sábado, 25 de julio de 2026

La segunda estrella

Puede parecer una evidencia redundante que cuanto más tiempo mantenga un equipo el balón menos posibilidades tiene de encajar un gol. Pero en el fútbol se trata de ganar no de dominar por lo que la tautología susodicha no es aceptada como una verdad universal por los entrenadores. Hay muchos sistemas estudiados y puestos a prueba con distintos recursos tácticos y estrategias. A la selección española le va bien el famoso tiquitaca o ataque posicional, la posesión alta, los pases precisos en las transiciones y el constante movimiento del balón para generar espacios en el área contraria. Tiene la ventaja añadida de que el once rival se pasa un setenta por ciento del partido persiguiendo sombras con el frustrante desgaste de energías, lo que obliga a cambiar a los jugadores más exprimidos y como no siempre el banquillo está a la altura de los titulares el conjunto se descompensa y acaba perdido y perdiendo.

La selección española ha sido fiel a su estilo antes incluso de lucir la primera estrella. Desde que tomaron las riendas Luis Aragonés y Vicente del Bosque se trata más de una escuela de fútbol que de un esquema de pizarra. Y aquí es donde hay que situar la figura de Luis de la Fuente, más parecido por su carácter al marqués del Bosque que al sabio de Hortaleza. De la fuente, hombre de fe deportiva y religiosa (como el mismo ha declarado) encarna los valores cardinales del humanismo cristiano, prudencia, justicia, fortaleza y templanza que tanto echamos de menos en esta España nuestra: sus ruedas de prensa son un ejemplo de moderación y trato exquisito, siempre contesta con argumentos futbolísticos, no se pica con las preguntas cojoneras y no dice  a nadie que no tiene ni puta idea; escoge a los jugadores que realmente se lo han ganado en el césped y no atiende a presiones tertulianas, a las redes sociales o a las profecías de la Inteligencia Artificial; además tiene carisma, es firme en la adversidad y sabe ganar, perder y empatar. Estos son los pilares sobre los que ha edificado la selección campeona del mundo. Ha logrado que los elegidos en las distintas fases del Mundial sean lo que los sociólogos denominan un “grupo primario”. Los jugadores trasmutan las aristas y cuentas pendientes que tienen en la Liga en sanas relaciones personales, próximas, empáticas, espontáneas… Tengo la certeza de que hubiera sido lo mismo con los jugadores del Real Madrid (lo digo sin ironía ni remoquete). Pero por muchas vivencias, afectos e intimidades que compartan en las horas libres, en el campo de golf o en los entrenos, de nada sirven sin no hay otros fundamentos.

De la Fuente cuenta con una memorable plantilla, a la altura de la que consiguió la primera estrella en 2010 en Sudáfrica. Entre otros con el mejor portero, el mejor jugador y el mejor jugador joven del mundial. Un equipo donde cada cual conoce y desempeña al milímetro su papel, al revés que muchas selecciones de renombre compuestas por un agregado de figuras de primera fila que hacen la guerra por su cuenta sin orden ni concierto. El último y definitivo ingrediente es un fondo de armario con los no titulares habituales que ofrecen cuando les toca prestaciones, decisiones y soluciones. No hablaría de titulares y suplentes sino de un conjunto, un système où tout se tient, valga la comparación lingüística, en la que cada elemento depende de los demás para tener un significado propio.

P.D. ¡Rodri por que te fuiste y dejaste huérfanos a los atléticos a pesar de que Simeone te suplicó de rodillas que te quedaras!

sábado, 18 de julio de 2026

Intrahistoria

Hay muchas maneras de comprender la historia: la providencialista la concibe como el plan diseñado por una voluntad omnisciente; la positivista, una formidable sucesión de hechos encadenados; la personalista, resultado de las decisiones de los grandes personajes; la necesitaria, el desarrollo de las civilizaciones se ajusta a leyes o ciclos establecidos; la economicista, los hechos, las acciones, las ideas son la consecuencia de los modos de producción y las fuerzas productivas… La historia no es una ciencia humana en sentido estricto, más bien se sitúa en el ámbito de las humanidades.

Tanto en el Bachillerato como en la Universidad la asignatura que más se me atragantaba era la historia. Coleccioné los veinticuatro tomos de la excelente, según los expertos, Historia Universal de Salvat pero nunca los consulté con interés, la mayoría ni los he abierto. La interpretación de la historia que más me interesa es la menos “rigurosa”, la intrahistoria. Puesto que cualquier método de la historia es cuestionable, es preferible elegir una versión narrativa, novelesca, directamente relacionada con la literatura y el trasiego de los personajes. Sólo la intrahistoria puede adentrarse en las causas finales de los sucesos, los motivos e intenciones de la acción, su sentido interno, las peculiaridades únicas e irrepetibles de los actores, la atmósfera espiritual y emocional de la época...

