jueves, 7 de mayo de 2026

Atlético de Madrid. Balance de la temporada

El título del libro del poeta inglés William Blake, “El matrimonio del cielo y el infierno” es una metáfora acertada de la esencia del fútbol. De la alegría irrefrenable por el triunfo a la depresión profunda por la derrota. Una y otra se desbordan o se agudizan según lo que está en juego sobre el césped. Es un deporte donde resulta imposible alcanzar el justo medio aristotélico: saber ganar y saber perder. El juego limpio es una máscara veneciana del negocio planetario que los organismos oficiales y el periodismo deportivo intentan convertir en una exigencia moral que nadie respeta y a todos engorda. Sin bronca no hay paraíso. Traté de explicarlo en una de mis antiguas entradas del blog que aún, creo, tienen vigencia: ¿Por qué nos gusta el fútbol? Los incondicionales del Atlético de Madrid somos un ejemplo del matrimonio de Blake. Todavía me acuerdo del cartel publicitario de un “añito en el infierno” (que fueron dos) tras descender a Segunda División hace veinticinco años.  

Esta vez quiero referirme al equipo desde una crítica de la razón futbolera. En principio, hay dos maneras de valorar los resultados de una temporada prácticamente acabada. Desde una perspectiva optimista el año que viene volvemos a estar en las bolas calientes de la Champions, hemos llegado a la final de la Copa del Rey y a las semifinales de la máxima competición europea, lo que supone estar entre los “cuatro mejores” y un río de oro para las arcas. Desde una perspectiva realista nos hemos descolgado de la lucha por la Liga en la segunda vuelta tras demostrar una irregularidad impropia de un aspirante al título frente a los equipos menores y no dar la talla ante los mayores. Hemos cometido errores de bulto, regalos inadmisibles en la Copa del Rey (penaltis incluidos) y nos ha faltado ambición y contundencia en la semifinal europea. Tres decepciones en cualquier caso.

No le faltan argumentos a Conor Gallagher exjugador rojiblanco recién traspasado en Enero al Tottenham Hotspur cuando afirma en una entrevista que el Atlético no está a la altura del Real Madrid, del Barcelona o de los grandes expresos europeos porque en los momentos decisivos, contra equipos serios con intensidad y movimiento, se queda corto. De lo cual surge una nueva antinomia. Tesis. El Cholo debe mantenerse fiel al estilo secular del Atlético: defensa rocosa, centro presionante y contrataque letal. Nosotros somos quien somos. La solución no es cambiar al entrenador sino proporcionarle jugadores de más calidad. No es de recibo que veteranos como Koke o Griezmann sean titulares imprescindibles y partido a partido los pilares del conjunto. Dicho de otro modo, el atleti es un buen equipo, pero no un gran equipo. El nuevo accionista mayoritario, el fondo de inversión estadounidense Apollo Sports Capital, tendrá que invertir en todas las líneas si quiere ascender los peldaños que todavía faltan. Y contar con Simeone.

Antítesis. El Cholo sigue manteniendo los mismos esquemas tácticos de hace diez años obsoletos para el fútbol moderno: veloz, agresivo en todo el campo, despliegue físico y definición. Rodri Hernández, ex atlético, uno de los mejores centrocampistas del mundo y último balón de oro para agravio y espantada de Florentino, planteó a Simeone sin cortarse un pelo que no estaba dispuesto a jugar noventa minutos en bloque bajo como un central más a la espera del fallo del contrario y salir a la carrera. Lo suyo era acariciar el cuero y ponerlo en el sitio. Simeone le suplicó de rodillas que se quedara, pero finalmente fichó por el Manchester City en 2019 por setenta millones de euros. Un pésimo negocio. Me temo que Julián Álvarez tiene también malos pensamientos. Esperemos que no sean de palabra y obra. El Barça de las palancas y los milmillonarios de la Premier League están al acecho. Se impone un golpe de timón en la dirección técnica.

La mejor afición del mundo, la que llenaba el Calderón incluso en el infierno, empieza a tener serias dudas y cabreos. Nadie cuestiona, al contrario, lo que el Cholo, una leyenda, ha hecho por un club que antes de su llegada era un barco al garete. ¿Pero saca a esta altura determinada de los tiempos el mejor partido de los jugadores que pasan por sus manos o más bien los acorta con sus poco ambiciosas pizarras? La inversión 2025/26 ha sido de 230 millones de euros. Algunos fichajes contrastados no han respondido a las expectativas. Demasiadas lesiones de largo alcance y un fondo de armario amplio pero poco solvente. Siempre nos quedará la cantera. En fin, dejo un enlace de entradas y salidas de jugadores para los que quieran sacar sus propias conclusiones. Las mías me las guardo por respeto a los colores. ¡Aúpa Atleti!