martes, 25 de julio de 2023

El caso de João Félix

El Atlético de Madrid pagó al Benfica más de ciento veintisiete millones de euros por João Félix, el fichaje más caro de la historia del club. Hoy sería complicado que un club pagara por el jugador portugués la mitad de esa fortuna. ¿Cuáles han sido las causas del fiasco?

En primer lugar, fue una apuesta demasiado arriesgada. Con todos los respetos, el nivel futbolístico, las exigencias profesionales de La Liga portuguesa, o la Ligue 1 francesa son inferiores a la española. Los sucesivos fracasos europeos del Paris Saint Germain, un club Estado con ilimitados recursos financieros, se deben en gran medida a este décalage o diferencia competitiva.

JF tenía 19 años cuando firmó el contrato soñado, según dijo al salir de los despachos del Metropolitano, y una experiencia de menos de un año en la máxima división lusa, aunque hay que reconocer que completó una excelente temporada en el Benfica. Los cazadores de talentos vieron en su juego vistoso y efectivo (20 goles en 43 partidos) una estrella con una proyección imparable. Se habló de un candidato al balón de oro. Otros grandes expresos europeos como la Juventus y el Manchester City llamaron a sus puertas (lo cual encareció el precio del traspaso). También es cierto que la operación estuvo condicionada por la salida de Griezmann al Barça y la necesidad de buscar una nueva referencia para el equipo. El fichaje, finalmente, fue el resultado del consenso entre los tres pilares del club: Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado y dueño mayoritario, Andrea Berta, director deportivo y el propio Simeone, convencido de potenciar al máximo las virtudes del jugador. En general, el triunvirato dirigente no acertó con el perfil apropiado para una inversión de tales dimensiones. Hay que repartir las responsabilidades entre todos.

El Cholo no calculó bien las posibilidades del centro punta portugués. En el Benfica el resto del equipo jugaba para él, como hacía el Barcelona con Messi o el Real Madrid con Cristiano. Esta estrategia es justo lo contrario del cholismo, que valora la tensión constante en cada posición en función del bloque, sin concesiones a las ocurrencias fuera del sistema. Su lema es: cualquier pasividad crea desajustes graves. Mientras que Messi o Cristiano se pasaban parte del partido mirando al césped hasta que sus compañeros los reactivaban, el Cholo no soporta el tancredismo del divo que se sale del guion. Esperaba de João lo contrario: la movilidad por todo el campo, las ayudas en defensa y el robo felino en el centro, la creación de espacios, el imprevisto desmarque de ruptura, el regate desequilibrante y la definición final que permite sanear el marcador. Tal y como lo interpreta el recobrado Griezmann.

En gran medida ha ocurrido lo contrario. João aguarda al trotecito lento a que le den la pelota en la posición fija de interior izquierda. Intenta un desborde de filigrana que puede acabar de dos maneras: si le sale bien, revolcón por el suelo tras la falta táctica del defensor que no duda en la patada o el choque ante la fragilidad del atacante y la permisividad del árbitro; si le sale mal, se lía, pierda el balón y propicie el contraataque que pone al Cholo de los nervios. En las inmediaciones del área quiere hacerlo todo, sin buscar las posiciones favorables de sus compañeros. Cuando baja hace como que defiende, apenas recupera y si inicia la jugada desde atrás se limita a dar un pase horizontal al que tiene más cerca y se quita de en medio.

João empezó siendo titular con actuaciones aceptables, pero se fue diluyendo por su falta de protagonismo. Marcó su primer gol en la jornada 12 y para entonces Simeone comenzó a sentarlo en el banquillo durante parte o todo el partido. También comenzó el enfrentamiento. Caras largas, malos gestos y quejas del menino. El sistema ultradefensivo del atlético le impide desarrollar su juego, afirma. El movimiento se demuestra corriendo, replica el entrenador. El vestuario se siente incómodo por sus desdichas y desplantes. El ambiente comienza a ser tóxico. Finalmente manifiesta su intención de salir del club. Simeone respira. Es cedido al Chelsea por una temporada con opción de compra. Sin el portugués el Atlético hizo una buena segunda vuelta en la Liga. Tampoco queremos caer en la falacia de la falsa causa. Al concluir la Premier es devuelto al Atlético sin que el equipo inglés muestre interés alguno por su continuidad. En la selección portuguesa tampoco ha sido titular indiscutible. De vuelta al Cerro del Espino otra declaración desafortunada: su amor desde niño por el Club de Fútbol Barcelona. Joan Laporta agradece el cumplido y dice que João le gusta mucho. Ni Pochettino, ni Simeone ni Xavi lo quieren. El español Roberto Martínez, nuevo entrenador de la Selección de Portugal, guarda un prudente silencio. Ni siquiera llega una jugosa oferta de los Emiratos. Ahora mismo está de gira de pretemporada con el Atlético que se lo ha llevado por no devaluarlo más. Según cuenta la prensa deportiva durante el vuelo de doce horas hasta Corea del Sur estuvo serio, ausente, y sólo habló a ratos con Saúl, otro posible descarte veraniego. Lo más probable es que sea cedido al único club donde triunfó: El Benfica. Ida y vuelta. El precio, ya veremos. 

