lunes, 2 de abril de 2018

El origen del universo. Segunda parte



El Origen del Universo, es uno de los temas más importantes de la Cosmología y continúa siendo uno de los misterios más inquietantes de la Ciencia.
La teoría del Big Bang propone que hace más de 13 mil millones de años ocurrió una gran explosión que dio origen al Universo. Esta teoría es aceptada mayoritariamente por la comunidad científica y supone que, tras la gran explosión, el universo se expande indefinidamente. El primero que defendió la hipótesis del Big Bang fue el astrónomo belga Georges Lemaitre quien tras estudiar la teoría de la relatividad de Albert Einstein dedujo en 1927 que el universo está expandiéndose a partir de un “solo punto” situado en un tiempo muy remoto. También el científico ruso George Gamov (1904-1968) defendió la idea de la Gran Explosión y del universo inflacionario. Lanzó la hipótesis de una explosión inicial con temperaturas muy altas seguida de una larga fase de enfriamiento durante la cual las diversas partículas se transformaron y reunieron hasta formar los átomos que conocemos. También hizo una predicción: después de quince mil millones de años de enfriamiento, la temperatura media del universo debería ser inferior a 268 grados bajo cero. Las mediciones actuales de esta temperatura han resultado ser de -270 grados centígrados.
El astrónomo Edwin Powell Hubble (1889-1953) concluyó que la única explicación coherente con las desviaciones hacia el rojo del espectro de las galaxias era que todas se estaban alejando entre sí y que cuanto más lejos se encontraban, más rápidamente lo hacían. Esto solo tenía sentido si el propio universo, incluido el espacio entre galaxias, se estaba expandiendo. Lo cual llevó al astrónomo a elaborar junto a Milton Humason el postulado de la ley de Hubble acerca de la expansión del universo: todas las galaxias se alejan de nosotros a una velocidad proporcional a su distancia. El coeficiente de proporcionalidad se denomina Constante de Hubble. El universo es, por tanto, como un globo en el que todos los puntos se alejan cuando lo hinchas.
En su libro “Los tres primeros minutos del universo” el Premio Nobel de Física de 1979 y profesor de la Universidad de Harvard Steven Weinberg explica en unos cuantos "fotogramas" la evolución inicial del universo de acuerdo con la teoría del Big Bang. El primer fotograma, el que nos interesa para seguir con el enigma planteado, dice:
Cuando apenas ha transcurrido una centésima de segundo tras la gran explosión y la temperatura se ha enfriado hasta unos cien mil millones de grados Kelvin o absolutos (el cero está sobre los -273 ºC), el universo está lleno de una sopa indiferenciada de materia y radiación, en estado de casi perfecto equilibrio térmico. Las partículas que más abundan son el electrón y su antipartícula, el positrón, fotones, neutrinos y antineutrinos. El universo es tan denso que incluso los huidizos neutrinos, que apenas interactúan con la materia, se mantienen en equilibrio térmico con el resto de la materia y radiación debido a sus rápidas colisiones. La densidad de la masa-energía en ese momento es del orden de 3,8 mil millones de veces la densidad del agua en condiciones terrestres normales. El tiempo característico de expansión del universo es de 0,02 segundos y el número de partículas nucleares (protones y neutrones) es del orden de un nucleón por 1000 millones de fotones, electrones o neutrinos. Las reacciones más importantes son: (a) Un antineutrino más un protón dan un positrón más un neutrón y viceversa. (b) Un neutrino más un neutrón dan un electrón más un protón y a la inversa.

Stephen Hawking (1942-2018), por el momento el último eslabón de la cadena, se ha desmarcado totalmente, para empezar, de la teoría creacionista. En palabras del investigador, “el Universo no ha necesitado ninguna ayuda divina para estallar y comenzar su existencia”. Hay que olvidar definitivamente las metáforas einstenianas de “Dios no juega a los dados” y demás juegos teológicos. Las reacciones de las distintas iglesias cristianas al ateísmo cosmológico de Hawking han sido furibundas, la mayoría basadas en ataques “ad hominem”… Lo de siempre desde Galileo. Hawking también rechazó por insostenible la teoría de un universo estacionario e infinito (?) defendida inicialmente por Einstein y rechazada posteriormente como su mayor error teórico ante las evidencias empíricas en su contra: la Ley de Hubble, las medidas detalladas del fondo cósmico de microondas que demuestran variaciones en la radiación del universo con el paso del tiempo, la abundancia de elementos ligeros o primordiales del origen del cosmos o las observaciones detalladas de la morfología de las galaxias y cuásares... todas proporcionan una fuerte evidencia a favor del Big Bang.
Hawking, asimismo, rechazó la teoría del Bing Crunch según la cual tras la Gran Explosión llegará un momento en que a causa de las fuerzas gravitatorias el universo comenzará a contraerse y todos sus componentes a aproximarse hasta formar una nueva singularidad espacio-temporal que de nuevo explotará (efecto rebote) dando lugar a un universo pulsante u oscilante. También las pruebas empíricas refutan esta teoría ya que las fuerzas gravitatorias están acelerando y no reduciendo la velocidad expansiva del cosmos. 
Para Hawking, el Universo comenzó a partir de una “singularidad”, y lo más probable es que solo haya ocurrido una vez. Esto excluye la idea mareante de que el universo conocido, “nuestro universo”, sea una cáscara de nuez flotando en un océano de incontables universos. “La edad del Universo -dijo Hawking- que ahora se cifra en casi 13.800 millones de años, se ajusta a este modelo, de la misma forma que también encaja el número y la madurez de las galaxias que podemos observar”. El profesor de Cambridge insiste en que antes de la gran explosión no había nada puesto que las consecuencias observacionales de tal singularidad no se pueden medir con parámetros científicos. El tiempo se creó también en ese mismo instante. Lo que hubiera antes del momento cero es un misterio para la ciencia actual. Si se pudiera retroceder en la expansión del universo hasta el comienzo hace 13.800 millones de años lo único que veríamos es como toda la materia se contrae en un solo punto que no está sujeto a las leyes de la física por lo que no podemos saber en qué consiste tal singularidad puesto que no existía el tiempo, ni la materia, ni la energía. Si todo se creó tras el Big Bang, no se puede ir más atrás porque no existía nada, ni siquiera el tiempo en el que pudiera existir. Resulta muy interesante leer la monografía del propio físico-matemático sobre El origen del universo.
Por tanto nos quedamos con las ganas de saber “qué había antes de la Gran Explosión”, si es que había algo. Uno tiene la convicción de que el cerebro humano, el proceso de encefalización del homo sapiens sapiens, con un período de evolución de 40.000 años sobre la Tierra no da de sí lo suficiente para comprender el enigma del origen del universo antes del Big Bang. Está por ver que comprendamos lo que sucedió después: uniformidad de las leyes físicas en la totalidad del universo, materia oscura, agujeros negros, agujeros de gusano, teoría de cuerdas... Nos movemos en los límites entre la física teórica y la ciencia ficción. No menos inquietante resulta imaginar el grado de conocimientos que pudieran tener seres inteligentes de otras galaxias con una evolución, por ejemplo, de quinientos millones de años: el monolito de la película “2001, una odisea del espacio”. Lo cual nos remite a lo que yo denomino la paradoja de Descartes. Resumida sería lo siguiente: supongamos tres segmentos que representan el saber, uno ilimitado que corresponde a una razón omnisciente que todo lo sabe con absoluta verdad, Dios. Otro menos largo pero muy largo, por ejemplo el del alienígena al que antes nos referíamos y un tercero mucho más corto, el del hombre. ¿En la parte en que coinciden, que comparten los tres segmentos, tienen los tres exactamente las mismas matemáticas, por ejemplo? Descartes diría que sí; yo no lo tengo tan claro.  

