Y sin embargo,
tú te imaginas solitario; en la noche callada
la roca oye tu
lamento, y, muchas veces, con el enojo
de los
mortales, huyen hacia el cielo tus olas aladas.
Pues ya no
viven contigo tus muy nobles predilectos,
los que te
honraban y orlaban en otros tiempos tus orillas
con templos y
ciudades, los que siempre buscan y requieren y
siempre
necesitan para su gloria los sagrados elementos,
como los
héroes la corona o el corazón el hombre sensible.
Di, ¿Dónde
está Atenas? Tu ciudad preferida, ¡dios afligido!,
¿Ha sido
totalmente reducida a cenizas en las sagradas
orillas sobre
las tumbas de los grandes antiguos?
¿O existe
todavía algún indicio suyo
para que el
navegante, al pasar, la nombre y la recuerde?
¿No se
levantaban allá las columnas y no resplandecían
en lo alto de
la fortaleza las imágenes de los dioses?
¿Y no se
alzaba allá la voz tormentosa del pueblo desde al ágora?
¿Y no
descendían presurosos los caminos
desde las
puertas alegres hacia tu puerto lleno de dádivas?
Friedrich
Hölderlin, El archipiélago
Hölderlin ha creado un espacio
lírico único e irrepetible. Resurge en su obra la figura
del poeta cuyo destino, el más elevado, es el canto. Pueblo y
poeta proceden del mismo linaje, fluyen de las mismas fuentes: el poeta es
el mensajero del pueblo; un pueblo arrebatado por el canto que se
reconoce en el poeta y se pertenecen mutuamente. Un pueblo primigenio situado
más allá de la historia (un tiempo de penuria en el que los dioses abandonaron
el mundo). Existe la reconciliación, pero forma parte de un pasado
legendario.
El único horizonte temporal de Hölderlin es Grecia:
sus versos habitan en la cultura griega, en el arte griego, en los
dioses y los mitos griegos… Una Grecia ancestral, imaginaria, profética,
sin ningún criterio riguroso, de cuyo magma brotan las intuiciones. La relación entre
el mundo y la poesía sólo se vislumbra dentro del poema; no hay mediaciones ni
representaciones ni evidencias simbólicas. El poema establece las marcas del
mundo. Un mundo indeterminado, anterior al pensar constituyente,
creado desde la distancia de una realidad apenas concebida en sus contornos
luminosos.
Las asociaciones que separan el claro del
encubrimiento, los vínculos sólidos entre los seres, sólo aparecen en
el verso esencial. El mundo de Hölderlin extrae su
fuerza de la inocencia y el heroísmo y anuncia su culminación en la razón,
también convertida en mito. El pensamiento como atributo del ser se muestra en
términos prelógicos: el Nous, el Logos, el Alma… Heidegger: La idea de la
propia lógica se disuelve en el torbellino de un preguntar originario. El
espíritu, una espiral cuyos últimos pliegues ni siquiera se presienten. La
poesía de Hölderlin trasmuta la historia en el retorno a una edad de oro,
a un espacio lírico en el que se igualan los dioses, los hombres
y los príncipes caídos.
Jamás hay concesiones a lo
profano: lo ornamental se convierte en absoluto, el verso en revelación,
la metáfora en abismo. Palabras sencillas como "ofrecer" o
"caminar" adquieren un significado fabuloso, se convierten en
promesas atávicas, dejan de ser las costumbres de un mundo amable .
El tiempo no es lo pasajero sino
un regalo de los dioses. El tiempo de Hölderlin no se mide en años sino en
eras; su principal dimensión es el pasado, lugar de un acontecer sagrado cuyas
sendas sinuosas son desbrozadas por el canto. La función del tiempo es mostrar
lo inmutable frente a la visión tradicional del cambio. El tiempo no
consta de momentos sino de horas supremas.
En sus versos, los relatos que
lloran el abandono de la tierra resuenan con vigor en los labios del
pueblo. Aunque nada se ha perdido de aquellos tesoros que forjaron los grandes
demiurgos, tan sólo permanecen ocultos a la espera del poeta y de su voz. La
poesía es el acontecimiento primordial del hombre; sólo en ella
está contenida esa revelación suprema que
une al poeta con los vivos. Desde el interior del verso emerge una forma
superior de vida. La vida en Hölderlin: alta edad henos aquí; pleno de
méritos es como el hombre habita la tierra.
La palabra es la morada del ser.
La poesía es desvelamiento, alethéia, desocultamiento. En
ella adviene la verdad al permitir que nos hable el poeta; que su voz
propicie el sentido y ponga en juego la eterna agonía de las luces y las
sombras; la verdad, esa donación que se manifiesta en el
poema. La poesía es un nombrar el ser único de las cosas: allí los
dioses legaron la palabra y el mundo se hizo manifiesto. El poetizar en Hölderlin: la ley
de este mundo es la presencia del poeta, de una conciencia pura colmada de
contemplación. Su intención, el retorno a la edad de oro. Su
expresión, la fundación de un lenguaje. Su presencia, la verdad. La palabra es la
morada del ser y los poetas sus ángeles custodios.
Heidegger: Nosotros buscamos,
por el contrario, lo esencial de aquella esencia que nos fuerce a la decisión
de tomar en serio la Poesía, y de afincarnos en sus dominios. No se ha elegido
a Hölderlin porque en su obra se realice, como en una entre tantas, la esencia
general de la Poesía, sino única y exclusivamente porque la poesía de Hölderlin
mantiene constante la determinación poética de poetizar sobre la esencia de la
Poesía. Hölderlin es, pues, para nosotros y en excepcional sentido, el poeta
del Poeta. Por esto nos pone en trance de decisión.

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