sábado, 15 de julio de 2023

Cine analógico y digital

Ha habido muchos tipos de salas de cine: los cineclubs universitarios, las salas de arte y ensayo, la Filmoteca Nacional, las salas X, las salas de estreno, los cines de barrio, los multicines, los cines IMAX, los cines Megaplex, los autocines, los cines al aire libre… no sé si me dejo alguno. Durante un tiempo fueron tendencia las películas en 3D. Te daban unas gafas que al salir depositabas en un cajón. Seguramente las habían usado docenas de personas durante días. Mi única experiencia con el 3D fue en un IMAX durante una actividad extraescolar con alumnos de Bachillerato. Muy desagradable. Varios dinosaurios se te echaban encima con las fauces rugientes. Unas filas detrás, un grupo de niños de primaria (¿a quién se le ocurriría la brillante idea?) aullaron despavoridos, algunos salieron al galope con los maestros detrás, otros, paralizados de terror, lloraban sin consuelo. ¿Qué les contarían a sus padres? Probablemente nada. Me regalaron por mi cumpleaños las gafas 3D para televisión y la película Avatar. La verdad es que no era para tanto ni las unas ni la otra. La moda pasó con más pena que gloria, aunque la tecnología Meta parece haber retomado el invento.   

Lo cierto es que el cine analógico de butaca, olor a humanidad y palomitas, aunque sobrevive languidece. Las salas de cine, sea cual sea su modalidad, son un espacio social en declive por más abonos, días del espectador y subvenciones que pretendan reflotarlo. Es abrumadora la competencia con las plataformas de pago. Muchas salas cerraron para siempre durante la pandemia, mientras que las suscripciones a las plataformas crecían. Hay películas de estreno en sala que a las dos semanas están en pago por visión. Especialmente las ganadoras de los óscar, globos de oro, premios Goya y festivales de moda. Las grandes productoras invierten en productos dirigidos a la televisión. Por lo demás, la oferta de series, películas y documentales es prácticamente ilimitada.

He disfrutado del cine en casi todas las salas, pero hay tres de las que tengo un recuerdo especial. Los últimos cursos de carrera viví en el Colegio Mayor San Agustín. Tuve la suerte de formar parte del equipo directivo del cineclub, uno de los mejores, lo digo con modestia, que había en la Complutense. En gran parte porque disponía de una amplia sala, una generosa pantalla y una cabina de proyección moderna. Además, contamos con el apoyo inicial de la Dirección para sacar adelante el proyecto. Después nos financiamos, incluso logramos unos beneficios que nos permitían contratar películas más exclusivas. Sin renunciar a la calidad, evitábamos las indigestas de arte y ensayo que espantaban al público. Pasábamos, por ejemplo, Amarcord, pero no la gilipollesca El año pasado en Marienbad. Cada domingo por la tarde completábamos el aforo. El equipo constaba de un tesorero (alumno de económicas), un diseñador de los carteles anunciadores (alumno de arquitectura), dos proyeccionistas (alumnos de ingeniería), dos cinéfilos que proponían las películas (alumnos de Bellas Artes) y un bibliotecario (alumno de Filosofía). Una furgoneta del Colegio se hacía cargo de la recogida y devolución de los rollos de celuloide a la distribuidora. Los contratabas por veinticuatro horas; si el lunes no los habías devuelto tenías que pagar un día más. Colaboré en la creación de una biblioteca básica y fui el encargado de la redacción de la hoja con la ficha técnica de la película y un comentario que se entregaba al entrar. Algunas críticas revisadas las he incluido en un estante del blog. Varios asistíamos con demasiada frecuencia a la Filmoteca Nacional, el Cine California, en la calle Andrés Mellado. Acabamos empachados de copias en blanco y negro subtituladas. Los estudios se resentían. En mi caso dedique durante tres cursos tanto tiempo a la historia del cine como a la historia de la filosofía.

Rebobino. Tengo un recuerdo imborrable del cine de verano en Cuenca. Cursaba el Bachillerato en el instituto Alfonso VIII hace océanos de tiempo. Se llamaba el Cine Palmeras, en la calle José Cobo y hace decenios que es historia antigua de una ciudad que ya no existe, como nosotros. La sesión comenzaba con la fresca a las diez de la noche en un patio arbolado, con filas de sillas de madera sin numerar por lo que convenía ir con tiempo para coger sitio junto a los amigos. Entradas asequibles. Nuestros padres preferían tenernos allí a buen recaudo hasta la una de la madrugada antes que andar como burros sin amo trasegando cañas o vinazo barato de tapón de plástico y volver chispados a escondidas. Comenzaba la sesión con el Nodo: el último pantano inaugurado por el caudillo y los goles del Real Madrid en Europa; a continuación, un par de tráileres de las próximas películas y un intermedio sin carteles de visite nuestro bar (no había) o prohibido comer pepitillas (uno de los alicientes del Palmeras). Era el momento de estirar las piernas, charlar con los colegas y saludar a las chicas del instituto femenino, muchas hermanas de los amigos. Luego una peli de aventuras donde los buenos son muy buenos y los malos muy malos, Sandokán, El árbol del ahorcado, o bien una española con entretenidos asuntos patrios y final feliz, Los tramposos, Las chicas de la Cruz Roja. Los comentarios picantes en voz alta y algún regüeldo con oficio eran parte de la velada. Saludables risotadas. Las palomitas eran sustituidas por la cena que nos habían preparado en casa: tarteras con tortilla de patatas, filetes empanados y pimientos fritos, todo regado con gaseosa limonera de La Eufrasia, otra marca conquense de aquellos instantes felices de la vida en provincias.

viernes, 14 de julio de 2023

Vacances frissons !