viernes, 30 de marzo de 2018

El origen del universo. Primera parte



¿Por qué hay ser y no, más bien, nada? El reciente fallecimiento del físico teórico y cosmólogo británico Stephen Hawking ha puesto de moda nuevamente la radical pregunta que Heidegger plantea, al final de su obra “¿Qué es metafísica? En el fondo, una vez depurada de profundidades ontológicas y abismos insondables, es la pregunta por el origen del universo. Pero vayamos por partes, como decía Jack el destripador.
El primer gran científico de la humanidad, Aristóteles, como en general los griegos, creía que la naturaleza era eterna y cíclica, es decir, que no tenía principio ni fin y que la materia se renovaba, igual que las estaciones del año, sin solución de continuidad. La idea les resultaba convincente y, lo que es más crucial, reconfortante. Sin duda, Nietzsche halló aquí su idea del eterno retorno. Algo muy similar, en el fondo, a la teoría contemporánea de un universo pulsante que se contrae, colapsa, explosiona y se expande hasta que vuelve a causa de la gravitación al punto inicial y así sucesivamente. Aunque no es especialmente apreciada por la comunidad científica actual sigue dando tumbos entre algunos físicos recalcitrantes. Hay que recordar, por otra parte, que la noción religiosa de “creación desde la nada” es exclusivamente cristiana…
Pero volvamos a Aristóteles. Su ciencia fue el paradigma dominante desde el siglo IV antes de nuestra era hasta la gran revolución científica del Renacimiento. Al sabio griego también le picaba la curiosidad por el comienzo del movimiento de la materia. Cómo resulta imposible compaginar la eternidad cíclica del cosmos y un primer motor inmóvil que ponga en marcha la naturaleza de acuerdo con el principio general de su física de que todo lo que se mueve es movido por otro, recurre a una entelequia o explicación límite a la que llama Dios. Por más que Aristóteles se estrujase la mollera no fue capaz de dar una solución lógica sino platónica y mito-poética al problema del origen del universo.

Es posible que sea así, porque en otro caso sería preciso decir que todo proviene de la noche, de la confusión primitiva, del no-ser. Estas son dificultades que pueden resolverse. Hay algo que se mueve con el movimiento continuo, el cual es el movimiento circular. No sólo lo prueba el razonamiento, sino el hecho mismo. De aquí se sigue que el primer cielo debe ser eterno. Hay también algo que mueve eternamente, y como hay tres clases de seres, lo que es movido, lo que mueve, y el término medio entre lo que es movido y lo que mueve, es un ser que mueve sin ser movido, ser eterno, esencia pura, y actualidad pura. (…)Tal es el principio de que penden el cielo y toda la naturaleza. Sólo por poco tiempo podemos gozar de la felicidad perfecta. Él la posee eternamente, lo cual es imposible para nosotros. El goce para él es su acción misma. Porque son acciones, son la vigilia, la sensación, el pensamiento, nuestros mayores goces; la esperanza y el recuerdo sólo son goces a causa de su relación con éstos. (...) Y así decimos que Dios es un animal eterno, perfecto. La vida y la duración continua y eterna pertenecen, por tanto, a Dios, porque esto mismo es Dios.

El heredero medieval de Aristóteles es Tomás de Aquino, el más grande teólogo que conocieron los tiempos. En sus famosas vías utiliza el argumento del primer motor inmóvil (entre otros) de su maestro. Otra vez el problema del origen, ¿quién fue primero el huevo o la gallina? Aquino elimina los componentes poéticos del Dios aristotélico y se centra en los lógicos. En parte es honesto intelectualmente y en parte no. Razón y fe. Sus demostraciones llegan a la necesidad de un primer motor (o causa) de la naturaleza… al que, por supuesto, identifica con el Dios cristiano. Aquí se le ve el plumero al bueno de Tomás. Ese salto de lo natural a lo sobrenatural no está lógicamente justificado, como le recordó otro teólogo medieval, Duns Escoto. En cualquier caso, el creacionismo es la solución tomista, es decir, cristiana,  al problema del origen del mundo.

