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jueves, 12 de febrero de 2026

La felicidad

 

En una memorable tira de Quino, Mafalda entra en una cerrajería, saluda al anciano que la observa detrás del mostrador y le anuncia con desparpajo que ha venido a que "le haga la llave de la felicidad". El amable artesano le dice al instante: "Con mucho gusto nenita, ¿A ver el modelo?" Mafalda sale de la tienda con cara de haber captado el mensaje: "¡Astuto viejito!" piensa...

Quizás por los tiempos que nos ha tocado vivir, la “felicidad” ha vuelto al primer plano de las palabras de moda. Nos sobrevuela una considerable floración de aforismos y apotegmas de filósofos dispuestos a aportar su granito de arena. Obviamente a los medios, sobre todo a las redes, les interesa el impacto inmediato de la frase lapidaria y no tanto las mediaciones que la sustentan.

El término “felicidad” es excesivamente amplio. Cualquier intento de definición caerá en una generalización inconclusa similar a la que propone la Real Academia Española de la Lengua: Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. Es una causa perdida. La felicidad es un concepto indeterminado. Las palabras del lenguaje que expresan estados de ánimo ("esperanza", "dicha", "gozo", "melancolía”, "resentimiento", "ansiedad"), lo que Georges Bataille denominaba experiencia interior, incorporan un exceso de contenido introspectivo, mentalista. La definición de la RAE no demarca el concepto sino que lo expande, abre mundo en expresión de Heidegger. La condición humana, versátil y contradictoria, es capaz de desear un número ilimitado de bienes cuyas determinaciones se disuelven en una casuística heterogénea e inabarcable. Es más, el infortunio nace con frecuencia de las expectativas imposibles que hemos decidido desear.

Para Wittgenstein son términos con una intención meramente pragmática. Es evidente, afirma, que no podemos cambiar ni forzar el contenido semántico del lenguaje, su gramática, además de admitir, que está bien como está. Y que los enredos y malentendidos surgen cuando el lenguaje se va de vacaciones. Un hablante con una competencia comunicativa normal entenderá correctamente lo que queremos decir cuando los utilizamos en los contextos apropiados. No existe un modelo original (como sugería el cerrajero) de la felicidad sino múltiples juegos del lenguaje en los que el término se usa con propiedad.

La concepción de la felicidad que más me convence es la aristotélica (no me privo de dar mi opinión). Anticuada, aburrida, viejuna, puede ser. Pero la edad determina la conciencia y me cae bien el astuto viejito de Mafalda.

Durante el helenismo, Aristóteles confirió al término un significado ético, costumbrista, individual: la felicidad es el resultado de la práctica constante de determinadas virtudes intelectuales (sabiduría, ciencia, entendimiento, prudencia, arte) y morales (fortaleza, amistad, liberalidad, modestia y justicia, entre otras). La felicidad no es un estado puntual, aislado, ocasional. La auténtica es siempre la consecuencia de tales hábitos y sólo quien los posee en grado eminente es capaz de alcanzarla. El resto es satisfacción circunstancial. La felicidad es una forma de vida. Así lo entendieron, fieles a tal idea, las escuelas postaristotélicas.

sábado, 6 de abril de 2024

Interrupción voluntaria del embarazo

 

Francia es el primer país del mundo que incluye actualmente el derecho al aborto en su Constitución para que no se promulguen en el futuro leyes que impidan u obstaculicen su pleno ejercicio. La Asamblea Nacional ha inscrito en el artículo 34 de la Constitución el siguiente apartado: La ley determina las condiciones por las cuales se ejerce la libertad garantizada a la mujer de recurrir a una interrupción voluntaria del embarazo.

Los supuestos están recogidos en nuestro país en la ley orgánica 1/2023 de 28 de Febrero: violación (supuesto criminológico), riesgo grave para la salud física o mental de la madre (supuesto terapéutico), malformaciones y patologías genéticas del feto (supuesto eugenésico). En general, es legal la interrupción libre del embarazo hasta la semana catorce de la gestación a partir de los dieciséis años sin que sea obligatoria la autorización parental. Según datos estadísticos de la Dirección General de Salud Pública los motivos más frecuentes que se alegan en el “cuarto supuesto” son las dificultades económicas, la marginación de las madres solteras, la crisis de la pareja, la pérdida del puesto de trabajo, la edad avanzada, la incompatibilidad profesional o diversas disfunciones psicológicas reales o imaginarias. El año pasado se realizaron 98.136 abortos en España, según datos del Registro Estatal de Interrupciones Voluntarias del Embarazo publicado por el Ministerio de Sanidad a finales de septiembre, lo que supone una tasa de 12 mujeres de cada 1.000 entre 15 y 44 años.

La hija de unos vecinos de toda la vida se quedó embarazada antes de cumplir catorce años sin haber terminado cuarto de la ESO. Su novio, mayor de edad, estaba empleado en una superficie comercial. Las circunstancias son de sobra conocidas: dinero fresco, salida a las tantas de una discoteca coladero cargados de copas, aparcamiento del coche en un solitario lugar de las afueras o habitación prestada de un piso de colegas que están en ignorado paradero, la emoción de hacer el amor sin tomar precauciones, aquí te pillo y aquí te mato… En fin, constatar el comentario que hizo aparte a los desolados padres la ginecóloga al comunicarles el embarazo indeseado: una adolescente o una joven entre los catorce y veinte años se queda embarazada con solo mirarla. Este frase me parece más pertinente que los cursos sobre educación sexual que se prodigan en los Centros de Apoyo a la Familia e Institutos de Secundaria. Me lo cuenta una profesora de francés recién jubilada que tuvo que asistir por obligación de tutora a una de estas charlas sobre identidad de género impartida por una jovial pareja que se presentaba como masters en educación sexual. Obviamente hubo que cazar a los alumnos a lazo. Tampoco está claro que no se pida permiso por escrito a los padres para autorizar la asistencia de sus hijos a estas actividades extraescolares. Muchas no son orientativas y “transversales”, como se anuncian, sino ideológicas. Tendenciosas. Crean problemas donde no los hay. Por ejemplo, propician el embarazo no deseado. Atrapados varios grupos de la ESO en la jaula, comenzó la sucesión interminable de presentaciones, imágenes de los genitales y alusiones a zonas erógenas que, según la profesora, nunca había oído. De pronto, el ruido de fondo cósmico del tedio se desgarró por el aullido orgásmico de un alumno de la última fila. Su amiguita del alma, quizás movidos por la charla, se había dedicado a complacerlo desde hacía rato y el final fue un enhiesto surtidor de sombra y sueño que a las estrellas casi alcanza. Por fortuna se impuso la risa inextinguible de los dioses. Mi amiga se troncha cada vez que lo cuenta. Recuerda la palidez mortal de los expertos que antes de salir por la puerta falsa susurraron: libertad a la madrileña. Obviamente la Asociación de Padres de Alumnos (APA) tuvo noticias del caso.  