Afin d’organiser mes vacances d’été, j’avais acheté à mon agence de voyage un séjour d’une semaine dans le quartier latin de Paris. Cette fois, j’avais préféré un tourisme « thématique » ! L’agent de voyages nous a offert plusieurs choix : jouer le rôle de flingueur dans un village du sauvage ouest américain, de prétorien de Néron dans la Rome impériale, de membre de la résistance française pendant la Seconde Guerre mondiale… Après avoir relu la brochure de l’agence, mon premier élan s’est confirmé : vivre sept jours comme un bohème parisien à la fin du dix-neuvième siècle. J’adore les contrastes ! À l’exception des vacances, je suis un bourgeois aisé qui a pour principe de s’éloigner de n’importe quelles extravagances de la vie quotidienne. Néanmoins, pendant les congés, je deviens un Mr. Hyde de l’exotisme. Ce serait très fort de vous raconter les destinations les plus canailles et bouleversantes que j’avais choisies ces dernières années. Cela ne regarde personne ! L’agence La bonne montée d’adrénaline à Paris nous avait fixé un rendez-vous avant de commencer le kermès héroïque.

Quand nous sommes arrivés au « siège opérationnel » situé rue de la Sorbonne, le gérant de la section « événements modernes » a groupé tous les vacanciers dans un grand salon d’attente.

Ceux qui ont choisi l’option vie bohème, venez par ici. (Il a pris une feuille bleue). Je vais lire vos prénoms : Marcel, le peintre ; Schaunard, le musicien et Rodolphe, le poète ; C’est bien ça ? Giacomo vous amènera tout de suite à la mansarde que vous habiterez ensemble. On imagine qu’il y fait très froid, mais aujourd’hui c’est le quinze juillet, donc, ne vous inquiétez pas. Désormais, vous serez de braves bohémiens. En sortant, ramassez la boîte en carton bleu avec votre prénom, vous y trouverez « la tenue » dont vous aurez besoin. Elle a de jolies puces danseuses quand même ! Allez-y mes enfants (avec la musique de la Marseillaise), la liberté d’esprit, le bonheur dans les chaînes vous attend (et le crétin a éclaté de rire)… 

Après avoir monté l’escalier du bâtiment, nous sommes arrivés à la mansarde du sixième étage. Giacomo a ouvert la porte qui a grincé sur ses gonds et nous nous sommes retrouvés dans une pièce carrée sous un plafond graisseux, illuminée par une petite fenêtre, avec un poêle, une table ronde, trois chaises et une armoire cassée pleine d’anciens livres de poésie, de partitions poussiéreuses, d’une palette et de quelques pinceaux sales.

Soudain, nous avons entendu une belle voix de soprano ; étonnés par ses tristes tons, nous nous sommes regardés et, en nous bousculant, tous mélangés, nous sommes sortis de la pièce à toute allure. Nous avons frappé « doucement » à la porte d’où sortait la voix de la fée, bien que ce n’ait pas été la belle qui nous a reçus, mais un mec en tenue de soirée, barbu et musclé.

- Le barbu : Salut les artistes ! Si vous voulez connaître Mimi, vous devez payer un prix supplémentaire. Ce sont les clauses additives du contrat. Vous ne lisez jamais les petites lignes ?

- Marcel : Tu plaisantes ? C’est une escroquerie quand même !

- Rodolphe : C’est une prostituée ?

- Schaunard : D’abord, nous voudrions la voir et après on verra…

- Le barbu : Oubliez les disputes, elles ne servent à rien.

- Marcel : Je m’en vais.

- Rodolphe : Moi aussi, j’ai besoin de l’air de Paris.

- Schaunard : Je reste ici, l’aventure, c’est l’aventure. Je préfère bavarder un petit peu avec ce mondain et sa protégée. Il est, à n’en pas douter, un véritable mécène. Plus tard, nous nous verrons dans le Café Momus pour faire la fête au quartier Latin.

(À suivre)

jueves, 6 de julio de 2023

El jardín inglés (relato por encargo)

