Los estudiosos
de la Historia de la Filosofía han subrayado que la dirección de las
reflexiones de Heidegger (1889-1976) sobre ser y verdad cambiaron de rumbo a
mediados de los años treinta cuando pronunció tres conferencias en el “Freie
Deutsche Hochstif” en 1935-36 sobre el origen de la obra de arte y la esencia de
la poesía. Fueron incluidas en el primer capítulo de su obra Caminos del
bosque.
El interés del filósofo alemán por el desvelamiento de la verdad se centró
en lo que nos muestra la obra de arte, de lo cual el artista es un depositario
inconsciente. La verdad se manifiesta en la obra de arte, su advenimiento
consiste en permitir que nos hable y se ponga en juego la eterna agonía entre el
claro y el ocultamiento. El diálogo fenomenológico es otorgamiento de los
atributos cardinales del mundo. La verdad del arte es la fundación del
sentido, alethéia. En la célebre entrevista de 1966 en la revista Der
Spiegel, publicada póstumamente, Heidegger afirmó que el pensar
ontológico (no la filosofía, pensar óntico, posible en todas las lenguas) en su sentido
más genuino y originario sólo es posible en griego antiguo y en alemán.
Incluimos algunos aforismos del Origen de la obra de arte, en Caminos del bosque.
No hay cosa hasta que la cosa se nos manifiesta como tal.
La obra de arte es la que nos ha revelado en qué consiste la verdad de un par de zapatos: el cuadro de Van Gogh es la apertura por la que se atisba lo que es de verdad el utensilio, el par de botas de labranza.
La verdad es desvelamiento, desocultamiento de lo ente, alethéia,
apertura del sentido del mundo: lo abierto.
La verdad empírica, la verdad como adecuación o correspondencia es posterior a
la alethéia.
La ciencia no es ningún tipo de acontecimiento originario de la verdad.
La esencia de la verdad es la no verdad: pero no la falsedad sino la abstención encubridora. El ente se muestra en el claro de lo descubierto. Primero es apariencia, después encubrimiento (negación, simulación o error), finalmente esencia.
La verdad acontece como lucha primigenia entre el claro y el encubrimiento.
La esencia del arte es ese poner en la obra la
verdad de lo ente. La obra de arte abre a su manera el ser de lo ente. El arte
es real en la obra de arte.
La esencia del arte se encuentra en la obra efectivamente real, no en la
especulación estética.
En los museos, exposiciones, mercados, estudios de historia del arte y en las críticas se produce el derrumbamiento de la obra de arte.
La verdad que se abre en la obra no puede demostrarse ni derivarse a partir de
lo que se admitía hasta ahora.
Es precisamente en el gran arte, el único del que se habla aquí, donde se
produce la elipsis del artista y la subsistencia de la obra.
La obra de arte levanta un mundo y trae la tierra. La obra le permite a la tierra ser tierra. La naturaleza, la tierra se convierte en suelo natal con la presencia del templo griego.
El arte no es representación o símbolo. En la tragedia griega no se muestra ni se representa nada, sino que en ella se libra la batalla real de los nuevos dioses contra los antiguos.
En el ser de la obra se lucha por el
desocultamiento de lo ente en su totalidad, en esto consiste la verdad.
La belleza es uno de los modos de presentarse la verdad como desocultamiento.
Aunque hasta ahora el arte se ocupaba de lo bello y la belleza y no de la
verdad.
El desocultamiento de lo ente es crear. ¿Pero qué es la verdad para tener que
acontecer en algo creado?
La esencia del arte es ese poner a la obra delante de la verdad. La esencia de
la obra de arte consiste en que en la obra acontece la verdad, como en el
cuadro de Van Gogh y en el templo griego de la montaña.
¿Qué tiene que ser la verdad misma para que pueda acontecer e incluso tenga que
acontecer como arte?
La verdad acontece sólo en unos pocos modos originales:
- El desocultamiento de lo ente en la obra de arte.
- La acción que funda un Estado.
- La proximidad de lo más ente de lo ente.
- El sacrificio esencial
- El cuestionar del pensador que cuestiona lo digno de ser cuestionado.

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