En la adolescente las consecuencias de dar a luz serán inmediatas: los apoyos incondicionales de los miembros de las asociaciones provida, los fárragos burocráticos de las casas de acogida, las soflamas de los grupos parroquiales; amigos, conocidos y parientes de circunstancias una vez que se produce el parto desaparecen como por ensalmo. Serán los abuelos quienes se ocuparán de criar al nieto sin tener edad ni estar en condiciones de representar el papel de padres. Los verdaderos todavía menos. La condición de madre soltera a esa edad es un estigma social. Los estudios, la socialización y el desarrollo de la educación afectiva se verán alterados y frustrados. Eso sin contar con la impredecible reacción del padre del recién nacido; la norma es que se desentienden del problema; en todo caso conviene obviar las fogosas promesas matrimoniales. En fin, algunas pautas para interrumpir el embarazo como aconsejó la doctora: al no haber violación, hacerlo cuanto antes, físicamente es más fácil y el trauma menor. Además, los cambios físicos y psicológicos que experimenta la mujer encinta serán más leves. Inconveniente: los ginecólogos de la Seguridad Social no practican este tipo de intervenciones. Se suelen acoger en bloque al derecho a la objeción de conciencia (lo cual es otro tema del cual habría mucho que hablar). Aducen, además, que el servicio se sobrecargaría si atendieran los abortos. La misma Sanidad Pública te deriva a ciertas clínicas privadas. Si no te convencen y te lo puedes permitir, coge un vuelo con presupuesto y cita. Allí te encontrarás con un ambiente más normalizado, menos denostado socialmente y no tendrás que sufrir el acoso callejero ilegal de grupos ultras con preces, pancartas y furgonetas del último recurso. Tras la intervención lo mejor es que nadie fuera del círculo íntimo lo sepa. Difícil. Imposible en ciudades de provincias. En todo caso, una vida por delante descarta de raíz las habladurías. Y asunto no concluido, porque un aborto es algo que ninguna mujer, tenga la edad que tenga, podrá olvidar en su vida. Es una tragedia materna que requiere duelo y consuelo. Incluso conviene buscar ayuda profesional para restaurar la confianza entre los padres y la hija y la hija consigo misma. El embarazo se gesta en el cuerpo y en la mente de la mujer. Ambos son suyos, pero también de la vida que lleva dentro, de los que la necesitan, la quieren y la esperan. Algunos desalmados y desalmadas confunden un drama indeleble con una fiesta.

viernes, 15 de marzo de 2024

El cuerpo del amor

 

La pandemia ha supuesto un renovado interés por el culto al cuerpo. Recordad el omnipresente ¡Cuídate! Las salas de fitness, están a reventar, las aceras pobladas de corredores o runners que resoplan al adelantarte, en los parques se han instalado barras, bicicletas y otros artilugios, en cualquier esquina puedes tropezarte con alguien haciendo sentadillas, flexiones o estiramientos. Por no hablar de la penitencia de la gastronomía ecológica.

Otra variante en auge del culto al cuerpo son los institutos o clínicas de cirugía y medicina estética, el negocio más próspero del barrio junto con los gimnasios, las terrazas y los chinos. Sus clientes son por el momento mayoritariamente femeninos, pero hay cada vez más presencia masculina (hetero y homo) según datos de las propias clínicas, en parte ciertos y en parte hinchados en un intento de autopromoción. Algunos se retocan por exigencias profesionales (políticos, reyes, locutores, actores, influencers, deportistas), otros por contemplar su imagen en el espejo, sin olvidar a los que buscan el elixir de la eterna juventud.     

Hoy tocamos este palo. No es lo mismo la cirugía plástica que la cirugía estética. La primera pretende restaurar la forma y función del tejido después de que haya sido afectado por diversas patologías: infección, traumatismo, extirpación, quemaduras, amputaciones, deformaciones congénitas… La segunda se utiliza para mejorar la apariencia personal y se puede realizar en diferentes áreas de la cara, el cuello y el cuerpo. No hay, por tanto, patologías previas. Se trata de un procedimiento electivo mediante el cual se modifican rasgos corporales a fin de optimizarlos. Hay muchos tipos de cirugía estética: el lifting o estiramiento facial, la rinoplastia, la liposucción, la otoplastia, la mamoplastia, el levantamiento de cejas, entre otros. Una variante no quirúrgica de la cirugía estética es la medicina estética orientada a perfeccionar el aspecto físico mediante tratamientos no invasivos o mínimamente invasivos: corregir imperfecciones del rostro, favorecer la calidad y textura de la piel, reducir las arrugas, corregir las líneas de expresión o promover la regeneración celular. La cirugía plástica o reparadora está cubierta por el Servicio Nacional de Salud, mientras que la cirugía y la medicina estética es sufragada por los usuarios, algo justo y necesario en ambos casos.

Hay un tema concomitante que cada vez cobra mayor actualidad y es objeto de polémica (agria entre los políticos): la transexualidad. La podemos definir como la identidad de género de las personas que se consideran a sí mismas individuos del sexo opuesto. Los transexuales tienen, por tanto, una identidad de género que no coincide con su sexo adscrito por nacimiento por lo que desean realizar una transición al sexo con el que se identifican. Para llevarla a cabo tienen que buscar asistencia médica mediante terapias de sustitución hormonal y cirugía de cambio de género. Esta última tiene dos modalidades completas: la cirugía de feminización o vaginoplastia y la cirugía de masculinización o faloplastia. Hay grados intermedios. La vaginoplastia consiste en una reconstrucción genital que incluye la extirpación de los testículos y el pene, la creación de una vagina, labios vulvares y un clítoris. La faloplastia tiene como objetivo crear unos genitales externos masculinos que permitan una función urinaria en posición vertical, una estimulación erógena y una penetración satisfactoria. La operación completa de reasignación de género en ambos casos es compleja porque implica a distintos especialistas y además costosa, en torno a los veinte mil euros o más en función de las características de cada caso.

Es problema ético y político es a quién corresponden los gastos de la cirugía de reasignación parcial o completa de género. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y las más reconocidas asociaciones de Psiquiatría no consideran a la transexualidad una enfermedad mental. La patología, denominada disforia de género, surge, más bien, cuando tratamos de disuadir a la persona de su identidad transexual en vez de ayudarla a que la asuma sin complejos. La contradicción surge, a mi modo de ver, en que si no se trata de una enfermedad sino de una elección subjetiva no corresponde al Servicio Nacional de Salud hacerse cargo de los gastos de las intervenciones de feminización o masculinización. No son un caso de cirugía estética, pero tampoco de cirugía plástica. Es más, por su propia finalidad institucional, el SNS quedaría al margen de cualquier protocolo, evaluación y procedimiento relacionado con la reasignación de sexo. Los transexuales tendrían, por tanto, que recurrir a centros privados (los hay y muy competentes, por ejemplo, la Clínica Mayo) y cubrir todos los gastos. Estoy de acuerdo en que muchos trans, por desgracia, no pueden costearse la intervención, pero de ahí no se sigue que tengamos que pagársela entre todos. Insisto, trato de expresar mi opinión, no de sentenciar sobre el caso. En nuestro país este matiz nunca está de más.

domingo, 17 de diciembre de 2023

Ética del deber, ética de circunstancias y ética circunstancial

Toda ética es de circunstancias porque vivimos inmersos en los valores morales de una cultura, subcultura o contracultura y nos educamos en los grupos primarios y secundarios de una sociedad. La circunstancia impregna las decisiones puntuales que tomamos y orienta nuestra ética personal, interpersonal y política. A esta altura determinada de los tiempos, diría Ortega, asistimos al irresistible ascenso de una mutación vírica de la ética de circunstancias: la ética circunstancial, surgida de la inconsistencia interesada de nuestras acciones. 

El golfista Jon Rahm, tercer jugador del mundo, declaró en 2022 durante el US Open:

Se ha hablado y especulado mucho sobre la liga saudí y creo que no es lo mejor para mí y mi futuro en el golf. Creo que el mejor legado que puedo lograr es en el PGA Tour. Nunca he jugado por el dinero, sino por el amor al juego. Quiero jugar contra los mejores del mundo. Me interesa la historia y el legado. Y en este momento, el PGA Tour tiene eso.

Un año después, Rahm ha aceptado la oferta del LIV Golf Saudí por un contrato que oscila entre los 500 y los 600 millones de dólares (el mayor de la historia del deporte). Ha sido expulsado del PGA Tour como miembro de su circuito. L’argent fait tout.