Hace menos de dos años dirigía el área de Difusión y Actividades de la Biblioteca Pública de Palma de Mallorca. Un día la semana coordinaba un club de lectura en la Casa de la Cultura de Santa Ponça. Conquense, fue mi primer destino como bibliotecario. Vivía en can Capes, un barrio de la periferia. Mi compañera, mallorquina, Paula, trabajaba en la redacción de una revista de viajes y promoción del turismo. Habíamos encontrado a través del Editor Jefe un piso con tres habitaciones, salón y terraza construido en los años noventa y una renta favorable. Era el tercero de un edificio de alquiler de cuatro plantas y un bajo que ocupaba doña Mercé, la conserje, una viuda catalana que había pasado los sesenta y perdido a su marido, sargento jubilado de los Mossos D’Esquadra, en la primera oleada del covid. Entrometida de oficio pero de temperamento afable vivía con su hijo único, Agustí, treintañero de pocas palabras, cuya principal ocupación, aunque no la única como supimos después, consistía en arreglar las chapuzas menores de la comunidad y contratar a los profesionales que se encargaban de las mayores a comisión con el administrador de la finca. También hacía portes esporádicos con su furgoneta. El inquilino del primero era Jaume, un cocinero de edad indefinida de la Transmediterránea, que pasaba a bordo mucho más tiempo que en su piso al que volvía en los períodos de descanso acompañado de una cuarentona teñida de rubio, la blonda, que hablaba español con acento francés. En el segundo, pasaban las vacaciones un matrimonio gay de alemanes jubilados. Gerhart, el mayor, decía que había subido casi todos los peldaños del escalafón del Deutsche Bank hasta acabar como gerente de empresas. Según me contó, un atardecer que paseaban del brazo por la playa de Andratx, había cambiado la captación clientes por la “alegría de vivir”. Günther, había sido ayudante de restauración en el Dresden City Museum y ahora dedicaba parte de su tiempo al estudio de la alfarería y cerámica balear. En el último, vivía Aurora, funcionaria del Ministerio de Hacienda, que se había trasladado desde Soria cuando nació su hija Jasmina debido a los prejuicios provincianos hacia las madres solteras. Estoy convencido de que me contó la mitad de la mitad. Ahora Jasmina era una adolescente a la deriva de los cambios hormonales, como todas.

El edificio tenía un patio exterior tapiado que bordeaba la parte trasera de unos quinientos metros cuadrados donde estaba previsto construir una piscina y un parque infantil. Los recortes presupuestarios habían parado el proyecto y condenado el patio al matorral y a las malas hierbas. Al llegar la primavera, los alemanes pidieron a Don Tomeu, propietario del inmueble, permiso para transformar el patio en un espacio comunitario “con fines recreativos y de mejora”. Las explicaciones del restaurador sobre decoración urbana y los del banquero sobre revalorización fueron decisivos para su conformidad. Para informar a los vecinos de las bondades del asunto y comentar los detalles nos invitaron a tomar el aperitivo en una conocida terraza del paseo marítimo. Incluso el marino y su amiga acudieron a la cita. Entre copas de rosado, queso palmero y tostas de sobrasada nos contaron que el proyecto era la imitación de un jardín inglés. El exbanquero tenía una notable elocuencia. El jardín inglés –leyó Günther de una revista que sacó del bolsillo- busca la imitación de la naturaleza virgen, aunque esta representación espontánea sea en el fondo el resultado de un elaborado proyecto artístico. El ideal del jardín inglés es lograr un entorno sorprendente, innovador, con el aspecto de un lugar que no ha conocido la mano del hombre… Me suena esa revista pedante, me susurró Paula al oído.

Nadie se opuso, al contrario, Don Tomeu lucía una corbata con alfiler regalo de los nuevos vecinos. Doña Mercé anunció su intención de plantar pepinos y tomates y la madre de Sara laurel, perejil y cilandro. Paula compraría macetas en Juanito Vivers para adornar el patio, el cocinero convino en que se trataba de una idea estupenda pero por desgracia su trabajo no le permitía colaborar lo que hubiera deseado. En fin, en menos de un mes los emprendedores alemanes convirtieron el patio en un vergel con trochas y papeleras. Doña Mercé y su hijo, se ocupaban de la llave.

A las dos semanas de concluir los trabajos de horticultura, cuando me despejaba de la siesta, Paula y su joven amiga Beatriu, graduada en ciencias del mar, entraron alteradas en mi dormitorio:

- ¡Los alemanes, gritó Paula, los mamones han plantado un campo de marihuana en el patio!

- No cabe la menor duda, añadió su amiga. Sé distinguir un alga verde de una planta de cannabis sativa (los tres fumábamos regularmente). Mira (y esparció unas hojas cortadas sobre la mesa).

- Tiene buena pinta, comenté soñoliento.

Al día siguiente hice una visita a la pareja con el pretexto de pedirle consejo a Gerhart sobre posibles inversiones en bolsa. Nada serio, dije. Me contestó que lo pensaría antes de darme una respuesta, aunque por su gesto torcido tuve la impresión de que sabía de finanzas lo que yo de pesca submarina. Decidí no apretar más el lazo con la opinión de Günther sobre los pintores catalanes en Mallorca; sin más desvié la conversación hacia lo que me había llevado a su puerta.

- Compartimos el edificio desde el portal hasta la antena colectiva pasando por el jardín. ¿No deberíais haber informado al propietario y a los vecinos de lo que os trajináis? Podéis meternos en un buen lío. Antes de una semana, sugerí sin amenazar, tenéis que quitaros de en medio con las razones que os convengan. Labia no os falta. Después me despedí cordialmente de dos estatuas de sal.

En las cálidas noches mediterráneas un suave aroma dulzón subía hasta el cielo delante de nuestras narices. Y eso era todo. Por supuesto, no cortamos ni una planta aunque nos moríamos de ganas. Los vecinos no notaron nada raro y yo no era el pregonero del barrio.

Un domingo por la mañana, cuatro días después de mi amistosa charla con los del segundo, estaba todavía en la cama, cuando Paula salió de la terraza donde le gustaba desayunar temprano en compañía de la prensa digital.     

- Echa una ojeada a la calle, exclamó, no es posible, los dos tortolitos de la mano, esta vez con esposas y a punto de subir a un coche de la pasma. Espero que no tengas nada que ver, susurró.