Primera vía: el movimiento. Es cierto y consta por los sentidos que en el mundo los seres se mueven. Pero todo lo que se mueve es movido por otro. Por tanto, si lo que mueve siempre es movido, ha de ser movido por otro, y este por otro y así sucesivamente. Pero la razón rechaza que se proceda así hasta el infinito. No se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor y, por consiguiente, no habría motores intermedios ni movimiento presente, pues los motores intermedios no se mueven más que en función del movimiento que reciben del primero; lo cual es evidentemente falso. Luego es necesario llegar a un primer motor que no es movido por nada; y este primer motor todos entienden que es Dios.  

En el siglo XVIII, el siglo de las luces ilustradas, Kant consideró que la inmortalidad del alma, el origen del universo y la existencia de Dios eran las tres principales ideas metafísicas que la filosofía había amasado a lo largo de su historia. La crítica de la idea metafísica del universo la realiza Kant en la parte de la Dialéctica trascendental denominada Cosmología racional. El resultado se presenta en las llamadas Antinomias de la razón pura. La crítica de Kant afirma que cuando hacemos proposiciones metafísicas sobre el universo (el universo tiene o no comienzo en el tiempo, el universo tiene o no límites en el espacio, la materia es o no es infinitamente divisible, la causalidad natural es o no la única que se da en el universo...) la razón puede demostrar con igual fuerza la tesis y la antítesis. Es decir, una proposición metafísica sobre el universo y su contraria. Y como es bien sabido, de una contradicción se sigue cualquier cosa. Tampoco la enorme cabeza del pensador alemán resolvía (más bien disolvía) el problema del origen del cosmos.

Tesis: el universo tiene un principio en el tiempo y límites en el espacio.
Antítesis: el universo no tiene comienzo en el tiempo y no es limitado en el espacio.
Prueba de la tesis: 1) el universo tiene que tener un principio en el tiempo porque si no lo tuviese no tendría sentido el acontecer presente, puesto que para llegar al presente tendrían que haberse sucedido una serie infinita de momentos. Pero esto es imposible puesto que un número infinito de momentos no puede ser nunca completado. Luego el universo tiene un comienzo en el tiempo. 2) Los dos elementos constitutivos de la realidad son los objetos y el espacio. Todo lo que existe sólo puede ser conocido como algo limitado en el espacio si no se quieren confundir los objetos con el espacio mismo. Por tanto, el concepto de realidad implica tener límites en el espacio.
Prueba de la antítesis: 1) Su suponemos que el universo tuvo un comienzo en el tiempo, ¿qué había antes de que el universo existiera? Obviamente nada, puesto que si algo existiera formaría parte del universo. Pero de la nada, nada es. Luego algo existía en el tiempo a lo debemos considerar también parte del universo.
2) Supongamos que el universo fuese limitado en el espacio. El universo tendría consecuentemente límites al otro lado de los cuales no habría nada salvo espacio vacío. Ahora bien, el espacio es una intuición dentro de la cual situamos los objetos. Mediante la intuición del espacio afirmamos que cosas diferentes se encuentran en lugares definidos. El espacio está determinado por los objetos que contiene y no existe sin ellos. No podemos concebir el espacio como un vacío más allá y distinto de los objetos. Esto convierte en carente de sentido toda suposición sobre la relación entre el universo y el espacio vacío que lo rodea. Por tanto, el universo no puede estar limitado por el espacio.

Newton, el genial científico que supuso el cierre de la física clásica, coetáneo de Kant, prefirió no meterse en jardines filosóficos sobre el origen del universo y se dedicó a describir sus leyes empíricas. No obstante, a pesar de sus intenciones metodológicas, su principal obra, los Principia contiene de manera explícita algunos principios teóricos de carácter especulativo, tal y como aparecen definidos en el Escolio General del libro III, que suponen la infinitud (espacio absoluto) y eternidad (tiempo absoluto) del universo. Aunque en sus reuniones privadas, cenas y declaraciones se apuntaba como prudente ilustrado a la religión natural y al deísmo, es decir a la hipótesis de un Dios creador del universo y sus leyes matemáticas... por lo que sintió obligado a compaginar ambas teorías.

Dios no es la eternidad y la infinitud, sino eterno e infinito; no es la duración y el espacio, sino que dura y está presente. Dura siempre y está presente en todas partes, y existiendo siempre y en todas partes constituye la duración y el espacio.