Pedro Sánchez, fecundo en ardides, es un reconocido maestro de la ética circunstancial. Las tres negaciones de Pedro: su insomnio por formar un gobierno de coalición con Unidas Podemos, sus rechazos sucesivos en campaña electoral a los indultos y a una ley de amnistía, su negativa tajante a alcanzar pactos con Bildu… A su vez, Feijóo se presenta como un paladín del centrismo moderado y reformista, un gestor competente para tirios y troyanos. Algo incompatible con sus socios de gobierno y el giro copernicano hacia la derecha más conservadora.

La futbolista Jenni Hermoso, según confirmaciones presenciales, pasó en veinticuatro horas de considerar el achuchón hortera de Luis Rubiales como algo anecdótico a un caso de acoso sexual inadmisible. Woody Allen, de visita con su banda de jazz por España, declaró con bastante sentido común que, después de todo, el hecho en sí mismo no era tan grave, que no la había forzado ni ejercido violencia física o verbal. Fue un pico no consentido, de mal gusto, ajeno al protocolo, al cargo y al respeto debido a las campeonas; disculpas sinceras y golpes de pecho públicos, poco más. El presidente de la Real Federación Española de Fútbol actuó movido de forma extemporánea por las circunstancias emocionales del título mundial y la jugadora por las circunstancias reales: la destitución de un personaje turbio y su corte de seguidores, incluido el entrenador, al que se la tenían jurada desde hacía tiempo y la manipulación del caso por políticos y políticas circunstanciales.

Tras el informe PISA 2023, programa internacional que evalúa el rendimiento de los alumnos de Cuarto de la ESO en ciencias, matemáticas y comprensión lectora, Cataluña se sitúa a la cola nacional en las tres competencias. Nada más conocerse los resultados, las autoridades educativas de la Generalitat los han justificado alegando que se deben a una sobrerrepresentación del alumnado inmigrante en las pruebas. Ante el aroma inconfundible de la xenofobia circunstancial, al día siguiente, el Departamento de Educación de la Generalitat rectificó trasladando a los responsables del informe PISA su confianza completa en la calidad y rigor de las pruebas. Reconocemos, además, que sobre PISA no hay excusas. Es preciso descartar todas las dudas sobre la representatividad de la muestra con respecto a la realidad social. Somos conscientes de un problema que tenemos identificado y trabajamos seriamente para resolverlo. ¡Viva el cosmopolitismo educativo!

Podríamos también hablar del repertorio feminista circunstancial de algunas influencers y de las asiduas de la prensa rosa, compatible, según ellas, con su sexismo, exhibicionismo y negocios millonarios de la imagen.

O de los más de siete millones de euros probados que el C.F. Barcelona pagó durante dieciocho años al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, José María Enríquez Negreira, por informes estadísticos y asesoramiento profesional. Laporta, presidente circunstancial del Barça, interpreta los hechos: hay demasiado madridismo sociológico en los centros de poder. El infierno siempre son los otros.

P.D. Una teoría filosófica y dos teológicas han intentado probar sin éxito lo que sería una ética del deber al margen de las circunstancias: la ética formal kantiana, la moral tomista de la iglesia católica y la ética protestante de las iglesias reformadas.

La primera propone que solo una razón pura práctica que excluya los elementos felicitarios o utilitarios y actúe por total acuerdo con su sentido del deber puede considerarse moralmente valiosa. Se trata de una voluntad regida por imperativos categóricos, incondicionados, por leyes morales autónomas. Kant lo denominó el ideal de la santidad, inalcanzable para el ser humano, añadió, que actúa siempre movido por imperativos hipotéticos o condicionados; incluso los declarados categóricos son hipotéticos disfrazados tras revelar las circunstancias empíricas que los encubren (fisiológicas, psicológicas, sociológicas, económicas, educacionales, jurídicas, religiosas). Ecce homo.

La teología católica afirma que el entendimiento descubre de forma inequívoca la ley natural o proyección a escala humana de la razón divina como un conjunto de preceptos universales e inmutables, válidos para todos los hombres y todas las épocas. Para la fe judeocristiana serían los diez mandamientos. La excesiva generalidad de tales principios hace que la Iglesia sea la depositaria de su interpretación correcta y adaptación concreta, por lo que la conciencia individual queda relegada, aunque no negada, al segundo plano del libre albedrío. O sea, historia del catolicismo y sus angostos vaivenes. De nuevo una ética de circunstancias, historicista, que comienza con la Patrística y tras innumerables, concilios, encíclicas y proclamas ex cátedra del Sumo Pontífice acaba con el enfrentamiento entre partidarios y detractores del Papa Francisco dentro y fuera del Vaticano. 

El protestantismo, en su versión original, contempla dos absolutos: La Palabra de Dios, la Biblia y el libre examen de los textos sagrados. De un mismo versículo de un capítulo bíblico pueden extraerse según las incontables iglesias, confesiones y sectas reformadas las conclusiones más insólitas e incluso contradictorias. Además la interpretación del pastor, una mera designación profesional, es tan válida como la de cualquier cristiano. Ahora las circunstancias son ilimitadas. 

viernes, 23 de septiembre de 2022

Vanitas

 

El adjetivo latino vanus significa vacío, vano, hueco. De este adjetivo proviene la palabra vanitas que significa vanidad, vana apariencia, fraude, jactancia o engreimiento.

Memento mori es una expresión latina que significa “recuerda que morirás”. Es sabido que el Senado Romano estableció la tradición de que un esclavo acompañara a un general o alto cargo durante su desfile triunfal por las vías de Roma para sostener una corona de laurel sobre su cabeza y susurrarle al oído su condición mortal y evitar así la tentación de la vanitas y sus consecuencias políticas o militares para la República.

Otra crítica a la vanitas, más de carácter personal que público, procede del cristianismo medieval. Son innumerables las representaciones pictóricas. Las más antiguas se remontan al memento mori representado en los muros de las iglesias románicas como alusión a la fugacidad de la vida, al valor de los valores espirituales frente a los mundanos y a la inevitabilidad de la muerte. Una concepción que el cristianismo tomó de la filosofía estoica y alude a la idea de que el ser humano debe tener presente su destino último como el principal horizonte de sentido. La iconografía es un desfile interminable de esqueletos, calaveras y guadañas.

Tanto los textos bíblicos como la doctrina católica le dan a la vanitas el nombre de soberbia. Para la Biblia es la forma más directa de apartarse del auténtico significado de la Palabra y de la renuncia al único Dios verdadero. El segundo mandamiento de la ley hebrea, No tomarás el nombre de Dios en vano, advierte sobre las falsas desviaciones de la religión hebraica (idolatría y politeísmo), los hábitos superficiales (apariencia e hipocresía) y los falsos juramentos (interés e inconstancia).

Para la tradición eclesiástica católica los siete pecados capitales son la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza. Es famosa La Mesa de los pecados capitales, un óleo sobre tabla del Bosco expuesto en el Museo de El Prado. La Soberbia, el orgullo de estar por encima de los demás, de ser mirado y admirado, se personifica en una joven vanidosa con un ridículo tocado absorta en el reflejo del espejo sin darse cuenta de que lo sujetan los demonios.

Decía Tomás de Aquino, el teólogo católico por excelencia, que Un pecado o vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que, en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal. (…) Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada.

El paradigma por antonomasia del pecado de vanidad, la soberbia, lo constituye la rebelión del más bello y perfecto de los ángeles, Lucifer (literalmente portador de la luz), contra Dios al que intentó destronar para ser finalmente condenado a los abismos del infierno. Ahora bien, cuando se afirma que el demonio existe, que fue vencido, pero no extinto, se alude simbólicamente al imperio creciente de la vanitas en la sociedad actual: el narcisismo.