- Estoy tan pasmado como tú, contesté con sinceridad.

Fue el final del jardín inglés. Había sido Blonda, aficionada a liarse algún que otro porro, quien se percató del chiringuito y dado el pitazo. Días más tarde, en comisaría, nos tocó como a los demás inquilinos, contestar a las preguntas del inspector Palomeque de la brigada de estupefacientes y asistente asiduo al club de lectura en Santa Ponça:

- No, no sabíamos lo que cocinaban esos turistas. No los tratábamos casi, eran muy reservados, sabíamos que estaban casados, nos lo dijo la portera, parecían personas respetables, no recibían visitas, créame ha sido una desagradable sorpresa. Sí, continué, alguna tarde me di una vuelta por el jardín, pero aunque no distingo una rosa de un clavel me llamó la atención que todas las plantas fueran muy parecidas…

El inspector sacó del cajón de su despacho una pitillera de cuero, cogió un purito, lo encendió con calma, saboreó el humo y se tomó su tiempo para exhalarlo. Después nos miró fijamente.

- Escuche y no me joda bibliotecario, estoy seguro de que estaban al tanto: hablan español perfectamente, no son alemanes sino polacos procedentes de Austria. Todo lo que les han contado son patrañas. Los teníamos en el radar desde que llegaron a Palma hace un año. No están casados, les gustan las putas caras y en todo caso su vida privada es suya. Creemos que en la isla actúan varios grupos que no se conocen entre sí aunque es evidente que trabajan para alguien que da las órdenes, almacena y mueve la venta. Es la reina de una colmena de avispas asiáticas; primero crea un nido primario, luego el secundario y después el terciario y así sucesivamente si no se corta el rollo. Sospechamos de quien se trata pero todavía no podemos probarlo. Cultivan la yerba en los sitios más increíbles, huertos, piscinas vacías, caserones antiguos, locales abandonados convertidos en invernadero con luces, ventilación y un sofisticado sistema de riego. Hemos confiscado este jardín de las delicias y ocho más. En total más de treinta kilos de marihuana de primera clase. A diez euros el gramo su precio en el mercado sería de trescientos cincuenta mil dólares. Creemos que los polacos la colocaban en pequeños alijos para que no se notara la siega y evitar sospechas. Sabemos que el encargado de trasportarla hasta una nave de logística es Agustí, el hijo de la conserje; no descartamos que esté implicada. Tampoco es un asunto demasiado grave mientras sólo se trate de marihuana.

Soy un decidido partidario de la legalización de la marihuana, le dije a modo de despedida. Yo también, me respondió, me evitaría un montón de problemas. Como me cae bien, soy un bocazas y parece sacado de la última novela de intriga que nos recomendó le voy a poner al tanto. Les dimos carrete a los transportistas que entregaban la mercancía en la nave. Luego los trincamos a todos excepto a la reina. Nadie conocía a nadie. Sus vecinos me intentaron convencer de que la plantación estaba destinada a la industria farmacéutica en general. Tenían cuentas en un banco de Andorra que nos toreó con su alto nivel de discreción operativa y legal. El abogado de oficio (no conocían a ninguno español) en cuanto se percató del embrollo les aconsejó que el mejor favor que se podían hacer era colaborar en la investigación. Y puerta. La nave era una empresa pantalla registrada en Gibraltar. El encargado no sabía nada, por supuesto. Nos mostró solícito los registros de entrada de los paquetes. Coincidían en fecha y hora con los portes de los detenidos. No me molesté en pedirle los registros de destino porque me hubiera encontrado con otro pantallazo. Puede que estuvieran todavía en el almacén, pero no era cuestión de pedir al juez un orden para inspeccionar todos los posibles paquetes de la puta marihuana… Lo que me preocupa es que sea una maniobra de distracción, un señuelo para tener ocupada a la brigada de estupefacientes mientras que la reina madre se dedica a introducir en las islas a doña blanca, el caballo y la pastilla roja. Estamos en ello. Pronto se enterará por la prensa. Por cierto, Don Tomeu, mallorquín de toda la vida, es propietario de otros cuatro inmuebles de alquiler repartidos por Mallorca. Todos adquiridos en los tres últimos años. Ninguno con patio trasero. Si lo hubieran tenido, incluso sembrados, estaría menos preocupado. En todo caso está fuera de mis competencias. Otros están en ello. Apagó el purito en el cenicero, se dio media vuelta y empezó a tararear en nuestras narices:

El patio de mi casa

es particular.

Cuando llueve se moja

como los demás...

martes, 4 de julio de 2023

Cocina de autor

 

A Dani

La cocina de autor es lo contrario de la cocina casera, del clasicismo culinario y de las recetas regionales de toda la vida. Su objetivo es que cada chef descubra su estilo personal, su versión del arte del buen comer mediante la innovación, la experimentación y el uso de nuevas técnicas. Como no me gusta dar nombres, lo que sigue es una fantasía realista contrastada con fuentes de primera mano. Me voy a la gama alta.