sábado, 10 de marzo de 2018

Las series televisivas y otras series



Están de moda las series televisivas. Hay muchas y se reproducen una temporada tras otra. La más famosa es Juego de tronos. He visto un par de episodios y me parece una versión barroca y aún más digital y truculenta que la excelente trilogía de El Señor de los anillos. Series archiconocidas como The Walking Dead, Friends (divertida a tope, todo un clásico y una de las mejores); Prison Break, Outlander o Sherlock, sobre el inmortal detective, una causa perdida, aunque muchos jóvenes que no han leído las aventuras originales la defienden como imprescindible. También Twin Peaks dirigida por David Lynch durante los años 90 y renovada por él mismo en 2017. Soy un incondicional del cine de Lynch por lo que es probable que me apunte a la última versión del satánico final de Laura Palmer. Sólo he visto completas dos: La peste, donde la ambientación es muy buena pero el guion no tanto, y la miniserie documental Muerte en León, dirigida por Justin Webster, que reconstruye con todo detalle el crimen y las posteriores acciones judiciales de la presidenta de la Diputación de León: “engancha”, una categoría estética, como “distraído”, más que respetable y un buen antídoto contra los pedantes que denigraron Parque jurásico (recuerden la polémica de Savater contra sus detractores) ni disfrutarán con La forma del Agua, una excelente cinta a la vez original y clásica. Si quieren saber más les recomiendo la página de filmaffinity dedicada a las series.
Lo cierto es que siempre ha habido series. Por ejemplo los folletines del siglo XIX que se publicaban por entregas en la prensa y en revistas literarias como un reclamo para el público culto amante de la lectura: obras de Alejandro Dumas, Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo, Víctor Hugo, Los miserables, Balzac, La comedia humana y Flaubert, Madame Bovary. Casi todas las grandes novelas de la Francia del XIX fueron publicadas en formato feuilleton. Por supuesto, no es un género exclusivamente francés; Robert Louis Stevenson publica por entregas su novela La flecha negra, Dickens, Los papeles póstumos del club Pickwick, Fiódor Dostoievski, Crimen y castigo y Los hermanos Karamázov, Tolstoy, Guerra y paz. En España, Baroja entregó el manuscrito de su trilogía La lucha por la vida para su impresión como folletín en El Globo, diario fundado por Emilio Castelar y que se publicó en Madrid desde 1875 hasta 1932. Benito Pérez Galdós, menos proclive, publica por entregas su novela La sombra (1871) en La revista de España… Como contrapartida al lector "ilustrado" proliferaron los folletines populares, un subgénero de baja calidad dirigido a un público poco exigente, ávido de argumentos escapistas, tremebundos y fáciles. La prensa se pobló de cenicientas rebuscadas, amores trágicos, crímenes horrendos y finales infumables.
Al tiempo que aparecían los primeros televisores en España (uno por cada mil habitantes) los años 50 fue la mejor época de los seriales radiofónicos, cuyo éxito radicó en las alambicadas tramas de pasiones efectistas que al final de cada capítulo dejaban al oyente con la miel en los labios. Se transmitían 8 horas al día e iban dirigidos sobre todo a las amas de casa. Llevan razón las feministas cuando desempolvan un pasado impresentable. Los seriales formaban el quinteto de oro de la radio junto con las retransmisiones de fútbol, toros, concursos y, por supuesto, el parte de Radio Nacional de España con el que conectaban obligatoriamente todas las emisoras del país.
Recuerdo como mi tía Mercedes y yo no nos perdíamos ni un capítulo del serial radiofónico Matilde, Perico y Periquín. Lo escuchábamos pegados a una enorme radio Philips de madera marrón, botones negros y el dial protegido por una pantalla trasparente.  
“Matilde, Perico y Periquín” fue un serial radiofónico enmarcado en el estilo de comedia costumbrista producido por la cadena SER. La serie, comenzó el 26 de febrero de 1958 y no terminó hasta la muerte de uno de sus protagonistas, Pedro Pablo Ayuso, en 1971, estaba patrocinada por Cola-Cao, algo relativamente novedoso en aquel momento. El autor de la serie fue Eduardo Vázquez, y dieron voz a los personajes principales Matilde Conesa (Matilde), Matilde Vilariño (Periquín) y Pedro Pablo Ayuso (Perico), mientras que Carmen Martínez, Juana Ginzo y Agustín Ibáñez interpretaron a personajes secundarios.
Ama Rosa, quizás el serial de más éxito, se lanzó a las ondas en 1959 en Radio Madrid, con guion del prolífico Guillermo Sautier Casaseca, en el que la protagonista era la madre abnegada, sufriente, sacrificada que se veía obligada a renunciar a su hijo pero que lograba emplearse como criada en la casa de los padres adoptivos, para cuidar de su retoño. Emoción y lágrimas a raudales en la más pura tradición del folletín melodramático. La hora del serial solía ser la de la tarde, a eso de las 4.30 o las 5.00. En 1964 solían emitirse en la SER una novela por la mañana y tres por la tarde. En 1966, el número de novelas ascendía ya a media docena, de ellas cinco por la tarde. (…) Posteriormente y con el declinar del serial fue disminuyendo el número de novelas hasta prácticamente desaparecer en la época de la transición democrática.
La tercera gran radionovela fue Simplemente María. Con guion de Guillermo Sautier Casaseca basado en la obra de Celia Alcántara, dirigida por Teófilo Martínez y protagonizada por la joven actriz María Salerno; la radionovela continuaba y culminaba la tradición del serial en España, iniciada 20 años antes con obras como “Lo que no muere” o “Ama Rosa”. Puede, además, ser considerado, como el último gran exponente de un género radiofónico dirigido esencialmente al público femenino. La incorporación de la mujer al mercado laboral y el auge de la televisión provocaron el declive de un fenómeno que, durante décadas, paralizaba la sociedad española a la hora de emisión. Renuncio a resumir el farragoso argumento.

Tras los seriales radiofónicos vinieron las telenovelas. Simplemente María fue llevada al cine por Ignacio Sada Madero para Televisa tras adaptar la serie radiofónica basada en la obra de Celia Alcántara. Entre 1971 y 1974 alcanzó los 501 capítulos diarios de una hora. Las telenovelas eran y son culebrones de largo recorrido, amplia audiencia y horario variable, la mayoría producidas en Hispanoamérica, donde prácticamente podías engancharte a cualquier episodio y ponerte más o menos al tanto del embrollo lacrimoso que se cocía a fuego lento. “Los buenos muy buenos y los malos muy malos”, la fórmula mágica del éxito fácil. Obviamente los malos van ganando hasta el último minuto cuando les meten un gol y palman. Como el atleti. Durante los tres meses que abandoné mi casa por obras, solía tragármelas con mi suegra entre comentarios y ronquidos. Para más información les remito a la página Las 14 telenovelas que arrasaron en España.
Sin embargo la telenovela que tuvo más audiencia internacional, sobre todo en España, fue la norteamericana Falcon Crest (1980) producida por Lorimar.
Narraba las vicisitudes de los Gioberti, una familia de viticultores californianos enfrentados por el dominio de la finca Falcon Crest que da título a la serie, y su enfrentamiento contra los Agretti dueños de viñedos en el ficticio Valle de Tuscany trasunto del real Valle de Napa próximo a San Francisco, por el control de la industria del vino en la comarca. (…) La serie focalizaba su acción en personajes y tramas de individuos de clase alta de la sociedad estadounidense. Este aspecto se relacionó con la nueva moral del éxito personal con la que el presidente Reagan acompañó sus medidas de desregulación económica.
Con lo cual volvemos, trazando un círculo de tres siglos, al principio de este breve artículo.

viernes, 23 de febrero de 2018

Politeia II



Don Benito en los Episodios nacionales: Las cuatro quintas partes de las grandes reputaciones morales no significan otra cosa que falta de datos para conocer la historia de los individuos que se pavonean en ellas fatuamente, como los cómicos cuando se visten de reyes.