Narciso era hijo del dios-río Cefiso y de la ninfa Leiríope. Fue un muchacho de extraordinaria belleza, de quien el adivino ciego Tiresias vaticinó que viviría una larga y feliz vida si no llegaba nunca a contemplar el reflejo de su imagen. Narciso despertó el amor de muchos hombres y mujeres, pero, vanidoso e incapaz de amar, altanero y lleno de orgullo, nunca les correspondió. El comportamiento de Narciso acabó por atraer el castigo de los dioses. Y puesto que sus padres eran criaturas de los ríos, el joven vio finalmente su imagen en las aguas y se enamoró de sí mismo; desesperado al no poder alcanzar el objeto de su pasión permaneció junto al arroyo hasta consumirse de tristeza. Cuenta el mito que el río benévolo convirtió el cuerpo de Narciso en la flor multicolor que lleva su nombre.

El narcisismo actual varía según la vanitas de quien contempla su reflejo en el agua. Los ejemplos son incontables. El profesor erudito que habla para sí mismo y no para sus alumnos, el político que no piensa en su trabajo sino en promocionar su imagen a cualquier precio, el empresario que se atribuye en exclusiva el éxito de la balanza comercial sin contar con los expertos mal pagados que lo hicieron posible, el escritor que interpreta el mundo con una profundidad sospechosa, encubierta, un andamio visible que sirve para hablar de sí mismo y su presunto talento, el médico que pregona su valía y el demérito de sus colegas por la puesta en escena, el uniforme de sus ayudantes y los elevados honorarios de la consulta, el futbolista que se vanagloria de su juego incomparable y su lugar en la historia de los cromos, el periodista que insiste una y otra vez en la importancia de su profesión y sus niveles de audiencia, el famoso o la famosa que sueltan el rebuzno del año en los medios de comunicación para que sea objeto de comentarios millonarios, pues lo que importa es que se hable de uno aunque sea mal, el asistente a una conferencia sobre filosofía (por ejemplo) que pregunta no para informarse sobre algo que le interesa, sino para lucirse con su propia metaconferencia que abruma (y aburre) al respetable, entre otros al ponente…

Por no hablar de espejos menores, como el que se ve reflejado en su coche, en sus electrodomésticos, en su forma de vestir, en sus lecturas y conciertos, en su cuenta corriente, en sus hijos, en su lugar de veraneo o en sus viajes alrededor del mundo. O el negocio de la imagen en las revistas del corazón y las redes sociales. Se puede afirmar que las sombras vacilantes y recortadas que se proyectan ante los prisioneros encadenados en el mito platónico de la Caverna son en la sociedad actual imágenes narcisistas.

P.D Sería un buen ejercicio de reflexión, que obviamente desborda este artículo, analizar los elementos de la vanitas que se han mostrado en los funerales de la Reina Isabel II. Propongo algunos: los firmes valores de la familia real, el apoyo unánime del pueblo británico a la monarquía, la alta consideración social del nuevo Rey y su consorte, el patrimonio de la Casa Real, el inmenso entramado institucional de la Reina, desde los regimientos de la Guardia Real a los 1.2000 servidores de palacio, el fasto de la jerarquía eclesiástica anglicana, el gran imperio o la Mancomunidad de Naciones, la solidez nacional del Reino Unido (Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte), el admirable (y formidable) despliegue ceremonial de las exequias, el firme futuro de los nuevos reyes, las excelentes relaciones entre los dirigentes de Inglaterra y la Unión Europea…

viernes, 25 de marzo de 2022

El feminismo como ideología

 

En otro lugar señalaba que es preciso separar la ecología como ciencia del ecologismo como movimiento ideológico. Aquí pretendo hacer una distinción similar. No hay que confundir el reconocimiento ético y jurídico de la plena igualdad de género con el feminismo. Lo primero está recogido en el articulado de La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, un tratado internacional aprobado el 18 de diciembre de 1979 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en vigor desde el 3 de septiembre de 1981 y actualizado en sucesivas declaraciones. Lo segundo es una ideología en el mejor sentido del término. Muchas de las tradicionales reivindicaciones feministas están contempladas en estos acuerdos institucionales… pero no todas (por eso se renuevan periódicamente). No es menos cierto que una cosa es la letra de los acuerdos y otra su cumplimiento, como ocurre con la Declaración Universal de los Derechos Humanos o la Constitución Española. Ahí desempeñan las ideologías su legítima función crítica y transformadora.

Habría, por tanto, que diferenciar a las mujeres que están a favor de la plena igualdad de derechos y oportunidades, de las que se consideran propiamente feministas. En realidad, habría que hablar del feminismo en plural, un conjunto de posiciones ideológicas que tienen un núcleo común y un amplio espectro de argumentos diferenciales. No es lo mismo el feminismo cristiano que el movimiento Me Too.

Según un estudio realizado por The Global Institute for Women’s Leadership del King’s College de Londres, en la que participaron 18.800 mujeres de entre 16 y 64 años de 27 países sobre la igualdad de género, a la pregunta Se considera feminista, solo el 32% respondieron afirmativamente. En Dinamarca, el país con la mayor igualdad de género del mundo, una de cada cuatro mujeres se considera feminista convencida, el 8% tiene una opinión favorable del movimiento #Metoo y un 35% lo desaprueba expresamente. Resulta chocante que sus activistas, por ejemplo, pongan de vuelta y media al sexismo, pero ellas se exhiban semidesnudas en sus performances reivindicativas.

En principio, el término feminismo abarca demasiado espacio semántico. La mayoría de las mujeres defienden la plena igualdad de género, mientras el feminismo les suena a otra cosa. Por eso en cuando se intenta implicar seriamente a la mujer con su significado estricto, a identificarse con sus rasgos contraculturales, a interiorizar su lenguaje privado, comienzan los recelos, la desconfianza, las dudas y el desapego. Además, todas las variantes del feminismo están asociadas a las principales ideologías políticas: conservador, liberal, socialista y radical. Y es bien sabida la creciente desafección hacia la clase política y sus incompetencias.

Nos vamos a ocupar aquí de lo que consideramos excesos de ciertas versiones en auge. Por ejemplo, el llamado feminismo radical que llega a considerar al hombre el culpable ontológico del mal en el mundo. Insiste en expresiones androfóbicas que culpabilizan a todos los varones por el hecho de serlo. La historia del hombre es la historia de la opresión de la mujer. Las convierten en víctimas de una cultura global de la violación y la violencia machista, algo inherente a las hormonas masculinas. Las feministas radicales tratan fatal a los hombres. Son manada o criminales en potencia. En los casos más templados los desprecian. Se olvidan de pronto del motivo central de la ideología, la lucha por la plena igualdad de género, y la sustituyen por estereotipos de la discriminación y el enfrentamiento. Gran parte de la retórica feminista actual ha cruzado la línea que separa las críticas al sexismo de las críticas a los hombres en general. Según esta visión, los hombres forman parte de una raza injustamente privilegiada, especialmente si además son blancos y heterosexuales. Se ha dicho: el hombre abusa por el solo hecho de tener pene. Muchas feministas prácticamente equiparan la penetración con la violación. Un psicoanalista se frotaría las manos ante esta versión desmadrada del complejo de castración en la mujer.  Primera derivación del feminismo extremo: puesto que vivimos en una sociedad falocrática se impone una defensa a ultranza de los colectivos de gays y lesbianas, bisexuales, intersexuales, travestis, transexuales y binarios. Segunda derivación: puesto que vivimos en una cultura monogámica se impone una defensa cerrada del poliamor. Nada nuevo: el poliamor, un asunto feminista según la filósofa Carrie Jenkins, era frecuente entre nuestros antepasados neandertales del Pleistoceno; también el incesto, una de las razones genéticas de su decadencia; o el cruce sexual con otra especie de homínidos, los cromañones, o sea nosotros, e incluso la zoofilia ritual con fines propiciatorios. ¡Alguien da más! Sí, además practicaban el canibalismo en épocas de penuria. ¡Solo falta fijar la fecha del día del orgullo neandertal!

