Puede parecer una
evidencia redundante que cuanto más tiempo mantenga un equipo el balón menos
posibilidades tiene de encajar un gol. Pero en el fútbol se trata de ganar no
de dominar por lo que la tautología susodicha no es aceptada como una verdad
universal por los entrenadores. Hay muchos sistemas estudiados y puestos a
prueba con distintos recursos tácticos y estrategias. A la selección española le
va bien el famoso tiquitaca o ataque posicional, la posesión alta, los pases precisos en las
transiciones y el constante movimiento del balón para generar espacios en el
área contraria. Tiene la ventaja añadida de que el once rival se pasa un setenta por ciento del partido persiguiendo sombras con el frustrante desgaste
de energías, lo que obliga a cambiar a los jugadores más exprimidos y como no siempre el banquillo está a la altura de los titulares el conjunto se
descompensa y acaba perdido y perdiendo.
La selección española ha sido fiel a su estilo antes incluso de lucir la primera estrella. Desde que tomaron las riendas Luis Aragonés y Vicente del Bosque se
trata más de una escuela de fútbol que de un esquema de pizarra. Y aquí es
donde hay que situar la figura de Luis de la Fuente, más parecido por su carácter
al marqués del Bosque que al sabio de Hortaleza. De la fuente, hombre de fe
deportiva y religiosa (como el mismo ha declarado) encarna los valores cardinales
del humanismo cristiano, prudencia, justicia, fortaleza y templanza que tanto
echamos de menos en esta España nuestra: sus ruedas de prensa son un ejemplo de
moderación y trato exquisito, siempre contesta con argumentos futbolísticos, no
se pica con las preguntas cojoneras y no dice
a nadie que no tiene ni puta idea; escoge a los jugadores que realmente
se lo han ganado en el césped y no atiende a presiones tertulianas, a las redes
sociales o a las profecías de la Inteligencia Artificial; además tiene carisma,
es firme en la adversidad y sabe ganar, perder y empatar. Estos son los pilares
sobre los que ha edificado la selección campeona del mundo. Ha logrado que los elegidos
en las distintas fases del Mundial sean lo que los sociólogos denominan un
“grupo primario”. Los jugadores trasmutan las aristas y cuentas pendientes que tienen
en la Liga en sanas relaciones personales, próximas, empáticas, espontáneas…
Tengo la certeza de que hubiera sido lo mismo con los jugadores del Real Madrid
(lo digo sin ironía ni remoquete). Pero por muchas vivencias, afectos e
intimidades que compartan en las horas libres, en el campo de golf o en los
entrenos, de nada sirven sin no hay otros fundamentos.
De la Fuente cuenta con una memorable plantilla, a la altura de la que consiguió la primera estrella en 2010 en Sudáfrica. Entre otros con el mejor portero, el mejor jugador y el mejor jugador joven del mundial. Un equipo donde cada cual conoce y desempeña al milímetro su papel, al revés que muchas selecciones de renombre compuestas por un agregado de figuras de primera fila que hacen la guerra por su cuenta sin orden ni concierto. El último y definitivo ingrediente es un fondo de armario con los no titulares habituales que ofrecen cuando les toca prestaciones, decisiones y soluciones. No hablaría de titulares y suplentes sino de un conjunto, un système où tout se tient, valga la comparación lingüística, en la que cada elemento depende de los demás para tener un significado propio.
P.D. ¡Rodri por que te fuiste y dejaste huérfanos a los atléticos a pesar de que Simeone te suplicó de rodillas que te quedaras!

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