viernes, 15 de mayo de 2026

Los viajes en crucero

 

Uno de los acontecimientos históricos más reseñables del siglo XXI es ese movimiento intergeneracional que ha sido denominado, como no, por los franceses, Les nouveaux voyageurs. Jóvenes de veinte o menos, matrimonios treintañeros, jubilados añejos y ancianos del último viaje, se lanzan y relanzan a hollar con sus pies los lugares más bellos, célebres o recónditos del mundo. Las causas hay que buscarlas en las facilidades de información y contratación desde internet que permiten ir al faro del fin del mundo desde tu móvil, a la proliferación de vuelos de bajo coste o a la dura competencia entre las agencias para tentarnos (sobre todo en temporada baja), con hoteles, casas rurales, campings, pisos turísticos o madrigueras en los escondrijos más insólitos. Asistimos, afirman, al resurgir de una nueva forma de vitalismo colectivo, al impulso de ensanchar geográficamente el horizonte existencial, un retorno al espíritu del Renacimiento y una nueva concepción del hombre dignos de ser estudiados por la psicología social. Sin duda, concluyen, es la cara más amable de la globalización y de las secuelas antropológicas de la pandemia del coronavirus. En román paladino: nadie quiere ser el muerto más rico del cementerio.

Podemos enumerar una lista interminable de formas de hacer turismo: de intercambio, multipropiedad, ecológico, gastronómico, solitario, de autocaravana, mochilero, de camping, de rutas radiales, de la tercera edad, de borrachera, sexual… Y me dejo muchas variantes. Entre otras el turismo de crucero, a propósito de las inquietantes noticias de los contagios a bordo del MV Hondius de varios pasajeros y algún tripulante por un brote de Hantavirus Andes, una variante altamente peligrosa que puede trasmitirse por contacto entre personas infectadas. Un patógeno letal olvidado por las grandes farmacéuticas al ser infrecuente su eclosión y, por tanto, un mal negocio para los laboratorios.  

Hay tres tipos básicos de turismo de crucero: de lujo, megacruceros y de expedición.  El crucero de lujo, a bordo de yates exclusivos o “barcos íntimos” con pocos pasajeros y mucha tripulación, ofrece un servicio personalizado, suites amplias, alta cocina, fondeos en solitarias calas y excursiones improvisadas.  

Un megacrucero es una variante del circuito de turismo por el mar con paradas en los puertos más señalados, salida del barco a tu aire o en visita organizada y vuelta a dormir al camarote. Abstenerse claustrofóbicos, misántropos y adictos a la biodramina. Un moderno trasatlántico es una ciudad flotante con más de cuatro mil pasajeros y mil quinientos tripulantes. Tiene más instalaciones de recreo, cultura, restauración, esparcimiento y deportivas que la mayoría de las capitales de provincia. Por ejemplo, cine, pista de patinaje, discoteca, piscina climatizada, gimnasio, casinos, salas de jacuzzi o centro de golf con tecnología biomecánica… Conviene informarse sobre qué servicios son gratuitos y cuáles no. El precio básico es asequible para una oferta tan épatante. Lo que no te cuentan los folletos (o sólo en letra pequeña) es que muchos servicios hay que pagarlos aparte. Puedes comer en el restaurante principal si no eres muy exigente; pero si te sientas en los restaurantes de especialidad o en los pabellones de gastronomía internacional la cuenta te sube un pico. Otro inconveniente es que hay camareros que pasan a todas horas con bandejas de pinchos, frituras y canapés… Y barra libre a jornada completa. A partir de la segunda semana se dispara al alza la curva de las desavenencias matrimoniales, la mala educación de los hijos y el consumo de copas y combinados. Al final cada cual va a su aire. La cena semanal de Gala con el capitán es un remedio latente para rebajar las tensiones y restablecer la cohesión social. Cuando vuelves al dulce hogar no cabes por la puerta. Es preferible comprarte ropa nueva a perder peso mediante duras privaciones y promesas imposibles de cumplir. Si eres de los que les gusta viajar tranquilo e inventar sobre la marcha, lo mejor es que te lo pienses antes de reservar el pasaje. Las escalas suelen ser cortas, lo que supone visitas apresuradas a los sitios de interés. Si vas en grupo organizado (factura aparte) tienes que ajustarte a un horario rígido con madrugón incluido para ir a marchas forzadas detrás de la bandera de un guía que te lleva por museos, galerías y monumentos largando rutinarias explicaciones. O desconectas o acabas con la cabeza como un bombo. La saturación turística devalúa el patrimonio histórico y cultural hasta convertirlo en un parque temático intransitable.

Otra variante de los recorridos relámpago en las grandes ciudades es el autobús panorámico. La azafata se limita a nombrar los monumentos más importantes que miras a toda prisa sin enterarte de nada mientras el televisor del autobús proyecta un documental en 4K sobre la ciudad con música étnica. Muchos prefieren mirar la pantalla. Al acabar la jornada eres una víctima más del abuso de la cantidad del estímulo. El tiempo se alarga como en la teoría de la relatividad. Al tercer día parece que llevas un mes fuera de casa. Si me obligaran a embarcarme pasaría la mayor parte de la travesía leyendo a Lord Jim o Muerte en el Nilo en sillones confortables y la noche de la cena del capitán en mi camarote viendo en la pantalla del ordenador Tormenta perfecta.

El objetivo del turismo de expedición, el caso del MV Hondius, es la exploración de destinos remotos, islas exóticas, selvas vírgenes, desiertos o altas montañas. Sitios de riesgo. El MV Hondius zarpó de Ushuaia en el sur de Argentina con 149 pasajeros de 23 nacionalidades a bordo, entre ellos 14 españoles, y 57 tripulantes, 13 guías y un médico. Navegaría por el Atlántico Sur con paradas en las islas Sandwich, Georgias del Sur, Tristán de Acuña, Santa Elena, Ascensión y arribada en las Canarias. La pareja holandesa, los primeros fallecidos, considerada el caso índice del brote, llevaba cuarenta días y cuarenta noches viajando por lugares endémicos del virus Andes en el Cono Sur americano (Argentina, Chile y Uruguay). En mi opinión es imposible que una cultura comprenda realmente a otra, pero esto nos distrae del tema. Otras hipótesis apuntan a que el primer foco de contagio estaría relacionado con excursiones de observación de las aves en zonas cercanas a residuos con presencia de roedores. El MV Hondius tampoco tenía un pasaje cerrado. Al menos 30 pasajeros desembarcaron en Santa Elena el 24 de abril. Las autoridades sanitarias los andan buscando por el ancho mundo.

P.D. Rememoremos el descubrimiento de América por Cristobal Colón, proseguido por los conquistadores Hernán Cortés, Francisco Pizarro y tantos otros. Los nativos indígenas al carecer de inmunidad contrajeron enfermedades mortales traídas por los españoles lo que provocó una catástrofe demográfica devastadora por enfermedades como la viruela, el sarampión, la gripe o el tifus. Es curioso que los partidarios de la “Leyenda negra” no insistan en esta mortandad. Las hazañas belicosas de Hernán Cortés en México y el desembarco y evacuación en Tenerife de los pasajeros del MV Hondius han dado pie a enjundiosas declaraciones de ciertos personajes del páramo político, comparables a las teorías de la conspiración de Florentino (¡deje en paz al atleti, por favor!).  

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