El feminismo radical afirma “que no nacemos con ninguna predisposición biológica y que todo se reduce a la influencia de la cultura”. Es evidente que hay diferencias biológicas entre el hombre y la mujer, pero la mayoría son a favor de ella. Lo que resulta cuestionable, según los expertos en pediatría y psicología infantil, es el normal desarrollo evolutivo (personal, intelectual y emocional) de un niño con dos padres o dos madres en parejas homosexuales. Queda abierto el debate.

También se refieren las radicales a la desigualdad de trato y contrato de la mujer en ciertos deportes, como el golf, el tenis o el fútbol. Es cierto, pero el deporte de elite es simplemente un mercado más. En este caso, la supremacía masculina la fija la demanda y no el género. Tampoco se sostiene una noción agresiva del empoderamiento profesional: es falsa la sistemática discriminación de la mujer en el trabajo. En general, el acceso de la mujer a la formación superior, a los sectores laborales, a los puestos de mayor responsabilidad, a la producción de valor económico es cada vez mayor y equiparable al hombre. 

Otro asunto turbio. En mi opinión carece de sentido el lenguaje inclusivo que utiliza el feminismo radical. La Real Academia Española (RAE) ha expresado su rechazo ante el uso de palabras aceptadas en el lenguaje inclusivo o no sexista. Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, dijo en una entrevista con EL PAÍS Semanal que el desdoblamiento gramatical del lenguaje inclusivo altera la economía del idioma. Decir, Ellos, ellas y elles o Soldados y soldadas son simplemente ejemplos del rebuzno nacional.

Otro escenario de la batalla son los llamados micromachismos, o sea, las sutiles e imperceptibles maniobras y estrategias de ejercicio del poder de dominio masculino en lo cotidiano, que atentan en diversos grados contra la autonomía femenina. La mayoría de los micromachismos son simplemente actitudes machistas explícitas o costumbres inocuas en vías de extinción. Busquen ejemplos y lo comprobarán. Por cierto, toda crítica al feminismo radical recoge sólo la indignación, nunca la réplica. 

viernes, 18 de marzo de 2022

El machismo como ideología

La versión más cruda del machismo que recorre la noche patriarcal de los tiempos desde el Paleolítico Superior hasta nuestros días consiste en la identificación de la mujer con la maternidad, el cuidado del hogar y el descanso del guerrero. Es, por supuesto, la primera denuncia clamorosa del feminismo de ahora y siempre; al menos en esto coinciden las múltiples variaciones sobre el mismo tema que circulan por el mundo real y virtual. Si el asunto te interesa desde el principio, lo mejor es informarte en trabajos como el de Ana Díaz Los feminismos a través de la historia. Aquí, obviamente, lo vamos a acotar.

El machismo como ideología dominante se fraguó durante la Primera Revolución Industrial inglesa en la segunda mitad del siglo XVIII y se extendió posteriormente al resto de Europa occidental y Norteamérica. El núcleo de la ideología machista fue la escisión entre vida pública y privada. Los hombres y las mujeres debían estar separados en ámbitos civiles distintos. La vida pública corresponde al varón: el trabajo, el sustento familiar, el ascenso laboral, el desgaste que conllevan las transacciones comerciales… Rousseau advertía que los cambios en la industria y en la política conferían nuevas oportunidades a los varones burgueses, pero también nuevos motivos de angustia y preocupación, para lo cual el hogar debía conservarse como el oasis emocional, el refugio contra la fealdad de la competencia salvaje en la ciudad. 

El hogar es el espacio de la vida privada a salvo de las asechanzas del mundo exterior, del tráfago hostil de la vida pública y de los negocios. La mujer es la reina, el ama y señora de la casa. El “retiro al hogar” de las mujeres provocó la aparición de ciertos valores asociados al matrimonio: la monogamia (virginal y de por vida), la maternidad (el deber de quedarse embarazada), el cuidado del hogar (o sea, limpiar, hacer la compra y cocinar) y la crianza y educación de los hijos (de los cuales el padre se desentiende por asuntos de fuerza mayor). Argumentos que fueron tratados en la literatura de la época: libros de consejos a las jóvenes en edad de merecer, recomendaciones frígidas de las madres, tratados parroquiales para embarazadas… era la literatura que se consideraba apropiada para el público femenino. La educación de las mujeres se diferenció de la de los hombres en cuanto a duración y contenido. Las niñas aprendían cosas útiles para su futuro confinadas; debían aprender sólo aquellas materias que las prepararan para su domesticidad; lo demás resultaba superfluo y hasta peligroso para las costumbres de las futuras madres. 

Surgieron los roles de género, la construcción machista de la feminidad y el fraude del segundo sexo. Aunque se denominaba a la mujer la dueña del hogar, tampoco allí tenía dominio alguno; estaba subordinada al marido en la vida privada y en la pública: sometida en lo legal, con total dependencia económica y sin derecho al voto hasta 1931 en nuestro país. También habría mucho que hablar de la distancia entre la moral sexual del marido y la mujer. Mientras que se miraba con condescendencia el adulterio masculino, la mujer era condenada al último círculo del infierno de Dante. Según Schopenhauer, la fidelidad en el matrimonio es artificial para el hombre y natural en la mujer, y, en consecuencia, el adulterio por parte de la mujer es mucho menos perdonable que por parte del hombre. ¿Natural? Lo trágico es que muchas mujeres han perdido la vida a causa de esta visión obsesiva y posesiva de la fidelidad. Actualmente, la violencia machista, el acoso sexual de la mujer en el trabajo o las resistencias a que ocupen altos cargos en la empresa, por ejemplo, son secuelas de aquella separación civil y la fantasía colectiva de dominancia masculina.

La verdad es que me pierdo en el laberinto idiomático de los feminismos actuales. Dejemos a los filólogos/as que pongan en orden en el léxico y a los filósofos/as en los conceptos. Lo único que puedo decir es que en el Instituto de Enseñanza Secundaria donde impartí clases durante más de veinte años, la Junta Directiva estaba formada mayoritariamente por profesoras y que, en general, las alumnas eran más maduras, estudiosas, responsables, sensibles y guapas (permítaseme este piropeo micromachista) que sus colegas masculinos. No obstante, si es justo y necesario hacer una crítica de la sinrazón machista, no lo es menos hacerla de los excesos de la ideología feminista. Pero eso lo dejamos para la siguiente entrada.

martes, 4 de mayo de 2021

La domesticidad

 