La independencia ética y política sirve para: pensar con tu propia cabeza; saber si estás pensando con la cabeza de otro; evitar pensar a fin de de ser aceptado o recompensado por otro. En conclusión, una pretensión sobrehumana…

El héroe, John Le Carré: Hay que tener el temple de un héroe para ser una persona decente.

A cierto nivel de opresión poco importa la forma que toma la verdad. Pues finalmente cuanto mayores son la mentiras, las noticias falsas y las manipulaciones partidistas, más muestra un régimen la extensión de su poder.

El ideal de la democracia ateniense fundada por Pericles no era tanto la igualdad ante la ley, la participación de los ciudadanos en la elección de cargos o los tribunales de justicia, sino acabar con el hedor insoportable de la mentira y la corrupción como condición de la vida pública.

Capítulo XVIII de El Príncipe, De qué modo han de guardar los príncipes la palabra dada, es el preferido de quienes gobiernan. Sólo un párrafo: ...la experiencia muestra que en nuestro tiempo quienes han hecho grandes cosas han sido los príncipes que han tenido pocos miramientos hacia sus propias promesas y que han sabido burlar con astucia el ingenio de los hombres. Al final han superado a quienes se han fundado en la lealtad.

Resumo a Nietzsche: El Estado es en última instancia el administrador supremo de las diferentes mentiras de una civilización decadente y el depositario de las ideas metafísicas, de las normas morales, de la religión oficial y de la ciencia.

Decía un místico del Renacimiento que no debemos aferrarnos a lo que no entendemos. Cuando sentenciamos sobre la democracia, el Ángel de la Sabiduría, desde las altura, se ríe o llora por nosotros alternativamente.

Más Galdós. El fragmento está sacado de los "Episodios nacionales", en concreto del titulado Memorias de un cortesano de 1815. Cuando se me presentaba alguno en cuya facha conocía yo que era hombre de posibles, mayormente si venía de provincias con cierto cascarón de inocencia, lo recibía cordialmente, nos encerrábamos, conferenciábamos a solas, le persuadía de la necesidad de tapar la boca a la gente menuda de las oficinas, conveníamos en la cantidad que me había de dar, y si se brindaba rumbosamente a ello, cogía su destino. Siempre era una friolera, obra de diez, doce o veinte mil reales lo que cerraba el contrato, menos cuando se trataba de una canonjía, pensión sobre encomienda u otro terrón apetitoso, en cuyo caso había que remontarse a cifras más excelsas. Si nos arreglábamos, se depositaba la cantidad en casa de un comerciante que estaba en el ajo, y después yo me entendía con los superiores, si no me era posible despachar el negocio por mi propia cuenta. Asunto era este delicadísimo y que exigía grandes precauciones. Por no tomarlas y fiarse de personas indiscretas, no dotadas de aquella fina agudeza a pocos concedida, cayó desde la altura de su poltrona a la ignominia de un calabozo un célebre ministro de Gracia y Justicia.

Desde Maquiavelo sabemos que la política tiene reglas propias que nada tienen que ver con la ética; pero que tampoco tenga que ver con la lógica es algo que ni siquiera imaginó el pensador florentino. Lo cierto es que hay numerosos ejemplos actuales de la no validez política de los principios de identidad, contradicción y tercero excluido: de un día para otro, el mismo personaje ya no es el mismo, dice lo contrario que ayer y encuentra un término medio imposible entre ambas afirmaciones.

El lenguaje de los políticos sobre la enseñanza reglada es una jerga socio-jurídica dirigida a sus votantes, a la prensa y a los ciudadanos  (sobre todo a los padres) que no saben en qué consiste dar clase. Nada de lo que largan importa un carajo a los profesionales de la enseñanza ni es algo que tenga que ver realmente con ella.

Marx entendía la explotación o alineación económica del trabajador como la apropiación indebida por el empresario de una parte del producto de su trabajo que no le era remunerada (plusvalía) y se convertía en capital acumulado o tasa de plusganancia. Sobre este principio gira todo el sistema capitalista. La semejanza esencial con el pirateo en Internet es que también te apropias del trabajo ajeno contra su voluntad, empobreces al trabajador y lo degradas como persona. ¿Qué diferencia hay exactamente entre ambos casos que justifique la defensa progresista del pirateo?

El mundo comenzó sin el hombre y terminará sin él. Las instituciones, las costumbres y los usos que yo habré inventariado en el transcurso de mi vida son la eflorescencia pasajera de una creación en relación con la cual quizás no posean otros sentido que el de permitir a la humanidad cumplir en aquellos lugares su papel
Lévi-Strauss

miércoles, 21 de febrero de 2018

Minima moralia



Lo que nos muestra una observación atenta (y limpia) de la vida: las actitudes morales se heredan, forman parte del temperamento innato, se reciben a través de misteriosos renglones genéticos. Ser una persona honesta, una buena persona, una buena voluntad, en sentido kantiano es un don, un privilegio accidental, sobrevenido, inconsciente… y lo contrario una desdicha. La cultura, la educación, la familia, los usos sociales o la historia quitan o ponen, de acuerdo, pero en el fondo nada esencial. Ante la barbarie, los altavoces oficiales pregonan a los cuatro vientos: hay que ser ético en esto, lo otro y lo de más allá, como si los futboleros violentos, los políticos corruptos, los periodistas mendaces, los delincuentes sexuales, los malvados en general tuvieran la oportunidad de cambiar su forma de ser.

Por cierto, no hay nadie que actúe por imperativos morales categóricos (se debe hacer X sin condiciones, por puro acuerdo de la voluntad con su sentido del deber), todos son hipotéticos en mayor o menor grado (se debe hacer X si quieres conseguir Y).

No creo en la educación en valores. Suena a adoctrinamiento venga de donde venga. Es incompatible con que el alumno piense con su propia cabeza. Nunca me gustó que alguien educara a mis hijos en (sus) valores. Prefiero los términos “enseñar” o “instruir”. “Orientar” también me parece sospechoso de manipulación. En cualquier caso, un buen profesor educa a sus alumnos de manera implícita, nunca explícita.