Hace meses unos amigos me invitaron a un menú degustación de más de 350 euros sin incluir los vinos en uno de los santuarios dedicados al culto sibarita de los sentidos. La experiencia dura tanto como una ópera de Wagner. Y lo mismo que el músico buscaba en sus composiciones la obra de arte total, el menú degustación es algo más que una cena; se trata de un homenaje a la cultura gastronómica del ancho mundo y un recorrido por los confines del gusto, la presentación visual, los aromas, las texturas e incluso los sonidos del manjar en la boca. Un paraíso del hedonismo consciente. No es el clásico menú a la carta ni una sucesión aleatoria de exquisiteces sin unidad interna, sino un sistema completo con una idea central y un orden de los conceptos; es decir, invirtiendo el dicho clásico: nada hay en los sentidos que no haya estado antes en el intelecto. Detrás de cada creación hay un tratado.

Te da la bienvenida un relajado equipo de cocina que te acompaña a tu mesa, aislada por un biombo para que sea más íntima la ceremonia. Lo primero que saboreas es un ambiente distinto. La escenografía es una parte esencial de la fiesta. Los sillones, las lámparas, los cuadros, las luces, la imaginería que te envuelve al entrar. Dice el primer chef madrileño: La decoración del local es la visión onírica del acto gastronómico que ofrezco. Este es el mundo de fantasía, de creatividad y de imaginación que tengo yo en la cabeza. ¿Por qué mi restaurante se tiene que parecer a nada? Es algo tan personal que me resulta imposible ceñirme a unos parámetros establecidos

El menú degustación, no obstante, se ajusta al formato clásico de la restauración: los entrantes, los platos principales y los postres. Pero a diferencia de los restaurantes tradicionales no se publica el menú para que sea una sorpresa reservada al paladar del cliente. Otra diferencia es que al restaurante tradicional vuelves con frecuencia, mientras que al creativo vas en peregrinación como mucho una vez al año (o en la vida, como el cerrado Bulli). Te da la bienvenida un jovial grupo de ayudantes de cocina que te acompaña a tu mesa ceremonial, aislada por un biombo para preservar la intimidad de la fiesta. Se sirven con tempo medido hasta cinco entrantes, veinte principales y un repertorio de postres. Obviamente se trata de cantidades menores y calidades mayores. Los ayudantes de cocina te sugieren tras cada presentación (al final desconectas de las conferencias) un maridaje del plato con un vino. Ocasionalmente puedes pedir alguna copita de compañía, pero si te apuntas a todas, la cuenta se va por las nubes y sales dando palmas con las orejas. Quizás es preferible pedir una botella de un vino polivalente, siempre que sepas que hay cosechas de alto vuelo que pueden alcanzar los mil euros. Tienes que ser un perfecto Lúculo para dar cuenta del servicio completo. Por cierto, la comparación del restaurante de autor con el jardín de Epicuro es insensata: el filósofo griego proponía la mesura en el placer y anteponer los placeres intelectuales a los sensuales. En cualquier caso, si has disfrutado hasta el final sin rendirte lo mejor que puedes hacer es darte un paseo antes de acostarte por un tiempo similar al de la cena y estar preparado, si has cumplido los cincuenta, para una noche movidita.

P.D. Si alguien me habla de délicatesses me acuerdo del álbum Axterix gladiador. Cayo Obtusus, el mejor preparador de gladiadores de Roma invita a los héroes galos a un pequeño aperitivo en su mansión para ganarse su confianza y que firmen el contrato. (No sería mejor una gran comida, sugiere Obelix).

- Probad estas sabrosas pastas, dice Cayo, ¡Cuestan una fortuna! Lenguas de ruiseñor importadas de la Galia, huevos de estornino traídos de los países bárbaros y mandíbulas de cangrejo mongol… ¿Qué tal? ¿qué os parece?

- ¡SALADO! Opina Obelix tras engullir un canapé.

domingo, 25 de junio de 2023

Los debates electorales

 

Los debates entre los líderes de los partidos políticos es uno de los momentos estelares de una campaña electoral que suele durar cuatro años. ¿Se han fijado? Al día siguiente de las elecciones, incluso la misma noche, la leal oposición y sus apoyos mediáticos inician los primeros escarceos contra el gobierno entrante. Un fantasma recorre Europa: el golpe de Estado permanente, denunciado por François Mitterrand a mediados de los sesenta y que el mismo aplicó en los largos años de su presidencia. Por lo demás, es evidente dónde surgió esta turbia manera de entender la democracia y cuáles son sus principios: deslegitimación, negacionismo, populismo, militarismo, posverdad… Pero volvamos al tema.  

El único punto en que coinciden las encuestas maquilladas de la prensa plural (el cliente siempre tiene la razón) es que los debates, sobre todo los dúos, influyen en la jugosa bolsa de indecisos que dicen no saber cuál es la papeleta que introducirán en la urna, si es que se acercan a su colegio electoral con la pinza en las narices. Hay que persuadir a los votantes del centro, sin que nadie sepa a ciencia cierta qué significa el término. En realidad, la mayoría de las personas tiene opiniones puntuales sobre cuestiones concretas. Cada individuo es el centro circunstancial, interesado y contradictorio de sí mismo. El resto es iglesia.

Los índices de audiencia confirman que los debates electorales nos interesan, pero no por lo que se dice, lo sabemos de sobra, sino por cómo se dice, a saber, la confrontación tormentosa con los nefastos contrarios y la distancia sutil con los afines, probables socios, que les rapiñan los votos. La transversalidad, disfrazarse de lobo con piel de cordero, es otra de las estrategias del bipartidismo para confundir al rebaño. O los bochinches de la geometría variable. Cuando cesa la contienda todos consideran que han ganado, mientras los periodistas de cada televisión aplauden desde su pesebre cuando se enciende la bombilla.