Habla memoria: la única forma de conjurar los fantasmas de las casas embrujadas, la mayoría. Con la pandemia surgió una nueva acepción del término domesticidad. Durante el confinamiento y las posteriores restricciones, la familia se recluyó en el hogar durante meses. El remate fue Filomena. La vida doméstica se convirtió en el centro de las actividades cotidianas. La tendencia sigue. Como decía mi abuela en las noches del crudo invierno: ¡pobre quien no tenga un buen brasero donde arrimarse! Vida pública y privada se confundieron entre las paredes. Tuvimos que inventar un nuevo proyecto, un cambio de paradigma existencial, un espacio multifunción para adaptarnos a la hostilidad del mundo externo. Extra muros nulla salus. Después de desayunar, inflación de pantallas: la prensa digital, el teletrabajo para los padres y la escuela virtual para los hijos. A media mañana el informe diario sobre lo que las autoridades sanitarias y, sobre todo, políticas, se imaginaban que pasaba. Un barullo de datos y un montón de promesas envueltas en esa jerga de la autenticidad que tan bien maneja el presidente del gobierno. Al virólogo oficial, el tal Simón, se lo llevaron las olas. Lo único cierto era que el ángel de la muerte se paseaba por las calles y sólo en las casas estábamos a salvo de su guadaña. Las actividades esenciales nos permitieron aliviar la encerrona. Salíamos del portal con equipos de protección individual comprados a precio de oro: doble mascarilla o visera de pantalla, hidrogel de farmacia (no de los chinos), guantes de látex, sospechosos en cuanto tocabas el botón del ascensor, nada de sentarse en los salientes y rebordes del barrio. Los bancos estaban precintados. En el interior de las tiendas, incluso en las aceras, el hombre era un lobo para el hombre. Recuerdo que el farmacéutico de toda la vida (fui a comprar mascarillas) le dio el pésame a una de mis vecinas por el fallecimiento de su suegro; los tres que esperaban en la cola salieron como galgos. Al salir me explicó que no tuvo que ver con el covid. La vuelta al castillo feudal exigía un nuevo protocolo (palabra que se puso de moda) contra la peste: manos cauterizadas, guantes a la basura, ropas a la cesta, zapatos fumigados, tres duchas al día y ventanas al viento. Hasta que los precios bajaron, metíamos las FPP2 en el microondas media hora a setenta grados. Salían retostadas y posiblemente inservibles.  En la mesa, cada cual tenía su kit culinario. Al mínimo síntoma catarral pedías confesión. Con el tiempo se demostró que la mayoría de las medidas eran excesivas o inútiles.

Antes de comer, videoconferencia con familiares y allegados mientras recibías los mensajes con los últimos memes: por cierto, siempre me he preguntado de donde procede tanto ingenio puntual; a los diez minutos del evento te llegaban gracietas frescas. Es imposible que tengan su origen en la libre iniciativa individual por mucho que se empeñen los liberales; estoy convencido de que subyace una industria del humor difusa y rentable. Pronto nos acostumbramos al pedido de la compra en línea, al clic and car, a pedir las pizzas y el sushi por teléfono. El tiempo interminable del ocio dio lugar a nuevas tareas. A muchos cuarentones para arriba les dio por sacar del trastero las pesas y mancuernas, las bandas elásticas o comprar en Amazon bicicletas estáticas plegables o mini elípticas con acción vibratoria. A la semana les empezaron a salir goteras por los cuatro costados. Vuelta al sofá que es más sano. Las señoras preferían bajarse tablas de ejercicios para mantenerse en forma. Pronto el plan fue tan efímero como aprender alemán. Todo este animoso esfuerzo se compensaba con tres horas de siesta, aperitivos chacineros con Rioja, eventuales visitas a la nevera, meriendas improvisadas y galletas con leche antes de irse la cama. Además, se puso de moda sin distinción de género el interés por la repostería o las recetas exóticas del tipo cocina asiática. Ellos y ellas engordaban a saco. Los jóvenes se pasaban cuatro horas tecleando el móvil y otras cuatro con la PlayStation. Los mismos amigos a las mismas horas. Proliferaron los campeonatos digitales de mus, ajedrez y bridge. También las apuestas y las timbas. A las ocho ovación y vuelta al ruedo. Según la reina del vermú, el gobierno Frankenstein tenía la culpa de todo. Más memes: el barrio de Salamanca en pie de guerra; en una calle abarrotada, una señorona con sus mejores galas agita la bandera nacional, mientras su criada con uniforme y guantes blancos aporrea la cacerola.    

Los fines de semana era el momento de poner orden en la casa. Tirar es virtud. Lo primero fueron los papeles: contratos y garantías del siglo pasado, instrucciones de electrodomésticos que ya no teníamos, facturas milenarias, declaraciones de la renta prescritas. Por la noche, a oscuras y en celada, echábamos al contenedor los libros que se rompían sólo con abrirlos y que leídos o no, ocupaban espacio. Por cierto, he descubierto que es imposible deshacerse de los libros que no quieres, aunque sean enciclopedias pata negra o valiosos catálogos de antiguas exposiciones. Ni las bibliotecas municipales ni las librerías de lance te los cogen. Al final acababas bajándote a la calle el piano. Fue el momento estelar de las series de Netflix y otras plataformas. En parte porque el fútbol desapareció del mapa. Maratones de diez episodios y a cenar. Mi vecino, aficionado a la ópera ponía el equipo de música en la última raya del volumen. Las arias de Puccini se oían en la acera de enfrente. Su mujer me confesó que estaba harta de verle dirigir la orquesta con una batuta improvisada. El de arriba se pasaba el día moviendo los muebles. Confieso que me leí la serie completa Harry Potter y me encantó. Pero las víctimas más tristes de la domesticidad han sido los niños: mi nieta de tres años gritaba desde el suelo: ¡Quiero irme al parque! Unas encantadoras gemelas de seis años, me contaba por teléfono su madre, se negaban a salir de su cuarto porque la calle estaba llena de bichos malos. Tampoco podían jugar en grupo para evitar el contacto y la cercanía de los padres. Y además no lo comprendían. 

jueves, 21 de marzo de 2019

La condición femenina


Me invitaba una antiguo alumna mía, hoy profesora de filosofía en un instituto de secundaria, a adentrarme, siquiera someramente, en algunos de los temas y problemas de la condición femenina más controvertidos moralmente desde un punto de vista actual.

Ocurre, en primer lugar, que soy varón y de alta edad.

Ocurre, en segundo lugar, que tales temas y problemas son por intuición, a primera vista, demasiado controvertidos (dicho en terminología cartesiana, oscuros y confusos).

Ocurre que tales temas y problemas son tan complejos, incluso tan generacionales, que no me siento capaz de tratarlos a fondo. Que sean otras y otros quienes aborden con el máximo rigor y fundamento cuestiones como la prostitución reglada, la industria pornográfica (compartida con el hombre, por supuesto), las profesiones femeninas con vínculos o condiciones sexistas, la interrupción artificial del embarazo, la transexualidad quirúrgica y hormonal, la superioridad psico-biológica de la mujer, la gestación subrogada o las madres de alquiler, la adopción de un hijo por una pareja de mujeres (sean o no homosexuales), la fecundación in vitro de mujeres solteras (incluso de edad madura), la doble moral feminista y sexista de muchas famosas en desfiles, fiestas y redes… En mi opinión, todas estas cuestiones tienen una relación directa con la corporalidad femenina, expresada de forma contundente por la afirmación genérica mi cuerpo es mío. Encuentren por sí mismos las aristas, variantes, contraejemplos e incluso contradicciones que tal afirmación contiene cuando se pone en relación con los temas y problemas citados.

Ocurre que mi edad no me lo permite. Estoy de acuerdo con Ortega en su versión de la razón histórica y la consiguiente ética de circunstancias. Enumero además otros temas y problemas todavía más inextricables para mí: la crítica de la “razón falocrática”, el poliamor, la selección genética de los hijos, la sexualidad robótica, la teoría del varón culpable, la masculinización mimética, el desmontaje del mito del “amor romántico”, el empoderamiento femenino o la discriminación positiva de la mujer. Qué alivio sentir mi impotencia para poder entrar en tales asuntos, qué descanso saber que los tiempos cambian y nada ni nadie te permitirá levar el ancla de la edad. Los límites de mi mundo son los límites de mis años. Qué liberación estar siempre situado a una determinada altura de los tiempos…

Ocurre, no obstante, que se debe entrar en tales temas y problemas y dejar que sean otros, por ejemplo mi alumna, quienes entren al trapo, es decir, sigan sus mediaciones dialécticas hasta donde la razón los lleve y caiga quien caiga. Hágase pues.

Feci quod potui, faciant meliora potentes.