Sobre el sobado término “humanismo”: el único humanismo no contaminado, no ideológico, todavía respetable, es el de aquellos sabios del Renacimiento que promovieron los Studia humanitatis y salvaron el legado clásico para la cultura europea.

Hay dos clases de derechos humanos: Los primeros han supuesto una de las mayores conquistas éticas y políticas de la historia. Los segundos, voceados por políticos que no creen en los primeros, son simplemente el aceite lubricante de los grandes negocios del capital industrial y financiero.

La virtud de una chica es mucho menos importante en Hollywood que su peinado, decía Marilyn Monroe. ¡Qué actual suena la frase! Aunque entonces todo el mundo callaba ante la infamia. Pero lo que realmente perdió a Marilyn fue el síndrome terminal de identidad que sufren muchas estrellas de la industria cinematográfica norteamericana: una mañana se asoman con resaca al espejo y ya no saben quiénes son ni lo que han hecho. Sin memoria biográfica, incapaces de reinventarse, se convierten en un montón de circunstancias sueltas sin un yo que les cobije; son víctimas de un vaciado en el que sólo queda el molde sonriente que aparece en los carteles. Y sus escándalos sexuales en la prensa.

Un argumento a favor de los contrarios y en contra del diálogo como bálsamo de Fierabrás: “Las palabras significan -decía Lewis Carroll, el de Alicia- lo que nosotros decidamos que signifiquen”. Un privilegio y una condena. En cuestiones éticas, políticas (el ejemplo lo tenemos cerca) o religiosas lo normal es la discrepancia insalvable. La ética dialógica o del discurso es un mero ideal académico. 

Hay innumerables defensores de la “descarga libre de contenidos en la red”, o sea, de piratear música, cine, libros imágenes... Por el tono general (“acceso libre a la cultura”, “educación popular”, etc.) sus argumentos parecen progresistas en lo ético y de izquierdas en lo político. Aportan a su favor que muchos autores están de acuerdo con esta “nueva forma de entender el mundo", aunque no los citan; quizás se ganen la vida de otro modo; o tienen tanto dinero que les da igual (aunque el dinero nunca es suficiente). Otro argumento es que “es imposible poner puertas al campo”, en mi opinión todavía más sesgado. Robar es robar, en el mundo real y en el virtual.

Una relectura: la estupenda novela de Sacher Masoch La Venus de las pieles (¡vaya título erótico!) es sexo literario, no es más pero tampoco menos. El sexo de verdad no es cosa de grandes palabras: o no se habla o se dicen ternezas o, sobre todo, ordinarieces (o las tres cosas).
Jaime, mi colega de mesa en la clase de francés, a la mínima echa sapos y culebras del capitalismo. Antisistema puro. Esta mañana en el examen oral a dos, para facilitarle las cosas le pregunté en gabacho del fácil: ¿Te gusta el capitalismo? Por supuesto, contestó en un ataque de sinceridad, como a todo el mundo, lo que pasa es que estoy en el sitio equivocado: trabajador, español, joven y en paro. 
Decía mi mejor profesor de la facultad: ¿Gente decente?, búscala entre aquella que ha sido excluida de la capacidad ilimitada de desear.

“¡No hablo más que de cambiar el mundo y soy incapaz de cambiarme a mí mismo!” Se recriminaba, achispado y teatrero, el estudiante de filosofía en el bar de la facultad… Puesto que no podemos cambiar el mundo, cambiemos de conversación, le dijo ella (otro “idiota interesante” incapaz de echar un buen polvo: un buen ejemplo de cambiar el mundo y de cambiarte a ti, pensó).

Si a los cazadores les gusta disparar con armas de fuego a los animales y a los pescadores sacarlos del agua con ganchos de acero, vale que lo digan y punto. Incluso les aguantamos que nos larguen el rollo de los instintos atávicos desarrollados durante la hominización y bla, bla, bla. Pero lo que no soporto es que los caza-pescadores pretendan convencernos de que son ecologistas a tope, hooligans de la fauna y protectores incondicionales de la naturaleza. ¡Al carajo!
-¿Es usted feliz?
-Todavía no he caído tan bajo.
Baudelaire 

Buda: El amor al silencio es el único camino que despierta la conciencia.

domingo, 18 de febrero de 2018

Los cinco axiomas del fútbol


Según el diccionario de la Real Academia Española un axioma es una proposición tan clara y evidente que se admite sin demostración. Estos son, como en la geometría de Euclides, los cinco axiomas o principios del fútbol.

Primer axioma: El fútbol no sería nada sin la televisión. Los jugadores se llevan una buena porción de la tarta de fresas con nata pero hay otros invitados. ¿Alguna vez se han parado a pensar cuánta gente vive del fútbol? Tenía razón Cristiano Ronaldo (¿o fue Dani Alves?) quien dijo que si se paga una cantidad estratosférica por un jugador es que lo vale. Es decir, a corto o medio plazo el club recupera la inversión, la centuplica y reparte directamente con los poderes fácticos (derechos de televisión, federaciones nacionales e internacionales, representantes de casi todo) o indirectamente (patrocinadores, marcas deportivas, casas de apuestas, prensa deportiva, programas de radio repletos de publicidad, etc.). Los borreguitos pagando… como yo, que estoy suscrito a Movistar fútbol a precio de oro. La mayoría de los padres estamos dispuestos a dejar en la indigencia a nuestros hijos antes que perdernos la Liga y la Champions.