He aprendido la historia europea en Las memorias de ultratumba, la francesa en la trilogía de Los tres mosqueteros, la italiana en El gatopardo y en Las Memorias de Casanova, la rusa en Guerra y Paz, la inglesa en La feria de las vanidades, la española en Las memorias de un hombre de acción de Baroja, La guerra carlista de Valle Inclán y, sobre todo, en Los episodios nacionales del más grande escritor español después de Cervantes: Don Benito Pérez Galdós. (Durante la pandemia, leí a Almudena Grandes). La ópera, el cine y la leyenda también han contribuido a mi peculiar y limitada formación histórica.

Uno de los enigmas filosóficos más fascinantes es la imposibilidad de recuperar el significado preciso (siquiera aproximado) de los acontecimientos históricos, como esas innumerables aporías de la lógica del sentido que tanto sorprendían a Gilles Deleuze.

¿Se puede recuperar lo que pensaba y sentía el hoplita ateniense cuando en la batalla de Maratón avanzaba hacia el enemigo persa con el escudo dispuesto y la lanza en posición de combate?

¿Podemos reconstruir la fe del monje benedictino del siglo VI que vivía en el Monasterio de Montecassino cuando acudía a maitines al alba o labraba la tierra en el huerto otoñal?

¿Hay alguna forma de describir el sentimiento de los lectores coetáneos de Víctor Hugo cuando por fin llegaban a la últimas páginas de Los miserables?

¿Qué significaban para nuestras bisabuelas las hornacinas en la pared del pasillo, la rejería y los tiestos en los balcones, los fogones de carbón de la cocina, los colchones de lana o los orinales de loza debajo del lecho?

¿Qué pasa por la cabeza de los alumnos actuales cuando consideran que lo normal es aprobar sin condiciones, hablar sin disimulo cuando el profesor expone un tema o recibir una ruidosa llamada de teléfono en medio de la clase con una melodía de Bud Bunny?

Decía Ortega, copiando el concepto de  comprensión empática de Dilthey (Verstegen), que estamos ubicados necesariamente en un rincón determinado de la historia. La vida del día a día está impregnada del arduo tejido del tiempo. La historia tiene, según Ortega, una estructura lineal que consiste en el desenvolvimiento de las generaciones. Cada hombre, cuando se instala en el mundo, encuentra una circunstancia histórica conformada por los conocimientos, creencias, ideas, usos, normas y valores de su tiempo. Esta concepción del mundo epistemológica, ideológica y axiológica, esta visión coherente de las cosas propia de cada generación, mantiene una cierta estabilidad y dura un tiempo determinado. Cuando el tiempo se ha cumplido, esta constelación simbólica se disuelve poco a poco y da paso a otra distinta e irreconocible.

Tengo detrás la generación de mis abuelos y mis padres; delante la de mis hijos y nietos. Me gusta imaginarme como un curioso personaje intrahistórico instalado en un presente que trato de descifrar a mi medida. Es una necesidad biológica, no intelectual, el alejamiento, incluso la pérdida del sentido de la familia, la sexualidad, la economía, la política, la religión, la ética, el derecho, la educación, el trabajo, el ocio, el deporte…  

Hegel: Cuando la filosofía pinta con sus tonos grises el claroscuro, una figura de la vida ha envejecido sin que sea posible rejuvenecer sus penumbras, tan sólo cabe reconocerlas; el búho de Minerva siempre remonta su vuelo en el crepúsculo.

miércoles, 8 de julio de 2026

Soledad

 

El arte puede ser entendido como diferencia o unidad. En el primer caso nos encontramos con la división formal de las artes en visuales, auditivas, textuales y mixtas… Su exposición especializada se da en la historia del arte.

En el segundo, nos encontramos con la estética como expresión de la continuidad de las artes por su carácter discursivo, sus recursos polivalentes, su capacidad de interpretar todas las manifestaciones creativas. Lo esencial de tal continuidad es su posibilidad de convertirse en escritura, incluida la música. La filosofía del arte apunta precisamente a esta búsqueda permanente de la unidad metacognitiva de los géneros. En palabras de Adorno:

El espíritu de las obras de arte es lo que las convierte, en cuanto manifestaciones, en más de lo que son. De forma negativa, esto quiere decir que, literalmente, el espíritu no es nada en las obras, fuera de sus palabras; es su éter, lo que habla por medio de ellas o más estrictamente, lo que las convierte en escritura.

De ahí la preeminencia en las artes textuales de la novela. En la novela la escritura ya está escrita sin otras mediaciones y lo que añade la reflexión estética, prosa sobre prosa, son iluminaciones sobre la sustancia narrativa. Para Heidegger, el lenguaje primordial de las artes textuales es la poesía. Sus visiones de la poesía de Hölderlin, Rilke o Trakl recurren a la prosa poética para desvelar, es decir, penetrar y poner de manifiesto su contenido de verdad.

Un ejemplo de la función de la escritura es la interpretación del óleo de Paul Delvaux titulado “Soledad” (1955).

Una muchacha en una estación desierta en una noche de luna llena que proyecta una luz irreal, semejante a "El imperio de las luces" de Magritte, de espaldas, vestida con su mejor traje para no recibir a nadie, sigue con la mirada a un tren de mercancías que se aleja a toda velocidad… ¿Tiene la pintura un mero significado plástico (un escenario apropiado para ser representado) o hay una escritura más compleja detrás de la composición?