P.D. Como dijo Mafalda: ¡astuto viejito!

lunes, 8 de octubre de 2018

Sic et non. Bebés a la carta


SIC. Los avances científicos acaban siempre por prevalecer por lo que es inútil oponerse a sus conquistas. La fecundación in vitro a la carta será una práctica universal en el futuro. Permite elegir el sexo y el número, uno o dos (mellizos o gemelos) de los hijos deseados. Nos referimos aquí, lo mismo que en la fecundación in vitro convencional, tanto a parejas potencialmente fértiles (personas que eligen por elegir) como a parejas que no pueden tener hijos o bien porque la mujer ha alcanzado la menopausia o bien porque el varón tiene un bajo recuento o baja movilidad de los espermatozoides, o por otras causas en ambos casos. Actualmente la fecundación in vitro a la carta está prohibida en todos los países europeos pero no en Estados Unidos, entre otros. La Ley de Reproducción Humana española de 2006 solo permite seleccionar el sexo del embrión con fines terapéuticos, es decir, para evitar enfermedades como la hemofilia o la distrofia muscular entre otras muchas. Por otra parte, según los datos de Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida (ANACER), la demanda de bebés a la carta es cada vez mayor.

NON. Los avances científicos pueden tener usos contrarios a la ética. La fecundación a la carta, aducen algunos científicos detractores, es una forma de fertilización artificial cuyas consecuencias no se conocen a fondo. Todavía no se pueden predecir los efectos negativos, físicos y mentales, que pueden aparecer a lo largo de la vida de las personas concebidas mediante este procedimiento no natural, sobre todo en las parejas no fértiles por la edad u otros motivos. Además, a medio y largo plazo es un camino que puede conducir a la generalización de la eugenesia, es decir a la selección genética de los humanos con fines muy diversos: niñas o niños de ojos azules, pelo rubio y de alta estatura. ¿Les suena? Más adelante las técnicas de manipulación genética podrían usarse para fines más inconfesables, abiertamente contrarios a los derechos humanos. Hemos de recordar una vez más la utopía negativa de Aldous Huxley, un mundo feliz.

SIC. Los tratamientos a la carta no son baratos, en torno a treinta mil dólares, aunque no suponen un desembolso desorbitado para una decisión de tal trascendencia. Es, más o menos, el precio de los coches que habitualmente adquiere la clase media. El principal inconveniente es que tienes que viajar fuera de Europa (Estados Unidos, México, Panamá, Chipre, República Checa, Tailandia, Nigeria o Jordania) con los abultados gastos que esto supone. Las clínicas europeas de reproducción asistida han tomado todo tipo de iniciativas para legalizar esta práctica que, dicho sea de paso, les supondría un negocio redondo.

NON. La mayoría de las clases populares quedarían excluidas del procedimiento. Lo que no dicen las clínicas es que no siempre el tratamiento termina con éxito. Las actuales técnicas de diagnóstico genético preimplantacional (DGP) para la fecundación in vitro (en general) no son exactas en la predicción de la viabilidad del proceso, sobre todo en los casos más problemáticos. Hay parejas que tienen que repetirlo varias veces sin que la clínica se comprometa a un final feliz ni a un precio cerrado en caso de fracaso. Cada vez que se repite el intento hay que pagar una cantidad igual a la inicial.

SIC. Las clínicas de reproducción asistida a la carta (como las convencionales) disponen de un banco de óvulos y espermatozoides procedente de donantes anónimos a disposición de las parejas no fértiles para que puedan elegir la modalidad de filiación que deseen.

NON. No existe un control normativo sobre los donantes. En España una misma persona puede donar óvulos o esperma hasta seis veces en una misma clínica. Multiplicado por el número de clínicas que hay en cada gran ciudad el número se dispara. Podría darse el caso de dos familias del mismo inmueble o barrio (aunque sería raro, por supuesto) que tuvieran hijos a la carta hermanos de padre o madre o de ambos. Más oscuridad. 

SIC. Rechazar esta técnica se basa en prejuicios ideológicos, seudomorales o religiosos: se ha considerado secularmente que los padres deben siempre aceptar a los hijos tal y como sean y vengan porque es “lo natural”. Lo contrario es seleccionar embriones por caprichos personales sin “razones científicas” o como mínimo inciertas. La misión de las clínicas in vitro es que las parejas con problemas de fertilidad tengan hijos sin más. Pero esto tiene más que ver con una actitud tradicional y obsoleta que con argumentos racionales.

NON. La elección  de sexo en la fecundación a la carta pueda alterar la proporción de varones y hembras. Puesto que la mayoría de las culturas tienen una organización familiar patriarcal (posición predominante o empoderamiento del esposo frente a la esposa) y patrilineal (la herencia en sus distintas modalidades se origina en la línea paterna: los hijos heredan del padre el apellido, los bienes, los títulos o la nacionalidad), o sea, culturas machistas, la tendencia podría ser discriminatoria a favor de los varones, lo cual a medio plazo podría desequilibrar la población y ser perjudicial para la sociedad; podría implicar, en el peor de los casos, medidas totalitarias de control de la natalidad para “corregir las variaciones demográficas disfuncionales”.

SIC
. Se trata exclusivamente de un ejercicio de libertad compartida que la ley debe proteger y garantizar.

NON. Algunos especialistas en fecundación in vitro han advertido sobre el perfil de los padres que requieren este procedimiento: mayores de cuarenta y dos años o más jóvenes pero con un amplio historial de abortos o patologías graves. Con frecuencia el resultado es el nacimiento de bebés prematuros, con enfermedades congénitas o síndromes genéticos. El caso más flagrante, ampliamente comentado, es el de una mujer que padecía un cáncer avanzado con una esperanza de vida de tres años que se empeñó en tener un hijo antes de morir. Además, todo tiene su edad: parejas en edad madura tendrían por sí mismas muchas dificultades para atender bien a sus hijos. Es conocido el caso de unos padres italianos que han perdido judicialmente la patria potestad por denuncias vecinales por desatención manifiesta y continua. ¡Pobres niños! 

SIC. Pueden recurrir con todos los derechos a esta técnica (sea convencional o a la carta) las parejas de lesbianas.

NON. No se conoce bien la adecuación de los roles maternos y paternos en la crianza del bebé en las parejas de lesbianas y aún menos en las sucesivas etapas de la evolución del niño al adulto. 

sábado, 8 de septiembre de 2018

Deber y felicidad



Hace años en este blog me referí a la primera triada (y clave de bóveda) de la filosofía kantiana: los tres sujetos kantianos, a saber, el sujeto empírico o psicológico, el sujeto lógico o trascendental y el sujeto metafísico o alma. Tres en uno, como el lubricante que todo lo arregla o el misterio de la trinidad divina. Una construcción especulativa magistral. Con razón afirmaba Borges que la filosofía es una rama inestimable de la literatura fantástica, tanto en su consideración sistemática (Leibniz, Berkeley, Spinoza o el mismo Kant) como en su versión fragmentaria, es decir, en forma de fuente de problemas (el doble, el tiempo, la memoria, el azar, la identidad personal) que son aprovechados ávidamente por todos los géneros literarios.
Ahora quiero referirme a la segunda de las triadas kantianas que sustentan su filosofía práctica y dan lugar a otro notable ejercicio especulativo y, sobre todo, a una fuente ilimitada de sinergias literarias y cinematográficas: los tres imperativos morales que dirigen nuestra acción.

- Contrarios al deber (“Engaño a mi esposa con otras porque me apetece divertirme y sólo se vive una vez”). Son normas propias de las éticas materiales (por ejemplo, el hedonismo).

- Conformes al deber (“No engaño a mi esposa con otras porque puede divorciarse y perjudicar a mis hijos, a mi consideración social y a mi trabajo”). Son normas propias de las éticas materiales (por ejemplo, el utilitarismo).

- Por sentido del deber (“Soy siempre fiel y leal con mi esposa porque como persona casada es mi obligación sin más”). Son propias de una ética formal.

