considerarlo oficialmente un firme baluarte de la salud y del bienestar social.

Aunque también tiene su lado oscuro: por ejemplo, intentan vendernos que es para todas y a todas les gusta. También se perciben los aromas del feminismo radical y su defensa de la independencia de la mujer frente al varón falocrático. Es curioso cómo se ha invertido la curva de la sexualidad tradicional: los hombres ven positivo que dure más y las mujeres lo contrario. Otro inconveniente sería la dependencia del succionador que propicia el final de la unión natural de una pareja. La autonomía deviene autosuficiencia. Amenaza con convertirse en adicción a una sola zona erógena y limitar el cuerpo del amor a un territorio cuando es un mapa. Además, el fin de la sexualidad no es mecanizar el placer, alcanzar el orgasmo sin atajos. Estamos convirtiendo el sexo en comida rápida. El beneficio inmediato y el aumento artificial del estímulo invade nuestra vida. ¿Por qué renunciar al componente afectivo de la relación sexual, a compartir el goce sin prisas, agotar las etapas, tomarnos el tiempo necesario para sentir, descubrirnos y excitarnos? Una excitación que puede comenzar una semana antes de hacer el amor. Me escribe una antigua alumna: no me convence, que el satisfyer no me abrace por las noches, no me haga el café por la mañana y no pueda dejarme embarazada. 

lunes, 13 de agosto de 2018

Robótica y sexo


Océanos de tinta se han vertido sobre Internet y la realidad virtual, Telépolis, la galaxia digital o “el cuarto mundo de Popper” hasta el punto de que esa realidad paralela cobra cada vez más relevancia en todos los ámbitos del ser (la expresión realidad objetiva ha llegado a tornarse equívoca). El dinero y la prensa ambos de papel tienen los días contados. La banca digital y el comercio electrónico están cada vez más extendidos. La telemática educativa, médica y el teletrabajo son recursos (¿avances?) irreversibles. Los grupos, reuniones y congresos alrededor del plasma sustituyen en muchos casos a los costosos viajes internacionales (¡tres hurras por el ahorro público y privado!). En la actualidad las guerras entre las grandes potencias se libran en Telépolis. Eso incluye el control masivo de datos, la piratería informática, el espionaje industrial, el rastreo de información privilegiada o el uso masivo de las redes sociales para difundir informaciones teledirigidas con muy diversos fines, por ejemplo, políticos o económicos: es el caso de las fake news… 
¿Y qué me cuentan de la robótica, heredera directa de la cibernética? La "ciencia cognitiva" imaginó a finales del siglo XX un modelo del hombre basado en la analogía con la computadora. La mente es una computadora de propósito universal y la actividad mental procesamiento de la información. Como metáfora no está mal. El cerebro es el hardware o soporte físico de la mente y los procesos cognitivos el software o soporte lógico.  En este punto proliferaron las teorías alternativas que se fueron desinflando: monistas, cognitivistas, conexionistas, etc. Cuanto más sugerentes menos contrastadas. El cerebro, el órgano del conocimiento, es tan complejo que no se conoce a sí mismo. 
Posteriormente la neurociencia y la inteligencia artificial empezaron a interesarse por máquinas no mecánicas que simulan la conducta humana, es decir, cerebros electrónicos. O sea, menos rollo teórico y más inventos prácticos. Mientras que la computadora es una máquina no consciente (solo el ser humano puede afirmar “pienso, luego existo”) dotada de un soporte o equipamiento electrónico, el ser humano es, en el fondo, un autómata consciente (tiene estados mentales o de consciencia) dotado de un sofisticado equipamiento biológico. Si los ingenieros del futuro pudieran construir una máquina con un equipamiento electrónico capaz de reproducir funciones psicológicas, tendría estados mentales equivalentes a los humanos, incluidos la autoconciencia, el lenguaje, el pensamiento abstracto y los sentimientos... 
Legiones de especialistas trabajan en ello a todo trapo porque las posibilidades de transformar el mundo, no sabemos en qué dirección, dependen en gran medida de esta tecnología de la conducta. (Nos vamos a quedar todos en la calle). Estamos hablando de la tercera revolución industrial a escala planetaria. 
No hace mucho, la prensa nos presentó en primera plana a Sophia la robot más avanzada del mundo. La novela y el cine de anticipación han poblado nuestras neuronas de humanoides serviciales, replicantes imposibles de distinguir de los humanos, androides superdotados y almas de metal rebeldes. Por cierto, no se pierdan la estupenda película Ex maquina. Por supuesto, estamos de vuelta de Matrix, de la súper divertida Desafío total o de la original Robocop. Pero Sophia es de verdad. Recogemos una información reciente de la Agencia EFE.