Si el debate se convierte en un quinteto desafinado resulta curioso el pretencioso escenario kitsch del medio que lo organiza y lo pomposos que se ponen los moderadores con las normas y los tiempos. Cuando oímos la lista de los temas propuestos, un bostezo nos abre la boca. Nos convencemos, hipócritas, de que lo importante es el contenido de las intervenciones, la sustancia, el análisis, pero lo cierto es que nos encantan las mentiras de libro, el escándalo tapado, las promesas incumplidas y el ventilador en marcha. O la malévola foto de uno de los candidatos cuando era más joven rodeado de indeseables. O el fotomontaje puño en alto del ahora grueso expresidente en su finca tras franquear unas cuantas puertas giratorias. Nos regocijan las declaraciones mitineras de los presentes con la boca en llamas que ahora les rebotan en la cara. Simples malentendidos sacados de contexto (se justifican) y, de paso, nos toman por tontos. Nada serio comparado con los graves infundios del otro. Los asesores toman notas a vuelapluma para aplicarles la cultura de la cancelación en tiempo real. Por contra, nos fastidian las tediosas explicaciones de los gráficos de Excel con estadísticas caseras y promesas que parecen sacadas de un sermón dominical. Si tuviera tiempo refutaría las gruesas falacias lógicas que sobrevuelan el espacio minimalista del evento. Los indecisos son una parte del cuerpo electoral, otra los que votan mecánicamente al mismo partido desde 1977. Para estos, el debate es un remedo de la orwelliana Semana del odio de 1984 en la que los ciudadanos deben sentarse frente a la telepantalla durante un tiempo para maldecir a los que socaban la nación. Los jóvenes que alcanzan la mayoría de edad dividen el voto en dos líneas paralelas: los que siguen la recta o torcida tradición familiar y los que mandan al infierno a los que han contribuido a frustrar las aspiraciones de una generación perdida. Hay que votar, participar en la fiesta de la voluntad general, quedarte hasta las tantas para seguir el resultado de las elecciones y apurar en días sucesivos la emocionante violencia intrafamiliar con la señora, hijos, cuñados y suegros. Nosotros o el caos repiten los líderes en el minuto de oro, el caos, el caos, gritamos en memoria del gran Chumy Chúmez.

Deus ex machina. ¿Podría la Inteligencia Artificial sustituir a los integrantes de un debate electoral? De entrada, la información que acumula un ChatBot de IA sobre cualquiera de los temas propuestos es infinitamente superior a la de todos los participantes juntos. Habría que introducir en el sistema los programas detallados de los partidos para evitar un mero planteamiento tecnocrático. Por supuesto, la prehistoria, historia e intrahistoria de cada grupo parlamentario. Y los innumerables parámetros relevantes en el procesamiento final de la información. Una vez cebada la máquina hasta el último detalle (no entiendo gran cosa), los ingenieros programan el algoritmo consensual de la verdad basado en la teoría de que una propuesta es verdadera cuando es susceptible de alcanzar el acuerdo completo de una comunidad ideal de interlocutores racionales, los cuales, desde su competencia argumental, dialogan en sentido fuerte a partir de una posición libre de supuestos y de acuerdo con las reglas de la lógica formal, informal y aplicada. El debate cuántico es el método para alcanzar cooperativamente un conjunto de razones suficientes, aceptadas por consenso, sobre un problema... Millones de operaciones por milisegundo. Cuando el proceso concluye con una suave melodía, apretamos el botón y se vuelca el resultado: posiblemente cientos de páginas en perfecto orden de lectura. O una que diga sin matices: Ciudadanos, sólo tres palabras, ¡Que Os Den!

sábado, 17 de junio de 2023

Sexo artificial II. Futuro

 

Rebobinamos para buscar en el cine del pasado la tecnología sexual del futuro. Recuerdo a Jane Fonda en Barbarella (1968), de Roger Vadim, sometida al tormento de la máquina del placer excesivo inventada por el científico chiflado Duran-Duran: una extraña cama-piano con teclado de un equipo profesional de audio y partitura salida del pincel de Miró. Al final, la heroína del comic funde los plomos de la máquina. Doy a los erotómanos la dirección en YouTube de la fogosa secuencia. La única pega de la fascinante hija de Henry Fonda es que recuerda sin remedio a su padre.