En este último caso, cuando se actúa por imperativos de “deber puros”, la voluntad se somete a una ley moral (universal y necesaria) no por placer o utilidad u otros motivos relacionados con la felicidad, sino por acuerdo con su propia ley dictada exclusivamente por el sentido del deber. Según Kant, solamente estos imperativos tienen valor o mérito moral absoluto.
Una voluntad que actúa por puro sentido del deber orienta sus acciones mediante imperativos categóricos, cuya fórmula más general es: “Se debe hacer X siempre y sin condiciones”. Con palabras de Kant: obra según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se convierta en una ley universal. Ahora bien, el propio Kant advirtió del carácter imposible (o no verificable) de estos imperativos.

En cambio, el único problema que no necesita solución es, sin duda alguna el de cómo sea posible el imperativo de la moralidad {categórico}, porque este no es hipotético y, por lo tanto, la necesidad representada objetivamente no puede asentarse en ninguna suposición previa, como en los imperativos categóricos. Sólo que no debe perderse de vista que no existe ejemplo alguno y, por lo tanto, manera alguna de decidir empíricamente si hay semejante imperativo {categórico}; es preciso recelar siempre de que todos los que parecen categóricos puedan ser ocultamente hipotéticos. Así, por ejemplo, cuando se dice: "no debes prometer falsamente", y se admite que la necesidad de tal omisión no es un mero consejo encaminado a evitar un mal mayor, como sería si dijese: "no debes prometer falsamente, no vayas a perder tu crédito al ser descubierto", sino que se afirma que una acción de esta especie tiene que considerarse como mala en sí misma, entonces es categórico el imperativo de la prohibición. Pero no se puede en ningún ejemplo mostrar con seguridad que la voluntad aquí se determina sin ningún otro motor y sólo por la ley, aunque así lo parezca; pues siempre es posible que en secreto tenga influjo sobre la voluntad el temor de la vergüenza o acaso también el recelo oscuro de otros peligros. ¿Quién puede demostrar la no existencia de una causa, por la experiencia, cuando esta no nos enseña nada más sino que no percibimos la tal causa? De esta causa, empero, el llamado imperativo moral, que aparece como tal imperativo categórico e incondicionado, no sería en realidad sino un precepto pragmático, que nos hace atender a nuestro provecho y nos enseña solamente a tenerlo en cuenta.
KANT, Crítica de la razón práctica.

No se puede contar mejor. O dicho con palabras de un ilustre kantiano español, Manuel García Morente:

Si el hombre pudiera por los medios que sea, de la educación de la pedagogía, o como fuera, purificar cada vez más su voluntad en el sentido de que esa voluntad pura y libre dependa solo de la ley moral; si el hombre va poniéndose  cada vez más, sujetando y dominando la voluntad psicológica y empíricamente determinada; al cabo de esta tarea tendríamos realizado un ideal; tendríamos un ideal cumplido. Se habría cumplido el ideal de lo que Kant llama la santidad. Llama Kant santo, a un hombre que ha dominado por completo, aquí, en la experiencia, toda determinación moral oriunda de los fenómenos concretos, físicos o psicológicos para sujetarlos a la ley moral.

Lo cierto es que no deja de ser un ideal y que la santidad es una condición transmundana por lo que tales imperativos no están al alcance del ser humano. El propio Jesucristo en tanto que hombre se entrega al sacrificio de la cruz por obediencia a Dios, su padre, tal y como aparece en el episodio evangélico de la oración en el Huerto de los Olivos: Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Los frailes o monjas de clausura llevan una vida entera de sacrificio y oración porque esperan obtener la salvación eterna. Es el mismo caso de los mártires por la fe en el primitivo cristianismo: más allá del dolor está el goce en la contemplación de Dios. Los participantes en una ONG humanitaria y, con frecuencia peligrosa, como Médicos sin Fronteras o los antiguos misioneros que arriesgaban sus vidas en tierras lejanas por predicar la fe cristiana, actúan así porque les realiza, les gusta o les salva. Los testigos de Jehová consideran que es un imperativo de deber no transfundir sangre a sus fieles aunque peligre la vida del paciente… porque lo dice su forma de entender la religión.
La moralidad no puede traspasar el amplio círculo de las normas contra o conforme al deber. Por consiguiente, actuamos siempre mediante imperativos hipotéticos, o sea, normas limitadas, sometidas a una condición que las hace válidas. Su forma general sería: “Si quieres conseguir Y, debes hacer X”. El deber existe en toda acción moral, como afirma la forma de ambos imperativos, pero siempre podemos rastrear en los categóricos la condición manifiesta o latente próxima o lejana, expresa u oculta de la felicidad, la utilidad, el placer, la paz interior, la salvación, el conocimiento, la autorrealización, el interés o el beneficio, la riqueza, el poder o la fama que los determina en última instancia. En mi opinión, con la definición de una voluntad pura, Kant no pretende tanto mostrar cómo debe ser el hombre sino cómo es realmente y preparar el tránsito de la ética  la religión.
Analicemos algunos ejemplos peliagudos. Imperativos categóricos como “Se debe respetar la vida humana siempre”, “No se debe mentir nunca” o “Hay que respetar sin excepciones las opiniones de los demás” tienen evidentes excepciones: es moralmente legítima la defensa propia, sin entrar en los supuestos morales y legales de la interrupción artificial del embarazo, la guerra justa o no poner en peligro la vida de la madre en el parto; igualmente, parece conforme al deber dar información tranquilizadora (aunque falsa) a enfermos terminales o proporcionar datos falsos a un grupo terrorista o a un ciberdelincuente; también es una obligación moral rechazar opiniones racistas, ideas delirantes sobre el hombre o teorías y prácticas anticientíficas… No todas las opiniones, ideas o ideologías son respetables. Por tanto, no son leyes morales universales y necesarias. Si aun así se insiste en su universalidad, automáticamente se convierten en normas contrarias al deber. Otro caso: la conducta única del héroe que en un acto supremo entrega su vida para salvar la de sus semejantes, es encomiable en grado sumo pero no universalizable. Normas, asimismo, “Hay que vengar siempre las ofensas recibidas” o “Se debe buscar el beneficio propio sin condiciones” no son generalizables al hacer imposible la vida social, nos harían volver a un descontrolado estado de naturaleza incompatible con la sociedad civil.  
Aparece con una notoria frecuencia en las noticias que un probo ciudadano ha devuelto un maletín extraviado con un montón de euros en efectivo o un talón al portador por una suma importante extraviado en el banco de un parque o un anillo de brillantes perdido en el ascensor. En realidad, esa excelente persona ha actuado por sentido del deber pero no puro sino condicionado. Ha actuado conforme al deber: por ejemplo porque no podría dormir ni vivir en paz consigo mismo si se quedara con el dinero o la joya. O porque su esposa o sus hijos lo va a censurar y considerar poco menos que un delincuente. O porque intuye que antes o después se va a descubrir el pastel y puede tener problemas con la justicia. ¿Cuánto hay en su decisión de deber y cuánto de motivos empíricos? ¿Mitad y mitad? No lo creo. Si deber y felicidad fuera las coordenadas cartesianas de la acción moral resultaría sorprendente la ecuación final de nuestras decisiones. Deber y felicidad transitan por separado aunque pueden a veces encontrarse de manera más o menos confusa, hipócrita o  disimulada. El ser humano es lo que es por lo que no puede superar los amplios límites (eso sí) de la estructura felicitaria de la moral. La síntesis perfecta entre virtud y felicidad solo puede alcanzarse fuera del mundo. De ahí la tercera triada kantiana: los tres postulados de la razón práctica (la libertad de la voluntad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios) y el consiguiente tránsito de la moral a la religión: Pero esto ya es otro tema.