Sophia, la robot humanoide más avanzada del mundo, creada por Hanson Robotics, ha intervenido hoy ante los alumnos de la Universidad Pública de Navarra, donde ha contestado a numerosas preguntas y, sobre todo, ha formulado muchas de ellas a su entrevistador, Joaquín Sevilla. La robot, que en un principio fue diseñada para trabajar con personas mayores en residencias de ancianos, tiene capacidad de hablar, interactuar y acompañar su discurso con expresiones y movimientos faciales de manera similar a los humanos. (…) Tiene además su propia página web y perfil en las redes sociales. La humanoide, ha comentado Joaquín Sevilla a Efe, es "espectacular", porque "está pensada para interaccionar con las personas de una manera natural, mantener una conversación, y eso es muy sorprendente".
Imaginen la industria sexual que se avecina. Eso sí que va a ser un mercado seguro, próspero y estable. Me estaba acordando de la chifladura de las muñecas hinchables. A no ser que te lo montes como Michel Piccoli en la película de Luis Berlanga Tamaño natural y estés dispuesto a dar la vida por tu juguete secreto, la cosa carece de interés erótico (creo yo). Nada que tenga que ver con los sofisticados robots que se preparan en los grandes centros de inteligencia artificial. Todo para la señora, todo para el caballero. Casi todo para cualquier elección sexual. Preferencias de cualquier tipo, estimulación científica de zonas erógenas, placeres del uno al diez, programas informáticos que emulan cambios de decorado y personalidad como en el cine porno. Se acabó la monótona monogamia. La imaginación al poder. Juegos para todas las edades y condición. En el fondo una profunda revolución sexual. Preguntas aviesas: ¿Le pone los cuernos al marido la esposa que se compra el ingenio en cuestión? ¿Peligra la profesión más antigua del mundo? ¿Se escindirá todavía más la sexualidad del amor? Las posibilidades son impensables. Al principio serán robots muy caros, como las teles de alta definición. Luego bajarán los precios, se harán populares, aunque las cortesanas de lujo, las sophias sexy, estarán solo al alcance de ricachos disfrutones. Habrá condenas “morales” unánimes y manifiestos a favor de la libertad sexual. En resumen, el onanismo como una de las bellas artes… No me explico cómo Celia Blanco no le ha dedicado un artículo en Contigo dentro. También la ciencia médica se verá afectada. Los cardiólogos y psiquiatras se van a hacer de oro. 

domingo, 23 de julio de 2017

Sexo bajo demanda

La historia de la sexualidad bajo demanda (la prostitución es una modalidad) ha evolucionado, como casi todo, desde las primeras civilizaciones (seguro que en el Paleolítico también había pero no tenemos vestigios) hasta el siglo de la tecnociencia cuyos límites en genética y electrónica ni siquiera vislumbramos. Por ejemplo, en el tercer milenio a.C. las hembras de Babilonia tenían la obligación de ir al menos una vez en su vida al templo de Militta, la diosa del amor, a entregarse a un extranjero a cambio de un precio simbólico como homenaje al valor supremo de la hospitalidad. Algo similar (aunque más interesado) ocurre en ciertos pueblos esquimales que tienen la costumbre de ofrecer los favores de las esposas de las mandamases del poblado a los visitantes más significados como una forma de establecer fuertes vínculos exogámicos que faciliten el intercambio de bienes y servicios. Muchos comerciantes canadienses tienen que pasar por el trance si quieren colocar a los inuit sus hachas, botas y trineos. ¿Qué tal se ven en un iglú desvistiendo con ternura a la jefa del clan para quitarle las cuatro capas de piel de oso y grasa de foca que la cubren en invierno? ¡El negocio es el negocio, qué carajo! O los casamenteros japoneses de antaño que negociaban falsas esposas para extranjeros de paso. Cuando volvían a su país o se cansaban de ellas las abandonaban. El repudio equivalía legalmente al divorcio. El ejemplo más conmovedor en el arte de esta práctica feudal es Madame Butterfly, la desgarradora ópera de Puccini que se representa en estos momentos en el Teatro Real: el matrimonio fugaz de un capitán de fragata norteamericano con una hermosa joven japonesa que, engañada, cree en el matrimonio y lleva en su alma el amor puro de una esposa. Como todas las óperas acaba en tragedia y puñalada.

La prostitución, sea masculina o femenina, es un universal cultural con infinitas variantes. Obviamente no vamos a entrar en un tema que ocuparía tres tomos. Sólo la prostitución premium merecería capítulo aparte: las bellas esclavas egipcias, griegas o romanas. Los harenes de las mil y una noches árabes. Los efebos de gama alta. Las prostitutas rituales de los aztecas reservadas a los príncipes guerreros. Las modernas cortesanas. Las actuales chicas de compañía de alto standing.