Segundo axioma: ganar, ganar y volver a ganar. Hay, por tanto, que fichar a los mejores como sea. Cifras de escándalo. Pero para que el fichaje sea rentable con mayúsculas se tienen que dar tres condiciones: que sea tan bueno como dicen; que tenga un efecto multiplicador en cada jugador de la plantilla y, por tanto, en el conjunto; y, finalmente, un entrenador que tenga la virtud y la fortuna de convertir el caos en armonía. Entonces el oro fluye. Un ejemplo entre muchos: si la cosa prospera, la nueva estrella hará que se vendan en las tiendas oficiales del club y franquicias del ancho mundo un millón de camisetas con su nombre y medio millón de media con el de sus compañeros. Aunque hay una excepción al axioma nada desdeñable: la compra de clubes por un multimillonario entre chiflado y emprendedor, astuto negociante cuya especialidad es vender humo. Si pintan bastos (consecuencia inevitable pues era el fin que buscaba), entre embrollos legales, chanchullos fiscales, enredos políticos, sobreprecios de jugadores, compraventa de activos a la baja y comisiones millonarias, acaba por arruinar al club que no gana un partido desde hace seis meses. Tras un montón de promesas incumplidas y falsas soluciones, al culpable del desastre solo le queda volar a su país con los bolsillos llenos tras el reparto de culpas e incompetencias. Y si te he visto no me acuerdo.

Tercer axioma: todo es negocio. Resumen de los anteriores. Los clubes de gama alta, los que ganan títulos, son máquinas de fabricar dinero. Las multinacionales europeas del equipamiento deportivo están metidas hasta el cuello. El mejor equipo de la galaxia, según muchos, está presidido por un empresario de guante blanco y mano de hierro. Los propietarios de su "eterno" rival también son empresarios, alguno de turbia tradición, para que vamos a engañarnos. El otro mejor equipo del universo es el rey de los juzgados: follones fiscales, fichajes opacos, querellas presidenciales...  
Algunas multinacionales no europeas invierten en paquetes de acciones de un club “con proyección” sin llegar, por el momento, a ser mayoritarias en el consejo de administración. A mí no me gusta lo de Wanda delante de Metropolitano. Por cierto, Wanda ha vendido sus acciones a un millonario israelí, aunque antes se ha asegurado de mantener su nombre en el estadio a cambio de vagas promesas. El siguiente paso en el reparto de la tarta es el proyecto del fútbol-Estado. Ya me contarán de donde ha sacado el contante el Paris Saint Germain para pagar fichajes de más de doscientos millones de euros la pieza. Grandeur La France! Las Federaciones miran a otro lado aunque se incumplan sus propias normas de fair play financiero. Por eso eligen a presidentes que les hagan el caldo gordo. Los escándalos de corrupción en la cúpula nacional e internacional son y han sido sonados. Si el dinero existe todo está permitido (diría un Dostoievski agnóstico). O el fútbol chino, o sea el Estado que todo lo sabe y todo lo puede, que tienta tanto a viejas glorias como a jóvenes promesas de las ligas europeas con fichas mareantes. Son fieles a la idea del bueno de Karl de que la única función del capital es la acumulación de capital. Y para eso necesitan ser competitivos. ¡A por ellos! Mi última gran oportunidad dicen unos, mi primera dicen otros. Y se largan. Los chinos actúan con paciencia oriental: poco a poco la gota del lucro horada la piedra. Mientras, la burbuja crece. El fútbol norteamericano sigue el mismo camino aunque no hay Estado.

Cuarto axioma: el fútbol es la guerra. Se pretenden implantar nuevas tecnologías como el Video-arbitraje (VAR) o el Ojo de Halcón en situaciones cruciales como penaltis, goles, tarjetas rojas directas o identidad del autor de una infracción. El mal perece y el bien prevalece. Chorradas y error grave. Bajarán los ingresos. El negocio se resentirá; en mi opinión, las nuevas tecnologías no tienen futuro. El fútbol no tiene nada que ver con los valores edulcorados de justicia y equidad porque es como la vida misma, ya saben: sin moviola, “valores” ni zarandajas. Por eso nos gusta. Me parto de risa con tópicos como merecimos más, el empate hubiera sido más justo o el arbitraje nos perjudicó gravemente. O con la defensa hipócrita de algunos periodistas de códigos éticos en el campo, en la grada y en los aledaños del estadio. ¿A quién le interesa un fútbol sin bronca, errores garrafales del árbitro (al que los jugadores intentan engañar en todo momento por orden del míster), insultos y entradas brutales? ¿Qué va a contar la radio por la noche y por el día la prensa del ramo? Son los propios clubes los que financian bajo cuerda y protegen a los ultras, guardan la parafernalia en los sótanos y cuando se produce alguna puñalada, los directivos se mesan los cabellos, se rasgan las corbatas de doscientos pavos, claman al cielo y toman medidas que duran quince días. Expulsan al culpable que va a la cárcel y tal día hará un año.

Quinto axioma: siempre merece ganar el que gana. Un equipo puede tener el noventa y nueve por ciento de posesión del balón, tirar veinte veces al poste y chocar con el acierto del portero rival y los errores del árbitro, además de recibir un solo gol en una jugada aislada y chapucera. Pero el fútbol no consiste en dominar al rival, ni tirar al poste, ni hacer que se luzca el meta contrario, ni sufrir las cantadas arbitrales sino en enchufarla. Lo demás es falsa moral y metafísica barata de la que viven los tertulianos, analistas y teólogos del fútbol. Hay personajes en la boca de todos.

domingo, 4 de febrero de 2018

A favor de las mujeres


¿Alguien puede explicarme por qué los bebés niña tienen que llevar vestidos rosa y los niños azul? Quizás sea por influencia de la copla que cantaba Gracia Montes (¿hay claveles azules?):

¿Será una rosa, será un clavel?
El mes de mayo te lo diré.