Estaciones, trenes y figuras femeninas forman parte esencial del mundo metafísico, obsesivo, surrealista de Delvaux. Las estaciones ferroviarias son el sitio ideal para la meditación. La joven ha ido a la estación a pensar. Un varón estaría fuera de lugar porque la intención de Delvaux es sobrevolar el amplio horizonte de misterio de la ensoñación femenina, algo demasiado previsible si se tratara de un joven melancólico. El autor evita que la atención se desvíe hacia una historia personal.  Intuimos que la joven ha venido más veces a la misma estación, a la misma hora y con el mismo vestido. La idea de la soledad, motivo central del cuadro, es posible que se refiera en primer lugar no tanto a ella sino al tren: la imagen de la soledad perfecta es la de un tren de mercancías lanzado en la inmensidad nocturna del paisaje vacío. ¿Pero en qué piensa la joven? Quizás en la imposibilidad de comparar la perfección de la soledad del tren con la imperfección de la soledad humana. Un mismo término designa dos realidades incompatibles, enfatizadas por el contraste entre la quietud de la mujer y el movimiento inalcanzable del tren. Es curioso que sea el silencio lo que se impone en la contemplación del cuadro. 

miércoles, 1 de julio de 2026

El tiempo de las cerezas


El verano es el tiempo de las cerezas. Le temps des cerises es una de las canciones populares francesas más conocidas y versionadas por su intenso lirismo y hermosa melodía. Fue compuesta en 1866 con texto de Jean-Baptiste Clément y música de Antoine Renard. La tradición afirma que fue dedicada por los autores a una joven enfermera ejecutada durante La Semaine sanglante, cuando las tropas francesas derrotaron a la Comuna de París.

Louise Michel, destacada anarquista y una de las principales figuras de la Comuna, escribió en La Commune, histoire et souvenirs (1898):

Au moment où vont partir leurs derniers coups, une jeune fille venant de la barricade de la rue Saint-Maur arrive, leur offrant ses services : ils voulaient l'éloigner de cet endroit de mort, elle resta malgré eux. Quelques instants après, la barricade jetant en une formidable explosion tout ce qui lui restait de mitraille mourut dans cette décharge énorme... 

Es una canción con un doble simbolismo: las cerezas evocan la sangre de los revolucionarios caídos por la libertad y la bandera roja de la Comuna; asimismo, recuerdan la dulzura de la fruta madura y el ambiente festivo de los enamorados durante el estío. Un amor quizás tan efímero como el tiempo de las cerezas.


Quand nous chanterons le temps des cerises
Et gai rossignol et merle moqueur
Seront tous en fête
Les belles auront la folie en tête
Et les amoureux du soleil au cœur
Quand nous chanterons le temps des cerises
Sifflera bien mieux le merle moqueur

Mais il est bien court le temps des cerises
Où l'on s'en va deux cueillir en rêvant
Des pendants d'oreille...
Cerises d'amour aux robes pareilles 
Tombant sous la feuille en gouttes de sang...
Mais il est bien court le temps des cerises,
Pendants de corail qu'on cueille en rêvant !

Quand vous en serez au temps des cerises
Si vous avez peur des chagrins d'amour
Évitez les belles !
Moi qui ne crains pas les peines cruelles
Je ne vivrai point sans souffrir un jour...
Quand vous en serez au temps des cerises
Vous aurez aussi des peines d'amour ! 

J'aimerai toujours le temps des cerises
C'est de ce temps-là que je garde au cœur
Une plaie ouverte !
Et Dame Fortune, en m'étant offerte
Ne pourra jamais fermer ma douleur...
J'aimerai toujours le temps des cerises
Et le souvenir que je garde au cœur !


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Cuando cantemos al tiempo de las cerezas
El alegre ruiseñor y el mirlo burlón
Estarán todos de fiesta.
Las bellas tendrán la locura en la cabeza
los enamorados el sol en el corazón  .
Cuando cantemos al tiempo de las cerezas
El mirlo burlón aún cantará mejor.
 
¡Pero qué fugaz es el tiempo de las cerezas
Cuando vamos a recoger zarcillos en pareja soñando.
Cerezas de amor parecidas a prendas rojas 
Que caen sobre las hojas como gotas de sangre…
Pero el tiempo de las cerezas es muy corto,
Pendientes de coral que se recogen soñando!
 
¡Cuando estéis en el tiempo de las cerezas,
Si tenéis miedo a las congojas de amor,
Evitad a las mujeres hermosas!
¡Pero yo, que no temo a las penas crueles,
No viviré un solo día sin sufrir.
Cuando estéis en el tiempo de las cerezas
También vosotros tendréis penas de amor!
 
¡Siempre amaré el tiempo de las cerezas.
De ese tiempo guardo en mi corazón
Una herida abierta!
¡Y ni siquiera la Dama de la Fortuna, aunque me sea propicia,
Podrá jamás acabar con mi dolor…
Siempre Amaré el tiempo de las cerezas
Y el recuerdo que conservo en mi corazón!


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