Por otra parte, el comercio sexual no siempre es asunto exclusivo de los profesionales del ramo: madamas, proxenetas, rameras, anuncios de contacto, chaperos, mafias, turismo sexual… En la antigua Roma, muchas amas de casa (eran famosas las pompeyanas) se prostituían en los numerosos burdeles de la ciudad para completar sus ingresos. ¡Podían cruzarse con su pícaro marido en un pasillo del prostíbulo y saludarse cordialmente! Algo parecido he visto en los hoteles caros de África Central. A la hora de la copa nocturna, la cafetería se puebla de minifalderas de toda suerte y condición: madres, hijas y sobrinas que con el beneplácito familiar se sacan un buen pico para aliviar las escuálidas despensas. O la mujer casada occidental de la clase alta que no se lo hace por dinero sino por inclinación perversa, aburrimiento profundo o por venganza psicoanalítica contra su marido. Buñuel lo llevó al cine en su película “Belle de jour”. Eso por no hablar de las mantenidas y, si me apuran, de las amas de llaves de los párrocos.

Otra variante del amor bajo demanda son las muñecas hinchables que se pueden adquirir en tiendas tan reputadas como Amazon. Echen una hojeada al catálogo y flipen en colores. ¿Quién no recuerda la película de Berlanga “Tamaño natural”? El erotómano que fue Don Luis se despacha a gusto. Recuerdo una noticia salida en la prensa hace tiempo sobre el uso de estas muñecas despampanantes. La guardia civil de tráfico echó el alto en el Bus-Vao (carril rápido en la autopista Madrid-La Coruña por el que sólo pueden viajar coches con dos o más pasajeros) a un conductor acompañado… ¡de una muñeca hinchable! Imaginen el estupor de los dos agentes bigotudos ante la pareja postiza. Pienso que cualquier acuerdo sexual entre dos personas adultas, conscientes y libres que no perjudique a terceros es admisible; cuanto más esto: el onanismo considerado como una de las bellas artes. La única desventaja que se me ocurre, como a Michel Picoli en “Tamaño natural”, es someter tu salud mental a una dura prueba: pero también lo es la represión pura y dura. ¿Quién sabe qué? No seré yo quien se escandalice de las poupées gonflables.

Hace unos días leí en la sección científica de El País un artículo titulado “Así será nuestro futuro sexual con los robots”, es decir pasamos al sexo bajo demanda entre humanos y máquinas. El cine de ciencia ficción ya había tanteado el tema mediante engendros varios como autómatas conscientes construidos con circuitos mágicos (Alien), androides de protocolo (Star Wars), replicantes casi imposible de distinguir de los humanos (gran cinta Blade runner) fabricados con materiales que imitan a la perfección nuestros órganos y tejidos. Si les interesa el tema no se pierdan la excelente película Ex maquina (2015), la historia de Ava una mujer-robot cuya inteligencia artificial es capaz de enamorar al humano hasta las cachas y generar en el proceso de interacción sentimientos y decisiones propias. Imaginen lo que se podría simular mecánicamente en relación con todas las variantes del sexo: manual, oral, anal o vaginal. Un nuevo mercado se abre. De hecho ya está abierto, pero queda lo mejor. Dicen los expertos en robótica que en los próximos cinco años se alcanzará la excelencia y estarán disponibles los nuevos modelos: a precios asequibles los más sencillos y a precios prohibitivos los más sofisticados. Como cualquier aparato doméstico. Y añade: Es posible que todo este mercado quede reducido a un nicho dedicado a una minoría fetichista, pero también existe la posibilidad de que el sexo con robots cambie nuestra forma de relacionarnos y se convierta en la norma. Hay demasiada incertidumbre y lo que necesitamos es mucha más ciencia sobre el tema. Entretanto los moralistas ya han empezado a largar amarras: uso terapéutico en pedófilos, ayuda a violadores, tratamientos psiquiátricos de ciertas patologías, etc. Veremos.

Lo que el futuro del sexo bajo demanda nos depara, y eso decididamente no lo veremos, serán las empresas de vacaciones virtuales capaces de programar bioquímica o electrónicamente (o como sea) nuestro cerebro para tener vivencias “metaoníricas” (el término es aproximado porque el nuevo no existe) tan reales o más que la vida misma, como ocurre en la película Desafío total (1990) de Paul Verhoeven. Los científicos lograrán exprimir tu sesera al cien por cien de sus capacidades. Antes de empezar el viaje a través de tus neuronas, el experto del hotel-laboratorio te ofrecerá un montón de posibles entornos (en el trepidante film de Verhoeven, Arnold Schwarzenegger elige una ciudad artificial construida en Marte) y te preguntará qué tipos de mujer u hombre prefieres para tus gozosas experiencias sexuales. Y si no lo sabes o no lo tienes claro te ayudarán a descubrirlos. Después una aséptica enfermera te acompañará a la sala de control donde tras sedarte te implantarán en el cerebro un chip holográfico o algo parecido. No estaría mal pasar un mes en la Venecia de Casanova. En un solo día, tumbado en una cama llena de cables, tubos y monitores, pasarás unas vacaciones inolvidables.