Lo cierto es que de pequeñas, las niñas son más precoces que los niños; incluso con menos años les dan sopas con honda, son más cariñosas, menos brutas y más guapas. En cuanto las destetan no se tragan lo del ratoncito Pérez y fingen creer en los Reyes Magos por no aguarle la fiesta a su hermanito de diez años. Recuerdo que mis abuelos nos llevaban a la entrada de Galerías Preciados a llevarles la carta a sus majestades de Oriente. Una hora de cola a la intemperie. El rey que te tocaba te sentaba en sus rodillas y te preguntaba si habías sido bueno, si estudiabas, si eras limpio (el rapaz que estaba a mi lado escondió veloz las manos pringosas y mugrientas) y ordenado, etc. Asentimiento total y aburrimiento profundo. Un minuto por niño con beso barbudo y lanoso. Le dabas la carta a un paje vestido con un traje vagamente parecido al de Papá Noel y cara famélica que la depositaba con infinito mimo en un rebosante saco navideño. Probablemente el contenido del saco terminara en la caldera de la calefacción de Galerías Preciados, pero si hubiéramos tenido la impagable ocasión de leer las cartas podríamos haber confirmado las diferencias de papeles que la familia, la escuela, la iglesia, ¡los amigos! asignaban a unos y otras. Sin duda, la lista de los juguetes reproducía la lógica de la dominación que desde tiempo inmemorial ejerce la sociedad patriarcal sobre la mujer. 
¿Qué os han dicho los Reyes, preguntaron mis abuelos? Yo estaba mudo de emoción. No me salían las palabras del cuello de la camisa. Mi hermana, dos años menor, opinó al instante: al mío le olía el aliento a vinazo igual que al tío Joaquín… Mis abuelos se miraron de reojo con aprensión. A partir de cierta edad crítica, los niños van encantados (nunca mejor dicho) a la cabalgata, las niñas sólo si algún familiar influyente ha conseguido que vayan en una carroza disfrazadas de hadas tirando caramelos y confetis. En realidad, los hombres no maduran nunca.
He sido profesor de Enseñanza Media y puedo afirmar que entre los alumnos siempre florece algún cerebrito. Pero en términos generales las alumnas estudian más y se portan mejor; no solo estimulan el aprendizaje de sus compañeros que observan el progreso de las jóvenes, sino que los desbastan, suavizan la horda, hacen que se duchen, que no crezcan los brotes de acoso y den lo mejor de sí mismos; es decir, las alumnas favorecen la educación y la instrucción del grupo (dos cosas distintas), a medio plazo ponen freno al rebuzno nacional. A la selectividad me remito: las notas de corte más altas, por ejemplo, las de Medicina, las sacan por abrumadora mayoría las chicas.
Hace poco un equipo de sociólogos realizó el siguiente experimento: ante un grupo de niñas que habían finalizado la Enseñanza General Básica desfilaron y se presentaron profesionalmente una médico, una arquitecto, una ingeniera, una catedrática de universidad y una directora de banco que se prestaron a colaborar en la performance. En el video que grabó el equipo, lo primero que llama la atención son las caras de asombro e incredulidad de las niñas. Una de ellas dice: ¡van disfrazadas! Desolador.
En la Enseñanza Media he comprobado que las parejas que se forman en la misma clase son asimétricas y lo normal es que fracasen. Pueden ocurrir dos cosas: que el chico comprenda que el plan desborda sus posibilidades e inicie una prudente retirada (que me quiten lo bailao) y se centre en los estudios o bien que siga adelante colado hasta los tuétanos y sea la chica la que rompa la baraja (fue bueno mientras duró y a partir de ahora amiguitos del alma) con el consiguiente drama emocional del joven y el bajón en su rendimiento académico. En general, chicos y chicas se sientan en el aula por separado. De esta falta de competencia evolutiva por las hembras, a las que no les interesan sus iguales por más mamporros y empujones que se den en los pasillos, pretendían sacar partido los repetidores y tripitidores. A lo largo de mis años de profesor he vivido algunas situaciones “conflictivas” relacionadas con estos vagonetas oportunistas. Pongo tres. La primera la protagonizó un tripi de cursos anteriores al que ir con el atleti no le libró de un sonoro suspenso. Un día se levantó de la silla al grito de “profe, voy al servicio a desbeber”. Seguramente iba algo cocido y se le fue la pinza. Al volver, se dirigió a la chica que se sentaba aquel día con él: lo que acabo de tener en mis manos te va a hacer feliz e intentó tocarle la cara. El grito me salió más brutal de lo que soy: ¡Ni se te ocurra Rodri, para, sal de clase y luego hablamos del asunto! La chica retrocedió despavorida. Rodri se dio cuenta de la metedura de pata y se largó. Era una broma, baló. Antes de acabar la clase entró avergonzado a pedir disculpas a la chica, a sus colegas y a mí. Se pasó del escuchar atento a las risotadas masculinas. El silencio colectivo le libró de una buena. La segunda fue hace muchos años: de los servicios del final del pasillo salieron los gritos angustiados de una chica. Cuando salí de clase ya había subido el conserje, un guardia civil retirado que los retuvo. Además yo los conocía. Según parece, tras la “comisión” de disciplina y otras zarandajas, tres repetidores intentaron sin éxito, salvo quitarle los vaqueros, propasarse con una mozuela de su clase. Acabó con la expulsión de la manada. El jefe de estudios me dijo que, en su opinión, la chica (aunque lo negó) se puso a tontear con ellos que en el acto pasaron de ser personas a penes desbocados. El tercer caso me ocurrió en una clase de ética en Segundo de la ESO (edad difícil esa). Es una variante del cipote de Archidona contado por Cela. Estaba explicando, me acuerdo, la diferencia entre separación, divorcio y nulidad matrimonial cuando oír aullar en la penúltima fila al repetidor alfa de la clase. Había convencido a la mano inocente de una novieta novata para que lo masturbara. Cuando llegué, la chica del pupitre de atrás los estaba poniendo de guarros hasta las cejas. La de adelante la armó porque la novieta se había limpiado las manos en su jersey… Puse el caso en manos del profesor de guardia más que nada porque pasar del tema (que es lo que me pedía el cuerpo) podía volverse contra mí, vía padres; aunque bien mirado tampoco tenían demasiados motivos para personarse en la causa. Como así fue.
¿Nadie ve la relación entre estos experimentos y episodios ocurridos en los centros de enseñanza y el acoso sexual a las mujeres, su conversión en oscuros objetos del deseo, la prostitución organizada, la discriminación laboral y la violencia machista?

SIEMPRE A FAVOR DE LAS MUJERES