En la película Desafío total (1990), de Paul Verhoeven, el protagonista Douglas Quaid (Arnold Schwarzenegger), un obrero de la construcción, decide recurrir a los servicios de Rekall, una compañía especializada en vacaciones virtuales mediante el implante en la mente de aventuras a la carta más reales que la vida misma. Por supuesto incluyen un amplio catálogo de preferencias sexuales. Es un precedente de la tetralogía Matrix (1999-2021) basada en la conexión directa de las máquinas con el cerebro. Por mucha mecánica cuántica y misterios de las partículas elementales, lo cierto es que estamos muy lejos de lograrlo. Llegamos como mucho a los dispositivos visuales de realidad mixta que permiten la interacción del usuario en un entorno digital profundo con objetos y sujetos del mundo real o imaginario. Su versión erótica, es un voyerismo de diseño, donde se pueden crear fantasías polimorfas y perversas. Por ejemplo: tu avatar, tu primer amor y Jane Fonda en la playa desierta de una galaxia muy lejana. Las verás, pero no las tocarás. El problema es que las picantes ocurrencias se podrán grabar y subir a las redes sociales. Sólo una legislación de hierro evitaría que políticos, gente guapa, actores y actrices, deportistas famosos o la tentación que vive arriba circulen por telépolis en las situaciones más embarazosas. O tú. Parece un dilema sin cuernos a los que agarrarse: imposible poner puertas al campo; imposible que tales desmanes se publiquen. La solución es el previsible hartazgo del público a corto-medio plazo de los tríos, camas redondas y otras variaciones sobre el mismo tema de las fotocopias del gran teatro del mundo. Sabemos que son imágenes falsas, miméticas, manipuladas para que reaccionen como realidades físicas. Por más que reproduzcan hasta el último gesto del personaje, el montaje resultará aún más insulso que la pornografía convencional que por lo menos es de carne y hueso. Quedarán en inocuos troleos.

Ridley Scott dirigió la primera entrega de Blade runner (1982), una distopía futurista cuyo núcleo argumental es la fabricación de androides o replicantes más humanos que los humanos, capaces incluso de sentir emociones, especialmente el modelo Nexus 6, el último producto de la empresa de bioingeniería Tyrell Corporation. Viven durante cuatro años y sólo mediante sofisticados protocolos de identificación es posible distinguir al humano del humanoide. Los replicantes son utilizados como mano de obra esclava de distinta jerarquía en la tierra y en las colonias, y, por supuesto, para satisfacción sexual (modelos de placer básicos) de los humanos. Tras una sangrienta rebelión, los replicantes menores son desactivados y los más avanzados son declarados ilegales y eliminados por una división especial de las fuerzas de seguridad, los Blade runners. Un veterano cazador de estas almas de metal, Rick Deckard (Harrison Ford) vive un apasionado romance con una bella replicante, Rachael, que le salva le vida. Ella cree en todo momento que es humana. Deciden huir del sistema para enfrentarse juntos a un futuro declinante. Es una película de culto que se cuenta entre las mejores del género. Tuvo su continuación (extensión, según los productores) en Blade runner 2049 (2017) que sitúa la acción treinta años después y es más que una digna secuela. El motivo central es el inaudito embarazo de una replicante, Rachael, el paradero del neonato y de su padre, Rick Deckard y el riesgo de la llegada de una raza dominante, física e intelectualmente superior a los humanos; algo que el maestro del género Isaac Asimov veía con buenos ojos:

Cuando los robots sean lo suficientemente inteligentes deberían sustituirnos. Una especie reemplaza a otra cuando es más eficaz. No creo que el Homo sapiens tenga un derecho divino a estar por encima de las demás. Somos tan malos cuidando de los demás seres vivos que cuanto antes nos reemplacen, mejor. Cuando la IA nos domine será porque nos lo habremos merecido.

Ahora los Blade runners son replicantes de última generación al servicio de la policía cuya misión es retirar, es decir, fulminar a los modelos obsoletos (como los Nexus 6) que sobreviven en la clandestinidad. K, un cazador creado para obedecer y que al final desobedece, convive con Joi (Ana de Armas), su pareja holográfica, a la vez virtual, sensible, sensual y sexual, un producto de Wallace Corporation. Joi tiene además la propiedad de transfigurar el cuerpo de una humana en un doble perfecto del suyo y propiciar una relación sexual insólita. Un paso más.

Me refiero, por último, a la excelente Ex Machina (2015) escrita y dirigida por Alex Garland. El argumento futurista es previsible pero convincente. Ganó el Óscar a los mejores efectos visuales. No les piso la trama. Sólo quiero añadir que supone el triunfo de la inteligencia artificial femenina sobre su tiránico creador, un ingeniero de programas dueño del buscador más importante del mundo y partidario del no es sí con sus modelos. Ava (Alicia Vikander), la ginoide de última generación despliega una estrategia de comprensión, seducción y predicción sólo comparable al cálculo de los millones de jugadas por segundo de las supercomputadoras que dan jaque mate a los grandes maestros del ajedrez. El final de la película es tan abierto como la conclusión que sigue.  

Si los ingenieros del futuro son capaces de construir una máquina con un equipamiento capaz de reproducir funciones psicológicas, tendrá estados mentales equivalentes a los humanos: la autoconciencia, el lenguaje, el pensamiento, los sentimientos y los impulsos sexuales. ¿También procesos inconscientes? Los especialistas en Inteligencia Artificial trabajan a marchas forzadas porque las posibilidades de transformar el mundo, no sabemos en qué dirección, dependen en gran medida de esta tecnología de la conducta. Estamos hablando de la tercera revolución industrial, la más inquietante y transformadora de todos los tiempos. Las posibilidades en general son impensables. En cuanto a la sexualidad artificial, al principio serán robots muy caros, como las televisiones de plasma, los primeros smartphones y demás pantallas que nos rodean. Luego bajarán los precios y se harán más asequibles, aunque los gentilhombres y cortesanas de lujo estarán solo al alcance de la casta. Es lo único seguro.